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Una de las antiguas verdades ocultas que pudo develarse durante las diversas actividades y programas que se efectuaron en torno a la conmemoración de los 40 años del golpe, fue el papel cómplice con la dictadura y sus crímenes que tuvieron los medios de comunicación de masas.

También, por cierto, quedó de manifiesto la colaboración con la dictadura, y la actitud cómplice con las atrocidades cometidas por el régimen, que tuvieron jueces y tribunales de justicia, por una parte, así como activos partícipes de la clase política de ahora y de entonces. Pero el rol de la prensa (con justa razón llamada “prensa dictatorial”) resulta repulsivo.

La participación de los tradicionales diarios de derecha en la manipulación de la información, en sembrar la mentira y el terror, en desinformar sobre los hechos represivos, en burlarse de las personas que estaban siendo asesinadas por los órganos represivos dictatoriales, o de las personas que estaban siendo víctimas de la acción criminal de esos aparatos, o burlarse de los familiares de esas víctimas, es una infamia y una felonía que todavía los referidos medios no han remediado, rectificado o reparado ante aquellas personas, ante la justicia, ante la sociedad toda, ante el Chile del presente y el futuro. El proceder de medios como El Mercurio, La Segunda, La Tercera, por citar solo a los más connotados, es algo más que una actitud cómplice. Se trata más bien de una participación consciente y activa en la comisión de delitos que los mencionados medios sabían que se estaban cometiendo.

Lo mismo puede decirse del papel jugado por Televisión Nacional de Chile bajo dictadura. Su actividad fue más que encubridora de los crímenes. Sus equipos de prensa fueron parte activa de operativos y acciones criminales, como está sobradamente probado y demostrado en numerosos procesos judiciales. Los reportes de TVN en terreno parecían verdaderos partes de los servicios de seguridad del régimen; lo que no es de extrañar puesto que estos despachos eran pauteados por los jerarcas de la represión y cumplidos con entusiasmo despótico por ufanos periodistas.

Algunos de estos agentes de la prensa dictatorial han sido sancionados por el Colegio de Periodistas precisamente por el despreciable actuar que tuvieron en dictadura. Otros permanecen inmunes e incólumes, particularmente los responsables de las infamias llevadas a cabo por la cadena de El Mercurio.

Durante los días y semanas previos a la conmemoración de los 40 años del golpe fuimos testigos de una buena cantidad de reportajes y programas de televisión y radio, así como de artículos de medios escritos, que se convirtieron en fuentes de denuncia de las infamias cometidas por la prensa dictatorial.

Sin embargo, esta constatación de cómo se comportó la prensa pro régimen en aquella época debe servirnos de llamado de atención y de reflexión respecto del rol que está jugando hoy la prensa en relación a los conflictos sociales que se producen en la actualidad. Resulta llamativo que, cual época dictatorial, los medios reproducen al unísono la misma cantaleta de violentistas y encapuchados, de barricadas y desmanes para criminalizar la movilización social cualquiera se trate; o reproducen al unísono las ordenanzas de criminalizar el conflicto del pueblo mapuche hablando de terrorismo, vandalismo y extremismo, con la misma facilidad e impudicia conque antes hablaron de “supuestos detenidos políticos”, de “presuntos detenidos desaparecidos”, para referirse a los detenidos que ellos sabían estaban efectivamente desaparecidos, o de “muertos en enfrentamiento”, para referirse a personas que ellos sabían habían sido asesinadas por sus amigos de los órganos represivos. O reproducen al unísono la satanización de los conflictos haciendo gala de una capacidad asombrosa para eludir las razones de fondo de las huelgas, movilizaciones o acciones de los trabajadores, y para hacer alarde del “desastre”, “de las consecuencias” que tales conflictos le provocan al país, o le podrían provocar a la población, o le causan a la imagen de una economía exitosa (que para el gran empresariado chileno y el capital extranjero sí lo es).

Los medios empresariales de comunicación siguen siendo mediocres instrumentos de la represión y la dominación. No solo no han pedido disculpas respecto de su cometido cómplice con la dictadura durante toda la época del oprobioso régimen militar; tampoco han dado ninguna muestra fidedigna de no incurrir en las mismas prácticas canallas. Sigue imperando el criterio de la mentira y la manipulación para torcer la realidad al antojo y arbitrio de los poderosos.

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