Cuatro décadas de la privatización de los espacios públicos en Concepción

Las últimas denuncias de corte de accesos y privatización de playa públicas, como Punta de Parra en Tomé y Pingueral, son parte de las temáticas dentro de la parrilla noticiosa veraniega de la Región del Bio Bio que muchas veces no constan de mayor profundización ni el interés debido, especialmente cuando esta misma situación es extrapolada directamente a las zonas urbanas que refleja la pérdida del viejo valor de la polis, la corrosión de las más imponentes estructuras arquitectónicas y la naturaleza.

Concepción desde sus primeros esbozos ha sido una ciudad de vertiginosa en cambios, desde  su fundación en la Bahía de Penco en 1550, como defensa militar frente a las arremetidas de recuperación mapuche, y posterior traslado al Valle de la Mocha,  tras enfrentar un terremoto y maremoto que le aniquiló en 1751, que hoy se manifiesta en su rápida expansión y constitución como una de las conurbaciones urbanas más grandes del país que comprende, además, las comunas: Penco, Tome, San Pedro de la Paz, Hualpén, Chiguayante, Hualqui, Coronel y Lota.

Caracterizado por su desorden, pese a construirse en plano damero desde la Plaza de la Independencia a sus periferias, ha contado con cinco planos reguladores que le permitieron avanzar por el resto del valle y la Cordillera de Nahuelbuta  con muy diferentes principios de base. Evidencia en distintos sectores la descoordinación histórica del crecimiento planificado con proyectos a medio construir y el acoplamiento de urbanizaciones en función a las áreas industriales.

Un desarrollo armonioso

El plano regulador que se plantea con mayor ambición para el desarrollo de Concepción habitacionalmente es el de 1960, pues los dos anteriores (1912-1940) se desarrollaron con las mismas líneas de la ciudad colonial, la industrialización y las consecuencias de la migración campo-ciudad.

A cargo del arquitecto Emilio Duhart y su colaborador Roberto Goycoolea, asumió la labor de unir y dar flujo a las ciudades de la intercomuna tras el desarrollo de Talcahuano por la instalación de la Corporación de Acero del Pacífico (CAP). Intentando incorporar su geografía: lagunas, cerros y el río Bio Bio, privilegiando los espacios con buena ventilación por la humedad propia del sector, recordemos que los sectores Santa Sabina, buena parte de Hualpén y San Pedro fueron humedales que con los años los rellenaron las empresas constructoras. Y a través de un modelo de densificación del centro de la ciudad para evitar la expansión horizontal, aminorando sus consecuencias negativas, como problemas de infraestructura y del equipamiento.

Es así como se construyen los edificios ícono de la arquitectura moderna penquista alrededor de la Plaza de Independencia como lo son la Intendencia y el edificio Pedro de Valdivia. Se da fluidez a los accesos a San Pedro, Chiguayante, Penco y Talcahuano a través de la extensión de las calles que confluyen en la Plaza Perú, a un costado del centro intelectual de la región, la Universidad de Concepción, y las calles Los Carrera, Paicavi, O`Higgins y Victor Lamas. Y se da comienzo a la construcción del antes delimitado sector urbano, Remodelación Paicavi, proyecto que integraba la vida barrial con la ciudad (comercio) y espacios compartidos abiertos, que estimulaban la vida recreativa y comunitaria pero hoy en algunos lados cuentan con rejas que han significado la pérdida significativa de varios éstos. Que en un comienzo pretendía comprender al redor 30 manzanas, lo que se detuvo con la dictadura en los 80`s.

Tomando en cuenta la gran cantidad de lluvias, se estableció un circuito de galerías en el centro que facilitaban el desplazamiento y la interconexión entre las calles principales cuyas marquesinas en las veredas constituyeron el segundo nivel de la placa comercial, con espacios que se repletaban con gente por los talleres y cafés.

El mercado como regulación

Todos los aspectos de la ciudad guiaban al desarrollo de una cultura urbano-social, hasta que el 1985 se realiza un nuevo plan que cambia la dirección de la ciudad al paradigma de oferta y demanda. Se impone así un fuerte cerco comercial que rompe con la fluidez y superpone el crecimiento económico al desarrollo en armonía con los espacios naturales: el río Bio Bio, las lagunas y los cerros.

Los corredores urbanos se dirigen privilegiando un flujo directo al comercio densificando mucho más el área que ha traído consigo la instalación de edificios mucho más altos que las fachadas de las décadas anteriores, sin protección para las lluvias y desaprovechando las instancias de sol e irrumpiendo en la estética de la ciudad. Congestión vehicular y estrechas calles para el transporte público. A esto se suma la falta de flujos peatonales que facilite la salida y entrada al centro que tan solo dinamiza el espacio entre Tribunales de Justicia y la calle Freire entre Caupolicán y Aníbal Pinto.

Así también comenzó el cercado y parcelamiento a espacios naturales y fiscales, recuperados con la reforma agraria, que concluyeron en la venta de mucho s de ellos a empresas privadas y conjuntos habitacionales; y en la reventa de parcelas a gran cantidad de familias como lo sucedido en Barrio Norte con los predios del difunto Enrique van Rysselbergh, padre de la ex-intendenta, que produjo hacinamiento, la proliferación de nuevas tomas de terreno y la acentuación de zonificación y segregación socioespacial, no es que este proceso no hubiese existido pero con el hecho se perpetuaron hasta el día de hoy, algo que el plan del 60 no comprendía.

Acceso y transporte

La perdida de espacios públicos tiene directa relación con la privatización de los recursos naturales y los servicios básicos. Claro, cada espacio donde se asientan las empresas es de uso exclusivo de su dueño, excepto en salud donde la normativa exige la atención de urgencia de quién llegue al lugar. Pero en sí la localización de algunos servicios impide que las clases sociales más empobrecidas los utilicen.

Es el caso de las clínicas privadas, Clínica Universitaria y la de la Mutual de Seguridad, cercanas al Mall Plaza del Trébol en límite Hualpén/Talcahuano, donde se dificulta el acceso de peatones y facilita para los vehículos particulares. Estando también alejados de poblaciones de escasos recursos, también parte de la segregación socioespacial, que se reafirma con la instalación de barrios acomodados en lo alto de los cerros, como las Lomas de San Andrés, antes bosques y humedales, Andalué, que llevó obstaculizar el acceso a las lagunas que quedan cerca del Camino del Alce y parte de la Laguna Grande y Chica de San Pedro de la Paz; y las mansiones camino a Chiguayante, lugares donde difícilmente llega transporte público.

Sin duda el proceso de reubicación de familias de poblaciones callampas de Concepción Centro en lugares periféricos (80`s), como las poblaciones constituidas: Pedro de Valdivia Bajo, Pedro del Río Zañartu, 18 de Septiembre, La Libertad, Boca Sur y Candelaria; colaboraron con la zonificación socioespacial y la dificultad de acceso a servicios, que con los años se han ido subsanando. Recién en la última década cuentan con lugares de comercio (supermercados y malls), consultorios y espacios para la recreación.

Lo anterior, evidencia la tendencia a excluirles del espacio público general, el llamado fenómeno LULU, que corresponde a impedir el asentamiento de algo no deseado cerca del espacio propio, individualización, en éste caso los pobres de la ciudad, que también se aplica con los grandes proyectos comerciales, como los Mall, en sectores acomodados.

La ciudad que da la espalda al río, al mar, a todo.

El río Bio Bio es una afluente de potente importancia para la conurbación Concepción. Hoy, completamente contaminada al igual que el río Andalién, comprende buena parte de los atractivos turísticos y estéticos de la región. Lo más inteligente habría sido que el dialogo (la relación) con Concepción fuera fluido, con fáciles accesos, pero actualmente se cortan con la línea ferroviaria lo que al mismo tiempo deja abandonada las iniciativas que se construyen cerca del agua, como la plaza de la ciudadanía, ubicada en la parte posterior al Gobierno Regional.

El Cerro Caracol, pulmón del centro, se salvó de la iniciativa privada cuando quisieron convertirlo en centro comercial y cultural de la ciudad a comienzos de milenio. Habría significado la deforestación de lo poco que queda de árboles endémicos, nativos del lugar.

Al acercarnos al mar está el caso de las playas, que como recitan las campañas del gobierno: “las playas son de todos”, artículo 589 del Código Civil, reconocemos la poca inclusión de playas alejadas de las comunas, siendo captadas por locatarios que cobran por acceder a refrescarse, como en Punta Parra; o el proyecto que se está impulsando en Ramuncho a cargo de la empresa Agrícola Agrinama Limitada que consiste en la construcción de un pequeño atracadero para embarcaciones menores, en el que se invertiría aproximadamente un millón de dólares, es decir, unos 500 millones de pesos.

La identidad perdida

Otros de los aspectos que se han perdido por el abandono y la mala gestión de los dueños es la arquitectura. Ejemplo de esto es el Cerro Amarillo de Concepción, donde a su alrededor podemos encontrar edificios de conservación histórica como la escalera de la Escuela Normal de Preceptoras, que permanece cerrado casi todo el día y todos los días. Así también el antiguo mirador del Cerro Chepe, las fábricas cerradas de paños y Bellavista Oveja Tome.

La Casa Urrejola, también conocida como “Palacio Castellón”, que fue recuperada durante rescatada en 2005 por un colectivo de artistas locales, pasó a ser parte de la empresa de retail Hites y un Doggis que poco o nada conservaron la estructura interior. Y para qué hablar del basural en el que se ha convertido el teatro del Liceo Enrique Molina Garmendia, los restos del muro de piedra del Convento de la Merced en Castellón o el mural “Historia de Concepción”, de Gregorio de la Fuente, perdido dentro de la nueva estructura del Gobierno Regional, ex estación de trenes.

Un caso crítico es el Mall del Centro, que utiliza parte del ex Teatro Municipal, combinándolo con una estructura similar a una caja cuyo contraste no beneficia la ciudad. Pero más importante aún, es que se convierte en un nuevo espacio público donde las relaciones que se dan se centran en la adquisición de mercancías y representación de estereotipos sociales. También la instalación del Mall Costanera que hace contraste a una de las poblaciones más pobres de la ciudad y en especial con La Nueva Aurora, terrenos que están siendo expropiando para la instalación de un nuevo conjunto habitacional que homogeniza un espacio cargado de historia y la apropiación de los pobladores.

La pérdida de espacios de comunión, comunitarios, que se configuran de manera armoniosa con la ciudad y la naturaleza, incrementa al mercantilizarse más dimensiones de la vida cotidiana de sus habitantes. Así continúan la abstracción de los humanos de su entorno, lo que urge la necesidad de controlar el avance de la máquina del desarrollo urbano y volcarlo a aprovechar los espacios públicos y naturales.

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