Algo huele podrido en la CUT

La Central Unitaria de Trabajadores (CUT), “organización pluralista y autónoma, independiente del Estado, del gobierno, de los empresarios, de los partidos políticos, de los credos religiosos y de cualquier institución ajena al movimiento sindical” según sus estatutos, tiene elecciones el 23 de agosto. Se elegirá un Consejo Directivo Nacional (CDN) de sesenta miembros (hasta ahora son 45, y en su origen eran quince). El CDN a su vez elige un Comité Ejecutivo de quince miembros: la cúpula del poder en la CUT.

Las más importantes organizaciones afiliadas a la CUT son el Colegio de Profesores, la Asociación Nacional de Empleados Fiscales (Anef), la Federación de Trabajadores del Cobre, la Confederación de Funcionarios de la Salud Municipalizada (Confusam), la Federación de Trabajadores del Petróleo, las confederaciones Bancaria, del Comercio, etc. y algunos sindicatos nacionales. Representan el 22% de los sindicatos del país, algo más de 600 mil trabajadores.

Las fuerzas políticas al interior del actual CDN se distribuyen entre 22 socialistas y/o aliados de Arturo Martínez, presidente de la CUT desde hace 16 años; quince comunistas; cinco democratacristianos; dos de Fuerza Social y Democrática; y un radical.

La Concertación -que gobernó el país durante veinte años- no tuvo su réplica en la CUT. En ella ha reinado una alianza entre los socialistas y otros adeptos de Martínez y un sector de sindicalistas del Partido Comunista, encabezados por Guillermo Salinas, que ocupa la tesorería de la Central. En gran medida la CUT ha reproducido el modelo de dirección sindical utilizado durante la dictadura. La Coordinadora Nacional Sindical de entonces era dirigida por sindicalistas que sobrevivieron a la represión y que militaban en los partidos ilegalizados. Por supuesto no era posible hacer elecciones libres ni garantizar transparencia en la administración de los fondos que provenían de la ayuda internacional. Todo era controlado mediante acuerdos políticos semiclandestinos.

MARTINEZ APERNADO

Hasta 1999, el CDN, y por tanto los principales dirigentes de la CUT, fueron elegidos en los congresos que se sucedieron desde 1988. En el primer congreso asumió la Presidencia el democratacristiano Manuel Bustos, que había liderado la Coordinadora Nacional Sindical y que en 1997 fue elegido diputado, falleciendo más tarde.

De esos tiempos data la participación de Arturo Martínez como parte de las máximas autoridades de la Central: Manuel Bustos apoyó la designación del socialista y ex Mapu, Arturo Martínez, como vicepresidente de la CUT. Luego, asumió la Presidencia otro sindicalista democratacristiano, Diego Olivares, y a este lo sucedió Arturo Martínez, ex presidente de la Confederación Nacional de Trabajadores Gráficos (Conagra).

De ganar la elección de este mes, Martínez alcanzaría su quinta victoria. Un récord no despreciable que sólo ensombrece una derrota como candidato a diputado.

En esta oportunidad tres listas disputarán a Martínez y sus aliados la conducción de la CUT. La lista comunista la encabeza la dirigenta nacional del Colegio de Profesores, Bárbara Figueroa y la acompañan el actual presidente del Colegio, Jaime Gajardo, y el presidente de la Confederación de Trabajadores del Cobre, Cristián Cuevas. El Movimiento de Trabajadores por la Base presenta a Fabián Caballero, presidente de la Federación Metropolitana de Funcionarios Municipales. Y el democratacristiano Nolberto Díaz, dirigente de un sindicato de la Empresa Nacional de Petróleo, es apoyado por sectores socialistas opositores a Martínez. De hecho, el apoderado de esta lista es el presidente de la Anef, Raúl de la Puente.

RESULTADOS PREFABRICADOS

Según el presidente del Colegio Electoral Nacional de la CUT, esta vez tienen derecho a voto 6.527 dirigentes de todo el país en representación de 501.916 trabajadores y de 1.889 sindicatos. Dirigentes críticos de la conducción CUT observan que es muy difícil saber el número exacto de afiliados a la CUT, si se considera que la fuerza laboral supera los siete millones de trabajadores y los sindicatos son poco más de doce mil, con alrededor de un millón de asociados.

Carolina Espinoza, secretaria general de la Confusam, señala: “En el Consejo Directivo Nacional del 20 julio, se decidió nuestra marginación de esta elección. Estábamos ausentes y nadie nos notificó de nada. Hoy sólo sabemos que no podremos participar”. Agrega que la Confusam cumplió con el pago de cotizaciones y demás requisitos, sin embargo su organización fue marginada. “Pero no sabemos por qué”, subraya.

A la Confederación de Trabajadores del Cobre, que preside el comunista Cristián Cuevas, le recortaron el 75% de sus 30 mil socios y Cuevas amenaza marginarse si no se permite votar a todos sus socios.

En la Federación Nacional de Profesionales Universitarios de los Servicios de Salud (Fenpruss) la postura es más decidida: “Tomamos la decisión de marginarnos de las elecciones de la Central, no solo como una señal ante el ningún cambio en su conducta política, sino como un alerta a otras organizaciones sindicales que han manifestado también profundas discrepancias con el estado de cosas en la CUT”, dice Claudio González, su presidente.

Y en el otro extremo: los afiliados del Colegio de Profesores a la CUT aumentaron considerablemente. En opinión de dirigentes de ese gremio, es un abultamiento artificial. Con poco más de cincuenta mil afiliados, en el padrón CUT el Colegio de Profesores aparece con sesenta y cinco mil.

OTRO MISTERIO: LAS FINANZAS

Pero si el número de afiliados reales son un misterio, también lo son las finanzas de la CUT. De su presupuesto, no se sabe nada. A las cotizaciones -que sólo algunas organizaciones pagan en forma regular-, se suman donaciones que al amparo de la ley realizan distintas reparticiones públicas y fundaciones extranjeras. “En la CUT no se conoce cuánta plata entra ni cómo ni cuánta se gasta. No hay balances formales. De repente aparece el tesorero y dice: hemos recibido tanta plata y gastamos tanto. Y como la cosa está amarrada políticamente, en la asamblea del CDN se dice, ‘levanten la mano los que aprueban’ y todos los amigos del ejecutivo levantan la mano”, dice Ricardo Maldonado, presidente de la Confederación Nacional Unitaria de Trabajadores del Transporte (Conutt), también marginado de la CUT por demandar al Tribunal Electoral una revisión de los resultados de la última elección. “En 2008 hicimos una denuncia por fraude, junto con una buena cantidad de dirigentes. Eso nos costó que no nos dejaran participar más en la CUT”.

Las críticas desde distintos sectores gremiales y sindicales son recurrentes. Pero, ¿por qué no ha habido cambios al interior de la Central? “La institucionalidad de la CUT funciona sólo para quienes la controlan. Es muy difícil que desde adentro renazca una nueva CUT”, responde Ricardo Maldonado.

Bárbara Figueroa, designada por el PC como carta intermedia entre dos rivales, Jaime Gajardo y Cristián Cuevas, replica: “Hay suficiente institucionalidad sindical en la CUT para asegurar el cumplimiento de los estatutos y reglamentos que rigen a la Central. No soy de las que piensa que las elecciones son legítimas sólo cuando las gano y dejan de serlo si no triunfo”. Figueroa surgió como la carta comunista para estas elecciones después de larga espera. Semanas antes que el PC diera a conocer su lista de candidatos a la CUT, Cristián Cuevas se autopostulaba para desplazar a Martínez de la Presidencia de la CUT. Poco después, Jaime Gajardo hizo lo mismo, cruzándose en el camino de Cuevas y creando así una difícil situación en el sindicalismo comunista, que, en definitiva, tuvo que resolver el comité central de ese partido.

Bárbara Figueroa anuncia “una nueva conducción, (…) que nos permita avanzar en cambios en el Código Laboral, en reformas que garanticen derechos para los trabajadores, mejores condiciones, salarios mínimos decentes, etc.”. “Esto no es nuevo”, observa Maldonado, “se dice siempre”. Y si la CUT no se puede cambiar desde adentro, ¿es posible levantar una nueva Central? “No debiera asustarnos pensar en una nueva organización con un proyecto transformador de la sociedad chilena, con formas y métodos democráticos y pluralistas, voto universal, independiente de partidos, de los gobiernos y los empresarios”, añade.

“Una carta interesante -agrega Maldonado- es el dirigente de la Confederación de Trabajadores del Cobre, Cristián Cuevas”. ¿Aunque vaya en la lista del PC? “Sí. Debió atreverse a anteponer su condición de dirigente sindical a su militancia política y asumir los costos. No le digo que se vaya del partido, sino que debió desmarcarse claramente de Martínez”, sostiene Maldonado.

¿OTRA CUT?

En círculos opositores a la actual conducción de la CUT es cada vez más frecuente oír de la necesidad de levantar otra Central. Las ideas van desde dar la pelea para su refundación, hasta convocar a un congreso o encuentro nacional para discutir una propuesta de nueva Central. Carolina Espinoza opina: “Nosotros estamos por hacer un frente común. Hemos llamado a fortalecer el movimiento sindical desde la base, formando parte de las coordinaciones, ya sea en la CUT o en las mesas sociales de salud. Creemos que es necesario ponernos de acuerdo para avanzar de manera más coordinada porque hay expectativas y esperanzas de cambio a partir del movimiento ambientalista y estudiantil”.

Darío Vásquez, secretario general del Colegio de Profesores: “El momento histórico requiere de una Central fuerte y consecuente, alejada de las maquinaciones partidistas, los empresarios y los gobiernos. Un congreso fundacional con participación de todo el que quiera esa construcción, incluidas las otras centrales existentes, puede ser el camino”.

Todo parece indicar que de no mediar un hecho inesperado, la mayoría dominante al interior de la CUT se va a reproducir en la elección del 23 de agosto. Todos los dirigentes consultados por PF coinciden que es muy difícil deshacer el nudo de poder que han amarrado Martínez y sus socios. Han desaparecido las grandes organizaciones sindicales y los gremios están debilitados. Veinte años de “paz social” tienen como resultado la apatía, desconfianza y desmovilización de los trabajadores.

Los estudiantes, sin embargo, se han alzado como actores sociales determinantes en este periodo. Han visto reforzadas sus federaciones, aumentado sus grados de participación y han instalado la idea que el modelo capitalista es vulnerable. Renovando sus dirigentes con una frecuencia impensable para el resto del llamado movimiento social, garantizan de esa manera que el sistema no tenga tiempo para intentar cooptarlos.

La CUT ha sido condición necesaria para la entronización de la actual cultura dominante. Un caso paradigmático fue el acuerdo de la Central con la Confederación de la Producción y el Comercio (CPC), el super gremio empresarial. Bajo el curioso rótulo de “Diálogo Social”, la directiva de la CUT acordó con el empresariado cuestiones insignificantes, creando estupor en la base sindical. Carolina Espinoza reafirma sus críticas: “Qué duda cabe sobre la falta de autonomía que tuvimos como Central durante los gobiernos de la Concertación. Eso es lo que hoy nos tiene sumidos en una tremenda crisis. Evidentemente, esta CUT solo le sirve a los poderosos de este país”.

La CUT está en decadencia. Los intereses en juego la han transformado en un bastión con acceso a directorios, gerencias y gabinetes, pero alejada de los trabajadores. La Central ha quedado reducida a un edifico frío, trizado y polvoriento.

La CUT no camina al paso de este tiempo. Se perdió en la bruma corrosiva de la politiquería. Es un organismo amaestrado, inercial, cansino, opaco, adecuado para el perfeccionamiento del modelo económico-social. De haber sido de verdad representante de los trabajadores y defensora de sus derechos, otros gallos estarían cantando el 23 de agosto en la casona de la Alameda.

Publicado en “Punto Final”, edición Nº 764, 17 de agosto, 2012

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