En Salud

Mal uso de fármaco abortivo en Clínica Alemana provoca salida de uno de sus ginecólogos más reputados

El 27 de noviembre, a cuatro días de la fecha de término de su embarazo, Patricia Gómez se sometió a la última ecografía. Se sentía excelente. Aunque ella no deseaba apurar el parto, su médico decidió inducirlo. Le suministró Misoprostol. Poco después, daba a luz. Una súbita e incontrolable hemorragia la tuvo en pabellón por cuatro horas. El Misoprostol no quedó registrado en la ficha médica de la Clínica Alemana. La ecografía no justificaba la urgencia. Dos días después el doctor viajó fuera de Chile. Lo que sigue es la investigación que el esposo de Patricia, el periodista de CIPER Gustavo Villarrubia, realizó del mal uso y abuso del fármaco abortivo. Por ser un caso de salud pública CIPER decidió apoyar la investigación y difundirla.

La inquietud que sintió Patricia Gómez (39 años) ese lunes 26 de noviembre en la consulta ginecológica fue tan fuerte como los movimientos que sentía en su vientre y que se habían incrementado a medida que se acercaba el fin de la gestación de su segundo hijo. Faltaban sólo cinco días para la fecha estimada del nacimiento y era la cuarta vez que ella rechazaba la propuesta de su ginecólogo de adelantar un parto que ella quería que fuera natural, tal como había sido el nacimiento de su primer hijo, hacía tres años, y controlado por el mismo médico. Al escuchar su negativa, el doctor Víctor Valverde le insistió que si bien todo estaba bien, le gustaría examinarla al día siguiente con una ecografía “para descartar cualquier problema”. Le indicó que él estaría en la Clínica Alemana de La Dehesa, por lo que él mismo le agendaría una hora con su secretaria.

Apenas salió de la consulta, Patricia le mandó un chat a su esposo desde su Black Berry“Saliendo de la clínica, Valverde me dijo que está todo bien J, volvió a insistir si queríamos inducir L, le dije que no y me citó para mañana en La Dehesa para  Eco. Es a las 9:30  así que avisa que llegarás tarde. Muack”.

Lo que Patricia no imaginaba era que la “inquietud” que le causaba la insistencia del doctor Valverde de programar el parto para el día que ella quisiera, incluso hasta 10 días antes de la fecha del mismo, estaba estrechamente relacionada con los hechos que se desencadenarían a partir de ese mismo momento y que le provocarían graves consecuencias.

Al día siguiente, a la hora indicada, Patricia se presentó en la Clínica Alemana de La Dehesa, acompañada de su esposo, para ver la última ecografía de su pequeña, ya que ese martes 27 estaban sólo a cuatro días de su fecha límite de nacimiento.

Al entrar a la consulta, el doctor Valverde los saludó a ambos con su habitual cordialidad y de inmediato le indicó a Patricia que se acostara en la camilla para practicarle la ecografía. En el intertanto, el doctor le preguntó cómo se había sentido y si habían empezado las contracciones.

-Le respondí que me encontraba estupendamente, como había sido la tónica en todo el embarazo; que la niña se movía bastante y que tenía unas cinco contracciones al día más o menos. Fue entonces que el doctor me dijo que la razón de haberme citado para esa ecografía era comprobar cómo estaba el liquido amniótico -cuenta Patricia.

La ecografía duro cinco minutos con veinticuatro segundos, lo suficiente para poner nerviosos a los expectantes padres luego de escuchar al doctor Valverde decir que se apreciaba poco liquido amniótico, lo que no era grave porque aún tenía suficiente, pero el problema era que no se sabía cuánto más se tardaría la pequeña en salir.  Su conclusión los alarmó: Mira, tiene una pequeña circular (señalando con el puntero). ¿Ves?, esta es la circular en su cuellito. Eso sí me preocupa. Vamos a escuchar sus latidos… Efectivamente hay una circular, así que yo creo que en las condiciones que estás, lo mejor es inducir. ¿Qué dicen ustedes? Patricia y su esposo se miraron y casi al unísono respondieron: “Lo que tú digas, nosotros no sabemos. Si es lo mejor, habrá que inducir”.

La nueva pregunta del doctor Valverde fue si andaban con el bolso de cosas destinado a la hospitalización. La respuesta fue negativa. Entonces inquirió sobre la distancia a que estaba su casa de la Clínica Alemana. Patricia respondió que a unos 20 minutos. La siguiente frase del doctor Valverde les haría eco más tarde: “Estupendo, ahora yo te voy a colocar una pastilla que ayuda con la inducción”.

Patricia recuerda que, acto seguido, el doctor Valverde sacó de su bolso de cuero marrón claro un frasco blanco de plástico. En la etiqueta se leía CYTOTEC. El nombre nada le dijo. Al costado derecho, en caracteres más pequeños, se leía claramente “Misoprostol”. Como había indagado el día anterior en Internet sobre la inducción, le preguntó al doctor: “¿Eso es prostaglandina?”. “Sí, ¿cómo sabes?”, le dijo Valverde. “Es que cuando me indicaste que era muy probable que haya que inducir, me puse a investigar en Internet los métodos y la prostaglandina era uno de ellos”, fue la respuesta de Patricia.

Mientras le administraba la pastilla, Valverde le explicó que ése era el método más usado y seguro para estos casos, y que era importante que se fueran de inmediato desde la casa a la clínica porque en un lapso de entre 20 minutos y una hora ella empezaría a sentir contracciones. Que debían estar allí no más tarde que a las 12:00, donde los estaría esperando Gilda Ampuero (la matrona), a la que él mismo le avisaría. “En un rato nos vemos en la clínica. ¡Qué bueno!, hoy van a tener a su niñita”, fue lo último que le escucharon decir.

En el informe de esa ecografía del 27 de noviembre, a las 09:30 y que figura en la ficha clínica de Patricia, se lee: “Placenta alta ubicada en la pared posterior del útero. Grado III de Grannum. Liquido amniótico se observa oligoamnios moderado. Inserción central del cordón umbilical”.

En el informe de la ecografía no dice “oligoamnios severo”, una de las causas de inducción del parto (Ver entrevista al doctor José Andrés Poblete, jefe de la Unidad de Medicina Materno Fetal del Hospital de la Universidad Católica). Tampoco hay en su ficha clínica ni una sola referencia a “la pastilla” que le administró vía vaginal -allí mismo en su consulta- el doctor Valverde para la inducción del parto.

COMIENZA LA PESADILLA

Lo que ocurrió al salir de la Clínica Alemana de La Dehesa, la ingeniero comercial Patricia Gómez lo recuerda con nitidez:

-Fuimos a casa (comuna de Providencia), jugamos un rato corto con nuestro hijo, tomamos los bolsos -el mío y el de la niña- y partimos a la clínica. Yo me sentía bien, sin contracciones ni molestias.

Minutos antes de las 12:00 Patricia y su esposo llegaron a la Clínica Alemana, buscaron a Gilda Ampuero, la matrona, y conducidos por ella ingresaron a la habitación destinada. Mientras Patricia se instalaba, su esposo procedió a realizar en la oficina respectiva los trámites de admisión. Aproximadamente una hora más tarde, ambos ingresaron a la Sala de Atención Integral del Parto (SAIP).

“La matrona me indicó que estaba con dos centímetros de dilatación, la misma que tenía cuando me examinó Valverde. No sentía contracciones. Me indicó que íbamos a esperar para aplicar anestesia entre una hora y hora y media aproximadamente, así ella podría observar bien cómo se iba desarrollando el proceso”, recuerda Patricia. Media hora más tarde la situación daba un vuelco:

-Empecé a sentir contracciones muy dolorosas y seguidas, sin respiro. Yo había tenido ya un parto y en varias oportunidades tuve cólicos renales y vesiculares por cálculos, pero nada se asemejaba al dolor de ese momento. La matrona me controló nuevamente. Ya estaba con seis centímetros de dilatación. Gilda decidió llamar de inmediato al anestesista –cuenta Patricia.

La matrona Gilda Ampuero hizo algo más: también llamó al doctor Valverde ya que no solo habían aumentado la dilatación y las contracciones, sino que el bebé experimentaba episodios de baja de latidos. Ello provocó una nueva instrucción a Patricia: “Me puso en posición de costado sobre el lado izquierdo para tratar de controlar la situación”.

Aproximadamente a las 14 horas el doctor Valverde irrumpió en la SAIP. Para entonces Patricia ya estaba anestesiada: “Cuando el doctor me controló, ya estaba con dilatación completa por lo que se comenzó a preparar de inmediato el parto. Se respiraba tensión, la que aumentó por el retraso del neonatólogo, el doctor Cristian Herrera”.

En uno de los videos que su esposo, Gustavo Villarrubia, grabó de esos momentos (que se registra a las 14:28), aparece la matrona Gilda Ampuero diciéndole  al neonatólogo recién llegado:

Gilda Ampuero: Doctor, desde la 13:00 horas ha sido todo rápido. Desaceleraciones de todo tipo. Las membranas estaban íntegras. Nitroglicerina entre medio, después de la combinada. Ha sido todo rápido. A la 13:00 tenía dos centímetros… Creo que fue el pre-parto más…

Víctor Valverde: más rápido…

Gilda Ampuero: más tenso, más tenso…

Víctor Valverde: más rápido y tenso.

Y estaban en lo cierto, porque cinco minutos más tarde, a las 14:33 Patricia Gómez dio a luz: “Todo pareció  normal,  la placenta salió, el doctor Valverde me la mostró, me suturó y luego indicó retirar el catéter de la anestesia”.

Una vez que Valverde se retiró de la SAIP, la matrona volvió a realizarle a Patricia un examen de control. El esposo de Patricia le acariciaba el rostro cuando escuchó la voz alterada de la matrona. Un pequeño chorro de sangre salía expulsado con fuerza por entre las piernas de Patricia. Y no paraba. La matrona aplicó los fármacos que indican los protocolos para esas emergencias. Esperó unos minutos. Había nerviosismo en ella y en las enfermeras que allí permanecían. Y como la hemorragia persistía, Gilda Ampuero llamó por teléfono al doctor Valverde para explicarle la situación y pedir instrucciones.

-Escuché que el doctor Valverde le indicó aplicar un fármaco. Pero no se lo entregaban sin la receta firmada por el doctor, por lo que se produjo un momento de mucho nerviosismo. Finalmente, llegó el médico, firmó la receta y el medicamento apareció. Eran unas pastillas que de inmediato le suministraron a Patricia. Más tarde, leyendo el historial clínico de mi esposa, supe que dicha pastilla era Misoprostol y que su uso intrahospitalario en Chile está permitido sólo con indicación médica  -relata Gustavo Villarrubia, esposo de Patricia.

Lo que ocurrió después fue vertiginoso. Como la hemorragia no se detenía y no lograban controlarla, la matrona de turno de la clínica decidió que debían llevar a Patricia a pabellón. Ella sólo recuerda haber visto aparecer nuevamente el rostro del doctor Valverde, quien le explicaba que debían anestesiarla una vez más.

-En un momento sentí que me movía. Iba en una camilla entrando al ascensor. Vi a mi esposo que me decía algo que no logré entender porque estaba en un estado semiconsciente, y luego entramos a otro pabellón donde una anestesista me decía que no me iba a dormir, pero que no sentiría dolor. En el estado y la posición en que me encontraba no podía ver mucho, sólo monitores. Y palabras sueltas que revelaban preocupación. Había en la sala varias personas y divisé al doctor Vargas, quien le explicaba algo al doctor Valverde y a la matrona, Gilda Ampuero. Yo sólo pensaba en mis bebés y rezaba.

Gustaba Villarrubia no podía rezar. Trataba de entender qué pasaba con su esposa y por qué la situación se había salido de control cuando el doctor Valverde fue a su encuentro:

-Lo vi llegar con el rostro desencajado. Me dijo que el primer intento de parar la hemorragia no había resultado y que debían intervenirla por lo cual la iban a cambiar de pabellón. Dijo que Patricia estaba con “inercia uterina” (el útero no se contrae), que era una situación muy complicada y que le iban a practicar una “embolización”. Trató de tranquilizarme explicando que en la clínica estaba el mayor experto del país. Pero su acotación fue terrible ya que me dijo que si no tenía éxito tendrían que sacarle el útero. Y me mandó a la habitación a esperar… Imposible describir lo que pasó por mi mente en esos momentos.

Eran las 16:28 horas. Habían transcurrido dos horas desde el nacimiento de María del Rosario. Patricia transitaba entre los rezos y su deseo de abrazar a su hija: “Yo no había visto a mi bebé, me hacía falta verla y sentirla. Estaba tan ilusionada con hacer todo perfecto, todo lo que hablan del apego temprano que se debe tener con el hijo recién nacido…”.

Las horas pasaron lentas. Gustavo buscó en Internet “inercia uterina”. Su pulso se aceleró cuando leyó que es la cuarta causa de muerte materna y la primera por complicaciones post parto. Intentando mitigar su angustia, partió al pabellón donde se encontraba su hija. Sólo pudo mirarla a la distancia. No sabía que debería esperar hasta las 20:00 horas para poder abrazar a su esposa.

EL DOCTOR VALVERDE SE VA DE VIAJE

Cinco días después Patricia Gómez era dada de alta en la Clínica Alemana con indicaciones precisas para tratar la anemia que le provocó la hemorragia post parto. Le habían tenido que transfundir tres unidades de sangre y los índices mostraban el grado de su debilidad: 25,1% de hematocrito en la sangre (lo normal es entre 37 y 45%). A ello se sumaban los intensos dolores de cabeza y el llanto permanente de su pequeña debido a la poca leche que tiene para amamantarla. Hoy recuerda que ni siquiera con su esposo quiso compartir una gran duda que se le había instalado en la cabeza: el doctor Valverde, su ginecólogo por más de ocho años, al parecer la había engañado.

La duda se instaló desde el segundo día del parto, el jueves 29 de noviembre, cuando el doctor Valverde apareció en su habitación de la Clínica Alemana, a las 8:31. La examinó y al finalizar le comunicó que esa misma tarde debía irse fuera de Chile, que tenía un viaje que no podía cambiar ni anular y que uno de sus colegas de la clínica se haría cargo de su control. A Patricia le pareció extraño. Nada le había dicho Valverde de ese viaje y si todo se hubiera desarrollado como estaba decidido, con un parto normal, Valverde no habría podido estar presente.

-¡Cómo no me dijo que se iba de viaje! ¡Cómo me ocultó algo tan importante en todos estos meses! Y ahí fue que me entró la gran duda de su insistencia en cuatro oportunidades de inducir el parto para adelantar la fecha. Las mismas en que yo y mi marido le dijimos: ¡no! Y recordé la última consulta en La Dehesa y la pastilla de la inducción… -recuerda Patricia con la voz quebrada.

A partir de ese momento Patricia ya no pudo dormir. La duda la carcomía. Y se sentía culpable de no haber sido capaz de defender a su pequeña y a ella misma. Hasta que en la noche del 4 de diciembre, Patricia ya no pudo con su secreto. Cuando su marido le dijo que algo debían hacer para que ella pudiera conciliar el sueño, ella decidió hablar. “Hay algo que me tiene muy triste: la inducción que me hizo el doctor. No quise decirte nada para no preocuparte, pero no consigo sacarme de la cabeza que el doctor nos engañó para inducirnos el parto”, le dijo a Gustavo.

Para su sorpresa, Gustavo le dijo que él también arrastraba la misma inquietud: “Y le conté que yo ya estaba investigando desde el mismo momento en que Valverde nos dijo que se iba de viaje, algo que nunca nos dijo antes. La duda se hizo sospecha cuando estando en la misma clínica, otra paciente del mismo doctor fue a ver a Patricia y le contó que el propio Valverde le había informado el lunes 26 de noviembre que se iba de viaje fuera de Chile por diez días. ¡Y a nosotros, que teníamos fecha límite para el parto el 1 de diciembre, nada nos dijo! Entonces supe que debía investigar. La principal interrogante que yo debía resolver era qué pastilla usó Valverde para la inducción y su origen. Yo recordaba que era Misoprostol. Patricia me lo confirmó. Y ambos a esas alturas sabíamos que en Chile ese fármaco es de venta restringida por su uso clandestino para provocar abortos”, cuenta Gustavo.

En la ficha clínica que más tarde CIPER obtendría de Patricia Gómez, se deja constancia del viaje de Valderde. Una acotación llama la atención:

“Se conversa con paciente y marido, explicando que hoy en la noche me voy a un congreso fuera de Chile y están de acuerdo que médico reemplazante será Dr. Cádiz”.

Gustavo omitió en esa primera conversación con su esposa todas las otras búsquedas que ya había hecho durante esa semana. Como la consulta que hizo al Instituto de Salud Publica (ISP) sobre el protocolo del uso del Misoprostol para la inducción del parto. La respuesta que obtuvo le aumentó su sospecha:

“El misoprostol no ha sido autorizado por el ISP para ser usado como inductor del parto, por lo tanto no existe ninguna información de uso al respecto. Las indicaciones aprobadas son: Tratamiento y prevención de úlceras gastroduodenales inducidas por antiinflamatorios no esteroidales. Tratamiento de úlceras duodenales causadas por enfermedad de úlcera péptica. Están registrados los productos: Misogran comprimidos 200 mcg. y Misotrol comprimidos 200 mcg.”.

La respuesta del ISP era clara: el uso de Misoprostol no está autorizado en Chile para inducir un parto. Gustavo decidió entonces dirigir su búsqueda por el nombre del medicamento que figuraba en la etiqueta del frasco de donde sacó la pastilla que le administró a su esposa para inducir el parto: CYTOTEC. Para su sorpresa, ese nombre no estaba registrado en Chile como un fármaco autorizado.

-La pregunta que me surgió comenzó a indignarme: ¿de dónde entonces salía ese medicamento no registrado en Chile y que el doctor Víctor Valverde, el segundo ginecólogo con más pacientes de la Clínica Alemana, usó dentro de la misma clínica con mi esposa? –dice Gustavo Villarrubia.

PASTILLA PARA USO ABORTIVO

A pesar de que en Chile no existen cifras oficiales sobre los abortos clandestinos –los que son castigados con cárcel-, diversos estudios de expertos cifran en 160 mil los abortos provocados al año. Uno de los facultativos más calificados en Chile en medicina reproductiva, el doctor Ramiro Molina Cartes, señala que la aparición a fines de la década de los ‘90 del Misoprostol en Chile, provocó un cambio significativo en la manera de abordar el aborto de manera clandestina (“Aborto y Mitos”,octubre 2012).

A partir de ese momento, los abortos provocados registraron un origen mayoritariamente farmacológico y bajaron significativamente los abortos sépticos practicados por terceros y de alto riesgo. Ello se tradujo a su vez en una disminución en las consultas y egresos por dicha causa. Molina explica así la razón: “Los síntomas post aborto en estos casos no permiten sospechar clínicamente una interrupción voluntaria del embarazo u aborto, con lo cual quedan como abortos espontáneos con retención de restos ovulares o de los anexos embrionarios”.

El doctor Molina en ese mismo estudio alertó ante los peligros que encierra la facilidad de acceso al Misoprostol –“simplemente consultando en Google”-, lo que implica la existencia de un mercado clandestino que no da garantías sobre la calidad del fármaco. De las consecuencias del uso no controlado del fármaco, hay huellas en los distintos recintos hospitalarios. Gustavo Villarrubia decidió buscar esos testimonios.

L.Y. tenía 20 años cuando en agosto de 2010 supo que estaba embarazada. Lo habló con su pololo, M.F. de 23 años,  y tomaron una decisión: no estaban en condiciones de tener un hijo. Consultando, encontraron que una de las vías para abortar era “la pastilla de Misoprostol”. L.Y. tenía 10 semanas de embarazo. El tiempo urgía:

“Nos metimos a Internet y encontramos muchas ofertas. Como teníamos miedo por lo que podría ocurrir, no compramos la más barata: pagamos $160 mil por cuatro pastillas que venían envuelta en papel. Nosotros habíamos consultado con el ginecólogo de una amiga, quién  nos explicó cómo se usaba. Llegamos a casa y me las tomé. Como a la hora sentí unos dolores tremendos en la zona vaginal y luego empecé a sangrar mucho… Así aborte… Pero como las horas transcurrían y no paraba de sangrar, llamamos al ginecólogo de mi amiga y le explicamos lo que ocurría. Me dijo que me fuera a un hospital y que no dijera que había usado la pastilla de Misoprostol. Que simplemente dijera que era un aborto espontáneo”, relató L.Y. a CIPER.

Una vez en el hospital, la hemorragia continuó. Para entonces, L.Y. y su pololo estaban aterrados. Decidieron confesarle al ginecólogo que la atendía que el aborto había sido provocado con la pastilla de Misoprostol. La información permitió hacerle un tratamiento de urgencia y parar la hemorragia. Tres días estuvo bajo observación en el hospital. Cuando fue dada de alta, L.Y. se encontró con la sorpresa de que el hospital había hecho la denuncia al Ministerio Público. L.Y. y su pololo fueron condenados a sesenta y un días de presidio menor en su grado mínimo.

MUJERES SOBRE LAS OLAS Y EL MISOPROSTOL

Un teléfono exclusivo para que las mujeres que desean abortar se informen sobre el uso de Misoprostol, funciona en Chile desde mayo de 2009. La línea telefónica es atendida diariamente entre las 18:00 y 22:00 por voluntarias que han sido capacitadas por la organización holandesa “Women on Waves” (Mujeres sobre las olas), quienes trabajan en derechos reproductivos y abortos desde hace años.

Llamamos. Al otro lado de la línea responde “Ángela”, quien nos informa que el objetivo es que “un mayor número de mujeres que desea abortar tenga acceso a la información del Misoprostol, el que, tomando algunos cuidados, es más seguro que otros medios”. Y fundamenta su labor en una cifra: “En Chile se realizan más de 130 mil abortos al año, y muchos en condiciones de gran riesgo para la mujer. El uso del Misoprostol es lo más parecido a un aborto espontáneo, por lo tanto los riesgos son más controlables”. Esta información está en la página de la Organización mundial de la Salud (OMS) yWomen on Waves.

El financiamiento para instalar la línea de información sobre el uso del Misoprostol, proviene de varias ONG extranjeras, según Ángela, quien acota que no tienen ninguna relación con quienes venden las pastillas. La organización funciona en seis ciudades de Chile con gente especialmente capacitada para ello: Valdivia, Temuco, Valparaíso, Concepción, Iquique y Santiago. Sus registros indican un promedio de más de diez llamadas diarias en Santiago.

“VENDO MISOPROSTOL”

A pesar de que el discurso público de autoridades políticas y religiosas condena permanentemente el aborto, prohibiéndolo incluso en caso de peligro para la vida de la madre, la venta de Misoprostol, básicamente por Internet, exhibe una oferta múltiple y de fácil acceso. A ello se agrega que este mercado clandestino no tiene penalización. Nadie va a la cárcel por vender misoprostol. Pero sí por usarlo.

Al escribir en Internet “Misoprostol”, nos aparecen muchísimas ofertas. La mayoría se presenta como un profesional ligado al área de la salud, para crear confianza en torno a la calidad del producto. Una garantía que resultó ser falsa en la mayoría de los vendedores que abordamos en nuestro recorrido.

Roberto no tiene trabajo fijo, hace los pitutos que le aparecen y afirma que, como tiene que mantener dos hijos, hace tres años se convirtió en vendedor de Misoprostol:

-Cuando empecé en esto, éramos muy pocos. Conseguíamos las pastillas en Farmacias Ahumada, hasta que dejaron de venderlas. Allí empezamos a traerlas de Perú, Bolivia y Argentina. Y si bien la venta se masificó, somos pocos los que vendemos las pastillas originales. La marca más buscada es CYTOTEC, la traigo de Perú y vendo la “dosis” -cuatro pastillas de 200 mcg.- para un aborto hasta de nueve semanas, en $70 mil pesos.

En efecto, CIPER constató que el CYTOTEC es la marca más confiable de Misoprostol en el extranjero, por provenir de uno de los laboratorios cuya industria farmacéutica tiene gran prestigio internacional, con  representación en 42 países. Por esa misma razón, es uno de los fármacos más caros y que más se falsifica.

Roberto no le preocupan ni los policías ni fiscalizadores encubiertos. En este rubro no existen: “Yo tengo claro que el Misoprostol no está permitido, pero también sé que si me pillan vendiéndolo, no voy preso. Como sólo es una falta al Código Sanitario, no me va a pasar nada. Lo complicado es cuando la niña acaba en la Posta y descubren que fue porque se provocó un aborto. Pero como yo sólo trabajo con mi nombre falso, ni por ahí me pueden pillar”.

Ni Roberto ni ninguno de los vendedores que CIPER abordó dijeron saber de las dos alertas sanitarias declaradas por el Ministerio de Salud de Perú (2001 y 2007), advirtiendo sobre la falsificación del CYTOTEC, el Misoprostol de mayor venta en ese país.  Una alerta de la que debió saber el doctor Víctor Valverde Palma, hasta hace poco el segundo ginecólogo con más pacientes de la Clínica Alemana, quien también traía el medicamento de manera clandestina desde Perú.

LA RECETA DE LA CLINICA ALEMANA

Una receta de CYTOTEC extendida por el propio doctor Valverde –y que lleva el rótulo de la Clínica Alemana- fue la prueba que descubrió CIPER sobre el método que usaba el médico para proveerse del fármaco en el mercado clandestino.

La paciente de Valverde, a la que le dio la receta cuando ésta fue a su consulta para un control por sus seis meses de embarazo, antes de viajar a Lima, relató así el episodio:

“El 20 de agosto de 2012, estando con 25 semanas de embarazo, fui a la consulta del doctor Valverde en la Clínica Alemana para mi control mensual. Como debía viajar a Perú por motivos laborales, quería estar segura de que no había ningún impedimento. Como mi embarazo se había desarrollado sin ningún contratiempo, el doctor me autorizó a viajar. Al finalizar la consulta, me dijo que necesitaba pedirme un favor. Y ese favor era que le comprara en Lima un medicamento que en Chile no se conseguía y que con frecuencia se lo pedía a sus pacientes peruanas. Me dijo también que ese fármaco lo usaban habitualmente cuando las mujeres tenían abortos retenidos. Le respondí que no tenía problema y me extendió la receta. Allí se lee: “CYTOTEC, 200 mg. 1 caja, dosis (1 c/12 horas por un mes). Diagnóstico: úlcera gástrica”, y escribió mi nombre y mi RUT (ver receta). Eso me preocupó pero no me atreví a decirle nada”.

Con los datos arrojados por esa receta de Valverde, las sospechas de Patricia y Gustavo tomaron otro cariz. Y se convirtieron en acusación cuando constataron que en la ficha clínica de Patricia Gómez no aparece que se le administró Misoprostol para inducirle el parto. La aplicación del fármaco tampoco fue informado por el médico a la matrona Gilda Ampuero. Un ocultamiento que pudo ocasionar peores consecuencias que las que provocó.

Con toda la información recabada, Gustavo Villarrubia decidió enfrentar al doctor Víctor Valverde. El 17 de diciembre lo llamó por teléfono. Gustavo grabó esa conversación sin informarle al médico. En esa conversación, Valverde no recordó si había usado o no Misoprostol, e insistió en que el procedimiento fue una conducción del parto –como lo escribió en la ficha clínica- y no una inducción. Y afirmó: “A  tu señora le salvamos la vida, ¿de acuerdo? A tu señora se le produjo una inercia uterina absolutamente producto de un origen desconocido, ¿bueno?…” (ESCUCHAR AUDIO).

Su última frase, cuando Gustavo Villarubia le anunció que llevaría el problema a tribunales, quedaría durante muchos días haciendo eco en su cabeza: “Te advierto una cosa, aquí la Clínica Alemana en estos momentos ha sido como la líder en dejar claro que no es llegar y demandar a una persona”.

Los resultados de la investigación de CIPER han provocado cambios drásticos al interior de la Clínica Alemana. El 21 de diciembre pasado, el director del establecimiento, el doctor Juan Hepp,  envió un comunicado interno prohibiendo el uso del Misoprostol.  La medida sorprendió al personal médico y sobretodo al que labora en la sección de Maternidad. La mayoría sabía que el uso de Misoprostol estaba mucho más extendido que el que tanto la dirección de la clínica como muchos de sus profesionales estaban dispuestos a asumir.

Según admitió el médico auditor de la Clínica Alemana, Eduardo Villalón Munita, el doctor Hepp se vio en la obligación de adoptar la drástica prohibición ante el temor de que la investigación interna descubriera que uno de los abusos que se cometía con la administración del fármaco era su utilización para prácticas abortivas.

Tanto el doctor Hepp como el doctor Villalón son católicos practicantes, por lo que su preocupación también involucró un ingrediente moral. Y ambos saben que como el Misoprostol no deja rastros y su efecto puede ser diagnosticado como “aborto espontáneo”, hay espacio real para la sospecha.

La segunda medida adoptada por la dirección de la Clínica Alemana fue hablar con el doctor Víctor Valverde una vez más, quien presentó su renuncia.

Hubo reclamos. Por la separación de Valverde y por la prohibición del Misoprostol. Para acallar las quejas, por ahora, se ha informado que el uso del Misoprostol en la clínica está prohibido hasta marzo, cuando junto con la Sociedad Chilena de Obstetricia y Ginecología, en una reunión donde serán invitados hospitales y clínicas, se defina exactamente su uso y control. Esa fue la información que el doctor Eduardo Villalón entregó a CIPER el 7 de enero y que fue ratificada el 4 de marzo.

Lo que resta por saber es lo que arrojó la investigación interna que ordenó la dirección de la Clínica Alemana sobre el caso preciso de Patricia Gómez, y que fue encargada al doctor Marcelo González , jefe del departamento de Obstetricia y  Ginecología, junto a otros dos ginecólogos. Para ello debieron rastrear en todo su historial clínico.

Lo que CIPER supo fue que, en su primera etapa, los tres facultativos lograron determinar que en la ecografía que el doctor Valverde le hizo a Patricia Gómez, en la mañana del 27 de noviembre de 2012, en la que el médico advirtió una circular y poco liquido amniótico, lo que para algunos facultativos justificaba el uso de Misoprostol y la inducción al parto, no aparecen ninguno de los dos elementos. Lo que lleva a concluir que no había causas objetivas que justifiquen la inducción. Lo que quedó entonces fue la premura de Valverde por su viaje fuera de Chile el jueves 29 de noviembre.

Un segundo aspecto resulta más grave aún para este caso: el doctor Valverde negó rotundamente haberle suministrado Misoprostol a Patricia Gómez. Tampoco lo registró en la ficha clínica. Sólo frente a las evidencias de ello, entregadas después por Gustavo Villarrubia –incluida la receta que Valverde le extendió a una paciente para que le comprara el fármaco en Perú-, Valverde debió admitirlo ante el auditor de la clínica, Eduardo Villalón.

La confesión de Valverde fue la pieza clave que terminó con su renuncia, la que se hizo efectiva el 16 de enero. Pero la información que entregaron a la principal víctima del uso abusivo de Misoprostol en la Clínica Alemana, Patricia Gómez, no fue transparente. En ello primó el deseo de que la verdadera razón del “despido” del doctor Valverde no se hiciera pública. Así reza el correo que el auditor de la clínica –doctor Eduardo Villalón Munita- le envió a Gustavo Villarrubia, esposo de Patricia Gómez, el 14 de enero, dos días antes del retiro efectivo del doctor Víctor Valverde:

“En reunión sostenida por usted con autoridades de la Clínica, en que solicita información respecto al uso del medicamento Misotrol en Clínica Alemana de Santiago, y que junto con lo anterior hace un reclamo respecto al proceso de atención de su esposa Sra. Patricia Gómez Ade, en la cual su tratante Dr. Víctor Valverde habría inducido un trabajo de parto no claramente consentido.

El medicamento en cuestión, tiene amplio uso en la especialidad de Ginecología y Obstetricia que la literatura médica nacional y extranjera avalan. En nuestra Institución su uso está restringido y controlado en pacientes hospitalizadas con las siguientes condiciones: Inducción de parto de término bajo monitorización fetal, metrorragia del puerperio, inducción de aborto retenido, situación certificada previamente por al menos dos ecografistas diferentes; preparación del canal cervical para histeroscopías.

Respecto al proceso de atención de su esposa registrado en nuestra Ficha Clínica Electrónica, se encuentra ajustada a la lex artis medica ad hoc; sin embargo, con el análisis de los antecedentes por usted aportados, es posible presumir que los hechos sucedieron de la forma en que usted relata.

Por lo anterior, informo que Dr. Valverde dejará de atender su consulta privada en nuestra institución  a contar del 16.ENE.2013”. (VER CORREO).

Hasta hoy Patricia Gómez no es capaz de escuchar la grabación del diálogo que tuvo su esposo con el doctor Valverde sobre por qué ocultó que le administró Misoprostol. La confianza que había depositado en su ginecólogo por ocho años se rompió dramáticamente. Los dolores de cabeza han perdurado así como los efectos nocivos en su pequeña hija. Un sicólogo la trata para enfrentar la culpa por no haber sabido, a pesar de su cultura y conocimientos, defenderse del abuso al que la sometió su  médico, en el que ella confiaba ciegamente.

NOTA DE LA REDACCIÓN: CIPER  aclara que el periodista Gustavo Villarrubia y su esposa, Patricia Gómez, no han recibido ninguna indemnización ni beneficio por lo vivido en la Clínica Alemana. Tampoco es intención de este reportaje presionar para que ello ocurra. Así quedó claro en la conversación sostenida por la directora de CIPER, Mónica González, con el auditor de la clínica, el doctor Eduardo Villalón Munita, en la mañana del 4 de marzo. Se llamó también al doctor Víctor Valverde para que hiciera sus descargos y entregara su versión de los hechos. Su respuesta fue: “Debo hablar con mi abogado primero”.

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