Francia deja de ser laica en nombre del laicismo

El último reducto laico de Francia, los hogares privados, están a punto de dejar de serlo con las propuestas de ley, a punto de ser aprobada por François Hollande, y que en su momento fue presentada por Françoise Laborde, en contra de las nanas musulmanas. Las lois anti-nounous prohíben el uso del velo tanto a las mujeres que trabajan en guarderías privadas encargadas del cuidado de bebés y niños de hasta tres años, como a las cuidadoras que trabajan a domicilio. En el Estado francés son frecuentes las guarderías a pequeña escala organizadas en domicilios privados. El pretexto es el laicismo. Pero no hay nada menos laico que la persecución religiosa.

Historia del laicismo francés

El laicismo nace en Francia como reacción a las dragonadas. Nombre otorgado a la política de Luis XIV en el siglo XVII que suponía la represión y abusos aplicada por las tropas reales contra la población de religión protestante, tras la revocatoria del Edicto de Nantes.  A partir de entonces los campesinos protestantes estaban obligados a alojar y alimentar a unos “dragones”, que es como se llamaban las temibles tropas reales: las torturas que los dragones infligían a los habitantes eran tan atroces que algunos pueblos se declararon católicos, solo ante los militares. Por supuesto, muchos lo simulaban y se reunían para practicar su religión en los “desiertos” (lugares salvajes), desde donde partieron las revueltas de los calvinistas que se rebelaron contra Luis XIV, los llamados Camisards. Otros se exiliaron por Europa. Durante siglos los reyes persiguieron a los judíos, los protestantes, los cátaros y los valenses en nombre de una religión del Estado: el catolicismo. En 1905 la República aprueba una ley para romper con este orden católico-monárquico. El Estado se desvincula claramente de cualquier religión y garantiza la libertad de conciencia plena y total. El laicismo no es, pues, una limitación al culto personal, no supone prohibir ni la medallita con la cruz ni el velo en la cabeza. Es una limitación contra el Estado que no puede ni prohibir ni ordenar.

Antecedentes de la ley

El 11 de abril del 2011 leíamos en El Mercurio de las primeras detenciones por la ley anti velo en Francia. Para el Presidente Sarkozy, la utilización del niqab y la burka representaba una afrenta a los principios de igualdad de géneros y estaba dispuesto a meter presas a todas las mujeres que no aceptarán su inmediata liberación femenina. Estoy de acuerdo en que obligar a la mujer a que se vista de determinada manera en el mundo árabe puede ser discriminatorio. Pero ¿obligarla a que se quite el velo no es también una imposición? ¿meter presas a mujeres porque se visten de determinada manera es trabajar por la liberación? Que se sepa ninguna mujer ha sido tomada presa por usar zapatos de taco o hacer dietas torturantes para cumplir con las normas occidentales de “belleza femenina”.

El niqab -que es solamente el velo con una ranura para los ojos- y la burka -que tiene una malla para ver a través de ella- no son en verdad muy usados en Francia. La ley de Sarkozy era en verdad una provocación y las mujeres musulmanas la aceptaron y fueron a leer un manifiesto laico a la puerta de la catedral de Notre Dame. De ahí las detenciones. Antes, el 2004, ya se había dado una restringida a los colegios. La ley del 2004 prohibía “signos religiosos ostensibles”, esto es si alguien quería llevar una gran cruz al colegio no podía, pero si una de esas que normalmente van colgadas al cuello. El único problema, o casualidad, era el velo. 48 alumnas fueron expulsadas de sus colegios por negarse a lo que ellas consideraban andar con la cabeza desnuda.

Ahora se irá más allá. Si antes no se podía ir con velo a los colegios ahora tampoco se podrá a las guarderías infantiles, ni siquiera a las que se organizan en casas particulares. Françoise Laborde acaba de darse cuenta de un vacío de la ley. No se vigila a quienes ella llama “los asistentes maternos”. Curiosa denominación, tanto se habla de discriminación musulmana de la mujer y la congresista usa una frase dos veces machista. Es machista negar que se trata de LAS asistentes y lo es suponer que ayudan a la madre y no al padre en el cuidado de los hijos. Por lo demás detrás de esto hay un acto machista mayor que cualquiera de las frases de la congresista. Si en Francia el desempleo es cada vez mayor las mujeres musulmanas sufren una cuádruple discriminación: por clase, por género, por religión y por etnia. Casi su único trabajo es ser nanas. Por lo menos hasta ahora.

Las nounous y la ley

En verdad si se vigila a las nanas. En efecto, para concederles la autorización para trabajar las prefecturas controlan tanto su «moralidad» como la higiene y la seguridad de la vivienda en la que estas mujeres acogen a los niños (de 0 a 3 años). Pero… ¿alguien había pensado en examinar más de cerca su religión? Pues no, nadie: antes de Françoise Laborde nadie había investigado exhaustivamente este punto crucial. El laicismo, el verdadero, impide cualquier discriminación a este respecto. Y en los jardines públicos se ve, a todas luces, la mayoría de las nanas que se ocupan de los niños con bucles rubios son africanas, asiáticas o árabes, y algunas de ellas llevan velo. Nadie antes de Françoise Laborde se había dado cuenta de que este pañuelo es un ataque apenas contra la libertad de conciencia del crío. Libertad de conciencia que la congresista define de una manera muy original. No se trata de que el crio sepa que el mundo es variado y pueda elegir llegado el momento ¿uno puede realmente optar por una religión a los meses de nacido? Sino “el derecho fundamental de los padres a elegir la educación de sus hijos en función de sus convicciones”.

Por lo tanto, hay que ocultar al niño las imágenes de la diversidad existente. Las imágenes de la variedad de países, lenguas, opiniones, etc., que él o ella acabará viendo un día. Sí, señora Laborde, un día, incluso empujado o empujada por una nana con su certificado de “atea” ¡vuestro hijo verá un velo! Pero he aquí que quienes han concebido esta ley esperan que no: se imaginan implicados en una carrera de velocidad entre “republicanos” y “musulmanes”, y esperan que los primeros logren hacer desaparecer a los segundos antes de que se cause un daño irreparable a los cerebros rubios.

La “ley nanas” puede parecer marginal e incluso “grotesca”, como algunos y algunas afirmaron en el Senado. Pero todas estas leyes y amenazas de leyes que se oponen a la auténtica laicidad contribuyen a reforzar la idea de que el islam se “tolera»” apenas y no debe mostrarse. Como la mayoría de los “ultralaicos” franceses, laicos falsos en realidad, Françoise Laborde se considera ilustrada para fomentar la discordia. Y extraña, paradójica y perversamente, en el mismo momento en que todos ellos agreden a poblaciones enteras, pretenden actuar por el famoso “vivir juntos” que a sus ojos implica (no, exige) que tienes que parecerte a mí.

¿Para legalizar las discriminaciones (en vez de luchar contra ellas) Francia volverá a utilizar el arma de las dragonadas: a entrar en la intimidad de los hogares, esta intimidad que según los discriminadores es el último lugar en el que están protegidas las convicciones de cada uno y de cada una? ¿Está dispuesta a asumir la indignidad de estos métodos, la vergüenza de sus fines abiertamente discriminatorios? ¿Está dispuesta a seguir una política que destruye lenta pero seguramente cualquier esperanza de cohesión social creando una casta de subcuidadanos a los que se empuja al exilio o a la rebelión?

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