Cuando conocí Talcahuano

Cuando conocí Talcahuano en 1933, se encontraba rodeado de un cordón de bosque nativo, regalo de la naturaleza, para que sus pobladores respiraran aire puro. Tanto que la península de Tumbes estaba cubierta de vegetación nativa. Dónde abundaban boldos, litres, avellanos, maquis, nalcas, chupones, quilas, chilcos, chochos y otros matorrales de gran aporte para la respiración Hoy estamos rodeados de  árboles exóticos  que  muy poco aportan en aminorar el  flagelo de la contaminación; pero el desarrollo industrial no se puede detener; no me cabe la menor duda que buscando el diálogo con las autoridades, e industriales  y las organizaciones sociales de “Participación Ciudadana” se puede lograr aminorar el daño a la población. Se sugiere recurrir a la vegetación nativa, por sus ventajas comparativas entre otras su gran aporte en oxígeno, humedad, absorción de dióxido de  carbono y otras cualidades en beneficio del medio ambiente. Además del compromiso de los industriales quienes deben- colocar filtros en las chimeneas para  detener el escape de material particulado.

El puerto nació rodeado de vegetación natural y de hermosas playas; pero a medida que se fue poblando e industrializando  se perdió todo lo natural. Da la idea que nadie pensó   en el beneficio que tenía para ayudar a disminuir la contaminación y evitar el daño que iban a provocar los gases desprendidos de la producción  industrial.

Y hoy se tiene a un Talcahuano, semi encerrado en un cordón de plantaciones exóticas, como son los pinos  y eucaliptos que son grandes consumidores de agua y también a largo plazo convierten la tierra en un desierto y la extinción de la fauna y flora autóctona. Las plantaciones comerciales, sólo benefician a las transnacionales que manejan el negocio de exportación de madera y además, dañan la tierra y a sus habitantes.

Frente a esto, los Adultos Mayores del Praís,  piensan que el señor  Alcalde, informado del aporte de la vegetación nativa para ayudar a disminuir la contaminación, conversará con los industriales para cubrir nuevamente los cerros y poblaciones  con vegetación nativa para aminorar el efecto de la los gases químicos. No nos cabe la menor duda que aportarán con la vegetación necesaria para disminuir sus efectos. . ¿Cómo no imaginar ver la población Libertad cubierta con Notros aportando oxígeno? Arbustos que florecen a mediados de septiembre hasta las proximidades de diciembre, arboles que tienen sus raíces subterráneas y no dañan el pavimento.

. Una  hectárea de árboles nativos produce 600 kg de oxígeno en 12 horas y absorbe 900 kg de anhídrido carbónico, esta es una de las tantas cualidades que la naturaleza  ha donado al hombre para que disfrute de sus bondades.

Los árboles nativos  permitían lluvias desde el mes  de mayo al mes de agosto en forma regular en la  temporada.

La historia cuenta que  en 1920, todavía corrían carritos de sangre (tirados por caballos) hacia el conocido balneario de San Vicente,  lleno de casinos, hasta donde llegaba el tren repleto de turistas  a disfrutar de la preciosa playa de arena negra que se prolongaba para el enclave de Lenga, hoy convertido en gran Centro de Restaurantes.

En ese tiempo San Vicente contaba con un gran hotel y un bello parque artificial que bordeaba la cuadra de árboles nativos, donde no faltaban los queules, frutos y hermosas flores, de los cuales disfrutaban los turistas hospedados a su regalado gusto durante el verano bajo esos frondosos y añosos árboles. Posteriormente esto fue comprado por el estado a la sucesión de Don Agustín Ross Edwards el Faldeo del Cerro del sector San Vicente, el establecimiento  empezó a funcionar el 23 de febrero de 1936- y se convirtió en la Escuela Industrial de Pesca. La escuela convirtió la  preciosa cancha de tenis en una cancha de básquetbol y tuvo buenos equipos en esa especialidad, que le dieron vida al puerto, compitiendo con el equipos de la   Base Naval, Gol Cros, Concepción   y otros de la zona.

Talcahuano, Marzo de 2013

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