[Testimonio] La última Ronda

Carlos era un vecino del barrio que tenía un taller de estructuras metálicas. En cierta oportunidad, fue víctima de un robo, el que pedí investigar  pues se había  efectuado a un  par  de  cuadras de mi casa.  La investigación  culminó positivamente,   con la detención de los autores y la recuperación de todas las especies robadas. 

Cierta tarde, le comenté que debía hacer unas diligencias y que no había vehículo para ello. El se adelantó a mi petición y se ofreció a hacer ese  “patrullaje”, en su citroneta marca Azam de color crema. ¡Ya pu! Vamos en mi huachita, refiriéndose a su “citrola” con orgullo. 

Pasamos  a buscar a Ruperto Arriagada a su pensión y comenzamos la ronda policial, a las 0,00 del día 11 de Septiembre de 1973. Todo se veía normal hasta cerca de las dos de la madrugada, cuando en calle Cruz al llegar a Tucapel, nos encontramos con un tumulto de personas que apagaban un principio de incendio que afectaba a un camión que se encontraba estacionado apegado a la cuneta. Testigos que entrevistamos, nos dijeron que desde un automóvil,  Peugeot de color celeste claro o blanco invierno, lanzaron una bomba molotov, contra la cabina y se dieron a la fuga, por calle Tucapel.

-Es una represalia pues el dueño del camión no se sumó al paro de camioneros, deben ser “momios” de “Patria y Libertad”, decían los vecinos. 

Seguimos nuestra ronda y cerca de las tres y media de la madrugada, llegando a la esquina de Orompello con Barros Arana, se nos acercaba a gran velocidad un auto con las características del vehículo incendiario. Nos cruzamos en la calle frente al Teatro Concepción e interceptamos a un Peugeot celeste, hicimos bajar a sus ocupantes. Revisamos el interior del vehículo y el portamaletas, sin encontrar algún artefacto que permitiera sospechar alguna relación con el siniestro del camión, sólo unas salpicaduras oleaginosas en su parte delantera derecha….pero ninguna prueba.

Uno de los ocupantes de este vehículo con patente del Yerbas Buenas, era nada menos que el dueño del Hotel El Dorado, quien a principios del 72, acogió como pasajero al conocido mercenario internacional y agente de la CIA., Michael Townley, junto a dos ingenieros electrónicos, que se instalaron en Concepción, para neutralizar interferencias que afectaban a Canal 5, canal regional dependiente de canal 13 de la Universidad Católica. Operación que terminó con la muerte de el cuidador del inmueble desde donde se hacían las citadas interferencias. Este al parecer es el primer crimen que comete Townley en Chile, fuera de los conocidos crímenes por atentado explosivo ordenados por la DINA, que mataron a Orlando Letelier en los Estados Unidos y al General Carlos Prat en Argentina. 

La investigación del Caso mencionado, determinó que Michael Townley, llegó a esta ciudad, enviado por el Cura Hasbún, para que se contactase con Carlos De La Sotta, Director de Canal 5, para neutralizar efectivamente, las interferencias al canal regional. ¡Que poco católica las conexiones de este cura, con este mercenario! 

La ronda terminó un cuarto para las siete de la mañana, hora que nos retiramos con el detective Arriagada a nuestros domicilios, para dormir por lo menos hasta el medio día. 

Me despertaron unos zamarreos y los bandos de la Junta Militar, que emitía una radio

Portátil, que pusieron en mi velador a volumen de despertador. Salté de la cama a la vez que pensaba: ¡está  quedando la cagá!. 

Lo primero fue dirigirme a la Empresa Aga Chile,  donde trabajaba mi hermano Oscar. La empresa, era el centro operativo del Cordón Industrial Andalién (por su cercanía a la estación de ferrocarriles) Estos cordones, era una especie de órgano colectivista de poder popular, para defender como organización política, al gobierno del presidente Allende. Al ingresar al recinto y ubicar a mi hermano, se encontraban en el lugar dirigentes de la CUT regional, inquiriendo si se tenía algún tipo de armamento, para ofrecer resistencia al golpe de estado. No había armas, nadie tenía armas. 

Nos avisan que por la calle Rengo, se aproxima un camión con “milicos”. Yo que me crié en ese barrio hice salir al grupo  por los patios traseros que conducían a la calle Lincoyán y desde ahí hacia la estación Andalién, donde me despedí del grupo, previo aconsejarles que se dispersaran. 

Me disponía a ingresar al cuartel de Investigaciones, pero un paco que se encontraba en la puerta, cruza sobre mi pecho su fusil y me impide el ingreso. Saco mi placa y se la coloco frente a su rostro, bajó su fusil y me permitió el ingreso. La sala estaba llena de pacos, parecía Cuartel de Carabineros.

¡Manos arriba, nombre y grado en voz alta! Grita un capitán. No le hago caso.

¡Manos arriba, nombre y grado en voz alta! Repite el capitán. Permanezco en la misma posición, manos a mis costados y en silencio. Sentí un fuerte culatazo a la altura de mis riñones. Yo sostenía en mi mano derecha un cuaderno empastado de cien hojas y con tapas de cartón grueso, instintivamente y con un giro de mi cuerpo descargo un golpe en el rostro del paco que al parecer me golpeó, saltó la sangre. Simultáneamente, recibí culatazos y patadas, en fracciones de segundo me tiran contra la pared y me esposan con grilletes con mis manos en la espalda. 

El  bullicio, hizo aparecer al Comisario y jefe de la BH ( Brigada de Homicidios ) don Mayo Balza, quien despectivamente dio mi nombre completo y grado, a la vez que les indicó “este sería uno de los huevones que habría que echarse! El capitán llama a dos pacos y les ordena ¡Llévenlo al lugar indicado! 

Me tomaron de los brazos y me tiraron cordialmente, al interior de un furgón. Alrededor de una hora, mas tarde, se abre la puerta por fuera y me hacen bajar, me sacan las esposas, y me da la bienvenida un cosaco. Ahí reconozco el lugar, estamos en el Molo 500 de la Base Naval de Talcahuano. 

¡Vos negro, siempre llegando atrasado! Risas. Eran mis colegas, que estaban contra la pared y apuntados por los fusiles de los Cosacos, de rostros pintados y con ramas colgando de sus cascos.

¿Sabis que mierda está pasando? Me preguntó uno.

¡No sé nada! Me detuvieron en el cuartel y después me metieron a un furgón y luego me dejan aquí, así que no sé mas que ustedes, les contesté. 

¡Los que nombre se colocan a mi derecha! Ordenó un cosaco.

¡El resto giro a la izquierda y de frente mar! Gritó el mismo cosaco. Justo nos fuimos de frente al mar, nos subieron a un transbordador y desde ahí, rumbo desconocido. 

Al final el rumbo fue conocido, íbamos hacia la Isla Quiriquina. Nos bajaron de la embarcación y desde ahí  hasta el gimnasio de la Escuela de Grumetes. Alrededor de las 14.45 horas colonizábamos la isla en calidad de Presos Políticos. Mas tarde en la medida que llegaban nuevos presos, se rumoreaba: Fuerzas leales a Allende marchan sobre Santiago. Dicen que mataron al presidente Allende. 

Esa noche cerraron las puertas por fuera, dejando en el interior algunos baldes para hacer nuestras necesidades. Detrás de uno de  los arcos del gimnasio se instaló una ametralladora y un foco que iluminaba todo el recinto. En las mañanas había que formarse y enumerarse frente a las literas, luego teníamos unos minutos para “echar la corta”, lavarnos la cara y luego formarnos y enumerarnos

de nuevo y  al desayuno. Después salíamos al aire libre a una cancha de fútbol, donde la entretención era buscar unas piedras tableadas y filudas, y escoger las mejores con las cuales jugábamos al tejo.

¡Que apostamos! El que gana queda en libertad. Risas. 

Un gran inconveniente, era ocupar los baños, que se hacían pocos para la cantidad de detenidos, por lo que se debía hacer largas colas, para acceder a ellos. Si agregamos el hecho de que se le quitaron las puertas a los baños, mucha gente al verse expuesta su intimidad, como en vitrina, frente a los cosacos, que se movilizaban dentro del recinto con sus fusiles, se bloqueaban y debían hacer de nuevos las colas. 

Se rumoreaba que ya se estaba torturando en la isla. Dicen que los tiran dentro de tambores desde los cerros a la playa. Dicen que los meten en unas cuevas para que pierdan la noción del tiempo. Dicen que los llevan a altamar les rajan la guata y los lanzar al agua para que no floten. 

El día 28 de Septiembre, nos hacen formar a los detectives, que a esa altura, éramos una docena (nos decían los doce apóstoles) y nos condujeron al transbordador y de nuevo al continente. En un bus de la Base Naval, nos llevaron hasta la Intendencia, donde W. Carrasco, intendente, nos explicó que Chile era una embarcación que sin mando serio iba a la deriva, hacia los roqueríos y antes de naufragar, las fuerzas armadas tomaron el timón de la nave a la llevaron mar adentro para así salvarla. Que haríamos una semana de detención domiciliaria donde se nos seguiría investigando y después podríamos volver al servicio, siempre y cuando no estuviéramos  “metidos en cosas raras”. 

Mas tarde nos llevaron hasta el cuartel, recuerdo como si fuera hoy, cuando me encontré con el flaco Bustos, me saludó con un afectuoso abrazo, era colega y amigo. Lo abordé diciéndole: Flaco, lo primero que tienes que hacer es cortarte la barba. En todos los recintos había afiches con el dibujo de un cubano con quepis, barba, unas moscas revoloteando sobre su rostro y empuñando una metralleta.

¡Ni cagando! Si los huevones me ordenan que me la corte, me voy del servicio.

Acuérdate flaco que te tienen ganas y estas mas seguro dentro del servicio, le contesté.

¡Ya negro! Cambiemos de tema. Mejor conversamos de nuestras experiencias. 

Mas tarde nos fueron a repartir a nuestras casas. Cuando llegué a la mía, preferí no llamar a la puerta, salté el cerco y me fui hasta le ventana de la cocina, miré sigilosamente hacia el interior, todo se venía, como tantas veces me imaginé volando desde la isla, mis hijos a esa hora debían estar acostados. Me arrepentí de haber entrado de esa forma, ya que mi aparición de improviso podría asustar. Volví de nuevo hacia la puerta, salté de nuevo el cerco y desde el exterior, toque el timbre y esperé que abrieran. Es extraña la alegría con llantos. 

**********

¡Negro despierta! Viene tu amigo Gabriel.

Algo aturdido, creía que todavía estaba ocupando la litera del tercer piso para dormir.

Me vestí y bajé al living a saludar a mí también colega y gran amigo.

¡Hola compadre!

¡Hola negro!

El abrazo correspondiente. Pero noté  algo raro en mi compadre, algo lo preocupaba.

Traigo malas noticias.

No digai que me van a meter preso de nuevo, porque si es así, gracias por el aviso y aprieto Cachete.

¡Anoche mataron al flaco Bustos!

¿Me está hueviando compadre?

Anoche salieron a hacer un operativo, cerca del regimiento Chacabuco y un camión que se disponía a entrar al recinto, vió a civiles en la vía pública, por lo que prepararon sus fusiles y se dirigieron  hacia el grupo de colegas, quienes al ver el vehículo militar, levantaron sus manos y mostrando sus placas les gritaron que eran detectives y que se encontraban en el lugar haciendo un operativo. El capitán que iba al mando se bajó del vehículo y constató que efectivamente eran funcionarios de investigaciones. El flaco Bustos, que se encontraba a la vuelta de la esquina, cubriendo una posible fuga por las ventanas laterales, atraído por los gritos, se acerca hacia el grupo, llevando una metralleta terciada sobre el pecho, cuando lo ve un conscripto y grita: ¡Cuidado la Metralleta!., levanta su fusil y dispara  hacia el cuerpo del flaco, quien instintivamente gira su cuerpo de costado y una bala le atraviesa, matándolo instantáneamente. Después se armó un tiroteo de los mil demonios todos disparaban y…………

Mi compadre seguía relatando, pero yo ya no escuchaba.

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