Vivir de espalda al mar: La nueva crisis de la sardina común y la anchoveta

Anchoveta: … Su enemigo principal es el hombre que causa un 75% de su mortalidad por la pesca industrial. Diccionario de pesca artesanal del norte grande de Chile, Dr. Juan van Kessel.

Ver los gráficos sobre la pesca estimada de muchas especies marinas es como ver una montaña, con una pendiente que asciende progresivamente hasta llegar a su cima para descender de una forma generalmente abrupta. Esta es la curva que presenta el jurel, con una cima en su pesca entre los años 1994 y 1995 y una caída que llega hasta el reciente 2012, donde la línea casi no se distingue con el eje del gráfico que indica 0. Una curva similar presenta la anchoveta y, aunque de la sardina común se hacían dibujos más optimistas, los hechos los han contradicho dramáticamente en el centro-sur del país.

El 6 de marzo de este año se inició la temporada de captura de sardina y anchoveta entre las regiones V y IX. Los puertos de Coronel y Talcahuano han sido importantes en el desembarque de esta pesca que, casi en su totalidad, se convierte en harina para fabricar alimento para salmones, chanchos y aves de criaderos del país.

Si bien, las expectativas de ganancia se mantuvieron en los armadores (dueños de embarcaciones) y los tripulantes, los hechos se encargaron de frustrarlas, llegando a declarar un “paro” el 7 de abril. Este “paro” fue una decisión gatillada porque los zarpes no alcanzaban a ser financiados por las exiguas cantidades de sardina y anchoveta que lograban pescar. Según el profesor de la Universidad de Concepción Eduardo Tarifeño, en lo que duró la pesca este 2013 pescó un tercio de la cantidad del 2011, en el mismo tiempo.

Curvas a la baja

Según los investigadores, la anchoveta se distribuye desde el norte de Perú hasta Puerto Montt, en tanto la sardina común lo hace desde Coquimbo hasta Puerto Montt. Su captura industrial se inició a fines de la década de 1950 en el norte del país. Su sobreexplotación, que fue la base del enriquecimiento de gente como Anacleto Angellini, obligó a empresarios como éste a trasladarse paulatinamente hacia el sur, llegando a la bahía de Concepción y al golfo de Arauco.

En la zona centro-sur, los desembarques se han concentrado principalmente en Talcahuano y Coronel. En estos lugares, según el IFOP, entre fines de los 70 e inicios de los 80, la captura fue baja, sin embargo, a principios y a fines de los 90 la pesca de la sardina fue de altas cantidades. Luego, a principios del 2000, las capturas de las dos especies disminuyeron ostensiblemente hasta que desde el 2009 se observa una abrupta alza de la captura de sardina que llegó hasta el 2012. De hecho, para este 2013 se había fijado la misma cuota de captura que el año anterior (605.000 toneladas) para la sardina, pero no se pudo pescar.

Sorprendentemente puede leerse en el Informe de la Subsecretaría de Pesca sobre “Estados de las Principales Pesquerías” emitido en marzo de 2013, que la sardina común (para la zona centro-sur) está en un estado “saludable y se encuentra alejada de la zona de sobrepesca y sobrexplotación”. Sin embargo, en otro informe de la misma institución (Cuota global de captura de sardina y anchoveta para 2013) se anotó “un continuo y permanente ingreso de ejemplares pre-reclutas” y que ello podía apreciarse en un gráfico con una fracción importante de ejemplares de sardina común de menos de 7 centímetros.

Esto ya es una pista, pues la sardina alcanza su madurez sexual a los 12 cm. aproximadamente, lo que indica que, al menos una parte importante de la pesca del 2012 fue de sardinas juveniles que no alcanzaron a reproducirse.

Industria

Si bien, en los gráficos que indican los sectores pesqueros que aprovechan las cuotas de captura de sardina común y anchoveta, aparece la pesca artesanal concentrándola, la realidad indica algo muy distinto.

Con la aprobación de la llamada “ley corta” de pesca el año 2001 (que rigió hasta el 8 de febrero de este 2013) se estableció una zona exclusiva para la pesca artesanal de 5 millas desde la orilla (9.26 km).

En el caso de la sardina común y la anchoveta, son especies que viven muy cerca de la costa, por lo que gran parte de sus poblaciones podían encontrarse en la franja de 5 millas. Paralelamente, la ley establecía (y lo sigue haciendo) que una embarcación artesanal no podía exceder los 18 metros de largo. Estas condiciones hacían que las embarcaciones que usaba la industria no pudieran operar dentro de las 5 millas, reservadas para pescadores y armadores artesanales, los que, además, no podían tener a su nombre más de dos embarcaciones.

Ante este escenario, la industria realizó préstamos a diferentes personas vinculadas a la pesca artesanal para que pudieran comprar las embarcaciones pesqueras avaluadas desde unos 300 hasta 400 millones de pesos, pues son de metal y cuentan con sofisticados artefactos destinados a mayores capturas. Muestra de este aumento explosivo de embarcaciones operativas es el propio registro pesquero artesanal de Sernapesca.

En cuanto a las embarcaciones de 15 a 18 metros de largo que capturan anchoveta en la octava región, el registro indica que entre enero de 1992 a diciembre de 1999 (8 años) hubo 205 inscripciones. En cambio, entre enero del 2000 hasta diciembre de 2008 (8 años) hubo 304 inscripciones. Es decir, bajo el contexto de la aprobación de la “ley corta de pesca” hubo un 32% más de inscripciones en el registro pesquero artesanal de naves destinadas a pescar anchoveta, y en consecuencia sardina común.

Por otra parte, también se registró un aumento de más de 30 mil pescadores artesanales entre 1999 y el 2010, cuando llegaron a ser más de 80 mil. Buena parte de éstos concentrados en la pesca de la sardina común y la anchoveta.

En este escenario, las grandes empresas pesqueras, agrupadas en ASIPES, mantuvieron el control de la pesca de la sardina común y la anchoveta en la zona centro sur de Chile, pues no sólo eran acreedores de las deudas de cientos de “armadores artesanales”, sino que también eran los únicos que compraban su pesca, controlando el precio.

Durante la década del 2000 se registraron sucesivas movilizaciones de tripulantes pesqueros exigiéndoles a las empresas subir el precio por tonelada de sardina común y anchoveta. Pero, el precio de la tonelada de pesca siempre se mantuvo bajo el control de la gran industria pesquera. En diferentes ocasiones, luego de estas movilizaciones, la clase política y el Estado optó por aumentar las cuotas de captura de estas especies, para que los tripulantes y armadores pudiesen ganar un poco más de dinero sin tocar los intereses de la industria.

En este ciclo de reclamos y tapabocas entre las tripulaciones pesqueras y el Estado, el empresariado pesquero continuó acumulando un poder que lució en la aprobación de la nueva Ley de Pesca este 2013, quedándose con los permisos de pesca de otras especies que llevaron al colapso, tales como la merluza común y su fauna acompañante, y el jurel.

El empresariado pesquero fue previsor y tuvo muy buenos lacayos que lograron que los permisos de pesca que recibieron fueran por 20 años renovables. Además de permitírseles hacer cualquier tipo de negocio jurídico con éstos, pudiéndolo dividir hasta en cien mil partes. O sea, listo para ponerle precio y subdividir el permiso en acciones a transar en el mercado bursátil. La propia ley reconoce que en “los regímenes de asignación no se puede garantizar la existencia de los recursos asignados”, es decir, que desde ahora no importa si hay peces en el mar para otorgar permisos de pesca, porque sin ellos, igual hay negocio.

Espalda al mar

En el caso de la sardina común y la anchoveta, sus poblaciones son costeras y vulnerables a cambios que puedan ocurrir en estos ambientes: una alza de temperatura, la falta de oxígeno o la contaminación, son factores que pueden gatillar la mortalidad de éstas. No obstante, en la nueva Ley de Pesca, no se estableció ningún control sobre la ocurrencia de estas situaciones. Las celulosas, las termoeléctricas y las industrias contaminantes, en general, siguen botando al mar sus desechos tóxicos como cuando entraron en funcionamiento.

La sardina común y la anchoveta, son la base de la cadena trófica de una serie de especies mayores, por lo que sin ella se coarta el desarrollo de otras especies. Por otra parte, estos peces contienen altas cantidades de Omega 3 que es un ácido que se forma en las algas que consumen éstos y se acumula principalmente en su tejido adiposo. Su incidencia en la salud de las personas es vital, pues está involucrado en el desarrollo y vitalidad de las funciones cerebrales y de la retina de los fetos, neonatos y adultos; ayuda a la prevención de enfermedades vinculadas al sistema cardiovascular; contribuye a fortalecer el sistema inmunológico, entre otras cosas.

Las razones para impulsar una política de recuperación de la sardina común y la anchoveta no han sido consideradas por quienes han tomado las decisiones en el ámbito pesquero. Y, por su parte, la población en general no se ha involucrado en intentos por impulsarla. Hay quienes señalan que, a pesar de todo, “Chile ha vivido de espalda al mar”.

La desvinculación que se experimenta con lo que se supone está bajo la soberanía popular, no sólo involucra al mar y su ecosistema, sino que a numerosos campos de la vida. Grotescamente, mientras la industria pesquera piensa en hacer negocios sin que necesariamente hayan peces en el mar, las tripulaciones pesqueras que capturaban sardina y anchoveta, demandan al Estado que los convierta en trabajadores mineros.

La renuncia a recuperar los ecosistemas marinos, denuncia el afincamiento de una cultura y una economía que empieza y termina en la explotación del ecosistema y la extracción de lo que pueda transformarse rápidamente en dinero. La pregunta que surge al experimentar su agotamiento, pareciera que sólo se responde bajo el esquema legado por quienes lo han provocado.

Mala Pesca, el mejor reconocimiento es ser prohibido 

El 5 de octubre del año pasado se estrenó en Concepción el documental “Mala Pesca: La depredación pesquera en Chile”, realizado por Resumen y la revista El Radical Libre. El objetivo de esta realización fue acercar el problema de la pesca y del estado de las poblaciones de peces a nivel internacional y fundamentalmente en la franja marítima nacional. 

Por parte de quienes tienen un vínculo directo con la pesca y en esos momentos se oponían activamente a la aprobación de la actual Ley de Pesca, llamada “ley Longueira”, se valoró como una herramienta informativa. Para el público en general, el material se calificó en general como develador de situaciones ocultas por la desinformación masificada por los medios de propaganda empresariales. Por parte de estos medios, la valoración que hicieron del material fue escueta, aunque no por eso, tajante. 

Los realizadores de Mala Pesca, acudieron a Canal 9 Bío Bío Televisión, TVU (Canal de la Universidad de Concepción) y enviaron la dirección de Youtube, bajo la cual se aloja el documental, a una serie de medios electrónicos nacionales para que pudieran reproducirlo. La respuesta fue el silencio o bien la argumentación de que contradecía su orientación editorial. 

Recientemente, los realizadores recibieron un llamado de Gustavo Viveros, que se desempeñaba como subdirector de la Biblioteca Viva del Mall Mirador Biobío, convocándolos a participar en la exhibición de “Mala Pesca” en el lugar. Gustavo señala que “habíamos planificado como temática central para la cartelera de mayo “mes del mar”, aliándonos con un grupo de investigadores marinos que nos apoyarían con un ciclo de charlas en torno al mar, la flora y fauna y el calentamiento global. Es en este contexto que pensé la posibilidad y congruencia de exhibir el documental e invitar a sus realizadores a participar del ciclo de charlas, contribuyendo al debate local-regional y a la difusión de informaciones que no se encuentran ni en el periódico ni en la tele”. 

Por disposición administrativa de la Fundación, todas las Bibliotecas debemos informar la cartelera del mes siguiente… al día de haber enviado mi cartelera recibo la noticia de que debemos sacar de la futura cartelera el documental y la charla asociada, aduciendo: “que es un documental que incita al odio, marcadamente político y parcial”. Frente a mi resistencia a bajarlo, adujeron que afectaba a los patrocinantes del Programa de Biblioteca Viva. A la semana presenté mi renuncia, pues ante las diferencias éticas con la dirección de la Fundación prefería dar un paso al costado”, concluye Gustavo. 

“Mala Pesca” sigue alojado en Youtube, sumando miles de reproducciones.

Foto: Pesca de sardina común y anchoveta a principios de los ’90, frente a la costa de Tirúa. (Sindicato de Tripulantes Eventuales Transitorios SINTRISAN)

Mala Pesca: La depredación pesquera en Chile (documental en línea HD)

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