Anoche murió el periodista Jorje Alejandro Lagos Nilsson

Tras larga y prolongada agonía, anoche (29/9) falleció Jorje Alejandro Lagos Nilsson (Jaln), notable periodista y analista político, gran poeta, además ensayista, novelista y amigo entrañable. Murió a las 23:35 horas en su hogar de Erasmo Escala 2474-B, Santiago Centro (la calle es paralela a Moneda y su casa está cerca del Metro Cumming), donde están velándose sus restos.

La familia, entretanto, realiza los trámites legales para sepultarlo mañana martes en horas de la tarde, “después de almuerzo”, en el Cementerio General.

Nacido en Punta Arenas (1941), Jorje llegó a Santiago a estudiar derecho en la Universidad de Chile, aunque pronto prefirió volcarse a la poesía y el periodismo, rubros no incompatibles que acometió con entusiasmo hasta el fin de sus días.

Como testimonio de su quehacer literario y periodístico dejó una decena de libros y miles de artículos en decenas de medios latinoamericanos. Los más recientes pueden hallarse en el portal www.Surysur.net, que levantó hace casi una década con Aram Aharonian y Rodrigo Vergara.

En el gobierno de Allende trabajó en la radio El Loa de Calama, cerca del mineral de cobre de Chuquicamata. Vivió el exilio 1974-2003 en México, 1976-1983; Venezuela, 1976-1983; y Argentina, 1984-2003.

En 2001 fue publicado su poemario “Altamar/bajamar” en la revista Fronteras, del Instituto Tecnológico de Costa Rica. En Argentina fundó la revista de papel e Internet “Piel de Leopardo” y en Chile, “Ediciones del Leopardo”, que publicó varios títulos. Después, sacó adelante Ediciones Pájaro Negro, con su hija Alejandra Lagos Werth.

Jorje regresó a Chile a fines de 2003 para trabajar hasta 2004 como jefe de redacción del diario electrónico ElMostrador.cl, cuya política editorial terminó por expulsarlo tras un oscuro “aumento de capital” de la empresa que rebajó la participación accionaría que sustentaba el empleo de Jorje.

Dejó numerosos libros inéditos, la mayoría ensayos y algunos de ficción como la “Novela de la lluvia”. Entre otros libros publicó “Breve historia del pensamiento social” (Editorial Claridad, Argentina, 1988); “Contracultura y provocación” (Editorial Al frente, Argentina, 1989); con Sylvia Vergara, también de Magallanes, hizo el “Breve diccionario del habla popular” (Ediciones del Leopardo, 2002), y “Corazón de la alquimia” (publicación conjunta de Ediciones Nueva Generación y Ediciones del Leopardo, 2003).

“Pasaje de salida”, poesía, fue publicado en México, a fines de los ’70; “Percepción del tránsito”, poemas, apareció en Caracas, también a fines de los ’70; “Contracultura y provocación”, ensayos publicados en Argentina; “Arca de la Alianza”, poesía, Chile; y “Zaga”, poesía, Chile.

En Argentina también hizo periodismo en Editorial Perfil y el periódico del mismo nombre. En Buenos Aires conoció (1996) al colega chileno Camilo Taufic, con quien fue muy solidario hasta que murió en Chillán en junio 2012. Cuando en enero lo visitamos con Aharonian y Vergara, por las radiografías y datos de salud que nos mostró nos enteramos de la gravedad de sus males… Rodrigo se hizo cargo de los gastos de salud, funeral y entierro.

El lunes 20 de marzo de 2006, Jorje escribió la semblanza y necrología de Pepe Bózic, otro periodista de Punta Arenas, que también se fue súbitamente. Lo que Jorje escribiera hace más de 7 años en memoria de Bózic fue un texto premonitorio, válido hoy para él mismo, con todas sus letras:

“Hoy supimos que el Bózic partió. Por mucho tiempo el vino no sabrá a nada. Nunca haremos ese viaje que nos prometimos a Magallanes. Habíamos comprendido el valor del silencio de la amistad, pero nada me preparó para su callar definitivo. Nos conocimos cuando niños en Punta Arenas una tarde de otoño en un sitio baldío en la esquina de las calles Chiloé y Fagnano. Allí se jugaban largos partidos de fútbol, ¿que solían terminar con aparatosas reyertas? No teníamos más de ocho o nueve años. Participábamos poco, casi nunca, en las “pichangas”: ninguno de los dos tenía habilidades con la pelota, ni entre las piedras que solían marcar los arcos. Charlábamos. Pepe es el último de los amigos de infancia que me queda. Que me quedaba. Nunca terminó sus estudios de periodismo en la Universidad de Chile. No lo necesitó. Esta actividad que le come a uno la piel y los ojos le ardía: fue su única vocación y, de algún modo misterioso, me empujó también a ella.

“Jamás pretendió nada, lo suyo era dar. Beber una larga cerveza, comer a cualquier hora, oír lo que podían querer decirle. Respetar al prójimo. No mereció, desde luego, que lo embarcaran, en las condiciones en que todos fueron embarcados, y lo depositaran en esa isla en medio del Estrecho para cumplir la pena de ser peligroso en tiempos de golpe, tortura y negación de la persona humana. Pepe fue socialista toda su vida. Dawson no lo aniquiló”.

Y Jorje no estuvo preso, pero sufrió la desaparición de su hermana y otros golpes de la dictadura cívico-militar que impusieron los dueños civiles de Chile que después tiraron a los miliares al tacho, como un pañuelo sucio.

A Jorje no lo aniquiló el golpe, ni la pérdida de su hermana Gloria Esther –detenida desaparecida que trabajaba en La Moneda–, ni el exilio en México, Venezuela y Argentina, junto a su esposa Luisa Werth, sus hijas Alejandra y Selene, y también su sobrina Marcela Mesa Lagos, hija de Gloria Esther, victima de la dictadura y de la desidia del poder judicial que la secundó. Esta gran familia lo acompañó en su largo tránsito a la muerte.

Al igual que Pepe Bózic, Jorje  también fue socialista, pero de los antiguos, los izquierdistas como Salvador Allende, aquellos que nunca se “renovaron” para abandonar sus compromisos con el trabajo para ponerse al servicio del (gran) capital.

*) Ernesto Carmona, periodista y escritor chileno.

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