Nuevo incendio en Florida pone en evidencia las consecuencias de las plantaciones forestales

Este miércoles Florida fue noticia. El incendio que calcina áreas del norte y centro de la comuna gatilló su aparición en la prensa, sin que pudiesen visibilizarse los problemas que hace tiempo aquejan a los floridanos. Son alrededor de 2 mil hectáreas calcinadas y el fuego se ha propagado hacia los alrededores de Quillón, Brigadas de Emergencia señalaron que en los sectores rurales 2 casas se quemaron y 57 personas fueron albergadas que se sumaron a las de Florida.

Hace años, los habitantes del pueblo consumen agua transportada por camiones aljibe desde Quillón. Quienes viven en zonas rurales y tienen secas las napas de agua que sustentaban sus pozos, también deben esperar los camiones. Los reclamos ante la calidad del agua, son generalizados en la población. Un fuerte sabor a cloro y la turbiedad ha generado el hábito de hervirla antes de su consumo, buscando prevenir algún mal. 

El abastecimiento de agua con camiones aljibe, se impuso como única alternativa, luego que el antiguo tranque, alimentado por las vertientes y las capas freáticas de los cerros circundantes, bajara su profundidad hasta su inutilización. Este fenómeno se explica por lo ocurrido con el bosque, pues ahí es dónde originalmente se generaba el agua. 

Su tala y posterior sustitución por plantaciones forestales de pinos o eucaliptos, provocaron el desecamiento progresivo de los terrenos, pues en una plantación forestal no se permite la diversidad y los ciclos propios de un bosque, entre ellos, el del agua. Un monocultivo forestal tiene plantaciones de la misma especie que, plantadas a una razón de 1600 árboles por hectárea, extraen agua como si fueran verdaderas bombas, ya que todos están en periodo de crecimiento hasta que son talados. Y así, cada 9 u 18 años, según según sea eucalipto o pino, estas rotaciones van menguando las capas freáticas, hasta llegar a las circunstancias que ahora presenciamos. 

La sustitución del bosque por monocultivos forestales, en este territorio, ha sido un factor que se ha adosado a la erosión acumulada desde las segunda mitad del siglo XIX hasta la primera mitad del XX, cuando se consechaba buena parte del trigo de exportación y de consumo local. 

La expansión forestal ha usado como pretexto la recuperación de suelos, como estos, dañados por la agricultura intensiva. Sin embargo, ha hecho todo lo contrario, profundizando y extendiendo la erosión y la sequedad. La mayor pérdida de suelo que tiene esta zona y la región completa, no fue en los años de la gran producción de trigo, sino que desde 1980 en adelante, cuando ya había entrado en vigencia el Decreto 701, a través del cual el Estado bonificaba (en ese entonces) el 75% de los costos de la plantación forestal a particulares, además de eximirlos de impuestos. 

Este fue uno de los pilares de la fortuna construida por quienes controlan el negocio forestal, la cual les permite manejar el discurso de la prensa que, cuando se refiere a los incendios, le asigna valor de causa principal a cuestiones como: “el factor viento”, “las altas temperaturas” y “un verano seco”. 

Sin duda, estos elementos inciden en la ocurrencia y propagación de los incendios forestales, no obstante secundan a factores con mayor preponderancia, tales como la sequedad acumulada de los terrenos y lo combustible de los monocultivos. Los brigadistas de CONAF lo confirman, planteando que las plantaciones tienen condiciones mucho más favorables para la expansión del fuego que los bosques.

En el caso del eucalipto, el consumo de agua es mayor y su resistencia a la sequedad también lo es. Según investigadores de Valdivia, un árbol de esta especie, a los 3 años consume 20 litros y a los 20 años, 200 litros diarios. Además, sus raices pueden enterrarse a metros de profundidad, buscando agua, y por ello es frecuente observar que mientras los pozos se han secado, las plantaciones parecen inmutables. 

En cuanto al pino insigne, como es común en las coníferas, contiene altas cantidades de trementina, sustancia inflamable que constituye un poderoso propagador del fuego. 

Estos elementos, sumados a la aglomeración de los árboles al interior de los predios y a los nulos resguardos, tales como cortafuegos, que en países como Canadá son de 1.6 kilómetros de ancho y aquí las confunden con las vías de saca (caminos para sacar los troncos talados en camiones), propician los desastres que afligen a la comunidad. En estos momentos la población está expuesta a grandes pérdidas, tal como fue como en el incendio del 2012, cuando pequeños agricultores perdieron sus fuentes de ingreso y habitantes en general perdieron sus casas. 

Reconocer el aumento de las temperaturas y la ostensible disminución de precipitaciones, propicia considerar que los bosques, al ser verdaderas esponjas de agua, pueden proveerla continuamente y además regular la sensación térmica del ambiente que le rodea. Por tanto son fundamentales en el mejoramiento de la calidad de vida de las comunidades.

Foto de Archivo: Incendio en Punta de Parra, enero de 2014.

Jóvenes de Florida han elaborado este informativo para su comunidad. Se puede descargar en tamaño original. Parte 1 / Parte 2



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