Whatsapp ha cambiado el asunto del grupo por “Telegram”

El sábado 22 de febrero, los servidores de Whatsapp, la aplicación de mensajería instantánea para móviles más popular, fallaron. Era la ocasión perfecta para que miles de personas usuarias migraran a Telegram, una alternativa que es software libre. Pero no pudo estar a la altura: el aluvión de 100 usuarios nuevos por segundo tumbó sus infraestructuras. El funcionamiento de ambas se reestableció esa noche, pero el escenario de este tipo de servicios ya había mutado.

Dos días antes, Whatsapp también fue noticia porque Facebook anunció su compra por más de 13.800 millones de euros. La compañía fue fundada en California en 2009 por Brian Acton y Jan Koum, antiguos empleados de Yahoo!, y sólo recientemente había aparecido una aplicación que podría hacerle sombra: en octubre de 2013 se presentaba el cliente para móviles Android de Telegram, con una amplia campaña de relaciones públicas que incluía intensa presencia en redes (por ejemplo, la cuenta de Twitter @TelegramES responde a quienes hablan de la aplicación en español). Se trata de una iniciativa de los hermanos rusos Nikolai y Pavel Durov, creadores de VK, una alternativa a Facebook que es la red social más utilizada en su país.

Dos burbujas de negocio

La jugada de Facebook parece pertinente en un momento en que las redes sociales están, cuanto menos, desacelerando su crecimiento. Desde hace más de un año, los estudios sobre hábitos en la red coinciden en que Facebook ha dejado de ser el sitio preferido para las relaciones más emotivas y en que la media de edad de sus usuarios va creciendo porque los más jóvenes prefieren chatear de forma más inmediata. La compañía de Mark Zuckerberg pretende ampliar su alcance a nuevos mercados y renovar su modelo de negocio.

En el Congreso Mundial de Móviles celebrado en Barcelona a finales de febrero, Zuckerberg declaraba que la compra de Whatsapp responde a su visión de internet para el futuro. Según explica la web TechCrunch, su idea es generar un paquete de servicios de comunicación básicos y gratuitos, entre los que estaría la red Facebook y la mensajería de Whatsapp –una especie de “091 de internet”–, con el fin de generar otra gama de servicios más avanzados, que los usuarios percibirían como exclusivos y por tanto estarían dispuestos a pagar por ellos. Bajo esta óptica cobra sentido que Whatsapp haya sido gratuito durante mucho tiempo, que no tenga publicidad y que ahora cueste menos de un euro anual. Además, si el usuario se resiste a pagar, tras múltiples avisos se suele ampliar su vigencia en sucesivos periodos de gracia.

Telegram tampoco tiene publicidad y afirma que nunca va a cobrar por usarlo, ya que se presenta como una iniciativa sin ánimo de lucro. El dinero que han invertido en servidores y desarrollo proviene de Digital Fortress Fund, que maneja beneficios de los fondos de capital de riesgo de Pavel Durov. Este exitoso empresario de la web 2.0 también es generoso donando a fundaciones como la que gestiona Wikipedia y firmando manifiestos anarcocapistalistas que defienden la libertad total de internet. Sus motivación para el altruismo también pasa por fomentar las empresas tecnológicas europeas: “Quiero inspirar a las startups europeas, soy un gran creyente en Europa”, sentencia. En su web, Telegram asegura que, si alguna vez necesitara más dinero, pediría donaciones a sus usuarios, pero nunca cobraría obligatoriamente.

Las ventajas de Telegram

Costes aparte, atendiendo a sus funcionalidades, Telegram presenta varias ventajas respecto a su antecedente californiano (al que ha copiado la interfaz): se puede utilizar en varios dispositivos –existen aplicaciones compatibles con los sistemas operativos Android, iOS, Windows, MacOS y GNU/Linux–, permite grupos de hasta 200 personas y, según afirman sus desarrolladores, es más rápido y más seguro. Ha añadido la funcionalidad “chat secretos”, que van encriptados y se pueden programar para que se autoborren de los terminales de emisor y receptor y de los servidores por donde han pasado en el momento en que se quiera. La encriptación implica que, en principio, el mensaje es sólo legible por quien lo envía y quien lo recibe, ni siquiera para quienes administran los servidores de Telegram. La empresa ofrece una recompensa de 200.000 dólares a quien consiga desencriptarlos, aunque con truco: el premio es para quien descifre dos mensajes que se envían periódicamente entre dos móviles, lo que no significaría que todos los datos estén blindados.

En todo caso, el gran avance respecto a Whatsapp es que se trata de software libre: el código fuente es público y puede ser examinado y mejorado por quien lo desee. Así, puede haber más desarrollos que los que impulsa la propia empresa (por ejemplo, las aplicaciones de escritorio para Windows y MacOS), y su seguridad es sometida a una rigurosa auditoría permanente. Gracias a ello se han encontrado varias vulnerabilidades que ponen en duda la privacidad. Una es que la aplicación para GNU/Linux permite ver “Contactos sugeridos”, basándose en contactos de tus amigos, de forma que puedes ver usuarios y consultar sus últimas conexiones sin tener su número. No puedes ver su número, pero sí saber cuando se ha conectado por última vez una persona que sólo es amiga de alguna de tus amigas. Muchas empresas de marketing podrían hacer estudios sabiendo las horas de conexión de los usuarios, por ejemplo.

En los pocos meses de vida de Telegram, varios usuarios han reportado errores que han sido rápidamente solucionados por la empresa. Pero en su nube de datos sigue quedando un ángulo muerto que escapa al escrutinio colectivo: no han liberado el software mediante el que se gestionan sus servidores, por lo que no tenemos la completa certeza de que nuestros datos estén convenientemente custodiados en su viaje desde nuestros terminales hasta los de nuestros contactos.

Whatsapp mató a los SMS

El informe de telecomunicaciones en España que elabora la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia ha detectado que, en los últimos tres meses de 2013, se enviaron un 47,2% menos de SMS que en el mismo periodo del año anterior. Además, el gasto en SMS por hogar ha bajado a la mitad: 40 céntimos al mes, con diferencia el que más ha caído de todos los servicios afectados por la caída general del consumo. Algo tienen que ver Whatsapp y Telegram, aplicaciones que permiten intercambiar mensajes de texto y de voz con las personas cuyos números de teléfono tengamos guardados en la agenda y que también las tengan instaladas en sus terminales. En todo el mundo, el primero cuenta ya con 450 millones de usuarios mensuales y maneja 18.000 mensajes al día; el segundo llegó el 22 de marzo a los 35 millones de usuarios, siempre según datos que facilitan ambas empresas.

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