Luciano Cruz Aguayo

Surgía entonces una nueva generación que rompía las viejas prácticas políticas de los partidos tradicionales y ponía la toma del poder por los trabajadores como la orden del día. De la memoria al poder. Video.

Luciano perteneció al grupo de jóvenes que en la década del sesenta junto a viejos luchadores sindicales y sociales participa de la fundación del Movimiento de Izquierda Revolucionaria, MIR. Considerado uno de los intelectuales del movimiento no tardó en crecer en la praxis y en la convicción ideológica con el aporte de hombres de la talla de Enrique Sépulveda, Clotario Blest, Humberto valenzuela, Luis Vitale, , Oscar Waiss, Gabriel Smirnow, Dantón Chelén, Miguel Enriquez, Bautista van Schouwen, Edgardo Condeza, Jorge Cereceda, Martín Salas, el “pelao” Zapata, Mario Lobos, Mondiola y otros. Entonces, no era raro que surgiera un dirigente de masas como lo fue Luciano Cruz Aguayo, quién luego de abandonar la militancia en las juventudes comunistas debido a lo enquistado del reformismo en sus líneas, se convierte en el principal responsable del impetuoso crecimiento del MIR, no sólo dentro del movimiento estudiantil penquista, sino también en importantes sectores de trabajadores, particularmente los obreros del carbón de Coronel y Lota. Ahí se le vio junto al Bauchi y Mires, realizando cursos de formación sindical y política, charlando sobre el Manifiesto Comunista en un lenguaje pedagógico y sencillo que permitiera el surgimiento de una corriente revolucionaria entre los obreros del golfo de Arauco, zona donde era ampliamente reconocido tanto por su anterior militancia, como por su infatigable labor creativa en la unidad de obreros y estudiantes.

Cruz, como muchos de los jóvenes miristas era de familia acomodada. Hijo de un militar (Pedro Mario Cruz), pasó casi toda su vida en Concepción, sus padres vivían en una parcela a orillas del río Andalién, frente a una población de emergencia llamada J.F. Kennedy. Desde temprana edad se interesó por los sufrimientos de los pobres del campo y de la ciudad. Desde las luchas estudiantiles secundarias se forja el espíritu rebelde y osado que caracteriza su corta vida que amenazada por la represión política desarrollada en contra del partido por el gobierno de Frei Montalva a partir de 1969, lo obliga a la clandestinidad desde el 6 de Junio de ese año, situación que lo convertirá en una verdadera leyenda hasta su extraña muerte con mezquinos 27 años.

En 1965, luego de amplios esfuerzos de varias pequeñas organizaciones revolucionarias se había fundado el MIR, síntesis de varios años de maduración política y trabajo de viejos luchadores sociales revolucionarios.

En 1967 en el tercer congreso de la naciente organización, Luciano es elegido para el comité central con la más alta votación 129 votos de 131 delegados. En aquel entonces también era elegido Miguel Enríquez como secretario general, ambos de 23 años de edad, saltaban a la palestra nacional a la cabeza de una nueva forma de hacer política, de una nueva praxis revolucionaria y bajo la consigna de la creación autónoma del camino hacia la revolución chilena y la construcción del socialismo en la hermosa y vilipendiada América Latina. Surgía entonces una nueva generación que rompía las viejas prácticas políticas de los partidos tradicionales y ponía la toma del poder por los trabajadores como la orden del día, fomentaba el poder popular y la autogestión obrera en fábricas e industrias, así como asumía la responsabilidad de dotar a los obreros del poder militar que permitiera la revolución socialista.

En el mismo año 67, siendo estudiante de medicina, Cruz es elegido presidente de la Federación de Estudiantes de Concepción (FEC), en unidad con la brigada universitaria socialista, impulsando el compromiso de los estudiantes con obreros y campesinos, además de lograr la activa participación de los secundarios en las luchas estudiantiles.

La necesidad de contar con preparación militar y crear lazos con la revolución cubana, le obliga a abandonar la carrera de medicina y le lleva a Cuba, conociendo la experiencia y el sacrificio de ese pueblo que explica en uno de sus pocos textos; “notas sobre la Revolución Cubana”.

Desde muy joven hace pareja con Gloria relación de la cual nace Alejandra. Separado conoce a su gran amor Sandra, compañera de partido y al decir del historiador Luis Vitale, su gran amor. Mas, en Cuba no frena su apasionamiento, naciendo su hijo Luciano.

El 14 de Agosto de 1971, accidentalmente aparece asfixiado en un departamento santiaguino.

Perseverante unificador, junto a Miguel recorrían el país cohesionando el partido frente a los rigores de las luchas intestinas. En 1970 encabeza el bisoño aparato de inteligencia que rendirá frutos frente a las conspiraciones golpistas y que ganará adeptos en las Fuerzas Armadas levantando el Frefac (frente revolucionario de las Fuerzas Armadas y Carabineros) conformado por soldados, clases y algunos oficiales, tarea que para Luis Vitale “puede haber ocasionado su asesinato por la inteligencia militar”.

El pueblo chileno y la revolución continental perdía uno de sus más promisorios dirigentes revolucionarios. Miguel diría que “Era nuestro líder de masas, nuestra mejor expresión popular, el pueblo lo quería, seguía y respetaba… los trabajadores han perdido un líder y nosotros un militante, un amigo y hermano de lucha”. Entonces, la clase obrera y los sectores avanzados del pueblo, se estremecían frente a los titulares de la prensa burguesa, “Murió Luciano Cruz”, aquel extraño departamento de calle Santo Domingo entregaba el cuerpo asfixiado con gas del brillante líder de masas, de oratoria fácil con trazos de filósofo e idealista, ejemplo de militante, organizador incansable de su querida clase obrera, pedagogo humilde en la entrega de sus conocimientos a su pueblo, hombre de inquebrantable convicción ideológica.

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Luciano Cruz Aguayo