Chile: La batalla de los trabajadores del mar

“¿Por qué me desenterraste
del mar?”

Rafael Alberti

1. Mientras por arriba se espera el fallo oficial de la Corte de la Haya respecto de las reyertas limítrofes entre los Estados de Perú y Chile, y en una maniobra de sainete se ‘desintegra-depurándose’  el partido del presidente Piñera, Renovación Nacional, en la vida real la huelga de los trabajadores portuarios hace historia.

Sobre el dictamen internacional a favor de Perú, cuyos efectos concretos no se verán salvo en las tiras cómicas y mapas escolares, los capitales transnacionales de asentamiento chileno en plena expansión en el mercado peruano, como el pronorteamericano tratado de libre comercio Alianza del Pacífico (Chile, Perú, México, Colombia y Panamá), organizan y ponderan las reacciones de ambas cancillerías. Los más pacientes sabrán escuchar las bravatas abanderadas de rigor, y habrá algún incidente menor para ilustrar las querellas. 

En cuanto al partido de gobierno, Renovación Nacional –variante aparentemente menos conservadora que la derecha militarizada (UDI)-, su desmantelamiento es un ejercicio de oportunismo y espléndida reformulación, tal cual un banco quebrado cuyos accionistas más audaces retiran los pocos papeles con algún valor que restan ante el desastre del emprendimiento. Un modelo de resiliencia y capacidad de flotación que puede seguirse por televisión abierta. 

Pero la huelga portuaria es lo importante. 

2. Las condiciones salariales, laborales y contractuales de los trabajadores portuarios en Chile son paradigma de una de las formas que el capitalismo emplea en la actual fase para intentar amortiguar la caída tendencial de sus utilidades a través de la intensificación de la explotación del trabajo humano en el área de las exportaciones, clave y sentido de la economía dependiente chilena. 

En términos inmediatos, las demandas de los hombres de mar y de la comunidad que gira y sobrevive a su alrededor sintetizadas en la paralización de faenas que arrancaron en los puertos de San Antonio y Mejillones tienen que ver con los sistemáticos incumplimientos de las administraciones del Estado, tanto de la ex Concertación, como de la Alianza (*). La reivindicación de fondo apunta al fin del subcontratismo, la tercerización, el subempleo. Esto es,  al término de uno de los modos capilares de acumulación, concentración y reproducción capitalista a escala mundial. 

Debido a lo anterior la artillería estatal, empresarial y sus extensiones representativas en el sistema de partidos políticos funcional, se ha descargado con saña sobre el movimiento que comenzó la última semana de 2013. La represión, amenaza y hostigamiento se han manifestado a través de los cercos de la policía militarizada y la Armada,  las penas del infierno de la Confederación de la Producción y el Comercio (CPC, gremio empresarial) debido a las ‘pérdidas millonarias’ en materia de exportación, daño a imagen-país a la hora del examen de las evaluadoras de riesgo internacionales por ‘falta de disciplinamiento laboral’ y eventual retraso de compromisos comerciales; y el tradicional chantaje de los camioneros –peonada y carne de cañón del capital-, que dramatizan presiones de ‘solución urgente’ sobre el gobierno para que intervenga con mayor protagonismo. Naturalmente, y como si fuera poco, la lucha portuaria ha debido encarar rompehuelgas, dirigentes falsos, distorsión mediática de sus objetivos, etc. 

En tanto, la solidaridad activa de sectores mineros y estudiantiles al interior del país (y solidaridad amplia de otros ámbitos del trabajo, de formaciones de DDHH del siglo XXI y de pueblo organizado), como internacional, se multiplica por minuto. Sin embargo, aún resulta insuficiente. 

3. Si bien las revoluciones sociales no las hace el sindicalismo, sino que el conjunto mayoritario de los oprimidos -donde los trabajadores cumplen un rol estratégico por su situación objetiva, sentido y posibilidades de aportar a la ingobernabilidad y a la conducción política de un pueblo insurrecto-, la lucha portuaria hoy, con su solo movimiento y resistencia, construye las condiciones de la superación de la mansedumbre, resignación, fatalismo y ausencia de disposición combativa de la fuerza asalariada en Chile  e incluso de sus instituciones convencionales. 

En este sentido, la incorporación subsidiada electoralmente de la dirección del PCCh a la ex Concertación (hoy, Nueva Mayoría) a cambio de vaciarse poli-éticamente, se ha expresado en la conducta del directorio de la Central Unitaria de Trabajadores (CUT), cuyo silencio frente al conflicto portuario descubre su funcionalidad sistémica para la contención social. Y atención, que el descrédito de la militancia bacheletista que hegemoniza el directorio de la CUT no tiene nada que ver con alguna conspiración solapada y febril del también ineficaz ‘sindicalismo rojo’. La prioridad estratégico destructiva contra los trabajadores organizados (ejecutada con venganza cerebral, criminal y luego legal) desde la madrugada de la contrarrevolución capitalista inaugurada por la dictadura militar de 1973 y profundizada durante los gobiernos civiles desde los 90’, debilitó hasta la propia posibilidad de existencia de un sindicalismo economicista tradicional. 

Por ello la batalla de los portuarios marca una inflexión histórica. Y por eso los portuarios en particular son promesa de polo, eje tractor y puesta al día del nuevo sindicalismo chileno. 

4. Así como los niños no salen de un repollo, los movimientos sociales no son espontáneos. Tienen historia. Y la historia de la batalla de los trabajadores portuarios ha cumplido plazos, quemado alternativas, combatido muchas veces. El pueblo trabajador del mar privatizado de Chile (cuyo lugar en el mundo es apenas un borde costero apretado contra la armadura andina) es hoy resultado y resumen de las transformaciones capitalistas llevadas a su propio límite. De allí la radicalidad de la organización portuaria, su escepticismo ante las promesas de las administradoras ejecutivas del Estado, del empresariado y del sistema político. Si bien siempre existen los peligros de la cooptación de sus liderazgos, esta vez los portuarios han tomado precauciones, adoptando la arquitectura democrática de los estudiantes secundarios y del pueblo mapuche: vocería en permanente evaluación y potencial revocabilidad. 

Las articulaciones políticas anticapitalistas no pueden restarse de semejante experiencia. De hecho es precisamente en el movimiento real que resiste y en cuyo seno están los materiales de la superación del sindicalismo de la obsecuencia, donde debe navegar la rebeldía cuando se trata del territorio del trabajo. Poniéndose a disposición y ofreciendo destrezas complementarias, compartiendo y sistematizando aprendizajes en la práctica concreta, politizándose mutuamente. Hermanándose. 

También de esa reunión infatigable, auténtica y fraterna amanece la conducción política autorizada para revolucionar la vida. 

*Respecto de los antecedentes generales, contexto y aspectos del proceso que enmarcan el actual conflicto, pueden revisarse las siguientes entrevistas con dirigentes portuarios  realizadas durante los últimos 7 años:

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=144478,

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=107875,

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=105483,

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=100113,

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=56187

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