El ex CNI que trabaja en la Defensa Civil pagado por el Ministerio de Defensa

Es una antigua casona de calle Vergara donde trabaja Felipe Enrique Ricardo Palacios Cabrera. Altas habitaciones, con un gran patio. De ambiente familiar. Ahí se ubica el departamento de Defensa Civil del Ministerio de Defensa. Palacios es el jefe de Planificación de la entidad. El teniente coronel (R) de Ejército nos recibe amablemente. Algo inquieto. Apenas un segundo demora en responder sin titubeo, como si esperara la pregunta: Sí, yo fui agente de la CNI.

Pero el jefe de Planificación no fue un simple agente. Entre 1982 y 1986 estuvo en el cuartel Loyola. Allí ejerció tareas de mando medio sobre los más sanguinarios integrantes de la Brigada Lautaro que provenían del cuartel de exterminio Simón Bolívar. Aunque afirma tajante que “ahí yo sólo cumplí tareas administrativas. Además, soy muy católico y tengo mis manos limpias”. Dice que nunca ejerció funciones operativas, deteniendo gente o espiando. Pero Jorgelino Vergara, El Mocito, sostiene lo contrario.

Fue él quien, sin dudar, lo reconoció en la fotografía oficial de Palacios en la página de la Defensa Civil del Ministerio de Defensa. “En el grupo operativo de Palacios estaban también el teniente Fernando Paredes Uribe, hijo del general Fernando Paredes que fue director de Investigaciones, el teniente Brito, y el teniente Ramón Briceño Rodríguez, de Carabineros”, nos dijo Vergara. “Con su grupo, Palacios fue operativo a veces deteniendo gente”.

En el libro del periodista Javier Rebolledo, “La Danza de los Cuervos”, El Mocito identificó a Palacios Cabrera como uno de los que tenía mando en el cuartel Loyola, bajo la tuición del capitán de Ejército Ernesto Ureta Pernas.

La permanencia de Palacios en el cuartel Loyola fue saliendo de a poco durante nuestra conversación. Al inicio dijo que nunca estuvo en Santiago en ese período. Después que sólo estuvo un año en Loyola. Al insistirle, su estadía en ese cuartel aumentó a dos años. Por último, admitió que estuvo cuatro años.

Reitera tajantemente. “No tengo nada que ver, tengo mis manos limpias. Nunca he sido procesado por nada, y jamás un juez me ha llamado a declarar por alguna causa de derechos humanos”. En 2001, un testigo, del cual nunca se conoció públicamente su nombre, lo identificó como uno de los custodios en Montevideo del químico de la DINA, Eugenio Berríos, asesinado en 1992 por integrantes de la inteligencia de los ejércitos de Chile y Uruguay. Pero, finalmente su nombre se descartó en forma definitiva en el proceso.

Con los pavos reales

En 1987, después del atentado en el Cajón del Maipo, Palacios se fue como jefe de la seguridad de Augusto Pinochet y su familia en la mansión de Bucalemu, en la comuna de Santo Domingo en la Quinta Región. “Ahí nunca pasó nada”, explica, “y los Pinochet se entretenían jugando con los pavos reales que tenían”, con los cuales él también disfrutaba.

Recuperada la democracia, Palacios se inclinó hacia la inteligencia cursando en la Escuela de Inteligencia del Ejército en Nos. De esa manera, en 1992 ingresó a la Dirección de Inteligencia del Ejército, DINE, donde estuvo hasta 2003, cuando se fue a retiro con el grado de teniente coronel. “En la DINE estuve en la contrainteligencia”, afirma.

Pero su estadía en el cuartel Loyola sigue dando vueltas en la conversación. Reconoce que allí su chapa era Tomás Jarpa Urzúa, como lo consigna un informe policial de 2007. Le consultamos por detenidos en ese cuartel. “Yo al menos nunca vi detenidos ahí”, responde. Pero sin ser un lugar destinado especialmente a la tortura y prisión de opositores a la dictadura, en Loyola sí hubo detenidos, al menos como lugar de tránsito hacia el cuartel Borgoño, la central operativa de la CNI en Santiago al mando de Álvaro Corbalán.

El Covema

El Mocito, dice que Palacios Cabrera fue incluso uno de los integrantes del Comando Vengadores de Mártires, Covema, lo que Palacios también niega absolutamente. Jorgelino Vergara lo identificó como parte de este comando en el libro “La Danza de los Cuervos”, donde además nombra como participantes a los agentes de la CNI, Jorge Díaz Radulovich, Guillermo Ferrán Martínez, y el teniente de Carabineros Ramón Briceño Rodríguez.

A comienzos de 1980 el MIR reagrupó parte de sus fuerzas, algunas retornadas clandestinamente a Chile desde Cuba y la República Democrática Alemana. Se iniciaron asaltos a bancos y cuarteles policiales. La seguridad del régimen entró en alerta. El 15 de julio de 1980, un comando del MIR dio muerte al jefe de inteligencia del Ejército, el coronel Roger Vergara.

El Covema fue un grupo clandestino de agentes que se formó a partir del crimen del coronel Vergara, justamente para “vengar a sus mártires”. Hasta hoy no está claro quiénes lo integraron. Si fueron sólo agentes de la CNI, o también participaron Carabineros y miembros de la policía civil.

Ante la ola de atentados, el 24 de julio de 1980 Pinochet sacó al general Odlanier Mena de la jefatura de la CNI, y puso al general Humberto Gordon. Este formó el Comando Antisubversivo, CAS, con funcionarios de la Brigada de Homicidios de Investigaciones, del OS-7 de Carabineros, y agentes de la Brigada Metropolitana de la CNI.

No está claro aún si los 12 estudiantes, la mayoría del MIR, que fueron detenidos en los días posteriores a la muerte de Roger Vergara, lo fueron por agentes del CAS, o del Covema, o de ambos grupos. Al recuperar su libertad, algunos de estos detenidos declararon que sus captores se identificaron como miembros del Covema, desacreditando la pésima tarea que venían haciendo “los pacos y los tiras”. Pero no dijeron que pertenecían a la CNI.

Entre estos detenidos, a causa de las torturas murió el estudiante de periodismo de la Universidad Católica, Eduardo Jara.

El hasta hoy misterioso Covema, fue un nombre temido que circuló entre los opositores a la dictadura a comienzos de los años 80. Se desconoce si otras víctimas lo fueron a manos de esta organización subterránea. Pero El Mocito sostiene que él “escuchó” en el cuartel Loyola, cómo algunos agentes, entre ellos los que nombra, hablaban del Covema y se citaban a reuniones en algunos cafés y restoranes de la parte alta de Santiago. En 1988, en una entrevista, el general Odlanier Mena dijo que el Covema lo integraron sólo agentes de la CNI.

Felipe Palacios nos despide desde la puerta de su oficina con la misma seguridad que nos recibió, pero con un leve temblor en sus manos.

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