Una invitación a cultivarlo: Mosaico en el Memorial de la Universidad de Concepción

En el contexto de cumplirse 30 años de la primera FEC en dictadura, nos hemos reunido como generación y una de las acciones que nos propusimos fue crear este mosaico como homenaje a estudiantes y profesores de la Universidad de Concepción asesinados o detenidos y desaparecidos a partir del golpe de estado. 

No lo hicimos en los años 80, cuando fuimos estudiantes de esta Universidad, cuando fuimos también, como movimiento estudiantil, activa resistencia a la dictadura (y cuando casi no había tiempo ni de llorar a los muertos). Es una deuda que tenemos pendiente y que no hemos olvidado y hoy estamos asumiendo. Aún estamos a tiempo.  

¿Por qué jardín? ¿Por qué memoria? 

Un jardín es algo vivo, vivaz, viviente, y necesita de personas dispuestas a cuidarlo cada día. Requiere de muchas manos que lo protejan, rieguen, cultiven y vivan en él.  

Un jardín es un lugar donde se puede vivir al ritmo de lo que está vivo. 

Por eso un jardín es un sitio que acoge y favorece el ejercicio cotidiano de la memoria; su construcción colectiva, como un mosaico: cada persona un pedacito, todos importantes para el resultado final. 

Los símbolos aquí expresados han sido creados colectivamente. Más de 100 personas –de 3 a 80 años de edad- han participado dejando su huella, honrando la memoria de las y los caídos.  

Dice Florencia Echeverría que las raíces representan la vida nueva, nutrida por la memoria de los muertos “de modo que en verdad no mueren, no desaparecen; porque desde la tierra que los acogió, su memoria y su ejemplo son nutrimento para la vida nueva”.  

Por eso los rostros bajo la tierra, en las raíces, en nuestras raíces, como fuente de vida de la cual bebemos hoy. ¡Los traemos a la vida! 

Dice Sandra Valderrama: “Las imágenes elegidas, esas raíces, los rostros de nuestros combatientes, el cultrún, la araucaria, las flores, ese sol naciente, la cordillera — ¡qué hermosa síntesis!– me hablan… de mantener la esperanza abierta, de seguir con la lucha, una lucha que considere la dignidad de nuestros pueblos hermanos, de no olvidar nuestras raíces ni a nuestros caídos, me habla de una tierra fértil donde hermosas flores crecerán, llenas de puje hacia un sol naciente y brilloso. ¡Kudos!”  

Inventamos aquí un lugar de recogimiento, de reflexión profunda y de conexión con nuestros valores más sentidos. De silencio y soledad, de conversación íntima. 

Al encontrarnos, aquí, en la acción y en la creación colectiva–en un vivir compartido–, inventamos también un lugar de solidaridad, de sororidad. 

Dice Marcela Espinoza: “Me ha hecho muy bien, me ha sanado, ha sido hermoso participar. Para los que sufrimos represión directa, la labor del mosaico ha sido reparadora en nuestra dignidad tan dañada, [ya] que el silencio y la impunidad nos duelen tanto o más que las torturas que sufrimos. Sanar con arte y participación colectiva ha sido parte de la reparación en dignidad que hemos esperado 40 años, que salió del corazón del pueblo, con manos voluntarias, del cariño, desde el reconocimiento popular.”  

La construcción de este mosaico ha sido, así, el ejercicio de la vinculación afectiva a través del trabajo creativo compartido. 

Este memorial es también una respuesta política y cultural, desde quienes sobrevivimos, al horror de la dictadura. Como dice Anya Maldonado “con olor a pan… con esperanza de justicia y re-encuentros!”. 

Respondemos, como dice MacNolo Macondo, “cambiando el aspecto de un muro que ahora habla de esa memoria viva que debe ser permanente”.  

Y, también, como dice Gloria Parra, con la humilde tarea de “llevar color a la memoria de tantos y tantos que partieron en la oscuridad de la sinrazón”. 

Queremos hacer de este jardín un lugar de permanente ejercicio de la memoria y de enseñar y re aprender cada día los derechos humanos. Y también queremos hacer de este espacio de memoria un espacio de arte. 

La Equipa Mosaica, formada por brigadistas de la Casa de los Colores, la Red de Mujeres por la Memoria, las FEC 83 y otras organizaciones sociales locales, nos sumamos al trabajo incansable de las Agrupaciones de Familiares de Detenidos Desaparecidos y Ejecutados Políticos de la región, quienes nunca han dejado de ejercitar la memoria y de exigir justicia….. Nos sumamos como generación, como geografía, a este trabajo de conciencia y compromiso.  

Nunca es tarde para sumarse, aportar, expresar. Es un deber ético ineludible para cada una de nosotrxs. Es un gesto imprescindible para con nuestrXs compañerXs de estudio, profesorXs, colegas… visibilizar sus nombres, sus rostros, las imágenes, las historias, sus vidas y sus muertes. 

Como sobrevivientes de una generación que vivió y conoció las políticas de exterminio, no podemos sino hacernos cargo de esta memoria colectiva. 

Carmen Durán, Impulsora (impulsiva) del Mosaico Jardín de la Memoria, en los muros del Memorial de la Universidad de Concepción. 
Editada por Elena Aguila, ochentera Mujer de Letras. 

Fotos: Ernestina Concha

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