Cuento: “La Lucha continúa”

Cuento: “La Lucha continúa”

Yo sabía que la Luisa iba a seguir hasta el final con el asunto. Si yo la conocí de chica, y viera usted cómo era de perseverante. Tendría unos ocho añitos cuando convenció a su papá de que le regalara su primer piano. Era de juguete, por supuesto, pero la chiquilla llegó a sacar algo de Beethoven a los pocos días. No la creo virtuosa, pero no se puede negar que en estos días proponerse algo y actuar en consecuencia es casi tan importante como ser genio. Acaso termine siendo lo mismo.

Ya de cabra empezó  a juntarse con gente rarita y como que se puso loca, locaza. Se teñía el pelo varias veces al año, andaba para arriba y para abajo con un compadre que tenía la media champa y siempre iba vestido con un abrigo lleno de agujeros. A lo mejor fue su primer novio. Como le digo, nunca la vi juntarse con gente demasiado normal. Armó su propia banda, donde tocaba el piano y cantaba. Actuaron varias veces en el gimnasio del Liceo de Coronel,  antes de que el terremoto lo hiciera pedazos.

La gente los aplaudía. En realidad, yo creo que la aplaudían a ella. A veces como que se ponía a saltar y gritar en el escenario, y era como si le viniera una crisis nerviosa. Una vez tiró el sostén al público y quedó la cagá. Tuvieron que llamar a los pacos para que calmaran el asunto. Y dale con la música. Que la música era el lenguaje de los dioses, que si no fuera por el canto de los pájaros uno no podría distinguir el día de la noche, que la música era su única arma para asestarle pequeñas puñaladas a la muerte… Y a su padre nuevamente no le quedó otra que apañarla, pues. Encalillándose hasta las orejas, le pagó Conservatorio, una licenciatura y hasta clases particulares. Ya la veía tocando frente en grandes escenarios, siendo ovacionada por un público febril, en la cima.

Y la Luisa continuó  en esto, yo lo sé. Le puso harto empeño. Sacó su disquito por ahí, y yo se lo compré. Mal que mal, era su vecino y le tenía cariño. Eso sí, cuando intenté escucharlo casi me vuelvo loco con tanto alarido junto ¡Estos jóvenes y su música endemoniada! En todo caso, todavía tengo por ahí el disco autografiado, de recuerdo. Lo último que supe es que se ganó una beca para estudiar no sé  dónde, pero eso fue hace unos cuantos años. Y ahora esto. Casi me muero cuando la vi por televisión, robándose un piano eléctrico de esa tienda. Algún malintencionado subió el video a internet y al otro día todo el mundo comentaba de la mujer que se metió un piano debajo del abrigo y salió caminando tan campante. Hizo tontos a guardias y dependientes. Ojalá, y esto lo digo de corazón, ojalá que no la encuentren. La Luchita sabe que al menos puede volver al barrio y nadie la va a mirar feo siquiera. Lo único que le pido es que le saque partido a lo que se robó y por fin se haga famosa. Pero ella es perseverante, y una persona así de voluntariosa, créame, lo puede todo. Yo le aseguro que aunque se tropiece mil veces, al Lucha se levanta y continúa. Sí, la Lucha continúa.

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