Crónica de Ruperto Concha: Océanos en quiebra

PARTE 1

PARTE 2

En los últimos días, los medios mostraron como una simple curiosidad el hallazgo de algo que parecía una serpiente marina, de unos seis metros de largo, cuyo cadáver estaba varado en una playa de California.

Dos días después apareció el cadáver de un segundo ejemplar, de cinco metros de largo. Una niñita inteligente, de 9 años, llamada Alexandria, que estaba mirando mientras sacaban el enorme cadáver, dijo que a ella le parecía que “se trata de una especie de enorme anguila gigante, con la piel todavía color plata que tienen muchos pescaditos”.

Los biólogos marinos que revisaron ambos hallazgos señalaron que se trataba de algo muy insólito, extremadamente raro de encontrar, ya que los cuerpos corresponden a lo que los marinos y pescadores conocen como el Pez Remo, que efectivamente es una suerte de anguila que puede llegar a medir hasta 12 metros de largo.

Por cierto un pez de ese tamaño puede engullirse a un ser humano tan fácilmente como podría hacerlo uno de esos enormes tiburones blancos… Pero en realidad es completamente imposible que un veraneante pueda toparse cara a cara con un Pez Remo, por la sencilla razón de que él habita en las honduras del océano, entre dos mil y tres mil metros de profundidad, planeando sinuosamente sobre las llanuras y los desfiladeros del fondo del mar.

Es decir, en su medio natural, su sangre y su respiración están perfectamente adaptadas para funcionar sometidas a una presión de tres toneladas sobre cada centímetro cuadrado de su cuerpo. Una presión suficiente para estrujar incluso a los más potentes submarinos nucleares, como si fueran tarritos vacíos.

Bueno, todos sabemos cuáles son los efectos de la descompresión sobre un organismo vivo. Los buzos necesitan el auxilio de las llamadas “cámaras de descompresión”, en las que su sangre puede liberar gradualmente las moléculas de nitrógeno que la presión embutió en sus venas.

Y eso, cuando se han sumergido a menos de cien metros y la presión que han soportado es apenas una treintava parte de la presión que soportan aquellos peces.

¿Cómo es entonces que esos enormes peces aparecieron a unos pocos metros bajo la superficie? La respuesta era obvia. Aquellos peces habían llegado muertos o agonizando. Al parecer en su interior se produjeron gases que impulsaron sus cuerpos hacia arriba, en una especie de vuelo fúnebre.

Pero ¿qué fue lo que los mató?… ¿Por qué antes sólo se habían reportado rarísimos hallazgos de sus cuerpos, alguna que otra vez a lo largo de siglos, y ahora, en un par de días, aparecen dos, tan cerca uno de otro, arrastrados por el oleaje?

Hasta ahora los biólogos marinos están analizando exhaustivamente aquellos cuerpos, sin lograr aún precisar una causa específica de muerte. Sólo se han formulado conjeturas.

Una de las tesis es que podrían haber sido alcanzados por la erupción de un volcán submarino, o por la abertura de una grieta en el fondo del mar que hubiese emitido gases tóxicos.

Pero los instrumentos que vigilan el fondo marino, especialmente los sismógrafos y ecosondas, no han indicado ningún accidente geológico significativo.

Otros han conjeturado que esos peces, como otros animales marinos, perciben los sonidos y las vibraciones precursoras de un terremoto o una erupción, y posiblemente sintieron pánico y se lanzaron en una huída de terror mortal.

Pero hasta aquí, esa suposición se mantiene en el terreno de las leyendas de misterio.

Pero lo que sí se sabe es que el recalentamiento planetario, por el efecto invernadero, es absorbido en un 92% por las aguas oceánicas, que van aumentando su temperatura hasta profundidades cada vez mayores.

Con ello, esas aguas disminuyen su capacidad de contener el oxígeno disuelto que respiran los peces, moluscos, artrópodos y demás animales marinos de sangre fría.

Asímismo, el exceso de anhídrido carbónico que absorben los océanos, se combina formando ácido carbónico y otros compuestos que elevan la acidificación del agua, lo que, ciertamente tiene efectos en el metabolismo de la fauna oceánica.

Y, finalmente, se ha detectado que el fondo marino está recibiendo permanentemente te una verdadera lluvia de desechos inorgánicos, polución química que incluye metales pesados y compuestos venenosos.

Así, la muerte de aquellos grandes peces de las profundidades viene a sumarse a otros fenómenos siniestros que están detectando los hombres de ciencia y las autoridades marítimas.

Fíjese Ud. que desde hace ya tres años, en todos los océanos se ha detectado un enorme aumento de la población de medusas, esos seres gelatinosos, depredadores, cuyas especies van desde gigantas de varios metros de diámetro, hasta las diminutas medusas Irukanyi, llamadas “avispas de mar”, de sólo un centímetro, cuya picadura es mortal para los seres humanos, provoca la muerte en medio de dolores atroces, y no se ha encontrado un antídoto para su veneno.

En los balnearios elegantes del Mediterráneo, lo mismo que en la costa de Inglaterra y en la costa atlántica de Estados Unidos, se están produciendo periódicamente, en los últimos años, invasiones de medusas urticantes, entre las cuales se cuenta otra gigantona provista de veneno mortal.

Se trata de la llamada Fragata, de más de un metro de diámetro, con vivos colores como blondas de encajes, bajo los cuales vibran centenares de filamentos venenosos que son también mortales para los seres humanos.

Por cierto, en su mayoría las medusas sólo tienen un veneno cuyos efectos son relativamente suaves en la gente. Una picadura leve puede producir sólo urticaria, pero si el contacto es intenso y numeroso, y se reciben muchas picaduras, la toxina producirá reacciones alérgicas graves e incluso el llamado “shock anafiláctico”, que es potencialmente mortal.

En el océano Pacífico, sobre todo en las zonas más sobreexplotadas por la pesca industrial, a menudo las redes salen cargadas con cientos de toneladas de medusas, y los pescadores generalmente las destrozan a machetazos y las devuelven al mar. Lo que esos pescadores ignoran es que cada uno de los pedazos de una medusa es capaz de generar otra medusa completa. De hecho, en las angustias de la muerte, las medusas inician automáticamente su proceso de reproducción.

Pero lo más importante de la proliferación de medusas, es que se trata de animales capaces de alimentarse con podredumbre, residuos e incluso materias tóxicas. Las medusas proliferan allí donde los peces que no mueren logran sobrevivir sólo en forma mísera.

Es decir, las medusas son el signo más evidente de la degradación y el deterioro de los océanos.

La otra señal dolorosa de que nuestros océanos están precipitándose en la ruina, es lo que está ocurriendo con esos maravillosos y aafectuosos amigos del hombre, que son los delfines. Aquellos delfines que los japoneses asesinan en forma cuya crueldad aumenta por la manera torpe y despiadada en que los descuartizan estando todavía vivos.

Pues bien, según informa la revista Live Science, en los últimos meses se han producido una y otra vez grandes varazones de delfines. En la costa atlántica de Estados Unidos, donde se encuentran los más elegantes balnearios de la aristocracia norteamericana, en las últimas semanas se ha reportado la muerte de 550 delfines de esa raza juguetona con “nariz de botella”.

Y están recolectando cada vez nuevos casos en que estos animalitos se lanzan contra la costa en un movimiento que parece suicida.

Por supuesto se sabe que siempre hay casos en que uno o varios cetáceos varan en las playas. Pero jamás antes se había registrado un número tan alto de delfines que parecen buscar la muerte por causas todavía inexplicadas.

Las autopsias han revelado en muchos casos la presencia de gérmenes patógenos, en especial el llamado morbillivirus, pero, tratándose de una infección conocida, los veterinarios están desconcertados por el carácter epidémico que ha alcanzado.

Los biólogos han detectado que la alteración de las aguas costeras en la costa atlántica de Estados Unidos, está debilitando los sistemas inmunológicos de los delfines y otros cetáceos, así como los pinípedos, focas y lobos marinos.

Los desagües y desbordamientos provenientes de tierra están saturando el agua marina con residuos de herbicidas y plaguicidas agrícolas, junto a restos de fertilizantes que se degradan y recombinan en contacto con el agua de mar.

De hecho, una parte grande de las biotoxinas que ingieren esos animalitos junto con su alimento natural, se acumula en los depósitos de grasa, y va elevando su concentración tóxica.

También los biólogos marinos que operan en el Golfo de México informan haber detectado acumulaciones de esas toxinas en los delfines de otras razas. Algunas toxinas se originan en desechos producidos por el hombre, y otras con floraciones de algas que han aumentado exponencialmente debido al cambio climático y la elevación de la temperatura del agua de mar.

Es decir, directa y también indirectamente, la plaga que está diezmando a los delfines y las focas, tiene su origen en la actividad humana y sus residuos.

En Estados Unidos, la atención política está centrada en la crisis económica, la crisis social y el desastre de la política exterior de su país. Y es por ello que resonó con muchísima fuerza la declaración del miércoles pasado, del senador independiente Bernie Sanders, de Vermont, afirmando que la amenaza que plantea el cambio climático, es muchísimo más grave que la amenaza de Al Qaeda y todo el terrorismo mundial.

Entrevistado por la célebre revista Playboy, el senador Sanders señaló que las megaempresas vinculadas al petróleo y el carbón han llegado a acumular una influencia desastrosa y desmesurada en el Congreso de Estados Unidos.

Se trata de mega empresas que planifican en forma miope, sin atender más que al lucro a corto plazo. Y es ese lobby, esa influencia capaz de manipular al poder político, lo que hace que el Congreso siga estruendosamente callado respecto del desastre del medio ambiente. Y eso, reiteró el senador Sanders, es ser cómplices de un peligro lejos más serio que el del terrorismo.

En realidad, ha comenzado a producirse un movimiento renovado en los sectores políticos llamados “progresistas”, apuntado a comprometer a los gobiernos en acciones concretas y urgentes para enfrentar el cambio climático.

De hecho, en Francia, Holanda y Alemania, las agrupaciones ecologistas y el partido verde han anunciado que se retirarán de las alianzas de gobierno, si se sigue posponiendo una legislación para control de gases de efecto invernadero.

En Japón, por primera vez, los planteamientos de protección del medio ambiente se han convertido en el tema central no sólo de la oposición, sino también de un sector del partido conservador y nacionalista del primer ministro Abe.

Encabezado por el ex primer ministro Koizumi Junichiro, este movimiento se opone reciamente a la puesta en marcha de centrales termoeléctricas a carbón o petróleo, pero a la vez se opone también a la instalación de nuevas plantas nucleares de generación de electricidad.

Es decir, lo que están planteando es dejar de lado las metas de crecimiento económico, buscar una estabilización que, unida a la paulatina disminución de la población, puede sostener un excelente nivel de vida de la gente, a la vez que enfrentar el deterioro del medio ambiente que en estos momentos afecta incluso la supervivencia física del Japón.

En Australia, el enorme incendio provocado por unos ejercicios militares en el sudeste del país, provocó ya una caída de más de 10 puntos en el respaldo popular al recién elegido primer ministro Anthony Abbott, luego de que éste afirmara que el cambio climático no tiene nada que ver con la propagación del incendio que ya ha destruido cerca de 50 mil hectáreas.

Según el primer ministro, el incendio no es más que una de esas cosas malas que pasan, y que los fuertes vendavales cálidos y secos, que convirtieron esa zona en pura yesca combustible, no era más que parte de la vida dura de Australia.

En respuesta, el ex vicepresidente de Estados Unidos Al Gore, comentó que el señor Abbott está igual que esos dueños de tabacaleras que hasta el final negaban que el tabaco tuviera algo que ver con el cáncer al pulmón.

La verdad es que el primer ministro australiano lo que quiere es defender la producción y la exportación de millones de toneladas de carbón, que son una de la vigas del crecimiento económico de Australia.

Los hechos son demasiado alarmantes. Sin embargo, hay claramente un contubernio de las grandes empresas y el manejo económico neoliberal, que incluye el control de la mayoría de los medios de comunicación, y que han logrado evitar que la gente tome conciencia de la gravedad de lo que está ocurriendo.

De hecho, cualquier científico a contrata de una gran empresa recibe una acogida enorme en los titulares de prensa y los canales de televisión, cada vez que lanza opiniones escépticas sobre el cambio climático. De hecho esos escépticos, pese a su irrelevancia científica y su ostensible vinculación con las empresas polucionadoras, reciben más difusión que los científicos serios y las instituciones académicas.

Por ejemplo, sólo ser ha mencionado levemente la proliferación de gérmenes patógenos que ya son resistentes a los antibióticos. De hecho, hay enfermedades ya conocidas que se suponían completamente bajo control, pero que ahora desatan infecciones a menudo imposibles de curar, incluso en diversas enfermedades venéreas. En Estados Unidos se registra cada año un total de23 mil enfermos muertos por la resistencia de las bacterias a los antibióticos.

Y, más aún, se ha descubierto que estas bacterias evolucionadas son capaces de transmitir a otras bacterias comunes, la cualidad de generar escudos orgánicos para neutralizar los tratamientos con antibióticos.

Es decir, el uso indiscriminado de antibióticos para la industria agropecuaria y la piscicultura, ya ha producido, por ejemplo, que bacterias como el terrible estáfilococus áureo, ya no sólo aparezca con cepas resistentes en los hospitales, sino también en zonas rurales que eran consideradas seguras y sanas.

Esto significa que, además de la polución con residuos tóxicos, hay otra polución al provocar mutaciones en las enfermedades. El cambio climático es, claramente, el daño colateral de la codicia y la ebriedad neoliberal.

Al parecer, ante el estridente silencio de las transnacionales de comunicación de masas, la responsabilidad de despertar conciencia vuelve a ser un asunto de gente decente que quiere proteger a los seres que ama.

Es el momento en que las personas inteligentes y con capacidad de percibir la realidad, se movilicen, busquen el diálogo, compartan la información que ya es indispensable, si queremos rescatar aunque sea en parte, este mundo precioso que nuestros niños quizás ya no puedan disfrutar.

Es necesario organizarse, presentarse en las reuniones de padres y apoderados, en fin, formar grupos, células de educación y percepción de lo que en realidad nos espera y está acechando a los que ahora son pequeños y que muchos, sin quererlo, están haciendo víctimas de traición.

No podemos ser cómplices ni siquiera por sentirnos débiles y el desaliento de creer que no hay nada que hacer, sobre todo ahora que Chile tendrá que aprobar o rechazar la defensa de los mares antárticos contra la pesca industrial y las prospecciones petroleras y mineras.

¿Serán esos políticos capaces de dar la cara para defendernos?… ¿Se atreverán a hacerlo?

¡Cuidado con esos políticos dispuestos a vender nuestro mar!

¡Cuidado con la depredación de nuestra Antártica!

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