Lo que piensa Benjamín González, el institutano del discurso incendiario en la despedida de IV Medio

Sus palabras lo lanzaron a las portadas de la prensa nacional y extranjera. Sus líneas inspiradas en otros discursos del periodista Nibaldo Mosciatti y el presidente de Uruguay, Pepe Mujica, se extendieron por las redes sociales; lo mismo que su nombre. Recibió aplausos y también críticas. ¿Cuántas de sus palabras ventilan las hilachas de un sistema en coma?

 Era marzo o abril de 2007 cuando Benjamín González, alumno del Séptimo K, vivió una ceremonia que su cabeza nunca borraría. Flanqueado por la bandera de la Patria Vieja, la actual y la del Instituto Nacional, los alumnos de cuarto medio que ya dejaban las ilustres salas de clases, se deshacían de sus insignias –un símbolo pegado en la solapa–, para heredárselas a ellos, los nuevos, entonando fuerte el himno del colegio; una canción que les grabarían en la voz con fuego, como si fuera un grito de guerra. Ese mismo año incluso, Benjamín tendría que aprenderlo en flauta.

 –Hay un mito –dice mirando las paredes blancas de su deslavado dormitorio–. En su sobria pieza de la Villa Los Héroes de Maipú, sólo destaca un pequeño estante de libros donde se repiten los textos de Eduardo Galeano, Gabriel García Márquez, Mario Benedetti y Ernesto Sábato.

 –El mito dice que el arquitecto del Instituto Nacional fue el mismo que construyó una cárcel ¿porque no sé si conoces el colegio?… Es como una cárcel: un patio central que parece un óvalo y todas las salas con ventanas para arriba…

 –Sí lo conozco… Pero es una cárcel que elegiste.

–Yo no me arrepiento de haber estudiado en el Instituto Nacional ni de los amigos que tengo. Menos de grandes profesores que conocí. Mi crítica, por eso, no es sólo al instituto, sino que al contexto. La crítica al sistema exitista es atribuible a todos.

 Benjamín se refiere al discurso que lo llevó incluso a ser portada de LUN, a la BBC y que incendió la licenciatura de los cuartos medios del Instituto Nacional, en el Teatro Municipal el 28 de diciembre pasado. A las palabras que por primera vez no recordaban sólo a los ilustres próceres que ha parido su colegio, sino que también a aquellos que son cuestionados por la historia. Aquí un párrafo: “A modo de ejemplo, Pedro Montt Montt, Presidente de Chile que dio la orden de asesinar a 3.500 salitreros en el Norte Grande, conocida actualmente como la mayor matanza en la historia de nuestro país (después de los 17 años de dictadura, claro) hablo de La Matanza de la Escuela de Santa María de Iquique. También a mi profesora se le olvidó mencionar que institutano fue Germán Riesco Errázuriz, presidente de la República en el periodo del auge de la “cuestión social” destacando la matanza a raíz de la Huelga de la Carne, la cual dejó un saldo de más de 300 muertos en las calles del centro de Santiago”.

 Benjamín no quería dar la espalda al colegio que lo tiene en las puertas de la Escuela de Derecho gracias a los buenos puntajes que obtuvo (770 en Historia, 790 en Lenguaje y 624 en Matemática).

 –Lo que yo quería decir era que no todo es tan bonito. Todos creen que prácticamente el Instituto Nacional es un elefante blanco que camina solo, que no necesita nada. Que las marchas que hacemos los del instituto son para los otros colegios, no son para nosotros. Pero no estamos bien. Hay problemas, porque el instituto es parte de una sociedad enferma y por lo tanto no está ajena a ciertos temas como la discriminación, el racismo, el clasismo y conductas que rozan en lo fascistoide.

 Y Benjamín no lo dice sólo por la solemne ceremonia de imposición de insignia que vivió en Séptimo Básico.

 –Yo creo que los problemas radican en forma y fondo. En fondo, por ejemplo, me molesta ese discurso exitista que es como un lavado de cerebro. Nos dicen… ustedes son los mejores de los mejores, son lo que se salvó de sus antiguos colegios, como que tenemos que estar agradecidos porque nos esforzamos y el Instituto Nacional nos dio la posibilidad de salir adelante, el pilar de la república, como que sin él Chile no existiría.

 –¿Y eso te lo dicen todos los profesores?

–Hay ciertos profesores que son marcadamente “Instituto Nacional te amo”, pero yo creo que también es una conducta que va en retirada porque se están yendo los más antiguos. Hay un profesor que tiene anécdotas como de decir que odia y que le cargan los chinos o que los humanistas son drogadictos, alcohólicos. Incluso ayer estaba hablando con un amigo que contaba que el mismo profesor le había dicho que tenían que ser todos matemáticos porque el que no ganaba plata no servía. O sea… son palabras fuentes de un profe. Cuando uno va en tercero o cuarto.

 –Pero ese profesor te podría tocar en cualquier colegio…

–Yo creo que el Instituto Nacional es más permeable porque de verdad uno en los primeros años se siente agradecido de estar ahí; como que uno es tan chico. Entré con 11 años, no había madurado y el discurso impregna. El acto de la imposición de insignias es súper castrense y eso como que a los cabros los marca, de verdad uno va creyendo eso. Yo lo creí también, pero me duró súper poco… Eso hace tierra fértil para generar profesores fanáticos, alumnos fanáticos, alumnos que se creen lo mejor de lo mejor.

 –Pero los puntajes de la PSU muestran que son lo mejor de lo mejor…

–Pero ¿qué es lo mejor? Mira, el colegio tiene que tener obligatoriamente un porcentaje de estudiantes vulnerables. Cuando yo entré, el año 2007, ese porcentaje no se logró, entonces para cumplir con la meta igual metieron a cabros vulnerables. No encontraron nada más brillante que tirarlos a todos al mismo curso. O sea, cuando por la Junaeb se iba a tomar once, de 45 iban 33. Yo no tengo un dato exacto, pero de esos alumnos, más de 25 no siguieron al año siguiente, porque venían de colegios con mala base. Un buen colegio los habría apoyado, no los habría dejado solos. ¿De qué sirve un colegio de excelencia que sólo tiene alumnos aventajados? Mi curso era vulnerable. Yo alcancé a conocer a algunos que tenían problemas socioeconómicos graves, que a veces no tenían plata para comprar un papel craft, y a los profes les costaba entender. De esos alumnos se fue fácil el 80 o 90 %. Para ellos no hubo un apoyo especial. Creo que uno sale de cuarto medio y se da cuenta que el Instituto Nacional no es nada. Te dejó una buena educación, pero la realidad es mucho más que el Instituto. Afuera de Arturo Prat hay más vida.

La inspiración

 Aunque el –a esta altura– famoso discurso nació de su pluma humanista, dos textos lo marcaron y lo influenciaron: uno fue el de la recordada intervención del Presidente de Uruguay, José Mujica, durante la Conferencia ONU sobre Desarrollo Sostenible Río+20. ¿El otro? Las provocadoras palabras de Nibaldo Mosciatti al recibir el premio de Periodismo de Embotelladora Andina.

 –Me han llegado como 500 mensajes al inbox de Facebook. Recibí hasta uno de Canadá de un ex alumno que quería felicitarme, mucha gente me dice “gracias por la espina que nos sacaste”. Pero también hay otros que se han molestado mucho, como los que para molestarme sacaron pantallazos de mis puntajes de la PSU y los subieron a las redes sociales.

 –Afortunadamente, tu juventud es un defecto que se pasará con los años… dijo el director de tu colegio cuando le preguntaron por tu discurso.

– Lo que dijo el director es la muestra máxima de todo, él resumió el discurso, porque una persona que tenga esa visión, todo mal. Que me trate como un cabro que se escapó de la casa pa’ ir a un carrete, rebelde… pienso que está mirando en menos, se burla de los movimientos sociales que vivimos el 2011. En el fondo dice que nos quedemos tranquilos porque eso se nos va a pasar por con los años. Es no entender nada de lo que ha pasado en la calle.

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