Suicidio de ex jefe CNI Odlanier Mena

En horas de la mañana de este sábado se quitó la vida en su departamento ubicado en la comuna de Las Condes el condenado ex jefe de la disuelta CNI Odlanier Rafael Mena Salinas. El ex jerarca represivo, que ostentaba el rango de general de ejército retirado, era uno de los 10 reos ocupantes del exclusivo Penal Cordillera que serían trasladados al Penal Punta Peuco producto de la decisión presidencial de cerrar el primero de los cuestionados recintos que albergan a los condenados por delitos de lesa humanidad y contra los derechos humanos cometidos durante la dictadura militar.

Mena Salinas se encontraba gozando del beneficio de salida de fin de semana por lo que la noche del viernes abandonaba el penal y debía presentarse de regreso los domingos en la noche. Personal de gendarmería explicó que a pesar del eminente traslado de lugar de reclusión la medida de salida no tenía por qué ser cancelada dado que el reo no había cometido faltas o generado situaciones que motivaran la suspensión del beneficio. Por esa razón, el ex jerarca militar se encontraba en su domicilio en donde decidió auto eliminarse.

Este hecho puede considerarse una muestra evidente de que los privilegios y prebendas de que gozan los ocupantes del Penal Cordillera son de tal dimensión que la sola idea de dejar de tenerlos genera en los reos beneficiarios crisis existenciales y vivenciales. Parece ser que los privilegios y beneficios de que gozan los condenados ocupantes del Penal Punta Peuco ya representan una afrenta para los conspicuos, engreídos y arrogantes criminales del Cordillera.

En este escenario hay que tener presente que los ocupantes de los penales Cordillera y Punta Peuco son prominentes y efectivos criminales que han sido enjuiciados, procesados y condenados por los tribunales de justicia, conforme a la ley y con “criterios comprensivos” (penas bajas en relación a los delitos de que se les ha acusado) y “leguleyadas” inventadas para beneficiar con mano blanda a estos condenados (como la “media prescripción” que es una figura sui géneris que idearon ciertos ministros de cortes para congraciarse con los poderes fácticos). Es decir, no se trata de individuos que cometieron delitos comunes, sino de criminales que cometieron delitos de lesa humanidad, contra los derechos humanos.

Mena Salinas estaba condenado, desde el 2008, a la pena de seis (6) años de presidio por el secuestro y asesinato de tres personas durante el paso de la Caravana de la Muerte por la zona de Arica. En ese episodio fueron ejecutados los militantes socialistas Oscar Ripoli, Manuel Donoso y Julio Valenzuela. El año 2011, el recluso accedió a beneficios de salida dominical.

Si bien esta era la única condena que afectaba a Mena no era lo único que le preocupaba. Estaba siendo procesado en otras causas y sabía que se le venían otras causas encima. Su paso como jefe del organismo represor no fue un mero trámite burocrático. Odlanier Mena sucedió a Manuel Contreras en la dirección de la CNI en noviembre de 1977 y permaneció en el cargo hasta julio de 1980. En agosto del 77 se puso término legal a la DINA, organismo que adopta el nombre de CNI, y su jefe continuó siendo Manuel Contreras hasta noviembre de ese año. Son los acontecimientos judiciales producidos en Washington, a raíz del asesinato cometido por la DINA de Orlando Letelier, que obligan a Pinochet a sacar a su protegido de la jefatura de las labores represivas y poner en su lugar a otro probado oficial de confianza del tirano. Antes que eso, Mena había sido jefe de la Dirección de Inteligencia del Ejército (DINE) pero renunció al cargo porque no quiso someterse al mando de Contreras, puesto que Pinochet le anunció que la DINA tendría mando sobre todos los entes de inteligencia de las fuerzas armadas. Renunció y a raíz de este hecho se han tejido mitos acerca de sus rencillas con el Mamo Contreras y sus supuestas diferencias acerca de los métodos represivos. En consuelo fue designado por el dictador como embajador en Paraguay. Desde allá regresó en 1977 para hacerse cargo de la CNI.

Una de las tareas más relevantes que cumplió Mena apenas arribado al mando del aparato represivo fue la “Operación Retiro de Televisores” ordenada por Pinochet luego de los hallazgos ocurridos en los Hornos de Llonquén, en donde se descubrieron los cadáveres de una decena de detenidos desaparecidos. La CNI, al mando de Mena, comandó, coordinó y ejecutó en todo el país la operación consistente en desenterrar los muertos de innumerables sepulturas clandestinas a lo largo del territorio y volver a hacer desaparecer sus restos. Los detenidos desaparecidos fueron hechos desaparecer por segunda vez. Esa fue la gran misión de Mena y por esto hechos se le avecinaban nuevos juicios en su contra.

Su segundo gran aporte represivo consistió en reemplazar el método de desaparición de prisioneros políticos por el de los falsos enfrentamientos, es decir, detener a los ciudadanos contrarios al régimen en lugar de detenerlos y ejecutarlos luego. Replicando el montaje que ya había realizado en el aludido episodio Arica de la Caravana de La Muerte, Mena introdujo éste método criminal en las prácticas represivas de la CNI. En diciembre de 1977, los agentes de Mena ejecutaron al periodista, miembro del MIR, Augusto Carmona Acevedo. Por este crimen en mayo de 2013 el ministro de fuero Leopoldo Llanos encargó reos como autores del delito de lesa humanidad a Odlanier Mena Salinas, a los ex brigadieres de ejército Miguel Krassnoff y Manuel Provis Carrasco, al ex mayor de ejército Enrique Sandoval Arancibia, y al agente civil Luis Torres Méndez. También fueron encausados como autores los ex suboficiales de ejército José Fuentes Torres y Basclay Zapata, junto a Teresa Osorio Navarro, empleada civil de la Armada. Otros agentes involucrados en el asesinato ya habían fallecido.

Además, Mena estaba siendo procesado en la causa por el homicidio del profesor Federico Álvarez Santibáñez cometido en agosto de 1979. Pendientes estaban los posibles procesamientos por los crímenes de Germán Cortés Rodríguez, muerto en falso enfrentamiento, y José Jara Aravena, muerto a consecuencia de las torturas a que fue sometido por los agentes de la CNI.

Es de esperar que el suicidio de este criminal no haga cambiar la decisión del traslado de los ocupantes del Penal Cordillera. Por ahora, el principio de igualdad ante la ley sigue siendo solo una frase vacía.

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