Contra las estatuas de Lenin

El 21 de enero se cumplen 80 años de la muerte de Lenin. Y sin embargo los ucranianos todavía lo tienen de enemigo. En el debate sobre si se seguía en la esfera rusa o se entraba a la Unión Europea el símbolo a traer abajo fueron las estatuas de Lenin.

Lenin hubiera seguro participado de ese tumbar estatuas. Nunca permitió que hicieran una mientras estuvo vivo. Las estatuas de Lenin son de Stalin. El primero que habló de leninismo fue Stalin para hacer pasar todas sus locas ideas como “heredadas” y por tanto legitimas. El primero que habló de trotskismo fue Stalin para tener un enemigo a quien combatir y justificar sus crímenes. Pronto resulto que todo el Comité Central que hizo la revolución eran conjurados trotskistas y había que matarlos o mandarlos a Siberia a que se murieran solos. En 1946 se tuvo que redactar otra constitución porque la de 1918, redactada por Lenin, también era trotskista.

El término “marxismo” tampoco fue creado por Marx sino por Bakunin. El propio Carlitos tuvo que aclarar: “lo único que sé es que yo no soy marxista”. Si el marxismo era, como pretendían los anarquistas, una defensa del Estado, el viejo topo estaba bien lejos de eso. Era, si se quiere, más anarquista que quienes lo acusaban. Su régimen era el de la Comuna de París. Por otra parte tampoco creía que su doctrina era universal. En carta a Vera Zasulich dejó clarito que El Capital lo había escrito en Europa y los rusos tenían sus diferencias. Queda claro que los americanos también las tenemos.

Eran tiempos en que las personas eran personas. Discutían entre ellas y nadie era dueño de la razón. Los debates entre Lenin y Rosa Luxemburgo sobre la revolución rusa y la democracia son potentes. Zinóviev y Kámenev se opusieron públicamente a la insurrección, y no fueron apartados de sus responsabilidades ni se les acuso de traición. El propio Lenin, en circunstancias extremas, no dudó en exigir el derecho personal de desobedecer al partido apartándose de la dirección. Los dioses no habían nacido todavía.

Y sin embargo no son del todo justo los ucranianos. En primer lugar porque si alguien no fue un dominador gran ruso fue Lenin. Él apostaba por la autodeterminación de los pueblos. Jamás habría participado en esa repartija posterior a la guerra mundial en la que Polonia, donde los católicos habían echado a los nazis, fue “socialista” y Grecia, donde los comunistas habían triunfado, fue capitalista. Y el PC griego denunció a los revolucionarios que habían quedado con armas para que los fusilaran. Si el PC chileno no invento la alianza con el enemigo. En segundo lugar porque Rusia ya no es la Unión Soviética. Si es cierto que la Unión ya no era soviética porque soviets como expresión de poder popular hace rato que dejaron de existir, ahora ni siquiera hay economía dirigida desde el Estado y planificada. Lo que hay es una corrupcracia que todo lo mancha.

Así que viva el marxismo (de Groucho), el lennonismo (de Lennon) y el chavismo (del 8).

Imagen: lavanguardia.com

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