En Tomé

Dichato: Aún ahogados y en el suelo

La localidad se hizo trágicamente famosa tras el terremoto de 2010. Muchas de las casas que resistieron al movimiento telúrico fueron arrasadas por la ola que entró luego 400 metros adentro. Miles de personas quedaron sin nada y a casi tres años, vecinos denuncian irregularidades y muy pocos avances en la reconstrucción.

Dichato era uno de los balnearios preferidos por los habitantes de la Región del Biobío. A menos de una hora de Concepción, miles de personas llegaban en los veranos y feriados a disfrutar de las bondades de sus playas. Sin embargo, hoy la situación es muy distinta, empezando por el nuevo aspecto del borde costero. Más allá, los afectados aseguran que la reconstrucción es casi nula y que la intención tras las acciones del Gobierno es dejar Dichato en manos de los privados, destruyendo el patrimonio cultural de la comunidad.

Al Gobierno le gusta cambiar el nombre a las cosas, dicen. Así, el terremoto pasó a llamarse “el evento”, un galpón de locales comerciales ahora se conoce como “el mall”, y un nuevo paseo peatonal “el bulevar”. Lo cierto es que estos maquillajes no logran levantar el ánimo de las personas que quedaron sin subsidios, ni de los que luchan por quedarse en los terrenos donde estaban sus casas antes del terremoto. Si bien, muchos otros, cansados, ceden ante las ofertas del poder central, representado en su momento por los operadores políticos de Jacqueline Van Rysselberghe.

LENTO AVANCE

Superado el impacto anímico del terremoto, Dichato vivió un proceso de organización de varios meses en el que se formó el Movimiento Ciudadano Asamblea de Dichato (MCAD) impulsada por el Comité de Expropiados, que luego unió a pobladores de los campamentos de damnificados, principalmente de El Molino, el más grande de Chile, que hoy es una enorme población.

Aunque las movilizaciones tuvieron su punto cúlmine con el “dichatazo” de junio de 2011, hoy el reflujo es notorio. Los que aceptaron las ofertas o fueron beneficiados por subsidios se repliegan en sus espacios privados, mientras el resto planea estrategias de sobrevivencia pensando en los períodos de auge del turismo (feriados, verano).

A nivel general, las cifras de la reconstrucción son confusas y falta información. El Gobierno ha sido criticado por investigadores por la manera en que, a nivel nacional, calculó los subsidios para familias damnificados. Por otro lado, no hay estudios globales de parte de organismos académicos ni de las organizaciones sociales.

En el caso de Dichato, los encargados nacionales señalan que el 90% de las viviendas están en obras, pero Lorena Arce, del Movimiento Nacional por la Reconstrucción Justa (MNRJ)y vecina, aclara que, antes que eso está el problema de las personas que no obtuvieron subsidios, “tres comités que suman cerca de 400 personas”.

Su caso es especial, ya que es la única que aún mantiene el rechazo a la expropiación de su casa en el borde costero, aunque aceptó el cambio de uso de suelo. “Al final, yo acepté no vivir en el borde, habiendo vivido toda mi vida ahí, pero pido que se me deje instalar una cocinería para generar ingresos”, explica. Al día de hoy no le dan permisos, le han cortado la luz y en cualquier momento puede ser desalojada por una orden judicial.

Además afirma que no hay entregada ninguna casa construida con dineros de la reconstrucción, “sino con los seguros que tenían al ser poblaciones nuevas” (Población Miramar y El Sauce) y critica, por un lado, que la baja participación de empresas en las licitaciones haya impedido a las personas elegir entre distintos modelos de casa, y la calidad de las viviendas que se están construyendo, “que no cumplen con los parámetros de la vivienda digna y adecuada”.

Esto fue ratificado por Raquel Rolnick, relatora de las Naciones Unidas para la vivienda cuando visitó la zona en abril de 2011 En agosto pasado, el MCAD denunció esta situación en la Contraloría, lo que fue contestado con informes técnicos que rechazan la denuncia.

“El borde costero entre Dichato y Coelemu es un paraíso” señalaba hace unos días Felipe Kast en su Twitter. Este “paraíso” significó que muchos dichatinos se vieran obligados a vender a muy bajo precio sus terrenos por encontrarse en zona de riesgo de tsunamis, cosa que no ocurrió con las inversiones inmobiliarias. En el borde costero hoy se licita la construcción de un “área de mitigación” que absorberá en un futuro la energía de un tsunami.

Las prometidas casas antitsunami no son para todos, ya que requieren un subsidio especial y, dada las características geográficas de la bahía, difícilmente podrán cumplir cabalmente su misión.

DENUNCIAS A CONTRALORIA

La carta del MCAD entregada en agosto pasado, además de a la Contraloría, fue enviada al Ministerio de Vivienda, Carabineros de Chile, y La Moneda. En ella se pide la investigación de otros hechos: La doble o triple entrega de subsidios a un mismo núcleo familiar; la entrega de subsidios a personas no damnificadas y la no entrega a damnificados, jefas de hogar y con hijos discapacitados; entre otros hechos.

Además, Lorena Arce afirma que pobladores han sido víctimas de hostigamiento policial y del robo de computadores y documentos que “creemos que son por causas políticas, ya que no se ha robado plata o cosas de valor que había en el lugar”. Además, hay denuncias a dirigentes vecinales vinculados al Gobierno Regional, y se pide que se investiguen las adjudicaciones del ex presidente de la Cámara de Comercio de Dichato y el destino de las donaciones y dineros que llegaron a la localidad post terremoto.

Otro punto tiene relación con un informe de la Universidad del Bio Bio, entregado a las autoridades regionales, que señala que frente al campamento El Molino se están construyendo viviendas para damnificados en terrenos de riesgo, ya que han sido históricamente utilizados para la minería de carbón.

Al momento, como se señaló más arriba, sólo el punto referido a la calidad de las viviendas ha sido respondido.

SALIDAS

A juicio del Observatorio de la Reconstrucción, la forma de vida en los campamentos podría aumentar los problemas de salud mental, drogas, alcohol y abusos sexuales, pero no existen estudios oficiales al respecto. Por otro lado, tampoco hay claridad en cuanto a qué pasará con el empleo, ya que la mayoría de las personas trabaja en torno a la reconstrucción, no obstante lo hacen para las constructoras y no en proyectos de autoconstrucción.

En ese sentido, Ricardo Ruz, otro dichatino, ha señalado la necesidad involucrar a la comunidad en el proceso, cosa que no ha ocurrido. “Nos sentimos vulnerados, somos constantemente amenazados con la pérdida de beneficios. No somos escuchados ni consultados (…) La orgánica social del pueblo ha sido destruida por el autoritarismo, generando temores y odios entre los vecinos”, escribía en un artículo publicado en Sentidos Comunes.

Sin embargo, a la par con la autogestión de sobrevivencia, vecinos y militantes del Movimiento de Pobladores en Lucha (MPL) han desarrollado un proyecto para la construcción de un refugio comunitario en la zona alta de Dichato que pueda servir para situaciones de emergencia, más allá de un terremoto. “La idea es que pueda usarse normalmente para tener una biblioteca, canchas de deportes, quinchos, que permitan reconstruir el sentido de comunidad que hemos perdido con todos estos años de abandono”, concluye Lorena Arce.

Por Cristóbal Cornejo G.

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