Estados Unidos, unidos a los narcos

Estados Unidos ha declarado la guerra contra la droga en Colombia. Con ese motivo ha militarizado la sociedad colombiana y tiene una fuerte presencia en el país hermano.

Pero en realidad lo importante no es la droga sino la posibilidad de estar presente. Si en otro sitio la presencia se logra aliándose al narcotráfico también es posible. Por lo menos eso parece que fue el caso de la guerra contra los sandinistas en la década del 80.

Los “contra” tenían su base de operaciones en Honduras. Y el ejército de ese país tenía grandes negocios con los esposos Mario y Mary Ferrari, comerciantes vinculados al un tanto ilícito y peligroso tráfico de armas, cocaína y esmeraldas. Eso por lo menos fue lo que se llegó a saber cuando el 15 de junio de 1978 aparecieron asesinados en una finca de Tegucigalpa. Ya dije que era peligroso.

Parece que el malestar que las investigaciones en curso produjeron entre los altos mandos del ejército fue uno de los factores determinantes para que se produjese un golpe de Estado y cambio de poder en agosto de 1978, tan solo dos meses después del crimen. Entonces el poder pasó a un triunvirato militar dirigido por el General Policarpo Paz en lo que se conoció como el “golpe de la cocaína”. Una de las primeras acciones del nuevo gobierno militar fue proteger a los acusados del asesinato de los Ferrari y frenar el proceso judicial por el crimen. Cuando uno puede estar entre los acusados mejor que no haya acusados.

Centroamérica vivía una situación excepcional debido a los conflictos armados en Guatemala, El Salvador y Nicaragua. En aquellos años Honduras fue utilizada por el gobierno de Estados Unidos como base contrainsurgente. En concreto, fue en la zona oriental de Honduras donde se establecieron campos de entrenamiento para la contra nicaragüense, la fuerza paramilitar y mercenaria que durante años luchó contra el gobierno revolucionario del Frente Sandinista de Liberación Nacional. El armamento de origen norteamericano llegaba a este grupo a través de Honduras. Esta situación dotaba de mucho dinero, poder y control político al ejército en todo el país, lo que impidió la desmilitarización y la consolidación de una verdadera democracia en Honduras.

Ahora, cuando se han desclasificado muchos documentos de la década del 80 queda claro que no era sólo el ejército hondureño, sino que el norteamericano, el aliado de la droga. Total negocios son negocios y todo vale contra el sandinismo. O todo valía cuando el sandinismo era de izquierda. En concreto, sabemos que la compañía aérea propiedad de Juan Ramón Matta fue utilizada para transportar armas desde Estados Unidos hasta los campos de la contra en Honduras. También sabemos que esas mismas aeronaves iban hacia el norte cargadas de la cocaína de Matta.

Juan Ramón Matta no fue un narcotraficante cualquiera. No solo fue propietario de una compañía aérea que trabajaba con el gobierno de Estados Unidos. También fue el hombre que puso en contacto al Cartel de Medellín con el Cartel de Guadalajara. En otras palabras, conectó a Miguel Arellano Félix con Pablo Escobar Gaviria. Se trató de una pieza clave en la creación del trampolín centroamericano de la cocaína. Todo ello lo hizo mientras colaboraba con el gobierno estadounidense en la lucha contrainsurgente. No estaba sólo en estos manejos. Como hoy sabemos, en México el Cartel de Guadalajara también organizó varios campos de entrenamiento para grupos contrainsurgente guatemaltecos.

Pero su felicidad no iba a durar mucho tiempo. Cuando se empezó a conocer en Estados Unidos las actividades de tráfico de armas de la CIA y su implicación en el narcotráfico todo cambió. Las revelaciones del Irangate en 1986 en Estados Unidos iban a provocar su caída. Esta se produjo mediante su secuestro en 1988 por agentes estadounidense en Tegucigalpa, para ser trasladado a República Dominicana en una acción completamente ilegal. Una vez en este país, se tramitó su extradición. Este hecho iba a provocar una respuesta inaudita en Tegucigalpa. Una protesta contra las injerencias extranjeras en el país acabaría con la quema del consulado norteamericano por ciudadanos furiosos y partidarios de Matta.

El apoyo del gobierno de Estados Unidos fue clave para la consolidación del narcotráfico en Honduras. Este tipo de actividades no eran novedosas, en la guerra de Vietnam ya se reveló como Estados Unidos participó en este tipo de operaciones. En palabras del ex senador Joseph Nellis, “la CIA ayudó efectivamente a traer heroína muy fuerte y barata de Vietnam desde los Estados Shan, en el norte de Birmania, a cambio de radioescuchas y espionaje”

La llamada “guerra a las drogas” se ha visto desde su inicio rodeada de oscuras revelaciones. Cabe preguntarse si tiene sentido mantener esta política cuando los principales valedores de la misma se han visto repetidamente involucrados en escándalos que los señalan como parte del problema que dicen combatir.

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