Pinochetismo: La bestia suelta

El acto de provocación desarrollado por el pinochetismo este domingo en Santiago es una muestra evidente de que los fachos se sienten a sus anchas con este gobierno. Es indudable que el saberse dueños de influyentes aliados dentro del gobierno y dentro de la alianza política gobernante, les ha hecho sentirse con el espacio de inmunidad y de impunidad que necesitan estos especímenes y personajes para manifestarse públicamente. Con la buena voluntad de los gobernantes, con la protección de las fuerzas policiales desplegadas en su resguardo con prontitud por las autoridades, los fachos pinochetistas se dieron un festín de vanagloria en el Teatro Caupolicán como hacía más de 21 años no podían darse, desde cuando todavía eran dueños y verdugos de este país.

Que los fachos están con las riendas sueltas durante este gobierno que duda cabe. Ya hemos tenido sobradas muestras de su prepotencia y bravuconadas. Los afanes por imponer un indulto, a propósito del bicentenario de la independencia, que favoreciera a los criminales condenados y presos por delitos de violaciones de los derechos humanos cometidos durante la asquerosa dictadura militar, fue una de sus primeras arremetidas; las orientaciones y asesorías de “seguridad” que uno de los criminales más bastardos, como Álvaro Corbalán, se permiten hacerle al gobernante Sebastián Piñera, es una clara y simple demostración de la influencia conque se sienten en su relación con La Moneda; las acciones y actos de homenaje a este tipo de criminales que ha impulsado y desarrollo el desbocado alcalde de Providencia, en Santiago, el ex agente de la DINA Cristián Labbé, ha sido otra de las furibundas arremetidas del pinochetismo recalcitrante.

Pero el acto en homenaje al despreciable tirano es algo así como un exceso y un desborde de arrogancia y prepotencia. No solo es detestable y despreciable el acto en sí, puesto que se trata de una especie de culto a un asesino brutal, a un ladrón empedernido, a un cobarde de uniforme, que inició su camino con el ropaje vil de los traidores, y lo continuó con el ropaje vil de los infames, que lo menos que merece es ser homenajeado en público. El pinochetismo es dueño de rendirle los homenajes que quiera y a quien quiera, pero no en público; eso es lo que se cuestiona. El hacer este tipo de actividades en público es un acto de violencia y de agresión hacia el país y hacia las personas violentadas y agredidas durante el régimen tirano. Es detestable y despreciable que un país que pretende vestirse de democrático se le de espacio y cabida a manifestaciones públicas que rinden culto al asesinato, a las violaciones de los derechos humanos, al terror como doctrina de estado, a la dictadura como forma de dominación.

Es detestable y despreciable, en primerísimo lugar, porque representa un nuevo acto de agresión, de violencia, de abuso, hacia los familiares de las víctimas de violaciones hacia los derechos humanos. Es detestable y despreciable, porque representa un nuevo atropello hacia aquellos que son sobrevivientes de los campos de tortura, de los campos de prisioneros y de las cárceles de la dictadura. Es detestable y despreciable porque la sola realización del acto facho, por su contenido, por su forma, y hasta por el espacio en que se realiza, es un acto de agresión y de violencia hacia el país entero pero muy especialmente para aquellas personas y muchedumbres que sufrieron el terror de un régimen de terror.

Es también detestable y despreciable el silencio cómplice y permisivo del gobierno frente a una actividad de naturaleza tan enfermiza y nociva como ésta emprendida por el pinochetismo. La intendenta de Santiago, que por  el desorden que puedan provocar las barras en un partido de fútbol arma tremendo show, esta vez guardó un silencio cómplice y no quiso ver el “alto riesgo” que representaba la barra brava de la tiranía. ¿O también la amenazaron como lo hizo en su momento el pinochetista líder de la garra blanca? Puede ser, porque la barra brava del pinochetismo que se reunió en el Caupolicán estaba compuesta principalmente por ex miembros de las tropas de los aparatos criminales y represivos del dictador. Puede ser. Pero eso no justifica ni explica el inusitado despliegue de efectivos policiales destinado a brindar protección y resguardo a los fachos provocadores. Peor aún, este despliegue policial se dedicó enfermizamente a reprimir a los manifestantes que, con justa y sobradadas razones, funaban la actividad de los fachos. En este sentido, la violencia de los fachos provocadores es la causa de toda la violencia que se genera, pero el gobierno y las autoridades políticas de la capital son los responsables de que todo esto haya ocurrido.

Como el desbocado alcalde de Providencia en su momento, esta vez el pinochetismo en masa (que en todo caso no superaban las 1500  personas) se dio su gustito delirante con su acto también delirante. Así como ciertos delincuentes de ciertas prisiones de alta seguridad, se sienten vanagloriados y orgullosos de sus delitos, así también estas hordas pinochetistas se vanaglorian de sus matanzas y sus aberraciones, protegidos por la impunidad que les ofrece un gobierno penetrado por sus figuritas (los llamados “coroneles” de la UDI y los “sargentos” de RN) y un sistema judicial que cada año que pasa más se olvida que su rol es aplicar justicia y no jugar a los “equilibrios políticos” como han tratado de hacerlo.

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