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Resumiendo

Derecha depresiva,  modelo moribundo.

La repentina bajada del candidato presidencial de la alianza gobernante, el UDI Pablo Longueira, deja al desnudo las flaquezas de la derecha y los límites del modelo dominante. La supuesta depresión que afectaría al fanático pinochetista, uno de los llamados duros dentro de la gama ultra conservadora de la clase política chilena, no hace sino evidenciar que el sistema está en franca debacle.

Párrafo aparte merece el patético espectáculo de complacencia que, a propósito de la bajada de Longueira, ha brindado la clase política. Los unos ensalzando las supuestas virtudes y cualidades de un individuo cuya práctica política histórica son un simple y brutal desmentido de la palabrería zalamera de sus aduladores; los otros, supuestos adversarios, hacen omisión del hecho no menor que el individuo en cuestión pretendía ser presidente de la república ocultando o a pesar de las patologías clínicas que le afectaran.

Esta depresión, o la patología que sea que afecte al engreído “coronel”, deja al descubierto que la derecha no logra resolver sus contradicciones y diferencias para tratar de salvar un sistema político y económico que se agrieta por todos lados. El modelito dictatorial, diseño y creación de la derecha más recalcitrante (y que las sucesivas administraciones concertacionistas se han esmerado en preservar, acicalar y adornar), ha sido puesto en jaque por la movilización social de los últimos años.

La respuesta de la clase política en su conjunto, con mayor fuerza por parte de la alianza derechista gobernante, ha sido la sistemática represión de los movimientos y movilizaciones sociales. Esta tendencia represiva ha ido en peligroso aumento, institucionalizándose como la forma normal de enfrentar los reclamos populares. La política represiva del actual gobierno se ha tornado particularmente virulenta, con intentos formales de legalizar las acciones represoras que rebasan el estado de derecho; en un afán burdo y extremo por perseguir, penalizar y criminalizar la movilización social.

Sin embargo, la política represiva no le ha producido a los gobernantes los resultados deseados, y buscados con dedicación plena desde el arribo del lote de los “coroneles” al gabinete. La movilización social no solo no ha sido derrotada sino que se ha dotado de más fuerza, de más contenido, de más radicalidad, de más extensión. Los objetivos y demandas de la población ya no se limitan solo a la reivindicación inmediata y directa que puede estar en el origen de un movimiento determinado, sino que en sus demandas exigen soluciones que apuntan a los pilares de sustentación del modelo económico o a pilares esenciales del ordenamiento político impuesto por la dictadura y defendido a rajatabla por la derecha dominante.

En este enfrentamiento de ideas y propuestas va resultando triunfador el movimiento social. Y esa es una buena noticia. La derecha se encuentra sumida en una suprema depresión. Ni el ejercicio del gobierno, ni la represión desaforada, ni la manipulación mediática, ni la guerra psicológica, ni maniobras distractoras, ni el incremento de las formas y alcances represivos, nada les ha dado resultado. Eso deprime a cualquier facho acostumbrado a mandar y exigir que sus decisiones se cumplan, acostumbrados a ser obedecidos, acostumbrados a tener unos administradores eficaces que supieron controlar y mantener a raya a las masas populares. Nada les ha dado resultado porque el movimiento social sigue en alza y planteando exigencias que afectan el corazón del modelo dictatorial empresarial: educación pública, gratuita y de calidad; salud pública oportuna, de calidad y gratuita; fin a las AFP y restablecer sistema previsional público que vele por los intereses de los afiliados; reforma al sistema tributario que garantice el pago de impuestos justos; renacionalización del cobre y riquezas mineras; renacionalización del agua; reforma al sistema electoral; asamblea constituyente; nueva constitución política; son solo algunos de los reclamos populares que provocan la depresión en la derecha y el espanto en el conjunto de la clase política.

La existencia y presencia del movimiento social obligó  a los poderes fácticos de la derecha a botar la candidatura de Golborne y levantar de sopetón la de Longueria, que se les cayó por el peso de sus propias flaquezas. Ahora, para defender lo suyo con lo suyo, pretenden enfrentar la debacle recurriendo a una de las más directas expresiones  de la dictadura como es la hija de uno de los miembros de la junta militar dictatorial. La derecha recalcitrante nunca se resigna a perder; como es y ha sido su historia seguirá defendiendo con dientes y uñas su malparida criatura.

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