Síntesis de la casi muerte y resurrección del teatro en Concepción

Hablar de Concepción en términos culturales resulta complejo, sin caer en los clichés que se manejan sobre el tema. Como ese que dice que algún día fue el motor de movimientos culturales y políticos. La humedad, la bruma, el río y la lluvia. Tiempo hace que vive en comparaciones y buscando explicaciones del por qué hoy no hay un vivir la ciudad, sino un estado de desidia constante.

Lo que si se mueve, parte de la “reconstrucción” de la ciudad, es el impulso inmobiliario. Es decir, edificios grandes residenciales y centros de consumo: malls, que tienen a los penquistas envueltos en el éxtasis del consumo no artístico.

Pero ese no es el tema. De las líneas del arte, que en esta ciudad fueron gloriosas, el Teatro ES una bastante maltrecha, que hoy intenta recuperarse.

PANORÁMICA

Si trazáramos una línea temporal del teatro local en un flashback, estaría el ícono, la referencia: El Teatro de la Universidad de Concepción (TUC), desde mediados del siglo pasado cuna de grandes actores. Su consiguiente actividad en los sesenta y setentas, se vio truncada por el conocido pinochetazo, que hirió casi a muerte la vida cultural en las regiones.

Sin embargo, el arte siempre resiste: durante los ochenta comenzaron a formarse nuevas compañías (profesionales y de oficio), como El Rostro y el Teatro de la Universidad del Bío Bío (TUBB). Ambas cumplirán más de 25 años.

Para los noventas, en ese aliento simbólico de nuevos aires culturales, de alegría y democracia, se plantearon propuestas nuevas en montajes, como la iniciada por Manuel Loyola, director de El Oracúlo, con el teatro físico. A fines de la época de lo “alternativo”, se abrieron escuelas de teatro profesionales, como el Instituto Barros Arana (actual Valle Central),  la de la Universidad del Desarrollo y hasta Inacap, en el 2000. Pero eso ya fue: hoy están todas cerradas. Estas dejaron para el bien de la ciudad, un semillero de profesionales nuevos.

Según las estadísticas del Observatorio Cultural del Consejo de la Cultura, la asistencia a espectáculos de teatro en la región del BíoBío es de un triste 15,8%, versus un 22,7% santiaguino o un increíble 26,3% en Antofagasta (la cifra más alta en Chile). Paradójicamente, hay aproximadamente 30 compañías entre profesionales y de oficio en la provincia de Concepción.

 Foto: Teatro Uno – Niño Perro

DIAGNÓSTICO

Claramente, las precariedades para el teatro son el financiamiento y falta de espacios (lo que ocurre en varios ámbitos). En cuanto al público, poco va y paga, pero cuando es gratis, la suma aumenta a 56,8% de asistencia. Los estudiantes carretean el dinero, el adulto joven gasta en restobares y deudas. Y el adulto está acostumbrado a la obra clásica. Lo contradictorio en el espectador, es el momento de la obra capitalina.  En un gesto un poco despreciativo hacia la escena local, da su dinero y llena sala para ver a rostros conocidos. Y es que en Concepción falta formación de audiencias.

En cuanto a recursos, muchos se autogestionan, otros se financian en parte con lo que entrega el Estado y varios tienen trabajos anexos. En globalidad, no hay recursos específicos destinados a esta área. La institucionalidad no tiene líneas específicas de desarrollo para teatro, ni políticas claras. Hablamos del Gobierno Regional, las Municipalidades y el Consejo de Cultura.

Este no es un ataque directo a ninguno de estos interventores, que suponemos, de alguna forma lo quieren hacer mejor. Pero es verdad: si se leen las políticas culturales para la región 2011-2016, no hay ítem que se dedique a la promoción de la actividad teatral.

“Pareciera que la institucionalidad no conociera todo el potencial humano que hay. No hay catastro de la gente que hace artes escénicas. Para superar la traba del financiamiento hay que hacer proyectos y ganar Fondos, que actúan como legitimadores”, explica Rodrigo Beltrán Herrera, actor, docente y director teatral.

Para soslayar esta situación la autogestión debiese pulirse “con equipos de trabajo integrales, donde exista un productor, maquillador, escenógrafo, hasta un contador y un periodista; y no que el actor haga todo”, advierte.

Las salas son otra parte de la tragedia del arte dramático regional. Varias dedicadas al teatro han cerrado, el público es tan exiguo como el dinero para sustentarlas (audiencia = pago de salas = salario de actores). El teatro de la Universidad de Concepción no es para todos. Se construirá el teatro Pencopolitano, proyecto que vendría a mitigar la falta de un espacio cultural mayor, para el arte escénico en general. La esperanza es que sea de acceso para todo tipo de montajes locales y no sólo para “obras de primer nivel”.

Tampoco hay una unión sincronizada entre compañías, así como lo hay en danza o fotografía, artes con bastante público y en permanente movimiento, gracias al impulso y cohesión de sus integrantes.

A pesar de todos los males, hubo una ventana de participación comunitaria luego del terremoto, que dio nuevas expectativas. Ese año hubo un interesante Día del  Teatro, una desordenada y magnánima performance humana. Luego, las compañías tomaron sus caminos. Y no se vio más esa cooperación, tan beneficiosa para la ciudadanía.

 Foto: Colectivo Gimnasia Visual Sonora – La natural historia de ninguno (Foto de Daniela Ausente)

SALIDAS

En este difícil camino, que podría expresarse como un “lo que no me mata me hace más fuerte”, hoy surgen nuevos espacios que rompen con los esquemas tradicionales. Se inauguró un centro cultural dedicado sólo al teatro, llamado Nueva Concepción, gestado por el grupo La Otra Zapatilla. En su manifiesto apelan a “la falta de un movimiento artístico teatral permanente, que invite a la comunidad a ser partícipe y que dirija sus ideales hacia la recuperación de un patrimonio penquista”.

Incluso se ha dado con otra estética, ampliando la gama en la cartelera; punto clave para generar una rebelión teatral y la formación de audiencias.

Estas nuevas líneas transdiciplinan, hacen creaciones propias y apuestan por lo raro. Es el caso de teatro para espacios no convencionales, que propone Fauna (productora) en conjunto con el espacio Del Aire Artería, en su festival de monólogos, único con formato de conversatorio con el público al final de las funciones. Ahí además participan compañías como Teatro Uno, TeatrHoy, Colectivo Gimnasia Visual Sonora y actores independientes.

Si hay algo claro es que nunca podremos comparar Concepción con la capital, porque no se debe hacer. Lo  brillante está en la búsqueda de una identidad propia, con todas las torpezas que ella tiene. Si hay un momento para el teatro en Concepción, es ahora.

Por Susana Chau Ahumada

El Ciudadano

Publicado en El Ciudadano Nº130, PRIMERA QUINCENA DE AGOSTO DE 2012

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