Invación a Siria vista por un chileno: Línea del frente en la batalla por la autonomía

Durante su estancia en Siria, el escritor y periodista chileno Juan Francisco Coloane sigue descubriendo una situación muy diferente a la que describe la gran prensa occidental.
Llegué hace una semana a este país de cultura milenaria y mientras más entrevisto a la gente en distintos lugares, resulta que el gobierno que se pretende derrocar no es la dictadura que describen los países impulsores del derrocamiento.
Es una guerra todavía indefinida, en la que una fuerza está perdiendo y acude al terrorismo. No siempre es así, pero es lo que sucede en el caso sirio. El ejército sirio ha recuperado gran parte de Aleppo y Homs y las explosiones que hubo el domingo 6 de octubre en Damasco y sus alrededores, responden a ese diagnóstico de utilizar la vía del desconcierto y la desestabilización. La fuerza rebelde siempre aspiró al apoyo de la OTAN. Ese era el diseño original que hasta ahora no fue posible implementar. Seguramente el involucramiento de Rusia y la capacidad de combate y la moral en alto del ejército sirio han sido los factores para desistir en una aventura militar mayor por parte de los que instigan a acabar con el gobierno sirio. El plan de deserciones no se ha consumado y el recorrido por algunas carreteras de Siria indica que el ejército regular sirio no es la fuerza debilitada que aparece descrita con frecuencia por los analistas a los que recurren The New York Times, Le Monde o elDaily Telegraph.
Una bomba estalla en Damasco, a menos de 1 kilometro en la avenida por donde yo caminaba. Ocurrió exactamente a las 19 horas 20 minutos. Le pregunté al que me atendía en la agencia de Syrian Arab Airlines y esa era la hora. Ocurrió en las afueras de una estación de policía, hiriendo de muerte a un transeúnte, que podría haber sido cualquiera. Otras dos bombas explotaron fuera de Damasco con una diferencia de una hora entre la primera y la tercera. Fue en zonas donde los terroristas se han podido infiltrar en una ciudad que ha estado tranquila como Damasco, que es el objetivo final de esta guerra contra Siria. Estos atentados son los detectores del nivel de seguridad que de todas formas el gobierno sirio no despliega en toda su dimensión. “El Ejército Sirio no ha desplegado ni el 30 % de su capacidad”, me dice un corresponsal que está en Damasco desde abril de este mismo año.
La guerra propiamente dicha es indefinida y la opinión generalizada que recojo es que la oposición, al mezclarse con terroristas, está perdiendo la credibilidad. Más del 70% de los entrevistados sólidamente respaldan al gobierno en esta instancia, porque quieren que acabe la inseguridad y que no se apodere del país un conjunto de fuerzas externas entre las que se hallan fundamentalistas islámicos, las transnacionales y, por cierto la alianza atlántica, que se amplía en este caso uniéndose a las monarquías del Golfo y naturalmente Israel.
El objetivo es desintegrar el Estado sirio de naturaleza laica, multicultural y multiétnica. También las transnacionales esperan con ansias esa desintegración para obtener un posicionamiento que el actual gobierno les obstaculiza. La autonomía y la independencia de algunas naciones no entran en el esquema de un buen número de corporaciones que prefieren Estados con menos poder de negociación.
Las divisiones y el sectarismo que pudieran estar aumentando en Siria, según se propaga actualmente en buena parte de la prensa, resultan mucho menores al conversar con las personas. Con muy escasas excepciones, el ciudadano sirio rechaza que un foráneo le pregunte de qué religión es. Un estudiante de la Universidad de Damasco, con sólo 21 años, me dio una lección. Al preguntarle sobre la cuestión de las divisiones religiosas me responde con mucho carácter y diplomacia: “No le voy a responder pero le puedo decir que eso es lo peor que han hecho con Siria, a partir de las protestas y el conflicto. Antes nadie hablaba de esto. Éramos todos musulmanes o éramos todos sirios.” Hay testimonios más vigorosos de sirios que dicen que esto no es una cuestión de querer tal o más cual régimen. Esto es querer que Siria deje de desarrollarse, dividirla y desintegrarla. “El pueblo sirio –me han dicho– no se dejará aplastar por la Hermandad Musulmana o por los terroristas, ni por Israel ni por Estados Unidos.”
El sentimiento antinorteamericano y antiisraelí es mucho más fuerte que el detectado cuando cubrí la guerra en Irak, en 2003. No es contra los ciudadanos de Estados Unidos e Israel. Es contra los deseos de esos Estados por acabar con Siria.
La gente joven que se ha incorporado a la contención del terrorismo es numerosa y cuentan con el apoyo de la población. Ayer en la noche los dueños de las fuentes de soda ofrecían bebidas y alimentos a los soldados que se hicieron cargo del sector golpeado con la bomba. Es emotivo observar a la gente, en Damasco y sus alrededores, apoyando a los soldados en una“guerra” que consideran una agresión externa.
El futuro del Ejército “Sirio Libre” tiende a ser más incierto en la medida que actúen en connivencia con los terroristas. “Sus vínculos con los terroristas los están liquidando”, me señala un ex militar que estuvo 4 cuatro años en el Líbano y que participó en la derrota que le infringió el ejército nacional sirio al ejército israelí.
Los sirios han vivido bajo la amenaza de guerra e invasión de Estados Unidos o Israel por más de 50 años, y no les asustan las explosiones. Todos dicen: “Queremos la paz que nos ha dado este gobierno con todos sus defectos.”
No hubo pánico en las calles. Sirios y sirias son de un temple y carácter pocas veces visto. Nadie huye despavorido. La mayor parte reacciona con calma, demostrando confianza en sus fuerzas armadas.
Los principales instigadores de esta situación de inestabilidad en Siria deberían detener esta agresión sin justificación y es lo que la mayor parte de los analistas locales han expresado. “Están cometiendo el gran error internacional de su historia”, dice uno.“El expediente de las violaciones a los derechos humanos que hubiera cometido el gobierno se ha desacreditado. Son más numerosos los crímenes que se han cometido contra quienes apoyan al gobierno por parte de las fuerzas de mercenarios que amenazan y asesinan a quienes no se suman a la oposición”, señala un comerciante. “Muchos refugiados huyen por estas amenazas de muerte, no por los bombardeos de la fuerza aérea siria”, dice un viajero que regresa de la frontera con Turquía.
Siria y sus elementos constitutivos como país, su Estado, la paz al interior de la nación, su administración y su integridad territorial, deben ser protegidos. La comunidad internacional ha fallado en su misión al no contribuir a este propósito. El tema central consiste en el actual estado de situación del Internacionalismo y en particular el fundamentado en la Carta de Naciones Unidas.
Hay un desafío en formar una nueva cultura de Internacionalismo, especialmente en un sistema de relaciones regido políticamente por las corporaciones transnacionales. Si los sistemas políticos están en profunda crisis en los países, debemos preguntarnos si lo de Siria no es el reflejo de la profunda crisis política del sistema internacional.
*) Juan Francisco Coloane, escritor y periodista chileno.
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