Semblanza 47 Aniversario de MIR

Compañeras y compañeros:

Siempre resulta difícil enhebrar las palabras adecuadas para celebraciones como ésta porque se entremezclan reflexiones diversas y sensaciones encontradas que son reflejo de nuestra historia y de nuestro presente.

Hace 47 años, el 15 de agosto de 1965, se fundaba el MIR por un grupo de no más de 60 compañeros, en un sencillo local del Sindicato de Trabajadores del Cuero y el Calzado, en Santiago. Seguramente no estaba en la idea de los fundadores que casi medio siglo más tarde una cantidad similar de compañeros, en condiciones similares, nos encontraríamos recordando y celebrando aquel acto. Acto que, si duda alguna, se reproduce en forma dispersa en distintos lugares del país. Con toda seguridad no estaba en la idea de ninguno de los fundadores un futuro tan modesto y limitado como el que protagonizamos hoy. Por aquel entonces, estaba en la idea, en los sueños y en los planes de todos transformar la realidad, subvertir la sociedad y crear un Chile mejor para los pobres y los trabajadores, un mundo mejor para todos, distinto para todos, más justo para todos. Seguramente esperábamos que 47 años después ese futuro estuviera más o menos consolidado y entonces serían miles y millones los que celebrarían nuestro aniversario.

La historia, el inexorable decurso de las contiendas sociales y políticas, la implacable realidad de la lucha de clases, el inapelable derrotero de las luchas cuando son verdaderas, hizo que el camino se torciera de otra manera. Nuestro programa, nuestra estrategia, nuestros proyectos políticos fueran derrotados por los efectos y circunstancias propias de una lucha radical y definitiva. Las causas de la derrota fueron muchas y se fueron prefigurando en distintos momentos de nuestro desarrollo y devenir político; no fue una causa, ni fue algo que haya ocurrido en un solo momento lo que explica este presente, y aun seguimos haciendo el inventario de nuestro pasado para alcanzar las reflexiones finales  que hacen falta

Pero si hay algo de lo que podemos estar tranquilos es de que como organización revolucionaria hicimos todo  lo que nos fue posible por lograr los objetivos que nos habíamos propuesto, a veces incluso yendo más allá de nuestras posibilidades o de nuestro alcance. Al menos intentamos hacer lo debido y hacer lo correcto cuando nos fue requerido y cuando fue necesario. Se podrá juzgar que lo hicimos bien o mal, que cometimos estos o aquellos errores, que tuvimos tales o cuales virtudes o aciertos, pero lo que nadie puede cuestionar, ni puede ponerse en duda, es el compromiso cierto que asumimos con el destino de nuestro pueblo, la decisión con que afrontamos los desafíos que nos fue deparando la lucha, y la pasión con que emprendimos como partido y como militantes  la senda de la liberación de los oprimidos.

Es cierto que en el camino debimos pagar un alto costo, de esfuerzo, de sacrificio, de sufrimiento. El mayor y más doloroso de estos costos es la pérdida irreparable de cientos de compañeras y compañeros que tuvieron que pagar con su vida el significado real de ese compromiso militante que tuvimos como organización y como personas. Este penoso costo humano, junto con los resabios de la fragmentación ideológica, orgánica y política que sufrió el MIR a fines de los ochenta, hace que nuestras celebraciones sean una mezcla de significaciones.

Sin embargo, no todo parece haber sido en vano. Persiste y trasciende algo más que nuestra simple porfía histórica y algo más que nuestro simple orgullo y sentido de pertenencia. No es tan solo lo que conocemos como cultura mirista lo que ha trascendido en el tiempo; ella define tan solo una forma de ser y el lugar en que nos ubicamos en la sociedad.

Pero, sin duda, es el significado histórico del MIR y su accionar en la lucha política chilena del Siglo XX lo que lo convierte en referente obligado del análisis del pasado y en factor ineludible del análisis del presente. La impronta del MIR marcó  una época pero sobre todo marcó una ética revolucionaria, una manera de hacer política de la izquierda, y un contenido programático definido y categórico. Eso es lo que persiste y lo que trasciende.

Y este valor histórico se ve reflejado en las banderas rojinegras que se enarbolan en las manifestaciones y movilizaciones populares, se ve reflejado en el pensamiento y la acción de muchos dirigentes de organizaciones sociales, se ve reflejado en múltiples orgánicas de izquierda radical que se nutren de los significados del MIR, se ve reflejado en grupos organizados que de una forma u otra son, se sienten o resultan ser, una prolongación del tronco histórico.

En los tiempos del presente, las grandes causas que dieron origen al MIR y posibilitaron el surgimiento de líderes de la talla de Miguel, de Luciano, del Baucha, siguen pendientes y sin solución. Bajo nuevas formas, nuevos modelos de explotación, nuevos estilos de dominación, prolongan y perpetúan la injusticia, la desigualdad y las opresiones. Los valores y los ejemplos que nos legaron nuestros fundadores y nuestros héroes siguen también presentes y vigentes, pero con nuevos desafíos; esta realidad actual sin duda exige también nuevos programas, nuevas estrategias, nuevas orgánicas, nuevas formas de hacer política.

Nosotros, como ex militantes de este histórico MIR tratamos de aportar desde nuestras particulares realidades y desde nuestras reales posibilidades a los nuevos procesos de luchas sociales que se han abierto en Chile en el último tiempo. Lo hacemos sin aspavientos, sin pretensiones orgánicas y sin pretensiones de vanguardia, ni de ningún carácter. Tan solo animados por ser lo que somos: miristas.

No es este, seguramente, el sitial desde el cual nos hubiera gustado intervenir en el acontecer nacional, pero lo hacemos con la responsabilidad de nuestra historia y con el ejemplo siempre presente de nuestros héroes y mártires.

¡Adelante, con todas las fuerzas de la historia!

Muchas gracias.

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