¿Con qué cara mira al futuro? La Concertación debe explicaciones

La Concertación pretende dar un nuevo salto a La Moneda a partir de 2014, como si su derrota en 2009 y sus cuatro años de oposición hubiesen sido una tregua para regresar recargada a su hábitat natural, la administración del poder político en Chile.

Pero a diferencia de su instalación en el Ejecutivo a partir de 1990, cual coalición cargada de simbolismos heroicos y democráticos, esta vez lo haría amparada bajo la paradoja de la figura de Michelle Bachelet, que es derrota política y esperanza electoral.

El eventual regreso de la Concertación al poder sería bajo el cálculo electoral, el padrinazgo de los poderes económicos y mediáticos y la retroalimentación de los sondeos de opinión. Políticamente parece ser una ilusión, un retorno al país neoliberal de nunca jamás.

Tras la derrota de la Concertación en enero de 2010 su liderazgo rasgó vestiduras y anunció reflexiones y autocríticas que nunca emergieron. Hoy, ante el horizonte de las elecciones municipales, el capítulo parece cerrado. La publicación del documento De cara al futuro, rubricado por connotados líderes y lobbystas de la coalición, revela un discurso anclado en las últimas dos décadas, lleno de contradicciones y clausurado a los cambios sociales que remecen al país desde hace dos o tres años. Los líderes de la Concertación, que expresan su “orgullo por lo hecho”, por la convicción de “que esos más de veinte años, que van desde el plebiscito de 1988 hasta el término del gobierno de Michelle Bachelet, están entre los más exitosos de nuestra historia patria: se dibujó y se puso en marcha el proyecto político de un mejor país para todos”.

Al leer estas declaraciones cabe hacerse algunas preguntas básicas. ¿Se trata de engaño, ilusionismo, demagogia, fraude político? Porque el país que ayudó a construir este conglomerado fue fundado por la derecha durante la dictadura, a través de la privatización de todas las actividades humanas susceptibles de ser comercializadas. La Concertación, que se define de “centro izquierda”, no solo administró sino que empujó con entusiasmo el proyecto de país ideado por la derecha. Es por ello que más que “orgullo por lo hecho” debiera expresar vergüenza por haber gobernado durante veinte años subordinada no sólo a los poderes económicos, sino al proyecto político, social y cultural de la derecha.

¿Se trata de miedo a la derecha, a un regreso de los regimientos, como algún líder ha intentado justificar? ¿Se trata de una versión colectiva del síndrome de Estocolmo? Este viraje ante el proyecto original de la Concertación, una “vuelta de chaqueta” jamás reconocida tal vez por vergüenza, sólo puede tener una explicación: la abierta traición a la ciudadanía y sus electores. Pero puede haber aún más, ahora en el terreno de la podredumbre de la política. El viraje que fue mantener y desarrollar el ideario político de la derecha fue para evitar el reclamo del empresariado, una campaña del duopolio, una eventual desestabilización política. En el fragor y el placer de mantenerse en el poder, fue más fácil traicionar al conjunto de la ciudadanía y vender a las grandes corporaciones su pensamiento y su alma.

La Concertación nunca hará esta reflexión, pero sí la hacen hoy académicos y pensadores que buscan una respuesta sobre estos años tan artificiales de nuestra historia reciente. El sociólogo Felipe Portales, autor de Los mitos de la democracia chilena, tomos I y II y de Chile, una democracia tutelada, ha estado escribiendo una serie de varias decenas de artículos bajo el título de “La Concertación debe explicaciones”, los que han sido publicados en Clarín digital (www.elclarin.cl). Se trata de una recopilación de documentos y antecedentes que dejan a cualquier lector honesto entre la inquietud, la incredulidad y la indignación.

ENTENDER LA HISTORIA

“La explicación que debe hacer la Concertación -dice Felipe Portales- es obvia, en el sentido que Chile necesita entender su historia reciente. Los veinte años de la Concertación son cruciales para entender cuál es nuestra actualidad política y económica. De alguna manera la dictadura está clara, fue un fenómeno político que ha sido bastante analizado y que tiene características claras. Pero los veinte años de la Concertación aparecen totalmente como una gran nube que no nos deja ver qué pasó allí”.

¿Qué es lo que está oscurecido?

Hay cursos que no se corresponden con una práctica sistemática de esos gobiernos. Ese ha sido el sentido básico de mi esfuerzo, tratar de dilucidar al máximo cuál fue el sentido de los gobiernos de la Concertación y fundamentalmente la pregunta que surge es clarísima: ¿Cómo es posible que una coalición nominalmente de centroizquierda prácticamente terminara consolidando y legitimando un modelo económico, social y cultural tan extremadamente neoliberal como el que impuso la dictadura de Pinochet, el que a su vez fue cuestionado duramente por los líderes de la Concertación cuando eran oposición? A mi juicio se requiere de una explicación política e histórica muy profunda para entender qué ha pasado en Chile y por qué ha pasado”.

Tal vez los momentos clave están en los meses que van desde el plebiscito de 1988 a las elecciones del año siguiente. ¿Hubo un pacto, acuerdos más o menos secretos entre la Concertación y la derecha para no cambiar el modelo político y económico impuesto por la dictadura?

“Más que un pacto, creo que aquí hubo una renuncia, un abandono, capitulación. Creo que después del plebiscito de 1988 y tras un intento desesperado de golpe de Pinochet aquella misma noche, posteriormente fue evidente que ya no había ningún espacio de maniobra para una alteración del itinerario, que además era el curso que había planificado la dictadura. La derecha económica, las ramas de las fuerzas armadas, los factores externos, el empresariado, ya no podían pensar siquiera en una involución o en un retorno a una dictadura de Pinochet. Era impensable, inviable. Entonces, aducir que el liderazgo de la Concertación necesitaba en 1989 establecer un pacto con las fuerzas armadas o con la derecha para llegar al gobierno, no resiste análisis.

Las elecciones de 1989 eran inevitables y era claro el triunfo de la Concertación. Lo que no se conoce lo suficiente es que esa Concertación tendría mayoría parlamentaria simple al heredar el sistema electoral que había dispuesto la dictadura pensando en un Pinochet triunfante con una mayoría absoluta en una Cámara y un tercio en la otra. Pero la realidad era que ganaría Aylwin, y tendría mayoría absoluta en la Cámara de Diputados y un tercio en el Senado. ¿Eso qué habría significado? Con mayoría simple no habría podido cambiar la Constitución ni las leyes orgánicas constitucionales, pero dado que la dictadura había ‘cometido el error’ de dejar -salvo la LOCE y las leyes de concesiones mineras- el conjunto de las leyes que alentaban las modernizaciones en el plano económico, social y cultural como leyes simples, eso le habría permitido a la Concertación, sin cambiar una coma de la Constitución, haber transformado sustancialmente el sistema laboral, sindical, de salud, previsión, la ley de universidades, el sistema financiero, tributario, la ley de amnistía, etc”.

CERRARSE A LOS CAMBIOS

¿Fue entonces una opción no cambiar casi nada?

“Todo eso lo tenía la Concertación. Por ello pensar que necesitaba un pacto, que estaba atada de manos para evitar que Pinochet hiciera un nuevo golpe de Estado en 1989 para que la Concertación no gobernara, es impensable. No tiene ningún fundamento. La Concertación no se vio obligada a hacer un pacto en 1989 sino fundamentalmente se trata de una renuncia, porque el liderazgo de la Concertación había virado su pensamiento en lo que Boeninger llama ‘una convergencia con el pensamiento económico de la derecha’, lo que políticamente no estaba en condiciones de reconocer. Para ello necesitaba no tener esa mayoría parlamentaria, porque si la hubiera tenido habría quedado desnuda en su falta de voluntad para acometer las reformas que se suponía haría”.

Gobernó según el diseño de la dictadura, según sus “reglas del juego”.

“El proyecto de la dictadura era fijar las grandes líneas, lo que estaba fundado por la Constitución del 80, por el sistema binominal, etc. Y generar un sistema que fuera lo más estable posible, gobierne quien gobierne. Pero la Concertación pudo haber cambiado esas bases. No era fácil, pero lo pudo hacer. Los poquísimos avances que se lograron en materia constitucional no compensaron ni con mucho esta cesión de la mayoría simple que regaló la Concertación.

Hay una serie de factores que van confirmando que ese regalo no fue por temor a Pinochet sino fue una opción. Está la negativa de la Concertación, durante los 90, de hacer pactos electorales con el PC. Si uno proyecta las elecciones de 1993 y de 1997, si la Concertación hubiera hecho un pacto electoral con el PC, habría obtenido mayoría absoluta en las dos Cámaras en 1998. Mayoría por sí misma. Por otro lado, cuando Ricardo Lagos obtiene mayoría parlamentaria en 2000 por los desafueros de Pinochet y de Errázuriz, situación que se extiende por un año y medio, no hace nada de lo que la Concertación se había comprometido a hacer en 1989. Ya no vamos a hablar de temor, por favor. Y más aún con Bachelet, que asume con las dos Cámaras con mayoría parlamentaria. Se habían terminado los senadores designados y había doblado en Concepción. Tuvo esa mayoría por más de dos años, pero no la usó para nada. Cuando volvió a tener esa mayoría e hizo una reforma, la hizo en conjunto con la derecha, como fue la reforma previsional. Distinto es el caso de la LOCE, que requería quórum orgánico constitucional. Pero perfectamente pudo haber cambiado el sistema previsional. No lo quiso hacer”.

Esta es una opción neoliberal de la Concertación, de administrar el proyecto de la derecha bajo el eufemismo “política de los consensos”…

“Política de los consensos… Eso es un pacto voluntario e ideológico. Al hablar de consenso partimos de una falacia, estamos consensuando lo que la derecha quiere. Todo el sistema político, económico y cultural de la Concertación está impuesto por la derecha durante la dictadura. El consenso entonces es una capitulación. No es un consenso sobre bases igualitarias. Es consenso para cambiar lo que la derecha quiera. Es un consenso falaz, que encubre la idea de la subordinación. Es la subordinación de consensuar con quien te impuso algo a cambio de ello. Eso no se menciona, pero es clave para entender la realidad de Chile: todo el sistema está impuesto y sólo se puede cambiar si hay consenso con quien lo impuso”.


CONSENSOS QUE MATAN

Es una paradoja, pero el consenso lo ha planteado positivamente la Concertación.

“Claro. Esto lo plantea la Concertación como algo positivo, valorable. Pero cómo puede ser valorable algo cuando los cambios al sistema debes acordarlos con quienes te lo impusieron. Todo eso se olvida al mirar la historia reciente. Ahora, esto no es sólo una imposición. La Concertación desarrolló y administró con mucho entusiasmo el modelo de la derecha. La Concertación repite y repite que ellos lograron cambiar el país durante estos últimos 20 años. ¿A qué se refieren con eso, qué tipo de país es el que han creado? El sueño de la derecha. Es lo mismo que quería la derecha”.


Sin embargo en el documento “De cara al futuro” así se afirma…

“Es una falacia. Si uno ve la estructura básica del país en el plano político, económico, cultural desde 1990 a 2010, más allá del crecimiento económico y de la infraestructura, o de una disminución de la pobreza absoluta, el país es estructuralmente el mismo: hay que analizar el sistema laboral, sindical, de salud, financiero, tributario, educativo, la irrelevancia de las organizaciones sociales, la concentración del poder económico, comunicacional. Se suponía que todo eso iba a ser puesto en cuestión, desde las Isapres, AFPs, privatizaciones, pero pasa lo inverso: se consolidan. Ya no es solo la derecha la que hace suya la ‘obra’ de Pinochet, sino también la Concertación. El grueso de la gran obra de la dictadura quedó consolidada: desde ese punto de vista, el país no cambió, sino que se consolidó el proyecto de la dictadura y de la derecha.

Uno de las explicaciones que debiera dar la Concertación es por qué eliminó a todos los medios de Izquierda. Fueron políticas de destrucción de medios. ¿Por qué? Porque a la larga estos medios se iban a convertir en los peores opositores, a diferencia de los de derecha, con quienes la Concertación cada vez mantenía más sintonía. Ni El Mercurio ni La Tercera iban a cuestionar el viraje del espíritu de la Concertación. Por eso el gobierno de Aylwin bloqueó el financiamiento externo para estos medios, los discriminó en el avisaje estatal, lo mismo que los posteriores gobiernos de la Concertación. Compraron medios para cerrarlos, como es el caso de Análisis, se evitó pagar la indemnización a los legítimos propietarios de Clarín, se neutralizó TVN con la ley de 1992 y se privatizó el canal de la Universidad de Chile. Todo ello no lo provocó ‘el mercado’, como les gusta repetir. Esa es otra falacia. Pudo haber sido en parte, pero lo fundamental fueron políticas activas de la Concertación destinadas a destruir esos medios”.


PAUL WALDER

Publicado en “Punto Final”, edición Nº 762, 20 de julio, 2012

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