Crónica de Ruperto Concha: Ucrania

Parte 1

Parte 2

El viernes pasado, el presidente de Ucrania, Viktor Yevtuchenko, se reunió solemnemente con los líderes de la oposición, en presencia de representantes de los gobiernos de Alemania, Francia, Polonia y Rusia, buscando llegar a un acuerdo para poner fin a la violencia política, que en pocas semanas había provocado ya más de 80 muertos, 30 de los cuales eran policías, y centenares de heridos.

Junto con eso, el país estaba paralizado. La destrucción, los saqueos y el paro de las empresas y la banca estaba provocando cada día pérdidas de centenares de millones de dólares, y la descalificación bancaria del país hacía que los créditos para Ucrania pagaran intereses hasta diez veces más altos que cualquier otro país.

En esa reunión se encontraba, a un lado, el presidente Yanukovich junto a funcionarios de su gobierno. Al otro lado, los líderes de los tres partidos en rebeldía: Arseni Yatsenyuk, del partido Unión Ucrania; Vitali Klitchko, del partido Udar, o Alianza Democrática, y Oleh Tyahnybok, del ultraderechista y neonazi partido Svoboda, o Libertad.

Entre el presidente y sus adversarios estaban los representantes europeos y ruso. Allí el presidente Yanukovich accedió sin mucha discusión a prácticamente todo lo que exigían los rebeldes. Adelantar las elecciones del 15 de marzo de 2015 al 15 de diciembre de este año. También realizar un referéndum en setiembre para una reforma constitucional restándole facultades al presidente, y básicamente volviendo a la constitución de 2004 que había sido anulada mediante plebiscito en 2010.

Otras concesiones fueron la liberación de todos los detenidos durante los disturbios

Una vez aceptados los términos del acuerdo, el Presidente y los líderes de oposición firmaron el documento junto a los representantes extranjeros que hacían de ministros de fe.

De regreso a la residencia presidencial, Viktor Yanukovich tuvo que enfrentar a sus propios ministros y parlamentarios, que no podían creer que el jefe de estado se hubiese dejado revolcar y estrujar, cediendo a todo, a pesar de que su partido había ganado lejos la primera mayoría en el Congreso o Rada, con 209 diputados, y que con el apoyo del Partido Comunista y 20 independientes, tenía mayoría absoluta. 261 escaños, frente a sólo 177 de los tres partidos de oposición.

La cólera de los líderes del Partido de las Regiones se sumaba además a la de los cuerpos de policía y al parecer de la mayor parte de los mandos de las fuerzas armadas, porque el presidente les hubiera prohibido hacer uso de sus armas para defenderse, cuando estaban recibiendo no sólo proyectiles improvisados y bombas Molotov, sino disparos de francotiradores con mira telescópica.

No hay aún cuenta de lo que se conversó en la noche del viernes. Pero antes del amanecer de ayer sábado, y pese a los acuerdos del día anterior, francotiradores instalados en lo alto de edificio del Conservatorio de Kiev, abrieron fuego contra los policías que custodiaban el Congreso. 23 uniformados fueron derribados a balazos, e incluso algunos de los propios rebeldes, más moderados, reconocieron la brutalidad del ataque y lograron aprehender a uno de los francotiradores.

Quedaba claro entonces que los acuerdos solemnes del viernes carecían de valor. Gruesas brigadas de rebeldes armados rodeaban y ocupaban el Congreso.

Al parecer el presidente entró en pánico y aceptó que sus allegados más fieles lo sacaran en helicóptero para llevarlo a la ciudad de Jarkiv, en el sudeste del país, donde el Partido de las Regiones cuenta con una gigantesca mayoría.

La fuga de Yanukovich enfureció aún más a los diputados de su partido, y un grupo de ellos, abriéndose paso resueltamente y lograron penetrar a la sala de sesiones que ya estaba ocupada por todos los parlamentarios de oposición.

Al saberse la fuga de Yanukovich, los parlamentarios votaron la destitución del presidente y de hecho se auto-asignaron la totalidad de las atribuciones del Ejecutivo. En esos momentos estaban presentes todos los diputados de oposición, y a ellos se sumaron los enfurecidos diputados del Partido de las Regiones, que se sentían traicionados por un cobarde. De 331 diputados presentes, según dicen los rebeldes, 328 apoyaron la destitución, tres se abstuvieron y ninguno votó en contra.

Tomando en cuenta que los opositores en conjunto sólo reunían 177 votos, y que entre comunistas e independientes juntaban 59 votos más, se deduce que, si las cifras son verdaderas, más de 80 diputados de su propio partido votaron por destituir al presidente.

Pero en la región sudeste del país, en la ciudad de Jarkiv, los líderes del Partido de las Regiones no estaban dispuestos a rendirse. Agarraron al pusilánime Yanukovich y lo pusieron delante de las cámaras de televisión para hablarle al pueblo ucraniano.

Por supuesto, ahora Yanukovich sacó voz de hombre. Desmintió que hubiera renunciado a su cargo, y negó que tuviera ni siquiera un asomo de legitimidad un parlamento reunido bajo presión amenazante de una multitud armada.

Señaló Yanukovich que los rebeldes se habían auto descalificado al violar por completo los acuerdos firmados el día anterior. Y, claro, eso fue confirmado por los representantes europeos.

En estos momentos, Ucrania se encuentra de hecho dividida en dos grandes zonas. Al oeste, incluyendo la capital Kiev, está bajo control rebelde. Y al este, se mantiene leal al presidente Yanukovich y el Partido de las Regiones.

Lo más grave del asunto es que la zona oriental es la que incluye las ciudades más importantes del país, así como la República autónoma de Crimea. Es ahí donde se concentra casi la totalidad de la producción industrial del país, y donde están cerca de dos tercios de los puestos de trabajo.

También allí se encuentra la histórica ciudad de Sebastopol, y la formidable base naval de Rusia sobre el Mar Negro, que está resguardada por un regimiento de infantes de marina y un batallón de comandos entrenados y fogueados en la lucha antiterrorista.

Complementando el discurso de Yanukovich, los líderes de la región emitieron un comunicado señalando que hasta que se normalice el orden constitucional, la región entera ha entregado el poder a las autoridades locales en todo aquel territorio. Es decir, desconocen por completo la autoridad de Kiev.

Aquella asamblea leal al presidente reunió a los parlamentarios, gobernadores, delegados ministeriales y alcaldes de todas las provincias orientales, así como el gobierno autónomo de la República Federada de Crimea.

El documento de ayer incluye un llamamiento a las organizaciones vecinales y los sindicatos a organizarse, coordinados con las fuerzas armadas y policiales de la región, para hacer frente a una eventual invasión de insurgentes armados.

Desde la tribuna de la conferencia, el alcalde de la ciudad de Jarkiv señaló que el Congreso de Kiev está sometido a condiciones de terror, a punta de pistola y bajo amenaza de asesinato, y por ello sus decisiones carecen de legitimidad y validez.

Cerrando la reunión, se transmitió un llamado en tono intensamente beligerante, que dice: “Hay que organizar batallones. ¡Adelante compañeros veteranos de guerra! Los terroristas se apoderaron del poder y vamos a oponerles resistencia”.

Según ha informado la agencia noticiosa Associated Press, de Estados Unidos, lo que se está produciendo es exactamente lo que había advertido el gobierno de Ucrania al comienzo de las protestas violentas. Ucrania parece al borde de la desintegración entre una zona occidental, que sueña con ingresar a la Unión Europea, y una zona oriental que de hecho está integrada económicamente a Rusia y los otros países de la Unión Aduanera Euro-Asiática.

De producirse esa ruptura, la zona oriental puede sostenerse económicamente muy bien, con un nivel mínimo de desempleo, y por cierto recibirá el apoyo financiero que Rusia había otorgado a Ucrania, por un total de 15 mil millones de dólares.

En cambio la zona occidental se encuentra de hecho en bancarrota. Se da por descontado que entrará en default, sin poder pagar sus deudas vencidas, y sin poder comprar insumos ni energía. El nivel de desempleo ya está por encima del 30%, y obviamente va a empeorar.

Toda esperanza de supervivencia depende ahora del auxilio que le puedan proporcionar la Unión Europea y Estados Unidos. Pero ese auxilio será muy escaso y estará sujeto a condiciones draconianas.

En las negociaciones anteriores de Ucrania con la Unión Europea, se le imponían al gobierno ucraniano condiciones muy duras y eran tantas, que el documento enviado por Europa tenía 1.500 páginas. En ellas se establecía que el apoyo financiero exigiría reducir el gasto fiscal en un nivel extremo, eliminando prestaciones sociales gratuitas a la gente, en salud, educación y auxilio a la extrema pobreza.

Además se exigía eliminar los subsidios para mantener bajos los precios del gas y el combustible líquido, y las subvenciones para mantener en actividad las minas de carbón y diversas industrias.

Ahora, la Unión Europea trata de alivianar las exigencias, que sin duda producirán los peores efectos de empobrecimiento a la población en general. Pero no es mucho lo que se puede aliviar, ya que el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional se negaron a que por razones políticas se violen las normas financieras que todos los demás tienen que acatar, incluso a costa de sufrimientos como ha sido el caso de Grecia, España, Portugal y ahora Bosnia.

¿Se da cuenta Ud.? El aparente triunfo de los rebeldes pro-Unión Europea, aparece planteándole a Europa hacerse cargo de unos 20 o 25 millones de ucranianos casi indigentes, y de un país que debe 140 mil millones de dólares y ya no tiene dinero ni siquiera para abastecer a la población de gas y petróleo.

En cuanto a Estados Unidos, ¿cuánto endeudamiento adicional le autorizará el Congreso a Barak Obama, para ir en socorro de la Ucrania rebelde?

La verdad es que ni en Europa ni en Estados Unidos, ni menos en América Latina, se tiene claro cuáles fueron las causas de este estallido feroz que liquidó a un gobierno legítimo que además contaba con mayoría absoluta en el Congreso.

Básicamente, claro, tenemos la insatisfacción de la gente. Ucrania, al igual que Rusia, al desintegrarse la Unión Soviética cayó en manos de oligarcas brutalmente codiciosos e inmorales. Pero Rusia, bajo la conducción de Vladimir Putin, logró superar ese estado de cosas y entrar un sólido desarrollo económico y social.

En Ucrania, en cambio, hasta el día de hoy toda la economía y toda la política ha seguido a merced de un puñado de no más de cien oligarcas que han sembrado la corrupción en todos los niveles de la administración y la política.

Esa mafia de especuladores ha vampirizado los recursos del país, ha impedido la modernización industrial y de infraestructura, y, manipulando desvergonzadamente a las cúpulas políticas, llevaron a Ucrania a la ruina, no sólo en el gobierno de Yanúkovich, sino en todos los anteriores.

Recordemos que la recién liberada ex primera ministra Julia Timoshenko, fue condenada a prisión por manejos deshonestos en los contratos para comprar gas de Rusia. Y los defensores europeos de la Timoshenko no niegan que la acusación sea real. Lo que protestan es que la hayan condenado a ella y no a la horda de sinvergüenzas que siguen sin ser molestados.

Pero la gente de Ucrania, en realidad, sólo han sido peones manejados precisamente por los oligarcas y por los dirigentes políticos que los oligarcas financian.

Los programas de gobierno y las ideologías de la oposición, en realidad no existen. Sólo se trata de grupos de dirigentes que tratan de hacer carrera política, granjeándose el apoyo de poderes externos al país. Al menos ese era el caso de Yanukovich y es ahora el caso de Julia Timoshenko, de Arseny Yatsenyuk, y del boxeador Vitaly Klitschko. El otro caudillo político, Oleh Tyahnybok, el poderoso neonazi ultranacionalista, lleva una estrategia distinta.

Él sabe que ni europeos ni yanquis quieren apoyarlo. Por eso, él apunta a hacer sentir la fuerza ideológica y la fuerza física, la violencia de sus seguidores, que le aseguran mantener máxima influencia en Ucrania del oeste. Y tiene claro que ninguno de sus actuales socios se atrevería a desafiarlo en su propio territorio.

El otro gran factor de esta crisis ha sido la Unión Europea, interesada en lograr un crecimiento de 50 millones de ucranianos a los que podría venderle productos y servicios, que se pagarían con maniobras financieras, y, según se dice, Ucrania le aportaría a Europa una enorme masa de trabajadores dispuestos a contratarse por sueldos míseros, y ocuparían el lugar que hoy copan africanos y árabes.

En todo caso, para una Europa que sigue derrumbándose lentamente, Ucrania al menos le proporcionaría un aire de relevancia internacional.

Y ahora nos quedan los dos verdaderos contendores que forcejean en torno de la mísera Ucrania de hoy. Estados Unidos y Rusia. La semana pasada mencionábamos el exabrupto de la subjefa de la diplomacia de Washington, doña Victoria Nuland, que apareció en Internet diciendo “Fuck the European Union!” .

Ella pidió disculpas, pero no cambió nada con eso. Si la Unión Europea tenía planes con captarse a Ucrania, ¡Fuck con ella!… Porque el plan de Estados Unidos va por otro lado. A Washington le importa un rábano el mercado de Ucrania y sus anhelantes trabajadores dispuestos a cobrar poquito, poquito.

Como ya lo dijo claramente la pre candidata presidencial Hillary Clinton, para las cúpulas políticas de Estados Unidos, el miedo que le tenían a la Unión Soviética, no se les ha pasado, y tienen terror de que Rusia vuelva a ser la súper potencia que desafíe al predominio estadounidense.

Pegados en la mentalidad de la Guerra Fría, ven con espanto la creciente unión económica euroasiática, que incluye a Belarus, Khasakstán, Eslovenia y Armenia, con asociados como Mongolia, los estados caucásicos, y, en calidad de observadores, Afganistán, Irán y la India.

Hillary Clinton dijo que esa unión económica y aduanera, de libre comercio entre Asia y Europa, equivale a un resurgimiento de la Unión Soviética.

Así, se trata simplemente de impedir que Rusia integre a Ucrania en su Tratado de Libre comercio. Washington no quiere ganarse a Ucrania. Lo que quiere es que Rusia no se la gane.

Y una guerra civil, la destrucción y el caos en Ucrania, es finalmente más barato y más eficaz que otras intervenciones como fue la de Libia, Siria y Egipto.

Y ahora, ¿por qué Rusia se interesa en Ucrania?… Básicamente porque muchos millones de rusos viven y trabajan en Ucrania oriental y Crimea, y también muchos millones de ucranianos viven y trabajan en Rusia. Para Rusia generar un vasto ámbito de recuperación económica y consolidación social, es parte del plan de estabilización total de Asia, y de una relación equilibrada con China.

Si Ucrania cae en la ruina, sus efectos se harán sentir en Rusia, agravando sus problemas actuales en que podría incluso entrar en recesión.

Es decir, para Rusia, de veras y sinceramente, la prosperidad de Ucrania es importante, y está dispuesta a hacer sacrificios para ayudarla.

En la coyuntura de una división de Ucrania, Rusia sin duda alguna dará ayuda financiera e incluso protección militar a Crimea y Ucrania Oriental.

¿Se fija Ud. que Estados Unidos y Europa han sido los que empujan al mundo hacia una nueva gran polarización? Rusia y China, con sus aliados, equivalen a Europa y Estados Unidos. Pero otras corrientes ocultas, alianzas semisecretas y compras fabulosas de armamento, sugieren que una liebre loca puede saltar en cualquier momento provocando efectos inesperados.

En tanto, en Venezuela, la crisis ucranoide parece estar diluyéndose ahora que el líder opositor Leopoldo López se entregó a la policía, mientras su esposa, angustiada, revelaba que existen planes para asesinarlo y culpar al gobierno.

El otro líder opositor, Henrique Capriles Redonski, quien rechaza las protestas violentas, confirmó que mañana se reunirá con el presidente Nicolás Maduro, para discutir, con transparencia plena, las alternativas para una sana convivencia de posturas que pueden ser antagónicas pero deben priorizar el bien común.

Según gran parte de la prensa europea y estadounidense, Estados Unidos debe parar sus intentos de derribar el gobierno de Venezuela. Debe parar mientras todavía es tiempo.

En fin, en la próxima semana podernos analizar y tratar de comprender el fenómeno de esta nueva América Latina, y de las ocultas ferocidades que están latentes en el Oriente Medio.

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