Si eres de Derecha y Conservador… ¡¡No pierdas el tiempo con Allamand o Longueira… tu candidata es Michelle Bachelet!!

Para quienes no están familiarizados con el bajo mundo de la política y creen que las instituciones republicanas de nuestro país funcionan, la frase con la que se titula este articulo les pudiera parecer un tanto ilógica, irreverente o simplemente de mal gusto. Sin embargo, me gustaría pedirles por un instante dejar de lado sus prejuicios y atender un enfoque menos convencional, que tratará de destruir los mitos que hemos heredado sobre política.

Entiendo como sociólogo que vivimos en un país desigual, bueno… técnicamente en una sociedad “estratificada”, y en vista de esta premisa, de “heterogeneidad” impuesta, trataré de ser sensato con los lectores y no utilizaré el recurso de hablarle a “las masas” o a una ambigua “opinión pública”, por el contrario, en esta ocasión quiero dirigirme a un objetivo y bien definido grupo de chilenos, que este último tiempo gozan del repudio generalizado de la ”nueva izquierda”, me refiero a las personas que “están conformes con el modelo”, que les gusta y se identifican con el neoliberalismo, en consecuencia, no estarían dispuestos a cambiar sus aspectos esenciales, solo modificar algunas cosas accesorias para que éste sea más eficiente. Me dirijo a los representantes del sector moderado Chileno, un mayoritario grupo social que se declara apolítico, sin embargo, representan el grueso del electorado tradicional, lo que Pablo Longueira ha llamado el “centro sin ideologías” o “eje social”, de personas conservadoras pero no ortodoxas, que disfrutan de los frutos de los “Chicago boys” (malls, consumo, tarjetas de

crédito, emprendimiento, mundo privado, menos Estado, competencia, etc.)…a todos ustedes, que representan este “centro conservador”, les digo “que su mejor opción para seguir manteniendo su actual estilo de vida, y que no se vea amenazado por las alternativas izquierdistas que presionan por “cambiarlo todo”, no se encuentra en la derecha popular de Longueira, ni en el progresismo de Allamand, la mejor opción es el “socialismo” de Michelle Bachelet.

El monopolio del populismo…

Esta singular candidata es la única que puede asegurarles su estilo de vida hacia el futuro, ya que posee una virtud excepcional, que a los politólogos no deja de sorprenderles, es capaz de hablar de cara al pueblo, y al mismo tiempo favorecer al gran empresariado, sin que ambos entren en conflicto, ¿genial no creen? … dicha habilidad traerá consigo la esperada gobernabilidad que el modelo necesita, para que se mantenga en lo esencial y siga perfeccionándose sin contratiempos. Por el contrario, candidatos

como Longueira, por su inexperiencia en los códigos que la Concertación lleva atesorando hace 20 años en política, quedará en evidencia por su ineptitud en el manejo de las nuevas crisis sociales que se avecinan, que como una bomba de tiempo estallarán dentro de los próximos maños con el movimiento estudiantil y la creciente organización obrero- gremial, por otro lado, es inaceptable para la UDI, que en un contexto político en donde la moda es el progresismo, siga sosteniendo el mismo discurso oligárquico recalcitrante y conservador del siglo XIX, eso demuestra el fracaso comunicacional del gremialismo por no adaptarse con lenguaje político actual. Por otro lado, Allamand se muestra un

candidato más amigable con el centro, y paradójicamente tiene una mejor sintonía con el “eje social” que habla Longueira, suavizando así las posturas de la ultra derecha, el problema es que sigue en la línea del actual presidente Piñera, a saber, el querer implementar un gobierno de técnicos para solucionar problemas políticos, reproduciendo el inexistente dialogo de las instituciones con los movimientos sociales de base. También, en su intento de capturar posturas de centro moderadas y apolíticas, ofrece más de lo mismo en cuanto a la moda progresista, es decir, actuando como una fuerza auxiliar de la concertación hacia la derecha (así como Ominami lo hace hacia la izquierda). Este problema en Allamand, reproducirá un segundo gobierno de Piñera, con un fuerte asistencialismo de derecha, y con poco manejo político en la negociación con el malestar ciudadano.

En vista de la pobre oferta anterior, Bachelete se presenta como la mejor opción, si pensamos que el modelo necesita solo de 2 condiciones para su supervivencia:

1) Que la gente siga creyendo en los canales institucionales (partidos políticos, parlamento, constitución, etc.)

2) Que la sociedad civil se mantenga pasiva y desorganizada (democracia representativa).

En esto, la abanderada de la Concertación, tiene un phd en demagogia y un fuerte compromiso patriótico con la ONU, de asegurar el papel de país-commoditie que desempeña Chile en el escenario mundial, esto permitirá avanzar en la profundización de la “sociedad de negocios” que tanto critican las posturas más de izquierda, trayendo la tranquilidad para los grandes inversionistas que esperan hacer negocios en chile, ya que lo único que teme el gran capital, es invertir en un escenario de inestabilidad y riesgo permanente. No olvidemos, la magistral lección que nos enseñó esta candidata, al crear la

“mesa de diálogo” por la educación, que con rimbombante show mediático dio a luz la LGE en remplazo de la antigua LOCE, apaciguando el conflicto de la “revolución pingüina” el año 2006, una clase magistral de “gatopardismo”, en cuanto a la estrategia de cambiarlo todo… para que al final todo continúe igual.

Una futura administración de Bachelet, impondrá las medidas de los comités, los bonos y las mesas de diálogo para resolver los grandes problemas del país, haciendo más participativa la política para los ciudadanos. Además, la candidata ofrece su irresistible tono maternal y cercano, que apunta a la emocionalidad de la dueña de casa, de la gente sencilla, lo que rivaliza con el antipático autoritarismo de la derecha. Este capital político de la Concertación, fue aprendido en el fragor de la lucha contra la dictadura, y hoy día sirve para administrar el descontento popular frente a los abusos del sistema. De este modo, la Concertación ofrece mayor gobernabilidad que cualquier otra agrupación, manejando el conflicto social con el lenguaje de la demagogia, el arte de persuadir a las masas con migajas, la cercanía con las organizaciones de base y el mundo de la izquierda tradicional, sectores que aún guardan una fidelidad con el proyecto de centro izquierda.

Por todas estas razones el “monopolio de la demagogia” sigue estando en manos de la Concertación, sobre todo en un escenario donde la moda es ser de izquierda y progresista. No olvidemos que lo único que necesita el gran empresariado, es más tiempo para continuar con su negocio, y seguirán “estirando el elástico” hasta que la clase política ya no pueda seguir administrando el descontento, luego se pondrán del lado de los vencedores.

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