La guerra del fútbol, una historia de balón y metralla

Muchas veces hemos hablado del fútbol como un perfecto catalizador de pasiones. Un sustitutivo moderno e inocuo a las gestas bélicas de la antigüedad, así contamos de generación en generación las gestas de Pelé, Maradona o Zidane en lugar de las de Aquiles o el Cid. Un ideal, la pasión y la violencia enraizadas en el género humano, dirimidas pacíficamente en torno a una pelota. Sin embargo no siempre fue así. Los hechos ocurridos en la frontera entre en El Salvador y Honduras en aquel verano de 1969 así lo atestiguan. La llamada “Guerra del fútbol” estaba a punto de comenzar.

Esta denominación se debe a un reportero polaco que hizo del “ir, ver y contar” la máxima de la profesión. Vivió los hechos in situ y asoció para siempre deporte y guerra con el título de aquel reportaje, su nombre era Ryszard Kapuściński.

La secuencia de hechos es la siguiente; Honduras y El Salvador disputaban las eliminatorias de clasificación del Mundial de Méjico en 1970 en medio de una tensión política creciente entre ambos países. Dos regímenes con numerosos problemas internos y la emigración masiva de salvadoreños a territorio hondureño constituían un caldo de cultivo explosivo. Sin embargo pocos podían imaginar cuando el Pipo Rodríguez perforó la portería hondureña bajo una catarata que caía procedente del cielo en el estadio Azteca, que acababa de escribirse el prólogo una de las páginas más tristes de la historia de ambos países.

El duelo gozó de tres entreactos donde el protagonista fue el cuero antes de pasar al fatídico desenlace final donde la metralla tomaría el relevo de la obra. El primer partido de clasificación disputado en Tegucigalpa acabaría con la victoria de Honduras. Al día siguiente, los periódicos salvadoreños recogían como miles de hondureños habían pasado la noche anterior acampados frente al hotel e concentración de la selección de El Salvador pertrechados con cacerolas y entonando cánticos para interrumpir su descanso. Además, los jugadores de El Salvador acusaron al propio hotel de haberlos intoxicado premeditadamente. El 1-0 a final a favor de Honduras sería el detonante final para crispar a sus vecinos.

Apenas una semana después el atestado estadio salvadoreño de Flor Blanca era el aullido de un país que clamaba venganza. La noche anterior la turba se había encargado de devolver la moneda frente al hotel de la selección hondureña. El 3-0 final para El Salvador con dos goles de Mon Martinez dejaba la resolución de la eliminatoria en manos de un escenario neutral como el Estadio Azteca en la ciudad de México.

Durante esas semanas los medios de ambos países se encargaron de aderezar la salsa del conflicto. Desde el Salvador se difundió la leyenda de un siniestro personaje, el coronel Martínez apodado “El chacal de Olancho” cuyos hombres secuestraban y violaban salvadoreños por las calles de Honduras. Fueron proliferando las famosas letanías, cánticos burlescos y belicosos entre ambas hinchadas antes del partido. Así, según cuenta Kapuściński se fue poco a poco enardeciendo el ánimo de los dos países, precipitados en una espiral de fatalismo hacia el inevitable desastre final.

Tan sólo unas horas después de que aquella noche del 27 de Junio, y con gol de Pipo Rodríguez, la Selección de el Salvador le ganara a Honduras por 3 a 2 en tiempo extra bajo la lluvia del estadio Azteca y la gente lo celebrase alborozada por las calles de El Salvador. La televisión comenzó a mostrar imágenes de salvadoreños expulsados de
Honduras que cruzaban con tristeza el puente fronterizo de el río Goascorán. Aún hoy no se sabe a ciencia cierta cuanto de propaganda y manipulación hubo en aquellas imágenes. Aquella eliminatoria fue la mecha perfecta para incendiar un reguero de gasolina hecho a base de problemas y rivalidades sociales, políticas y hasta comerciales. Dos semanas después la aviación salvadoreña atacaba a Honduras y se cernía la oscuridad en las calles del país.

La guerra duró apenas tres días, El Salvador devolvió los pequeños enclaves conquistados. Pero el saldo final arrojó miles de muertos y una fractura de odio irrecuperable entre los vecinos. La selección de El Salvador lograría clasificarse para el mundial de 1970 donde quedaría última de su grupo sin conseguir marcar un sólo gol.

Días después de que Kapuściński describiese con su reportaje como el fútbol puede ayudar a consumar la barbarie, el gran reportero polaco volvía su inquisitiva mirada hacia un suceso más amable. Neil Amstrong se convertía en el primer hombre en pisar la luna.

Fuente: http://www.futbolrebelde.org/blog/?p=5241

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