Vinicius de Moraes (1913-1980)

Los bares que habían inspirado a los fundadores del movimiento que dio en llamarse “bossa nova” empezaban a perder brío y alegría con el Golpe

Como en aquella época no ejercía el periodismo, lamento no haber entrevistado a Barbado. Pero en su hermosa crónica sobre lo que Ipanema fue, el periodista Sergio Kiernan recuerda aquel día de 1962, en el bar Jangadeiro, cuando Barbado se sentó bajo la mesa del actor y dibujante Hugo Bidet y el pescador Kabinha, y “…pidieron un bol, le sirvieron una cerveza helada y lo bautizaron por la barbita que le asomaba bajo la quijada”.

Barbado era un perrito callejero que recorría los bares de Ipanema, y “…aceptaba ecuménicamente los chops [cervezas] que le sirvieran” (“En la vereda del sol”, Kiernan, ‘Página 12’, 9/1/2000). Y en derredor, mientras los militares tornaban más y más inseguro el ambiente, los bares que habían inspirado a los fundadores del movimiento que dio en llamarse “bossa nova” empezaban a perder brío y alegría.

En el Veloso (que por razones de marketing hoy se llama Garota de Ipanema y ya no es lo que fue), Barbado tenía otros amigos de la bohemia carioca. Algunos de los antiguos comensales, aseguran que con un discreto “guau”, Barbado festejaba los versos y acordes que ensayaban Vinicius de Moraes y Antonio Carlos Jobim al ver pasar la “menina” (niña), llena de gracia “…caminho do mar”.

Heló Pinheiro, la “menina” (Heloisa Envida Menezes Paes Pinto), que sigue guapa y pronto cumplirá 70 años, contó alguna vez que su novio de aquel entonces (y actual marido) quiso enfrentarse a puñetazos con Jobim, quien llegó a pedirle “varias veces” que se casara con él, a pesar de los 18 años de diferencia entre ambos. Aunque celebra que “al final terminamos como amigos en una relación de afecto y reconocimiento”.

Sin embargo, Vinicius siempre aclaró que en La Garota se propuso cantar al “gran amor de ayer mismo pasó y ya no vuelve más”. Y ajustándonos a su amigo Eric Nepomuceno, el vate también creía que “…siempre habrá una mujer a la espera con los ojos llenos de cariño, y las manos llenas de perdón”. ¿Será? Las nueve esposas que Vinicius tuvo en vida (y que una tras otra arrojaron la toalla), dirían “hummm…”

Mas ¿qué culpa tuvo el sol que hace 100 años, calentando un poco más las frías aguas de Río de Janeiro, engendró del mar aquel semidiós corto de vista, no muy apuesto, creyente y para colmo comunista, que jamás hizo esfuerzo para que todas las mujeres cayeran rendidas a sus pies?

La fórmula no fallaba. Vinicius tomaba la guitarra, y con ronca y melodiosa voz entonaba: “Se todos fossem iguais a vocé / Que maravilla viver… Amar sem mentir /nem sofrer /Existiría verdade / verdade que ninguém vé / se todos fossem iguais a vocé”.

A más de poeta, Vinicius fue diplomático, cronista y… censor cinematográfico. “Llama al presidente y pídele que cierre todos los cines / Ya no soporto trabajar de censor…” (“El falso mendigo”, Novos poemas, 1938). Y profeta. En 1948, en el consulado de Los Ángeles, escribió a su amigo Pablo Neruda:

“A ti te atacarán por la espalda / los vendepatrias de tu país en forma de cuchillo / Tu patria en forma de cuchillo, que un día / ha de incorporarse ensangrentada / por la sangre de la cobardía y la maldad”. Así, 25 años después: “Que año tan sin criterio / éste del setenta y tres / que se llevó al cementerio a tres Pablos de una vez… /Pablos de muchos caminos: Neruda, Casals, Picasso… /tres líderes cuya muerte / el mundo entero sintió… oh año triste y sin suerte: ¡la puta que te parió!”

El 18 de marzo de 1976, Vinicius recibió otro golpe. “Voy a comprar cigarrillos y regreso”, dijo el pianista Francisco Tenorio Cerqueira a Vinicius, Toquinho y los músicos que por esos días se hospedaban en el hotel Normandie de Buenos Aires y actuaban en el teatro Gran Rex. Pero cuatro hombres vestidos de civil, bajo el mando del torturador y genocida Alfredo Astiz, lo secuestraron en la avenida Corrientes y nunca más apareció.

El pensamiento político de Vinicius fue diáfano y transparente como sus poemas. En alguna ocasión le preguntaron: ¿para qué sirven los poetas? Respuesta: para no ser presidentes de la república. ¿A usted no le gustan los intelectuales? Respuesta: sólo cuando se van a Europa a gozar de las vacaciones, o cuando duermen el sueño de los justos. ¿Por qué no le gusta el sol? Respuesta: tal vez porque él se traga los hombres de la realidad.

A su muerte, Eric Nepomuceno escribió en Sábado, el suplemento cultural del unomásuno histórico: “Vinicius se murió una mañana de miércoles en un mes de julio. Nada puede ser menos carioca que un miércoles, principalmente si es un miércoles de julio. Suele lloviznar en Río, cuando es julio. Y los miércoles suelen ser aburridos en todas las ciudades del mundo”.

El último poema de Vinicius, O haver (El haber), fue publicado en el anteúltimo número de la legendaria revista Crisis, dirigida por Eduardo Galeano (39, julio de 1976). Uno de los doce cuartetos dice así:

“…Resta la comunión con los sonidos, este sentimiento / de la materia en reposo, esta angustia de la simultaneidad / del tiempo, esta lenta descomposición poética / en busca de una sola vida, una sola muerte, un solo Vinicius”.

La Jornada

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Vinicius de Moraes (1913-1980)