Crónica Ruperto Concha: Bomba Demográfica

 

Parte 1

Parte 2

Después del sobrecogedor informe de Yokohama sobre el cambio climático,  los hombres de ciencia y los pocos políticos verdaderos del mundo, han planteado nuevas interrogantes. Nuevas preguntas que, si somos capaces de encontrar las respuestas, quizás podrían salvarnos de la catástrofe de este planeta… Oiga, este planeta que hasta ahora es el único sitio en todo el universo donde podemos seguir vivos.

Por supuesto, las nuevas preguntas se fundamentan en conocimientos ya comprobados. Y el más concreto de todos es que nuestra especie humana se está reproduciendo a una velocidad vertiginosa. Cada cuatro días, la población aumenta en un millón de habitantes. Cada año la población aumenta en cien millones de personas.

Y esos cien millones de aumento, casi en su totalidad corresponden a los grupos humanos más pobres, más ignorantes, más llenos de enfermedades y con menos posibilidades de mejorar su condición.

Por supuesto, ningún analista serio pone en duda que la explosión demográfica aparece como  la principal causa del deterioro planetario, el cambio climático y el agotamiento de los recursos naturales…

Sin embargo, el caso no es tan sencillo. De hecho, si se detuviera por completo el crecimiento de la población, si en los próximos 16 años siguiéramos siendo el mismo número de gente que hoy día,  de aquí al 2030 ya se habría logrado reducir entre un 15 y un 20%  la polución atmosférica con gases de efecto invernadero.

Pero esa disminución sería insuficiente para parar el cambio climático. De hecho el consenso de la comunidad científica mundial señala que para esa fecha es necesario que las emisiones polucionantes hayan disminuido en un 50%.

Es decir, parar la explosión demográfica es indispensable, pero no es suficiente solución.

 

Se sabe que cada ser humano tiene una cuota estadística de consumo y de emisión de desechos, que impactan en el medio ambiente. Como unidad básica se ha considerado la forma en que vive el promedio de los habitantes de Kenya, en África. Se  considera que cada kenyata tiene una incidencia sobre el planeta, con valor 1.

Frente a ellos, hay otros africanos y asiáticos que tienen una incidencia incluso menor que 1. Pero frente a ellos, cada uno de los habitantes de Estados Unidos tiene un índice estadístico de consumo y polución de 32. O sea, cada estadounidense consume y poluciona igual que un grupo de 32 negritos de Kenya.

Así, Estados Unidos como nación consume y poluciona 320 veces más que la república de Kenya. Es decir, en términos de agotamiento y deterioro planetario, Estados Unidos es 32 veces más dañino que aquel país africano.

O sea, la destrucción del medio ambiente y el cambio climático no se debe sencillamente a la explosión demográfica. Mucho más se debe al aumento irracional y vertiginoso del consumo siguiendo el sistema económico neo liberal.

En una de mis crónicas anteriores comenté cómo ya en 1999, los cálculos concretos de uso de recursos naturales señalaban que la China, con su crecimiento económico prodigioso, estaba avanzando a provocar una crisis de agotamiento de los recursos planetarios.

Según esos cálculos, si sólo la mitad de los chinos alcanzaran un nivel de consumo similar al de Estados Unidos y Europa, ya la producción mundial de petróleo se haría insuficiente. No quedaría ni una gota de petróleo para repartir entre las naciones en vías de desarrollo.

Pues bien, en estos momentos ya se estima que un 25% de los chinos ha alcanzado el nivel de vida europeo y norteamericano. Y el 25% de 1.300 millones, son 325 millones de personas. O sea, un mercado consumidor que ya es más grande que Estados Unidos que sólo tiene 308 millones de habitantes, y poco menor que la totalidad de Europa que tiene 450 millones.

Para gente con mentalidad de mercachifles, eso es algo magnífico, pues significa un vendaval de millones de negocios. Recordemos que en una de sus últimas apariciones como Presidente de Chile, el señor Sebastián Piñera trató de convencer a unos niñitos de una escuelita pobre, de que el mejor regalo que podrían pedirle al Viejito Pascual, sería… ¡otro hermanito!

Por supuesto, aquellos niñitos se negaron a tomarse en serio aquellos consejos de Su Excelencia.

 

Está bastante claro que la economía de mercado imperante, se basa en el mismo principio que la famosa Pirámide de Ponzi, esa cosa que se considera estafa porque se sabe que finalmente resultará en pérdida total del dinero de los inversionistas que ingresan al sistema pasado cierto punto de crecimiento. De hecho, las últimas pirámides han terminado con muchos de sus organizadores presos.

Ud sabe que según los economistas neoliberales, cuando una economía deja de crecer, cae en recesión. O sea, según ellos, no existe un punto de equilibrio, donde una empresa o una nación pueda estar prosperando sin tener crecimiento.

En la naturaleza, por el contrario, todas las especies y todos los más importantes fenómenos naturales se caracterizan por tener un período inicial de crecimiento que se detiene cuando alcanza su máxima capacidad, y que, posteriormente declina o envejece como marca la entropía.

Es decir, la doctrina neoliberal del crecimiento eterno, de hecho es antinatural y en los hechos de las últimas décadas denota que sólo puede terminar ruinosamente.

Aplicado eso a la demografía, igual que otros negociantes, Sebastián Piñera considera que el crecimiento de la población es re bueno porque aumenta el número de compradores.

Fuera de eso, aumenta el número de gente que anda buscando trabajo, y, de acuerdo a la ley de oferta y demanda, eso se traduce en que la gente se conforma con cobrar poquito, el trabajo se abarata y las utilidades crecen.

Pero eso es mirando el problema solo a nivel de negociantes reguleques o subdesarrollados.

El verdadero gran negocio del crecimiento demográfico se proyecta más allá, en el ámbito financiero. Ahí, la pirámide funciona sobre la base de que un número siempre mayor de personas que trabajan, juntan la plata para financiar las jubilaciones de sus mayores.

Cuando en Estados Unidos se instauró el sistema de Social Security, para los fondos de jubilación, la proporción era de 16 trabajadores activos por cada jubilado.

Pero con el tiempo, la gente mayor comenzó a tener mejor salud y vivir muchos años más, y al mismo tiempo, el número de trabajadores bien pagados iba disminuyendo a medida que  las nuevas máquinas y la nueva tecnología reemplazaban a más y más trabajadores humanos.

Actualmente, en Alemania, se estima que la proporción está llegando al uno por uno. O sea, hay tantos jubilados como trabajadores activos. Y en Estados Unidos, cerca de la mitad del presupuesto anual, o sea cerca de un millón de millones de dólares, se va a financiar los sistemas de seguridad social.

 

Eso es lo que llaman la Pirámide Invertida. Y, como son economista muy apegados a las recetitas que les enseñaron, no encuentran más solución que pugnar por que siga el crecimiento demográfico, para que aumente el número de trabajadores activos cotizando en los sistemas previsionales.

No se dan cuenta de que esa receta sólo sirve para chutear el problema hacia adelante. De hecho, ya está claro que en el llamado mundo desarrollado la cesantía no disminuirá a los niveles anteriores a la crisis.

Igualmente, el ingreso per cápita seguirá muy bajo, y ello bajo  la amenaza constante de un colapso del dólar como moneda internacional. Frente a eso, los nuevos economistas están aclarando que es ridículo basar el financiamiento de las jubilaciones en el  número de  trabajadores activos.

Según la nueva economía, la base no está en el número de trabajadores, sino en la productividad de cada uno de ellos. Y el ejemplo más claro está en los países escandinavos y Suiza, donde el estado y las empresas privadas se aúnan en elevar al máximo el nivel de tecnología y la modernidad de instalaciones y máquinas.

Ello, con el fin de que los trabajadores, mediante una intensa capacitación permanente, tengan una productividad equivalente a la que en otros países sólo se logra contratando un gran número de personas.

Como es natural, el fenómeno escandinavo ya está siendo imitado en otros países. Mientras tanto, por puro entendimiento normal de las familias, sobre todo de las mujeres,  sea logrado frenar considerablemente la explosión demográfica. Especialmente en el mundo subdesarrollado o en vías de desarrollo, las mujeres han comprendido que los hijos necesitan desesperadamente recibir una educación y una capacitación para alcanzar la productividad esperada.

Y ello implica que los escasos recursos de la inmensa mayoría de las familias, que, como en Chile, gana menos de 500 dólares mensuales, no alcanzan para financiar a más de un hijo, o, con grandes sacrificios y pérdida de calidad formativa, un máximo de dos.

O sea, que tener más de un hijo es reducir las expectativas de ascenso social, y tener más de dos equivale a anular las esperanzas reales de progreso.

 

En Estados Unidos, Europa, Japón y China, también ha alcanzado enorme fuerza la noción de que cuidar bien un hijo es algo realmente caro. Según estadísticas oficiales de Estados Unidos, cada hijo de una familia de clase media representa un gasto de, fíjese bien, un millón cien mil dólares, a lo largo de sus primeros 21 años de vida. De esa suma enorme, casi la mitad corresponde a la deuda que contrae el hijo con la Universidad y la organización financiera que le de crédito.

En Gran Bretaña, la cifra es algo menor, sólo unos 250 mil dólares, si los hijos van a escuelas públicas, y casi el doble si van a colegios pagados. Es decir, lo que allá se considera “clase media”, es algo que la clase media no puede ni soñar. Menos de un 5% de los chilenos podría absorber esos costos enormes por cada uno de sus hijos.

Por su parte, los hijos, que entran a la vida profesional teniendo el peso de una deuda enorme, no están dispuestos a casarse y ponerse a tener hijos. O sea, con las diferencias obvias, esas familias de los países ricos enfrentan problemas similares a los de nuestras familias pobres.

Para tener hijos hay que sacar muy bien las cuentas. Porque no se trata de echar a los pobrecitos al mundo para que se suma en a condición de siervos de la gleba y sin esperanzas verdaderas.

De hecho, en el mundo desarrollado, ya el índice de natalidad está reducido a extremo. En Europa y Japón,  nacen 13 o 14 hijos por cada 10 parejas. O sea, cuando mueran los 20 progenitores, sólo quedan 13 o 14 hijos de reemplazo..

En Estados Unidos, el índice es de 26 hijos por cada 10 parejas lo se debe a que los inmigrantes latinoamericanos siguen teniendo numerosos hijos. Las familias blancas caucásicas, tienen un índice de 1,7. 17 hijos por 10 parejas. Por ello, ya el año pasado la nación estadounidense dejó de tener mayoría blanca.

 

En el caso de China, la tan publicitada supuesta ley que prohibía tener más de un hijo, en realidad jamás llegó a aplicarse en rigos. Más bien fue siempre una recomendación. De hecho, un sólo hijo por pareja, o por mujer, habría reducido a la mitad la población de China en una sola generación. Por el contrario, en los últimos 15 años, China aumentó su población de 1000 millones a 1300 millones de habitantes,

Sin embargo, en estos momentos, el gobierno chino está lanzando una intensa campaña de planificación familiar y control de la natalidad, que aspira a reducir la población de China en 400 millones de habitantes hacia 2030.

Es decir, el avance social del pueblo chino, concordante con el formidable crecimiento económico del país, está llevando a que allí se busque la misma tasa de natalidad que en el resto de los países ricos.

Y, como respuesta al mito del “envejecimiento de l población”, que supuestamente provocaría decadencia en la vitalidad nacional, su cultura y sus aspiraciones, el caso de Japón es la mejor respuesta. Allí, con un índice de natalidad de 16 hijos por cada 20 parejas, o sea, una disminución de 4 personas cada 2º en cada generación, sin embargo se da un país donde hay una juventud extremadamente intensa y vigorosa, que ha transformado velozmente todos los aspectos de la cultura japonesa.

 

En cambio, el fenómeno europeo, que ha buscado reemplzar su baja natalidad con un incremento de la inmigración, ha llevado a procesos de pérdida de identidad y pérdida del sentido democrático de la vida.

El académico francés Pierre Manent, especializado en filosofía política, ha destacado que Europa ha caído en manos de funcionarios, burócratas, que intentan reemplazar los programas políticos de las naciones, por un sistema de regulaciones redactada entre cuatro paredes. Según Manent, la Democracia es, esencialmente, una manera de vivir, y un conjunto de valores que son el patriotismo esencial.

La conducción economicista de Europa, además de estar fracasando, está teniendo el costo de drenar, vaciar los sentimientos de soberanía y democracia. La gente ya no se siente ciudadana. Se sienten como si fuese sólo empleados de una mega empresa.

De hecho, el nuevo pensamiento liberal europeo aprueba el sistema de referndums y consultas, como ejercicio vitalizador del sentimiento democrático, y apoya el que sean las propias familias las que decidan cuántos hijos realmente quieren tener, y por qué, y para qué..

 

En febrero pasado, Suiza aprobó en un plebiscito poner estrechos y duros límites al ingreso de inmigrantes a trabajar en el país. Incluso se limita rigurosamente el ingreso de personas provenientes de la propia Unión Europea,

La decisión provocó escándalo en la Unión Europea, y se calificó re “racista” a la República Suiza .

Pero en Suiza la voz del pueblo es la que manda, y ahora su tarea es echar del país a alrededor del 27 por ciento de sus trabajadores, que son inmigrantes.

Y, por supuesto, la decisión de Suiza ha provocado una simpatía enorme junto con la conciencia de que no sirve reemplazar con inmigrantes la disminución de la población.

Que lo que hace falta es que menos gente pueda producir más, ganar más y sustentar mejor el bienestar nacional.

 

Bueno, en estos momentos casi toda la ayuda internacional a los países subdesarrollados, está siendo con la condición de que el país socorrido comience a aplicar activamente políticas de planificación familiar y reducción de la natalidad.

Pero también está claro que la mera reducción de la natalidad no es suficiente para salvar al planeta. Es indispensable también reemplazar la receta económica con consumismo brutal, por una economía de moderación.

En estos momentos, haciendo uso de la tecnología que está disponible ahora, es ya posible que una población mundial planificada por las propias familias, estaría en condiciones de alcanzar un nivel de vida que hoy pareciera reservado sólo para el 10% de los más ricos.

Y, como en Suiza y en los países desarrollados, son las propias familias las que pueden y deben reconfigurar su propia demografía, y lo que quieren lograr para sí mismas y para las nuevas generaciones.

Y al parecer lo que se está perfilando es una nueva economía que ya no se basa en el crecimiento, sino en una adecuada conjugación de las necesidades humanas, la producción de bienes, y la legítima ganancia por producir excedentes valiosos.

 

Como ocurre a menudo, tengo bastante material informativo que no cabe en una crónica de radio.

Como otras veces, ofrezco enviarlo por eMail a quienes lo quieran, aunque ruego me den algunos días de tiempo pues a menudo tengo que hacer traducciones que suelen ser difíciles.

Hasta la vista. ¡Cuidense!

 

Fuente Imagen: http://www.historiasiglo20.org/HM/10-2a.htm

 

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