La amenaza de Huachipato y la oportunidad de la Región

El 5 de Julio pasado, Mónica Aguilera, presidenta del sindicato nº1 de Huachipato anunció que Cap despediría a cerca de 500 trabajadores de la Unidad de Planos en Caliente y Alto Horno. La postura de Mónica fue la de los trabajadores, la defensa a toda costa del empleo, sin embargo, su postura se vio combatida por 6 dirigentes que priorizaban las indemnizaciones y el dialogo con la empresa, aislándola comunicacionalmente. Tres semanas después, los despidos se comenzaron a hacer efectivos.

La siderúrgica pasa por una crisis que los trabajadores no desean pagar. Entre los que promueven y ejecutan estas prácticas antisociales para nuestra Región, está un antiguo funcionario de la Cap estatal, trasvestido en presidente de Directorio de Cap privado: Roberto de Andraca. Acompañado del célebre Sven Von Appen, quien señaló hace un tiempo a la Segunda que a los chilenos les hacía falta una crisis económica, para volverlos a colocar en su lugar, debido a los constantes reclamos de la sociedad chilena.

La subcontratación y el empleo precario.

Tras su funcionamiento durante los 90 y la década pasada, la siderúrgica Huachipato adquirió las prácticas globales de abaratamiento de costos, a través de la precarización del empleo y aumento de la productividad. Si bien la empresa reporta pérdidas desde el año 2009, nada se dice de las utilidades generadas durante los años anteriores ¿en qué se invirtieron? ¿Cómo una empresa que controla el comercio del acero en el país habla de una crisis?

La subcontratación está extendida en la empresa. Las empresas que funcionan como palos blancos, esto es, con un rut distinto a la mandante Cap, pero Cap siendo su dueño- , hacen que haya trabajadores contratados por las empresas haciendo las mismas funciones que los contratados por Cap, con menos beneficios y salarios notoriamente más bajos. La práctica fue comentada por la presidenta del Sindicato en un canal regional, pero viene a ser eco de lo que hace años se denuncia.

Desde el año 2008 los subcontratados exigen que sean pasados a planta porque la ley de subcontratación  es violada por la empresa. Sus demandas no han sido escuchadas y continuamente Cap se ha desvinculados de estos trabajadores año tras año, y luego los recontrata. El 2009 por ejemplo, tras su movilización, señalaban a Resumen que ellos recibían órdenes directas de jefes de la empresa  y hacían el mismo trabajo que cualquier huachipatino, y que perdían la cuenta de cuantos eran los despidos.

El 2011, trabajadores movilizados denunciaban que Huachipato, progresivamente, ha reducido su personal de planta y ha aumentado considerablemente a los subcontratados, permitiendo que más de la mitad de los empleados sean de este tipo. “al querer ganar más plata cada día, la empresa busca hacer más eficiente y lucrativo su negocio. En esta línea hay más subcontratados que trabajadores de planta, pues al parecer la única forma de abaratar costos es manejar el tema de la mano de obra según la empresa, pues los trabajadores subcontratados son mucho más baratos que los huachipatinos” asevera un ex huachipatino. Asimismo Raúl Fierro, trabajador de la empresa contratista Newen, declaró en ese entonces “Para Huachipato nosotros somos mucho más baratos, pues nos pagan menos  y realizamos la misma pega que un trabajador de planta y además se desligan de la responsabilidad en la mantención de equipos e implementos de seguridad”.

Pero para los contratados tampoco ha sido tan fácil. El año 2009, trabajadores desvinculados denunciaron que la empresa los hizo firmar un papel señalando que era un finiquito por despido, cuando en realidad era una renuncia voluntaria, mediante la cual recibirían mucho menos dinero por años de servicio. Los trabajadores acusaron al sindicato de abandono de deberes y de engaño a la empresa. En esa oportunidad, el sindicato guardó silencio, al igual que lo hizo el año 2011, frente a despidos de contratados y subcontratados.

El tema del sindicato no es menor, dentro de las prácticas antisociales de este Holding empresarial, a cada dirigente electo, se le beneficiaba con prebendas como el ascenso de escalafón, un automóvil de regalo y el dinero para gastos de viáticos supera en valor a su sueldo. Bajo este acuerdo tácito, los dirigentes guardaban silencio, negando los despidos, y cuando la negación se hizo insostenible, culpando a la importación de acero chino. Ningún cuestionamiento a la empresa.

Estas prácticas de la empresa, con terribles consecuencias para los trabajadores, cuestionan la antigua visión del obrero huachipatino y su condición de bienestar, en una empresa estatal con trabajadores organizados y beneficios sociales. Hoy es una empresa privada, con mano de obra subcontratada y que no trepida, hoy 2013 en despedir 500 trabajadores.

La contaminación

Las malas prácticas no terminan en las malas condiciones laborales. La siderúrgica Huachipato ha sido denunciada una y otra vez por los vecinos de la Población Libertad quienes la señalan como la principal responsable de las enfermedades de la población. Fundamentalmente problemas respiratorios como asma crónica y continuas bronquitis, además de altas tasas de cáncer que son habituales en los vecinos de la población Libertad.

Hay estadísticas relacionadas con la salud y con la contaminación del lugar que las autoridades pertinentes conocen. Sin embargo, no se ha hecho nada. “Nuestra percepción -Agrega Ruth Romero, presidenta de la JJVV Libertad Norte- es que las autoridades se están enfrentando a empresas muy grandes y poderosas. Yo creo que aquí, y estamos seguros que es así, se está  primando la empresa, el capital por sobre las personas y el medioambiente”

Célebre es la demostración que hacen los vecinos para señalar que respiran metales pesados. Pasan imanes por sus techos o por el suelo, los que van atrapando pequeños trocitos de metales pesados que cotidianamente respiran.

El material particulado PM10 y PM2,5 es alto en toda el área pencopolitana y las medidas de descontaminación de los diversos gobiernos, muestran cierta complicidad con las empresas al no querer interrumpir sus procesos productivos para controlar las emanaciones. Y por otra parte, hay material particulado que ni siquiera se mide porque no está normado, pero igual o aún más dañino. Las medidas se quedan en lo simbólico del reciclaje y en lo tardío de la salud curativa.

Una apuesta por la salud  de los vecinos sería intervenir el proceso productivo de la planta, obligando a la empresa a invertir en tecnologías no contaminantes-filtros de mangas, Ciclones y separadores inerciales, Removedores húmedos, Precipitadores electrostáticos -. Muestra de que esto es posible, son  algunas de las principales competencias de Huachipato. Las acereras brasileñas, con mucha más inversión en infraestructura tecnológica no contaminante que permiten que no solo las poblaciones pobres vivan a su alrededor, sino que cualquier estrato socioeconómico.

La mefítica privatización.

La mano negra sobre Huachipato proviene desde la dictadura. La compañía, era parte de Cap, creada por la Corfo en el año 1946 como una empresa estratégica encargada de abastecer de Acero al mercado nacional. Una empresa emblemática en el proceso de industrialización del país bajo el modelo ISI -industrialización por sustitución de importaciones- con la intención de romper la dependencia de los mercados externos afectados por las duras crisis financieras de las guerras europeas. En vez de importar productos de acero, se extraerían las materias primas en el país, para manufacturarlas y ofrecer diversos productos de acero a la demanda nacional. Una estrategia de desarrollo del país.

Como todas las empresas estratégicas nacionales, Cap también fue víctima de una fraudulenta privatización. Tras la llegada de Hernán Büchi a su directorio, la empresa comenzó  a desintegrarse paulatinamente. SU primera medida fue transformar a Cap en una sociedad de inversiones en 1981, haciendo posible la entrada de privados, quienes se hicieron dueños del 16% de la Compañía a través de la compra de acciones “b” – las “a” eran de Corfo. Tras esto, entre 1984 y 1987, con Büchi como ministro de Hacienda, el directorio decidió sin motivo aparente suprimir el valor nominal de todas

sus acciones y terminar con la distinción entre A y B, lo que equivale a decir, que renunció a gran parte de su posesión para que los privados que tenían hasta ese momento el 16% de la empresa, tuvieran el 49% sin invertir ni un peso. Para coronar esta turbia estrategia y hacerse dueños mayoritarios de la empresa, mediante la farsa del “capitalismo popular” se vende a los trabajadores el 3% de acciones del Estado que le permitían ser socio controlador.

La guinda de la torta fue que los gerentes de la empresa pública, pasaron a ser gerentes de la privatizada Cap, cuyos controladores, obviamente estaban vinculados a los ministerios de la dictadura.

Finalmente, en julio de 1987, con los empresarios como socios controladores y con las corruptas prácticas de la dictadura, se enajenó por completo al Estado de las acciones en la empresa.

Según un informe de Contraloría del año 1990, Cap se vendió a 105 millones de dólares, cuando su valor era de 800 millones de dólares- es decir, al 13% de su valor-

No fueron los problemas económicos los que obligaron a la venta de Cap, sino la voraz ambición de empresarios y funcionarios de la Dictadura.

Una salida: estatización.

La estatización de Huachipato debiera ser una medida barajada por nuestra Región Muestra de que Huachipato no cambiará  sus prácticas es su historial de violaciones a la propiedad estatal, a las normas legales de subcontratación, y al derecho a vivir en un medio ambiente libre de contaminación-un derecho humano básico-

Nuestra región cuenta la infraestructura suficiente para emprender un camino de reindustrialización, similar en cuanto al desarrollo promovió por el modelo de sustitución de importaciones, pero con una industria que respete el medioambiente. De hecho la mayor parte de la industria local fue creada, no por obra de privados, sino por la Corfo. La mejora del empleo no vendrá automáticamente con la estatización de lo privado, de hecho en el sector público se ha vuelto predominante la subcontratación y el empleo precario, pero si con sindicatos organizados, con la comunidad organizada, que exija que los excedentes, no solo económicos sino que también sociales se dejen en nuestras comunas.

Una de las primeras medidas para conseguir este fin, es la protección de la industria nacional. Es decir, la renuncia a los tratados de libre comercio que han sido la condena de Bellavista, Gacel, Machasa, Caprice y otras tantas y la promoción de tratados de integración regional, basados en el respeto de los derechos de las personas y en los desarrollos de las comunidades locales.

Una Región ecológica, productiva y solidaria.

Fotos: Camila Lassalle

Sindicatos en lucha por el No a más despidos en Huachipato

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