La mala salud

El conocimiento en materia de salud adquirido en los últimos años  es sin duda un avance importante para el desarrollo humano; índices demográficos como la mortalidad infantil disminuida  y la esperanza de vida por sobre los 70 años son claros ejemplos de ello, el problema al parecer es que todo esto se basa en un modelo maquiavélico tomando como base la frase “el fin justifica los medios”. ¿Dónde está el real interés? en ¿la salud integral del pueblo? o en ¿la recuperación a medias de un ejército para que trabaje y produzca como debe?

Dentro de una sociedad de mercado la salud digna al igual que la mayoría de las necesidades básicas se encuentra en el anaquel de un supermercado, junto a educación de calidad y vivienda digna, es decir no son más que productos enlatados que intentan satisfacer necesidades superfluas.

Las ciencias necesitan un método empírico, la salud es una ciencia y el método requiere experimentación, a su vez esta necesita un chivo expiatorio, es decir  necesita una masa de gente que acepte probar un nuevo químico con el fin de tratar alguna dolencia; si se cobra por este es más fructífero aún; negocio redondo. Lo más probable es que el dolor de cabeza se te quite luego de un día extenuante de trabajo, a la semana tendrás que tomar el doble de pastillas, al mes lo más seguro es que no te haga ni cosquillas, ¿es realmente la solución del problema?, es difícil que lo sea si solo busca resolver un síntoma, una dolencia totalmente descontextualizada de la raíz del problema.

El ajetreo, el estrés, la contaminación acústica, las falsas promesas, la televisión, la farándula, ¡la fabulosa vida moderna! No se dispone del  tiempo ni la cultura suficiente para una búsqueda más integral de la etiología de la enfermedad,  somos seres completos y conectados, seres biopsicosociales en contacto con el entorno, al igual que el tropismo de las plantas buscamos nuestro sol, nuestro cuerpo reacciona frente a los estímulos, nos alerta: el dolor de cabeza no es el problema en sí, es más bien el producto de un desequilibrio, intentar solucionarlo dejando de lado la causa no es más que un placebo social.

Desde los pueblos prehispánicos hasta la actualidad, en cada comunidad ha existido quien cura: la machi, la curandera, el boticario y el médico, todos ellos con un saber particular, un saber que altruistamente comparten con la población, a partir de los principios activos de plantas, cortezas y raíces lograron descubrir los efectos y preparados específicos para cada dolencia, tanto del cuerpo como del alma, dentro de una cosmovisión del ser humano mucho más integra.

La salud de la población es un pilar fundamental dentro de la sociedad, tanto a nivel sociocultural como socioeconómico o productivo; es importante tener una cantidad mayor de población activa dedicada a la producción, es decir es imprescindible en la actualidad Chilena una clase obrera trabajadora sana que permita abastecer las necesidades de la población. Ahora bien, para que este sector productivo tenga una buena calidad de vida desde el punto biológico, el estado debe asegurar medidas de prevención y control de enfermedades tanto crónicas como agudas, lesiones y discapacidades. Lo anterior lo debe hacer mediante actividades de prevención y promoción, campañas sanitarias, prestaciones curativas y medicamentos, programas de alimentación y vacunas, licencias: por enfermedad, maternales, enfermedad hijo menor de un año y la administración, regulación y fiscalización de los sistemas de salud, pero para la correcta planificación de todas esas índoles dentro del sistema público es necesario antes hacer un correcto análisis de las falencias del sistema actual y la prevalencia de mobimortalidad que afecta a lxs Chilenxs en la actualidad; con esta información se llega al punto principal tal vez que da inicio a la problemática de la salud pública en Chile, la correcta distribución del PIB.

El producto interno bruto destinado a salud pública y privada debe ser suficiente para satisfacer las necesidades de la población, para satisfacer dichas necesidades el estado debiese garantizar tanto por la parte pública como la privada beneficios adecuados a los ingresos de los pacientes, evitando así desigualdades y discriminaciones en la atención por diferencia de clases, de este modo se podría decir sin pelos en la lengua que la salud en Chile es un derecho para cada persona sin distinciones ni exclusiones. Recalco el debiese.

El gasto en salud se financia primeramente por el gasto del bolsillo de un 40%, el cual incluye compra de remedios, toma de exámenes y copago de hospitalizaciones y consultas médicas; en segundo lugar el 7% de lascotizaciones de los trabajadores tanto para FONASA como para ISAPRE, el cual se traduce en un aporte total del gasto en salud del 35%, sorprendentemente en tercer lugar se encuentra el aporte fiscal de 8,4% aprox. del PIB; traduciéndose como un aporte del gasto en salud  del 25%. Es decir la principal fuente de financiamiento de la salud en Chile son las mismas familias chilenas que acuden a los servicios.

Ahora bien para una correcta distribución del PIB, es necesario analizar la distribución de población entre FONASA e ISAPRE; el 73% aprox. de la población está afiliada al sistema público para el cual se otorga un 4% aprox. del PIB, en tanto al 17% de la población beneficiaria del sistema privado  se le otorga un 4,4% aprox. del PIB; es decir se cuadriplica la cantidad de población para un aporte fiscal menor.

En tanto al “gasto del bolsillo” analizado per cápita se vislumbra un gran abismo nuevamente entre salud pública y privada, para la primera se estima un gasto de $320.000 aprox. versus el gasto de $ 750.000 aprox. Para afiliados de ISAPRE. Esto defiende por ende las diferencias entre ambos sistemas de salud, es decir defiende la relación directamente proporcional entre aporte del bolsillo y calida de atención dejando en claro que el derecho de salud en Chile esta en función del copago de las personas.

Pero Chile no está solo, ¿Cómo estamos en comparación con los países de la OCDE en cuanto al gasto del bolsillo? Francia lidera la lista positivamente con un aporte del 7% por parte de las familias, el promedio de la OCDE bordea el 20%, lamentablemente Chile después de México se encuentra liderando la lista negativamente y duplicando el gasto promedio de OCDE, con un aporte familiar del 40%. De todos los países de la OCDE sólo EE.UU , México y Chile tienen más gasto privado que público en materia de salud, junto con demostrar el mínimo ingreso otorgado  por el PIB comparado con el promedio; dentro de los países que pertenecen a la OCDE, Chile, Turquía y México son los con menor ingreso per cápita en salud, de los cuales Chile es el que tiene mayor gasto privado.

Estas cifras muestran que Chile es de los países más privatizados del mundo en materia de salud y que la principal fuente del financiamiento viene por parte de las mismas familias, sumándole a esto la mala calidad en sector público en desmedro de la alta demanda de éste. La salud en Chile es desigual, ¿Si a todos no duele igual por qué el tratamiento ha de diferir?

Desde inicios de la historia hasta hoy, la clase acomodada es privilegiada hasta en los aspectos más básicos del ser humano, salud, educación y vivienda; factores imprescindibles para un correcto desarrollo humano; mientras estos difieran según el ingreso, el color y el apellido habrá desigualdad, malos tratamientos, mala calidad de vida, depresión, estrés, gordura, suicidios, desmanes, infelicidad lo cual influye directamente en el talón de Aquiles del Estado, la producción.

Foto de Archivo. Trabajadores de la FENATS marchando el 26 de junio de 2013.

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