El zar del copete

Pese a que pareciéramos contar con una amplia variedad de marcas de bebidas alcohólicas, la mayor parte de los caminos conducen a un consorcio económico: el grupo Luksic. El modelo de negocios es simple: la misma compañía crea distintas marcas para dar cierta ‘variedad’ al mercado. El grupo Luksic en 2011 vendió el 80,2% de las cervezas consumidas en Chile, ganó 13 mil 322 millones 187 mil 629 pesos con su Viña San Pedro y otros $50.936 millones en el negocio de los licores. Sin duda Guillermo Luksic Craig es el zar del copete.

Pasando la resaca tras fiestas patrias invitamos a seguir la pista de los dueños del copete. Entre las chelas con los amigos, las copas de vino o el combinado con ron, pareciera haber tantas empresas como variedades de ebriedades etílicas posibles. Como en un gran supermercado, pareciera que las variedades de vinos tinto y blanco, de cervezas, de pisco o de vodka disponibles tienen tantos proveedores como anaqueles en el pasillo. Pero al acercarnos a la caja, constatamos que el cajero principal, el zar del copete en Chile es el grupo Luksic.

El Ministerio de Salud estima que el 75% de los chilenos consume regularmente alcohol y un 36% lo hace semanalmente. Entre las latas de cerveza con los amigos o la copa de vino blanco vamos metiéndole y terminamos sumando un consumo promedio de 8,6 litros de alcohol puro Per cap (Per cápita) al año. En un régimen de prohibición de otros vehículos de ebriedad, en Chile bebemos 40% más que el promedio internacional.

Los chilenos toman en promedio cada 1,6 días. Si hace poco los medios se alarmaban por el aumento del uso de cannabis entre escolares, el 34,7% de los adolescentes que dijeron haber consumido alcohol en el último mes al Noveno Estudio de Drogas en Población Escolar, pasó casi inadvertido. Es más, la proporción de escolares que han bebido cinco o más tragos en una sola ocasión en el último mes es de 64,3%.

En la población en general, un 43,3% de los encuestados toma alguna bebida alcohólica una vez al mes. Un 32,3% de dos a cuatro veces al mes y un 6,3% dos o más veces a la semana.

¿UNA CHELITA?

En Chile se bebieron 1 millón 852 mil 436,27 litros de cerveza al día en 2011, según datos de la Asociación de Productores de Cerveza de Chile (Acechi). Es decir, los chilenos bebemos 39,2 litros Per cap al año, lo que arroja la cifra de 676 millones 139 mil 240 litros en total. Si todos empináramos el codo, cada habitante se tomaría un poco más de 100 ml de cerveza cada día. El consumo ha aumentado con el tiempo: Si en 1991 los chilenos se empinaban 21,3 litros Per cap al año, el 2005 fueron 25,4 litros Per cap y el 2008, 36 litros.

En Latinoamérica ocupamos el séptimo lugar de consumo de cerveza, muy por debajo de Venezuela, con 98,5 litros Per cap; México con 68,7; y Brasil con 64,9. Después de ellos están Panamá, Colombia, República Dominicana y Argentina antes que Chile. El mayor consumo en países tropicales es debido fundamentalmente al clima. Acá, aparte de las fiestas patrias y las de fin de año, cuando se dispara el consumo de todo tipo de bebidas alcohólicas, “el 70% de las ventas de cervezas se hacen entre octubre y marzo”- cuenta Gonzalo Vidal, de Acechi.

Entre las bebidas alcohólicas, la cerveza es la preferida entre los chilenos, según una encuesta de 2010 hecha por BBDO Research: Un 70% de los habitantes reconoce consumirla habitualmente. Además, su consumo cruza rangos etáreos, sexo y grupos socioeconómicos. Esto lo explica Vidal por “el precio, la cercanía y que la gente le atribuye beneficios como el poder socializar”.

Claro que la industria cervecera sueña con llegar al nivel de consumo de los países europeos, los que consumen de 100 a 160 litros Per cap al año. Para eso inundan los medios y las calles cada cierto tiempo con publicidad o masificaron la cultura de ver los partidos de fútbol tomando copete. En los últimos años la fórmula que más les ha resultado para vender más cerveza son las promociones de pack en lata. Hoy una de cada tres cervezas que se consumen en el país se bebe en lata. Si es que todas las latas fueran de 500 CC, unas 308.739 latas se habrían sumado a la basura del país.

EL ZAR

La industria de la cerveza produce el 53% de las ventas de todas las bebidas alcohólicas en Chile y dos gigantes se disputan el negocio: La Compañía de Cervecerías Unidas (CCU), que según sus propias estimaciones, proveyó el 80,2% de las cervezas vendidas en 2011, y Cervecería Chile, que tiene un 13,8% del mercado.

Cervecería Chile tiene las marcas Becker, Báltica, Quilmes, Brahma, Stella Artois y Paceña. Sus dueños son la belga Anheuser-Busch InBev, la más grande cervecera mundial, que desde 1991 opera en Chile y en 2010 tuvo ingresos de 36,3 millones de dólares. No en vano tienen el 25% del mercado mundial de cervezas.

Guillermo Luksic Craig

La CCU es controlada en un 61,1% por el grupo Luksic en sociedad con Heineken. Guillermo Luksic Craig figura como presidente del holding y Andrónico Luksic Craig como director. Sus principales marcas son Cristal y Escudo. Según la Memoria de CCU, la de etiqueta verde les da un 44,9% del volumen de ventas y la de etiqueta roja un 33,2%.

También comercializan las marcas Royal Guard, Malta Morenita, Dorada y Lemon Stone; y tienen la licencia en Chile de Heineken, Budweiser y Paulaner. Además, desde 2002 tienen el 50% de Kunstmann y el mismo porcentaje de la Cervecería Austral de Punta Arenas. Desde 1995, CCU opera en el mercado argentino con plantas en Salta, Santa Fe y Luján, siendo la segunda cervecera más importante del mercado trasandino.

En Chile, CCU vendió 540 millones de litros de cerveza en 2011. El promedio de los últimos años da cuenta que la cerveza es el 80% de sus resultados operacionales. Nada menor para el conglomerado de Luksic, Quiñenco, que reconoce una ganancia neta de $87.966 millones en 2011. Sus activos ascienden a US$ 19.200 millones.

O sea, si es que tienes un teléfono Entel, ves las noticias en el Canal 13, tienes alguna cuenta en el Banco de Chile, compras un chocolate Calaf y cargas combustible en Shell, en cada acto asociado a estos servicios, ya sea destapando la botella, haciendo un giro, pagando al bombero o llamando por teléfono, estás metiendo monedas en el chanchito del grupo Luksic. Si hasta cuando compras una Cachantún para pasar la caña las lucas van para el bolsillo del grupo económico más rico de Chile.

En 2011 los ingresos de CCU por ventas fueron 15,7% superiores al 2010, alcanzando los 969 mil 551 millones de pesos. Una auténtica borrachera de millones. Y para que no te quedes con sed, las plantas de Cristal de Antofagasta, Santiago y Temuco están preparadas para producir casi 57 millones de litros de cerveza al mes.

ME GUSTA EL VINO

Después de las cervezas, el vino es la bebida alcohólica más tomada por los chilenos, pese a que de las 250 viñas que hay en el país, la mayoría están volcadas a llenar las copas del mercado externo. Chile es el quinto exportador de vinos del mundo y un 70 por ciento de la producción va para afuera, negocio que en julio pasado alcanzaba US$ 146 millones y producía 54 millones de litros.

El negocio vinícola está controlado por una verdadera aristocracia. La familia Guilisasti es dueña de Concha y Toro y Emiliana (30,4% del mercado); el Grupo Claro de Santa Rita (29,1%) y, como no, el Grupo Luksic con la Viña San Pedro (24,6%). Más atrás están la Viña Undurraga del UDI José Yuraszceck; y Ventisquero de Gonzalo Vial.

La mayor variedad de otros licores ha hecho descender el consumo de vino. Si en el año 2005 se consumían 16 litros Per cápita de vino al año, en 2011 esa cantidad cayó a 13 litros. Pero a los chilenos igual nos gusta empinar el codo. Este año, según el Informe Ejecutivo de Producción de Vinos (julio), se han consumido 1.255 millones 371 mil 40 litros, cifra 20% superior a los 1.046 millones 380 mil 903 litros producidos en 2011.

La Viña San Pedro Tarapacá (Grupo VSPT), es la joyita de Guillermo Luksic, quien figura como presidente de su directorio, y posee más de 2.500 hectáreas de viñedos. Las marcas Cabo de Hornos, 1865 Single Vineyard, Castillo de Molina y 35 SUR son para las copas de fuera. Los vasos criollos los llena con las cajas de vino Gato (negro y blanco), Manquehuito, Santa Helena y Misiones de Rengo. También produce las etiquetas Tarapacá, Altaïr y Viña del Mar Casa Rivas. Además tiene en Mendoza las viñas Finca La Celia y Bodega Tamarí, donde produce vinos Malbec.

Entre los accionistas de VSPT aparecen las AFP Provida, Capital, Cuprum y Habitat, y la Compañía Chilena de Fósforos. Según detallan en su Memoria 2011, un ítem importante de gasto es la contratación de publicidad al Canal 13. Todo queda en familia.

El año 2011 sus ventas internas aumentaron 12,3% y las exportaciones 9,2%. También destapan botellas celebrando que casi un tercio de los chilenos (27,8%) responde que prefiere las marcas Gato, Misiones de Rengo y Tarapacá. Motivo de libación es la utilidad reportada en 2011: $13.322.187.629.

LA VIÑA DE RICARDO CLARO

El fallecido empresario donante de la Dina y dueño de Megavisión, Ricardo Claro, es entre otras cosas, dueño de la Viña Santa Rita, la que controla a través de Cristalerías de Chile y Bayona con el 77,6% de la propiedad.

Su producto más popular es el vino 120 y su misión corporativa la define en una sola línea: “Mejorar los momentos de agrado de las personas”. Además de los vinos Santa Rita, producen las marcas Terra Andina, Carmen, Casa Real y Bodega Uno. En Argentina explotan la cepa Malbec con su Viña Doña Paula. También comercian con la importación de destilados, como Cinzano y Campari.

Como presidente del directorio de Viña Santa Rita figura Juan Agustín Figueroa, quien comparte copas en las reuniones del directorio con César Barros, presidente del directorio de La Polar. El 2011 sus ventas fueron de 55 mil 749 millones de pesos, un aumento de 5,39% respecto de 2010. En litros de vino, la cifra asciende a 64 millones.

En el mismo periodo aumentaron sus exportaciones un 17,5%, lo que equivale a tres millones 215 mil cajas. La cuenta les significó 113,2 millones de dólares. Raya para la suma: Las ventas de 2011 suman en total 121 mil 709 millones de pesos. Sólo en el primer trimestre de 2012 vendieron 10.708 litros de vino.

La Viña Concha y Toro es de la familia del presidente de la Confederación de la Producción y el Comercio (CPC), Rafael Guilisasti Gana. Hacen salud en las reuniones del directorio el director de la Compañía General de Electricidad (CGE) y Gasco, Francisco Marín Estévez; el ex ministro de Pinochet, Sergio de la Cuadra, y Jorge Desormeaux, quien ha sido consejero del Banco Central. Durante 2011 tuvieron ventas por 422 millones 735 mil pesos.

EL CONTROL DE LUKSIC

Hace cuatro años se producían 49 millones de litros de pisco anuales, según la Asociación de Productores de Pisco. Pese a que se ven varias etiquetas en las botillerías, el negocio del pisco está altamente concentrado: el 98% del mercado lo manejan las pisqueras Control (50,3%) y Capel (47,9%).

Hasta comienzos del siglo XX la producción pisquera se organizaba en pequeñas destilerías que vendían sus propias marcas. En 1931 se constituyó en La Serena la Sociedad Cooperativa y Control Pisquero Elqui Ltda., que produjo el pisco Control. Dos años después nace la Cooperativa Agrícola Pisquera Elqui Limitada (Capel), que hasta hoy mantiene el modelo de empresa cooperativa agrupando a 1.500 socios y producen, además de Capel, las marcas Alto del Carmen, Artesanos del Cochiguaz y Valle del Limarí.

El grupo Luksic se tomó de a sorbitos el mercado del pisco. En 2003 creó Pisconor S.A. que lanzó el pisco Ruta Norte; en 2005 compró el 34% de pisco Control y hoy ya tiene el 80% de la propiedad. Hoy Pisconor produce las marcas Campanario, Control, La Serena, Mistral, Ruta Norte, Tres Erres y Bauzá.

Pese a que su consumo ha ido a la baja, el pisco representa el 8% de las bebidas alcohólicas consumidas en 2011. En septiembre de 2011 los productores calculaban que obtuvieron US$ 250 millones en ventas en el país y US$ 2 millones en exportaciones.

El ánimo por convertir el pisco en la bebida nacional hizo que cada 15 de mayo se conmemore, aunque casi nadie lo sabe, el Día Nacional del Pisco, y cada 8 de febrero el Día Nacional de la Piscola. Un intento reciente del Ministerio de Salud de incluir el pisco como “sustancia peligrosa”, fue rápidamente bloqueado por gestiones al interior de la coalición de gobierno. Luksic jamás pierde el control.

EL ASALTO DEL RON

En 2009 marcó un punto de inflexión para el negocio de los destilados en Chile. Por primera vez las ventas de ron superaron a las de pisco. Entre enero y marzo de ese año si el destilado transparente facturó $26.100 millones, el destilado rubio sumó $ 27.500 millones.

El ron es el principal licor importado en Chile, seguido del whisky y el vodka. Su posicionamiento en las borracheras de los chilenos es producto de una fuerte campaña publicitaria que en los últimos años se tomó los medios masivos. Hoy el ron abarca un 36,8% del mercado de los destilados, frente a un 33,6% del pisco.

En 2010 Chile era el cuarto país consumidor de ron. La presencia desde hace unos años de nuevas marcas importadas desde República Dominicana y Cuba relegó al clásico ron Mitjans a un cuarto lugar tras las marcas Bacardi (12,4%), Barceló (12,3%) y Havana Club (10,3%). Todas ellas concentran el 54,8% de las ventas de ron en Chile, según un estudio de la consultora Nielsen. En tanto, el cunetero ron Silver pasó a la historia de los piratas.

Datos de la Oficina de Estudios y Política Agrarias (Odepa), calculó en septiembre de 2011 que en los últimos siete años la importación de ron creció 420%, alcanzando entre enero y julio de ese año los 8,6 millones de litros. Un 14% más que el año anterior, alcanzando ventas por US$ 27,9 millones entre enero y julio de 2011. La cifra es 534% más que los US$ 4,4 millones que alcanzó en el mismo período de 2005.

El olor al destilado del azúcar no tardó en llegar al olfato del grupo Luksic y desde el 2011 se metió de lleno al negocio distribuyendo los destilados que importa Pernord Ricard Andes: Ron Havana Club, vodka Absolut y los whiskys Ballantines, 100 Pipers y Chivas Regal.

La participación de Luksic en el mercado del ron llegó de nada a un 16% en 2011. El segmento de Licores en CCU aumentó sus ingresos por venta en 17,9% alcanzando $50.936 millones.

Sus competidores son Flor de Caña de Importadora y Distribuidora Santiago S.A. (IDS), que también comercializa el vodka Stolichnaya; y las marcas de ron Pampero y Cacique y los whiskys Sandy MacDonald, Caballo Blanco y Johnnie Walker por la firma Diageo.

El informe de Odepa también da cuenta que en los últimos siete años las importaciones de whisky subieron 53%, pasando de 1,4 millones de litros a 2,3 millones de litros entre enero y julio de 2011, lo que lo convierte en el destilado más consumido después del pisco y del ron.

Según Odepa las importaciones de vodka crecieron en los últimos siete años un 185%, alcanzando los 1,7 millones de litros. El vodka representa el 1,8% de la canasta de bebidas alcohólicas y en 2009 las consultoras calculaban que vendía unas 50 mil cajas, creciendo un 30% cada 12 meses, el mayor crecimiento entre los licores y destilados. El consumo de vodka se reduce a tres marcas: Stolichnaya, con el 35,2%; Eristoff, con el 21,6%, y Absolut, con el 19,9%.

CUADRO

UNA HISTORIA BIEN REGADA

Al Capone

La cerveza es, según los registros hallados, el modificador del ánimo más antiguo después del opio. Unas tablas cuneiformes de 4.200 años de antigüedad aconsejaban beber cerveza a las mujeres durante la lactancia.

La preocupación por la calidad de un buen mosto es antigua. El artículo 108 del Código de Hammurabi, redactado en el siglo XVIII a. C., decía que “si una tabernera rebaja la calidad de la bebida, y esto fuese probado, la arrojarán al agua”.

Los griegos acostumbraban designar un maestro de ceremonias que regulaba la administración del vino según observara el grado de embriaguez de los invitados. Como la concentración de alcohol por fermentación no supera el 14%, los vinos de la Antigüedad se acompañaban de otras sustancias, como opio y cannabis. El vino de Dionisio era el vehículo para participar del éxtasis de la creación.

Demócrito y Galeno, años después, mencionan el vino resinato, inventado por los egipcios a base de cannabis y mitra. Sófocles acusaba a Esquilo de no saber ni lo que escribía por estar todo el día empinando el codo.

Platón aconsejaba probar el vino después de los 18 años y hasta los 30 exigía que se probara con mesura. Después de los 40 lo recomendaba como rejuvenecedor. Siglos después, Albert Hoffman, descubridor del LSD, vivió pasados los cien años bebiendo todos los días antes de dormir una copa de vino y colgándose unos 20 minutos cabeza abajo. Las propiedades antioxidantes del vino ya son reconocidas por la ciencia.

El registro más antiguo de un destilado de alcohol lo escribió el alquimista chino Ko Hung en el siglo IV d.C., aunque Antonio Escohotado sospecha que ya en el siglo VIII a. C. los chinos ya conocían aguardientes a base de la cerveza de arroz.

La historia occidental atribuye al poeta Ramón Llull, del siglo XIII, el primer destilado: el aqua vini, que sería el primer brandy. La receta es fermentar vino durante 20 días en una caldera de estiércol de caballo y luego destilarlo con un alambique, invento egipcio modificado por lo alquimistas, quienes hicieron pasar el serpentín por un medio frío. “Su sabor supera el resto de los sabores y su aroma el resto de aromas. Es de maravilloso uso y comodidad un poco antes de entrar en combate para darle valor a las tropas” -escribió Llull, quizás adelantándose a las etiquetas que hoy rotulan los vinos.

Como los destilados permiten una embriaguez más rápida, las combinaciones posibles de fuentes y aromas se multiplicaron. El negocio era destilado y plata. Tan así que el gremio de los destiladores se constituyó antes que el de los médicos.

Benedictinos y varias órdenes religiosas cambiaron de giro y pasaron de los rezos a elaborar licores. A su vez, en los monasterios se componían himnos casi dionisiacos celebrando las virtudes del alcohol, como el Carmina Burana. La producción era para las fiestas religiosas de Semana Santa, donde se bebía cual griegos en su culto a Dionisio, siendo la única oportunidad para siervos, artesanos y campesinos de embriagarse.

Con la expansión de la vieja Europa en el siglo XV, el alcohol se expandió por el mundo. Los holdings económicos de la época se asentaban en el comercio de esclavos, azúcar y ron. McKenna comenta que unido a la marginación social, el despojo de tierras y el floreciente comercio de bebidas alcohólicas, nació una ‘sub clase alcohólica e idiotizada’. Imagen muy similar a la que hoy vemos bebiendo cervezas en la publicidad de cada partido de fútbol.

Tanta libación provocó sus detractores. Así surge en Massachusetts en 1650 la primera prohibición del alcohol, el tabaco y la holgazanería. La cruzada es seguida en 1785 por el fundador de la Asociación Pisquiátrica Americana, Benjamín Rush, quien publicó un informe de los daños provocados por el alcohol. En 1869 nace el Partido Prohibicionista y en 1895 la Liga Anti-Saloon en Estados Unidos. En 1917 el reverendo Sam Small anunciaba que cuando lograsen prohibir el alcohol “nuestra América, victoriosa y cristianizada, se convierta no sólo en salvadora, sino en modelo y censor de la reconstruida civilización mundial del futuro”. No en vano las políticas de drogas impuestas por Estados Unidos a partir de 1912 terminarían siendo las primeras políticas desde el imperio con alcance global.

En 1919 el Congreso aprueba la War Prohibition Act, que ilegalizaba la fabricación de bebidas alcohólicas. Un año después entra en vigor la Ley Seca, destinada a parar los 7.570 millones de litros de bebidas alcohólicas que en ese momento consumían los 122 millones de norteamericanos. Para tamaña cruzada se nombró a 2.500 agentes, aunque el propio alcalde de Nueva York, Fiorello la Guardia, en una entrevista reconoció que para cumplir la ley sólo en su Estado necesitaría 250 mil policías “más otros 200 mil que se encarguen de vigilarlos”.

Los 13 años que duró la Ley Seca dejó una estela de corrupción y crimen en la sociedad norteamericana que hoy recuerdan las películas sobre Al Capone. Al igual como ocurre hoy con las drogas prohibidas, la producción clandestina en destilerías domésticas dejó un saldo estimado en 35 mil muertos y más de medio millón de inválidos, ciegos o paralíticos por beber licores adulterados. Otro efecto fue abarrotar las cárceles con medio millón de delincuentes. A la par enriqueció a las mafias, las que movilizaban unos 10 millones de dólares por día por el tráfico de alcohol. Al Capone al ser detenido se defendió diciendo que “gané dinero satisfaciendo las necesidades de la nación. Todo el país quería aguardiente y organicé el suministro de aguardiente. Serví a los intereses de la comunidad”.

Por Mauricio Becerra Rebolledo

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