Relatos de un vialino: ¿Y cómo le fue al Vial, flaquita?

Relatos de un vialino: ¿Y cómo le fue al Vial, flaquita?

Memoria Vialina / resumen.cl

Desperté angustiado y con un dolor de cabeza que me partía el alma. Con la luz del sol, divisé un cuarto que me era conocido; estaba en mi casa. Por más que intenté  reconstruir la escena, no me acordaba de nada. Solo imágenes nebulosas, un dolor de cabeza ancestral y una sed de antología…

– ¡Apúrate!-me dijo- mientras colocaba unas presas de pollo y una ensalada de papas mayo dentro de unos envases plásticos. Estos no son cualquier envase –enfatizó-, son envases herméticos, son “Tapper  Wear” (o algo así le escuché yo). ¡Que no se te vayan a perder!, es lo único que te encargo, mira que tu “soi más volao”.

Coloqué los envases – que no eran “cualquier envase”- y la máquina fotográfica familiar en el bolso olímpico azul. Antes de salir, tomé unos vasos de vino -por siaca-, y los acomodé cuidadosamente.

¡Con tantas vueltas  vas a llegar al final el partido! ¡Apúrate! –reiteró.

Salí corriendo hacia la calle, dando de paso un beso a mi señora. ¡Que les vaya bien! -fue su despedida.

Cuando llegué a O”Higgins,  ví una hilera de buses repletos y prestos a salir en caravana hacia  Chillán. En esa ciudad se jugaría el partido final entre Laja y Vial, el que definiría al campeón de la Tercera división. Después de años de lucha, el Vial por fin podría llegar al fútbol profesional, y no por secretaría como otros, sino que ganando su derecho en cancha.

Afuera de unos de los buses, estaba mi amigo Lagarde, esperándome inquieto…¡Shhh, menos mal que llegó compadre, ya me hacía la idea de salir solo!

Nos subimos al bus y al ratito salió  la caravana.

– ¿Cómo cree que nos a ir compadre? -le pregunté-.

– Tengo fe que vamos a ganar, ojala que al “Loco Zepeda”, no se le ocurra pegarse “un numerito”, porque ahí si que nos dan  “capote”.

– Así es la cosa… y a propósito de capote – le dije, buscando cambiar el argumento del partido y así relajarnos un poco- ¿Qué opina el Comisario Lagarde del caso “sicópatas de Viña del Mar”?

– Harto complicados nos tiene este caso –dijo mi compadre acomodándose en su asiento- En primer lugar,  porque a todas las unidades  nos han sacado detectives y con esta merma, se nos recarga toda la pega, (mientras conversaba, hizo un pequeño  alto y agachándose hacia la ventana, sacó de su bolso, una botella de vino tinto).

– ¡Que casualidad compadre! -le dije mientras de mi bolso sacaba dos vasos-. Le extendí

uno primero para que lo llenara, y luego el otro.

– ¡Salud compadre! ¡Por el triunfo!

– Bueno como le iba diciendo, este caso, además, se ha ido complicando con el paso del

tiempo, pues a pesar de haber copado de policías todos los parques y áreas verdes con

Cinturones de seguridad, igual han  seguido ocurriendo crímenes.

– Bueno compadre, pero eso significa que los autores, o están muy bien dateados de estos operativos o bien son policías…

-Ese es el problema, pues los peritajes balísticos, demuestran que los proyectiles han  sido disparados por armas punto 38, justamente las que usan los pacos y nosotros, además, los únicos que  pueden cruzar las zonas de seguridad sin levantar sospechas somos las mismas policías. En algunos casos, las victimas han abierto la ventanilla de la puerta del conductor en forma voluntaria, lo que significa que han confiado en quienes, les han abordado desde el exterior, seguramente por sus uniformes, o por alguna identificación pertinente…

Mientras escuchaba a mi compadre, pensé  para mis adentros que podrían ser “fachos”  descolgados de “Patria y Libertad”, los mismos que acompañaron en tantas ocasiones los operativos militares de la dictadura, y a los que les quedó gustando ver correr la sangre. En todo caso, no lo comenté para no comprometer a mi compadre comisario, aunque yo estaba seguro que el también consideraba esa posibilidad. Estábamos en plena dictadura y  ciertas cosas  simplemente no se podían comentar.

– Leí en la prensa-le dije- que en algunos casos se les ha pedido documentos, según la versión de algunas acompañantes que han sobrevivido a los crímenes. Y eso solo lo piden los pacos, ya que los ratis siempre  piden los “carnéses”…

– ¡Claro!, ese es un dato muy importante. A pesar de esto, todavía no salta la liebre…

A esas alturas de la conversación, habíamos vaciado la botella de vino y  entrábamos a

Chillán. Una vez que el bus se estacionó  cerca del estadio, buscamos un negocio donde poder aprovisionarnos del copete suficiente para la colación y para calmar  los nervios. Ahora, sobre la forma en que entramos con el copete al estadio en plena dictadura… bueno, eso siempre se puede.

Ya dentro del estadio, como con una hora de adelanto, hicimos la colación con toda la

tranquilidad del mundo y con el ansia que solo el copete calma. Sin darnos cuenta, el

estadio se colmó de gente, hasta las escaleras de los accesos.

El pitazo del arbitro marcó el comienzo del partido. Con cada jugada, el estadio parecía reventar. Todos pensamos que se desnivelaría rápidamente, pero a medida que pasaba el tiempo los dos equipos no se hacían daño. Así, hasta que terminó el primer tiempo con el marcador en 0.

Deportes Laja había terminado el campeonato con mejor diferencia de gol, por lo que solo le bastaba el empate para salir campeones. Así las cosas, los nervios comenzaron a secarnos la garganta. A medida que el partido se hacía más tenso, más vino circulaba

entre los vialinos.

En el segundo tiempo las cosas no cambiaron, y a medida que corrían los minutos los jugadores de Laja comenzaron a lanzarse a la piscina  cada vez más seguido, como si fuese el día más caluroso del verano. Se tiraban al suelo por cualquier cosa, se caían si los tocaban, si los miraban feo, hasta el viento los botaba. El arbitro cobraba la falta, salían en camilla y a penas llegaban a fuera de la cancha se levantaban para volver a entrar. Y así, entre piscinazo y caída, el reloj seguía su curso inexorable.  En un momento dado, ya era tanta la impotencia de los Vialinos frente a tamaña frescura de los jugadores de Laja, que ante un foul inexistente,  el” loco Zepeda” corrió hacia el simulador y cogiéndolo del cuello de la camiseta y de la pretina del pantalón, con una fuerza titánica, lo lanzó fuera de la cancha como si fuese un saco de papas, acción que lo hizo merecedor de una tarjeta amarilla.

¡Vistes weón ¡ ¡te lo dije!.. este loco puede dejar la cagá, me gritó mi compadre. Asentí     con un movimiento de cabeza.

Concluyó el partido, en su fase reglamentaria de los noventa minutos. Las bases del torneo señalaban que en caso de empate en el tiempo reglamentario, debían jugarse 30 minutos adicionales. Ya se nos había terminado el trago, así  que obligados a comernos las uñas.

Terminaron los primeros quince minutos y el marcador inmóvil ahondaba nuestra angustia. Los jugadores de Laja, continuaban botando pelota fuera de la cancha, simulando fouls, (el hombre del botiquín era un jugador mas dentro del campo de juego), demorando los saques, dialogando con el árbitro, discutiendo con jugadores del Vial, etc.

La hinchada de Laja, enloquecía a gritos desde su gradería.

Todo hacía presagiar que tendríamos que esperar otro año más. Cuántos sacrificios habíamos hecho, hasta una multitudinaria marcha en tren hasta Santiago para exigir nuestro derecho histórico. Nunca pudimos contra la mafia de los dirigentes de la central y los políticos. Después de años de lucha, estábamos tan cerca y tan lejos al mismo tiempo.

¡Cambiemos de puesto!, a ver si nos sale un gol – me dijo mi compadre, buscando una cábala. Imposible, estaba tan lleno el estadio que no se podía mover ni un pelo.

¡Ya Vial! ¡Dale Vialito! ¡Tres Ras por el Vial! ¡El Vial unido jamás será vencido! Todo

se gritaba a morir, hasta reventar las gargantas. Yo levantaba mi mirada y mis manos al

cielo inventando dioses peloteros, y después suplicándoles. Se nos acababa la vida.

Parece que ya nada cambiaría el destino, faltaba poquísimo, solo la esperanza, ¡vamos loh Viale!, ¡Vamoh loh viale! Cuando faltaban tres minutos, de pronto un córner para el Vial. Esta era la última posibilidad.

Junto al banderín del córner se acomodó un vialino, no alcancé a ver quien era. Chutió con fuerza el tiro, pero la defensa reventó la pelota.

Nuevo córner. Otra vez chutea el mismo jugador  y esta vez la pelota hace una comba hacia el arco, pero el arquero saca angustiosamente con las uñas, casi gol olímpico,  y concede otro córner.

¡Estamos calentito! – gritó mi compadre, ¡la tercera es la vencida!

Tercer tiro de esquina consecutivo. La pelota se fue por arriba, voló por los cielos y  parecía que se perdería irremediablemente fuera de la cancha, en algún laberinto del recuerdo, pero algo pasó, caprichosamente desaceleró su velocidad y se estacionó en el vértice superior izquierdo. En esa esquina perdida, esperó una cabeza que salió de la nada, le cambió su dirección y voló dichosa a abrazarse con las mallas… Fernando Pérez, el acróbata, puso  en el aire, la rúbrica de su obra poética.

En ese momento se detuvo el tiempo. Sentí  como un solo grito te destapa hacia el infinito el alma, luego te la recoge como un elástico,  y te la devuelve en colisión máxima con el cuerpo. Ese mismo grito, también  expulsa el bolso olímpico, con máquina fotográfica, y los famosos “taper-wear”, hacia el infinito, pero sin retorno….

GOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOLLL!

GOLAAAAAAAAAAAAZOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!!!

GOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOLLL!

Reventó el estadio. Nos abrazamos con mi compadre, todos nos abrazamos como hermanos, lloramos como cabros chicos, como parientes cercanos de esta gran familia Vialina. Saltando ya sin gritos, se nos fue el resto del partido,  el tiempo se gastó en la celebración. El gol como una estocada a fondo, dio muerte súbita a los jugadores de Laja, ahí se les fue el partido…

En la agonía, nos llegó de vuelta la vida… con una vuelta olímpica y otra copa. Por fin, habíamos llegado al fútbol grande y el pueblo comenzaba a levantarse.

De regreso, repusimos el vino y el aliento en caravana. Hicimos una parada en Quillón donde Vial realizara su pretemporada. La plaza de Quillón era un carnaval, el vino se repartía generoso como una vertiente. Llegando a Concepción, hicimos una marcha desde la calle Prat hacia la plaza independencia, la marcha mas grande que se tenga memoria hasta entonces en tiempos de la dictadura.

Frente a la Intendencia, el grito mas potente, era: ¡El Vial unido jamás será vencido!…¡El pueblo unido, jamás será vencido! Los pacos de la guardia, incrédulos, se miraban entre sí, sonreían, por simpatía,  o por miedo, no sé, solo faltaba que hicieran con sus dedos la V de la victoria, ó la V del inmortal.

Este verdadero tsunami  humano,  no respeto nada, ni  el sentido del tránsito citadino.   Estrictamente, nos tomamos todo, incluyendo  la ciudad. Una máxima vialina es: Ganamos, Empatamos, Perdimos: igual tomamos vino. Esta vez lo hicimos con toda   el alma, en la cruzada deportiva más gloriosa de los ochenta.

Desperté angustiado en mi cama y con un dolor de cabeza que me partía el alma.

-¡Flaca, flaca, despierta!- grite mientras zamarreaba a mi señora.

– ¡Que te pasa!- me respondió  asustada.

– ¿Qué día es hoy?

– Domingo… ¿Qué día crees tú, que es?

– ¡Chuuuu! ¿O sea que el Vial jugó  ayer?

– ¡Claro que jugó ayer! Si  fuiste a Chillán a ver el partido.

– ¿Y como le fue al Vialito?

– ¿Oye, me estay agarrando pal  leseo?

– ¡No flaquita! De verdad  ¿como le fue al Vial?

(Los segundos que pasaron entre mi pregunta y su respuesta, probablemente, fueron los más largos de mi vida).

– ¡Ganó tu Vial! -me respondió  enojada.

De un brinco, salí  de la cama y me puse a saltar por el dormitorio gritando: ¡Ganamos! ¡Somos Campeones, Somos Campeones!

Volví a revivir la misma alegría. Volví a vivir la hazaña de Fernando Pérez. Estaba en mi casa, saltando como un loco. Nada más importó en ese momento. Nada, ni siquiera los famosos “tapper wear”…

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Foto: Blog El Vial Unido

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