Cheyre: mucho más que el caso Ledjerman

El ex Comandante en Jefe del Ejército, general Juan Emilio Cheyre, no leyó el Informe Rettig. Dice que no se enteró de los crímenes de la dictadura, sino años después por artículos de prensa. Pero don Juan Emilio era el 16 de octubre de 1973 una persona importante en el Regimiento “Arica” de La Serena. Era el ayudante del comandante del cuartel, Ariosto Lapostol. Claro, un teniente de 24 o 25 años, pero con un nivel de información privilegiado, como todos los ayudantes de los comandantes. Hombres de confianza. Brazos derechos. Entonces, don Juan Emilio ¿no supo que ese día la Caravana de la Muerte asesinó a 15 prisioneros políticos? Sí que lo ‘recontrasupo’. Crímenes de lesa humanidad que jamás denunció a la justicia como muchos de sus camaradas de armas.

Cheyre participó ese mediodía en la reunión que el Oficial Delegado de Pinochet y jefe de la Caravana, general Sergio Arellano, sostuvo con el comandante Lapostol en su oficina. Allí Arellano marcó los 15 nombres de quienes ese día debían  morir sin juicio previo. Lapostol mantuvo en esa oficina una dura discusión con Arellano. Junto a Cheyre estuvieron el fiscal del regimiento, Manuel Cazanga, y el mayor Marcelo Moren Brito. Este último, hombre de la Caravana y “estrella” de la DINA que no necesita mayor presentación. Vale decir, Cheyre fue testigo del altercado entre el comandante Lapostol y Arellano, que ordenaba “juzgar” nuevamente detenidos que ya cumplían condenas bajas. El mismo Cheyre lo admite en el proceso por el episodio La Serena. “Yo entraba y salía de la oficina del comandante”. El comandante Lapostol también afirma judicialmente que Cheyre participó de aquella reunión.

A los 15 los trajeron al cuartel desde la cárcel y los mataron de inmediato. ¡Qué Consejo de Guerra ni nada! ¿No supo don Juan Emilio de aquello, cuando se enteró todo el regimiento? ¿Fue el único oficial del cuartel que no se enteró, cuando todos sus compañeros oficiales de entonces declaran judicialmente que no sólo supieron, sino que vieron cómo los mataron?

¿Cómo que se enteró de los crímenes de la dictadura por los diarios años después leyendo artículos, si él mismo entregó ese día a la prensa el bando mintiendo a los familiares y a la población acerca de los 15 asesinatos de la Caravana de la Muerte cometidos en su propio regimiento?

“La preocupación fundamental era asegurarme de la pronta entrega de este antecedente a la opinión pública (…) Tomé contacto telefónico con el director del diario El Día”, dijo Cheyre en su declaración judicial en calidad de “inculpado” por estos delitos, el 18 de enero del 2000 ante el juez Juan  Guzmán. Fue el mismo Cheyre quien informó de las 15 ejecuciones extrajudiciales, cubriendo las espaldas a los criminales Augusto Pinochet y Sergio Arellano.

Declara el entonces comandante Ariosto Lapostol, el 6 de enero de 1999, en el proceso: “Le ordené al teniente Cheyre que fuera al Diario El Día o que llamara por teléfono, para que se comunicara o se publicara el hecho del fusilamiento de quince personas; publicándose al día siguiente, 17 de octubre de 1973, un bando, puesto que así fue como decidió hacerlo el teniente Cheyre”.

Y don Juan Emilio decidió engañar. Lapostol quería salvar su honra. Exculpar de los crímenes a su gente. Decir que los mató la gente de Arellano.

El suboficial Luis Araos Flores era el segundo jefe de la Sección de Inteligencia del regimiento “Arica” ese día 15 de octubre. Su jefe de Sección era el capitán Fernando Polanco Gallardo, uno de los condenados en el caso Ledjerman-Ávalos. Pero durante octubre de 1973, Polanco no estuvo en La Serena pues cumplía funciones en Santiago.

Señala Araos, el 11 de diciembre de 2008, en la causa Caravana-La Serena: “Le manifesté a Cheyre la necesidad de informar lo ocurrido mediante un bando. Yo recogí la información de las personas fallecidas (…) Redacté un bando en que se consignaba que con la comitiva que llegó (Arellano), se ejecutó a las siguientes personas y sus cadáveres fueron llevados a una fosa común. Posteriormente, con los años me percaté que el bando había sido alterado”. Según Araos, el bando estaba autorizado por Cheyre.

¿Qué dijo finalmente ese bando? “Se informa a la ciudadanía que hoy 16 de octubre de 1973, a las 16.00 horas, fueron ejecutadas las siguientes personas conforme a lo dispuesto por los Tribunales Militares en tiempo de Guerra”.

¿Cuáles Tribunales Militares, don Juan Emilio? ¿Hubo Consejo de Guerra? ¿Cuáles fueron los abogados defensores de los detenidos? Nada señor.

Pero es el suboficial Héctor Vallejos Birtiola, también integrante de la Sección de Inteligencia del regimiento “Arica” al día de la visita del escuadrón de Arellano por La Serena, quien aporta otro antecedente relevante respecto de Cheyre: “En octubre de 1973 el capitán Fernando Polanco (jefe de esta Sección) fue enviado a Santiago en comisión de servicio. A cargo de la Sección de Inteligencia quedó el teniente Juan Emilio Cheyre Espinoza, que también se desempeñaba como ayudante del comandante Lapostol. Nosotros teníamos que llevarle toda la documentación a Cheyre para que él determinara lo que había que hacer”. Entonces, de acuerdo a esta declaración judicial, Cheyre era el jefe de Inteligencia del regimiento cuando mataron a los 15 prisioneros.

¿Supo o no don Juan Emilio de los crímenes, si era además el jefe de Inteligencia del regimiento “Arica” a esa fecha?

A no ser que todos mientan, partiendo por el comandante Lapostol, de acuerdo a estas declaraciones judiciales queda claro que el general Cheyre estuvo siempre perfectamente informado de aquellos crímenes. Y aquel día necesariamente tuvo que cumplir un rol activo en ese episodio, sin necesidad de mancharse las manos de sangre disparando contra los prisioneros. Todos los asesinatos de la Caravana de la Muerte por el sur y el norte con más de cien víctimas, fueron operaciones de Inteligencia.

En estos crímenes de La Serena existe otro antecedente jamás aclarado hasta ahora judicialmente. Un oficial del regimiento “Arica” a octubre de 1973, Pedro Rodríguez Bustos, declaró en el proceso en diciembre de 1999 que Arellano obligó a los oficiales jóvenes de menor graduación de ese regimiento, a dar el “tiro de gracia” con sus pistolas a los ejecutados, mientras sus cuerpos yacían en el suelo. El antecedente es congruente con la forma de operar de Arellano, sobre todo en las ciudades de Copiapó, Antofagasta y Calama, donde enganchó oficiales jóvenes para matar junto a sus hombres. Entre los nombres de oficiales que Rodríguez Bustos mencionó en aquellos supuestos “tiros de gracia”, estuvo el de Cheyre y diez más. En el proceso, además del comandante Lapostol, son varios quienes coinciden en que, además de los disparos de armas largas, fusiles ametralladoras que portaban los hombres de Arellano, hubo tiros de “pistola o revólver”.

Pero Rodríguez no fue testigo directo de aquello. Estaba de franco ese 16 de octubre. Dijo que se lo relataron “impactados en largas conversaciones” sus compañeros del mismo regimiento, Guillermo Raby y Julio Lafourcade, “con los cuales existe una gran amistad”. Todos los nombrados negaron judicialmente el hecho, incluyendo a Cheyre. Después desacreditaron a Rodríguez argumentando que se trataba de una “venganza” contra Cheyre, pues el declarante había sido guardaespalda del jefe CNI Álvaro Corbalán, enemigo declarado del general Cheyre. Así quedó el episodio en el aire. Sin embargo un día, finalizada la dictadura, los cuerpos de los 15 prisioneros fueron desenterrados de la fosa común del cementerio de La Serena, y los protocolos de autopsia aclararon el episodio. Diez de los cráneos tienen un solo balazo de arma corta, de trayectoria “de arriba hacia abajo”. O sea, el que disparó estaba de pie y el prisionero en el suelo. Los “tiros de gracia” existieron de acuerdo a estos protocolos. Pero no se sabe quiénes los dispararon.

Hasta ahora, al general Juan Emilio Cheyre no se le ha demostrado procesalmente una responsabilidad penal en estos crímenes de lesa humanidad. Aunque su procesamiento fue solicitado a los tribunales por el abogado Cristián Cruz representando a los familiares de las 15 víctimas de La Serena, y está pendiente a resolverse en los próximos días por la Corte de Apelaciones de Santiago. Entre estos antecedentes inculpatorios, está una “felicitación” a Cheyre en su Hoja de Vida firmada por el propio general Sergio Arellano, quien lo califica como “uno de los mejores oficiales de la II División de Ejército”.

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