México: A 15 años de la huelga en la UNAM que defendió la gratuidad de la educación superior

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Zapata es muy cómodo mientras esté en una estatua de bronce. Zapata es un prócer, es un héroe, es un revolucionario incluso, mientras se mantenga en su efigie ecuestre en Cuernavaca y no se mueva. Pero si lo reivindica un indio en Chiapas, entonces ya no es cómodo.
Hace 15 años, durante nueves meses de los años 1999 y 2000, una huelga de los estudiantes de la UNAM defendió el carácter gratito de la educación pública superior. Lo hizo no solamente contra la voluntad de las autoridades universitarias y el Estado mexicano de imponer un Reglamento General de Pagos que introduciría cuotas obligatorias (se quedaron como voluntarias, tras el rompimiento de la huelga por la Policía Federal Preventiva), sino de la acción del gobierno perredista del Distrito Federal. El GDF perredista, después de fracasar en su intento por controlar el movimiento, se dedicó a reprimirlo junto con el gobierno federal. Y aun contra el linchamiento de los medios, no sólo los de derecha, sino La Jornada y Proceso, y la actitud de la intelectualidad perredista que descalificó al movimiento y dio la cobertura de respetabilidad a la represión orquestada desde los gobiernos federal, Ernesto Zedillo, y del DF, Rosario Robles.

Contra los estudiantes se estrenó la recién creada Policía Federal Preventiva (PFP, actualmente policía federal), un modelo de policía militar que luego operaría contra otros movimientos sociales, como en Atenco en 2006. Pero la huelga fue uno de los primeros movimientos sociales contra la más reciente oleada neoliberal, que en el caso mexicano ha tenido que usar de la violencia para imponer sus reformas privatizadoras.

Para conocer el punto de vista de una de las activistas que participó muy joven en este movimiento, entrevistamos a Argelia Guerrero Rentería, huelguista y presa política durante la huelga en la UNAM de 1999 en defensa de la gratuidad de la educación pública superior. Entonces ella estudiaba en la Escuela Nacional Preparatoria No. 6, además de estudiar música (en la Nacional de Música, también de la UNAM) y ballet.

La conversación nos dio una perspectiva desde dentro, opuesta a la de los “expertos” que juzgaron, condenaron y demonizaron al movimiento estudiantil de 1999- 2000.

Sobre el proceso que siguió su involucramiento en el movimiento de huelga, Argelia Guerrero comentó:

En mi preparatoria había poca actividad, en comparación con el resto de las escuelas. Había poca información, poco activismo. Cuando salió la iniciativa del Reglamento General de Pagos, quien hizo mucha actividad política fue la gente del CCH Sur. Me enteré por las noticias y por la Gaceta.

Vengo de una familia de tradición de izquierda. Habíamos seguido al Movimiento Zapatista. Mi papá es de la generación del 68. No era difícil tener un lado crítico frente a esa que era claramente una transgresión y estaba lacerando el carácter público y gratuito de la educación.

Decidí participar, poco activamente en un primer momento. Yo estudiaba ballet, música y la prepa. No asumí el activismo previo a la huelga, sino más bien iba a las asambleas, me informaba, leía de lo que se estaba discutiendo, pero, finalmente, participé en la votación por el paro. Y a partir de la huelga tomé un papel más activo.

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Zapateando: ¿Cómo recuerdas esos días y qué importancia tuvieron en tu vida?

AGR: Bueno, en la mía y en la de muchos de quienes estuvimos ahí. Fue un parteaguas, completamente, en mi modo de hacer y de ver la participación política, fuera de los partidos políticos. Creo que, previo al zapatismo, la participación política se reducía a militar en un partido. Y, primero con el zapatismo, que abre la voz a la sociedad civil, y después en la huelga, pues se abre un horizonte muy grande de participación: haciendo medios libres, haciendo muchas otras cosas.

Fue un momento muy creativo. A mí me definió muchas rutas por dónde seguir participando, sin la necesidad militar en un partido político que no representaba ni mis intereses ni mi forma de ver la transformación social. En la huelga conocí a gente con la que, hasta la fecha, trabajo; con la que tengo coincidencias políticas, con la que nos encontramos en una marcha, en una iniciativa política… son lazos que se tejen, y se han mantenido a lo largo de quince años.

Sí, nos definió en muchos sentidos y creo que el principal es que nos empujó a autodeterminarnos. En ese momento no había quién nos dijera qué hacer ni cómo y todos empezamos a potenciar nuestras capacidades y creo que eso fue un gran descubrimiento para quienes estuvimos en ese movimiento.

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Zapateando: ¿Formabas parte de algún colectivo o corriente dentro de la huelga?

AGR: No. Ninguno. Primero participé a modo individual y después, en la misma preparatoria, vas teniendo coincidencia con ciertos grupos y, ya después de la huelga, formamos un colectivo.

Zapateando: La narrativa de la prensa fue la de un rápido deterioro del movimiento, que llegó el momento en que las asambleas eran muy polémicas. Había una campaña para presentar al movimiento como violento, como una generación vacía que salía a las calles a echar desmadre y pelearse con todo mundo, incluida “la izquierda”, ¿cómo lo veían ustedes desde dentro?

AGR: Sí, era la visión oficial, digamos. Como en todo movimiento plural, había muchas voces y opiniones respecto a qué ruta debería de seguir el movimiento. Algunas, pues sí, en muchos sentidos, antagónicas.

Era una novedad el modo de participación. Era difícil ponernos de acuerdo, sobre todo porque no había un referente anterior inmediato que nos ayudara a definir caminos y rutas de decisión. Fue muy experimental. Muchos de los errores, que algunos de los compañeros marcan, creo que tienen que su origen en esa experimentación y en la falta de experiencia que teníamos al respecto, pero la defendíamos con todo, porque creíamos que todas las voces tenían que ser escuchadas y teníamos que seguir marcando y defendiendo esa ruta, sin un liderazgo marcado, ni una verticalidad de decisiones que pudiera ser más fácil y menos polémica, pero en la que no nos íbamos a involucrar todos y no nos íbamos a ver reflejados.

Sí hubo posiciones muy antagónicas al interior del movimiento, sí, hubo pleitos, peleas, etcétera, incluida la izquierda institucional, hay que decirlo. Hubo un momento de ruptura muy serio, principalmente con el Gobierno del Distrito Federal, que lo tenía el perredismo, y que tenía muchos activistas en el movimiento del 99, del Consejo General de Huelga (CGH), muchos de los cuales abandonaron el movimiento en un momento temprano, cuando fue difícil mantener una postura hegemónica. Creo que su gran error fue querer ser hegemónicos en un movimiento que se pretendía plural.

¿Se hablaba de violencia? (reflexiona)… pues, no. Realmente, yo, por ejemplo, veo las cámaras de diputados y senadores, cómo se golpean, y digo por qué les sorprendía que hubiera algún momento de tensión entre nosotros. Había estrés, tensión, pero no era lo cotidiano. La verdad es que la vida en las escuelas era… era muy curioso porque, para trabajar en las escuelas, haciendo los carteles, boteando, en la cocina, limpiando, haciendo guardias, etcétera, pues había un acuerdo de unanimidad, todos trabajábamos de la mejor manera, buscando una finalidad común y, claro, ya en las asambleas, a veces era ruda la discusión. Pero a la hora de salir a la calle, si un compa de tu escuela o del CGH antagónico a ti tenía alguna bronca, era indiscutible que tenías que ser solidario con el compañero. No era una cuestión de “qué bueno, que se lo lleve la patrulla, al fin que eso fortalece mi posición y debilita la de ellos”. No era una cuestión así y de verdad que los episodios de violencia fueron pocos. Los hubo; pero fueron muy potenciados por la prensa. Si la prensa se ocupara ahora de magnificar las peleas en la Cámara, sería una nota roja o sería la alarma todos los días. En el caso del CGH, sí hubo episodios muy difundidos por la prensa; y pues, éramos jóvenes, creo que cualquier persona que comprenda que estábamos en un rango de edad entre los 12 y los 30 años entendería que hay a veces modos pocos racionales de reaccionar…

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Zapateando: Además ese tipo de organización asamblearia siempre ha sido difícil, no solamente para jóvenes, sino para sociedades de todo tipo desde los oaxaqueños hasta los españoles. No estamos acostumbrados a los procesos asamblearios…

AGR: Exactamente, es una cosa difícil de entender. Para nosotros es ahora más normal, digamos, esta generación ya entendemos ese método o no entendemos el hacer política sin él, pero en esos momentos no había un referente anterior, o sea, casi todo el mundo esperaba que hubiera una dirección, sea cual fuera su legitimidad, su selección o la forma de haber llegado a esa dirección, que dijera qué pasos seguir, entonces, era complicado tener un referente anterior. Se tenía el zapatismo, pero a pesar de la cercanía y todo, pues no somos indígenas, no entendemos del todo cómo funciona la dinámica indígena y además no estábamos en el campo, donde el tiempo funciona de otro modo. Sí lo teníamos ahí, pero no lo entendíamos del todo y no sabíamos ciertamente cómo funcionaba el zapatismo de verdad, de fondo, entonces sí era un referente, pero no era un referente claro.

Era difícil el método asambleario y desesperaba a las autoridades, porque no era una cuestión de: yo estoy en una mesa y decido en este momento sí firmar. Había que tomar la propuesta que hacía la Rectoría, de un formato de diálogo, por ejemplo, tomarlo nosotros, bajarlo a las escuelas, que lo discutieran, lo votaran, que cada escuela, lo llevaran al CGH, que el CGH lo discutiera, lo votara, y entonces se podía dar una respuesta a la Rectoría. Ese era el método y, hasta la fecha, no lo vemos mal. Es lento, claro. La Rectoría se enojaba muchísimo en las mesas de discusión por eso.

Zapateando: Tanto a las autoridades como a la prensa les gusta fabricar líderes y esperar que sea siempre con ellos con quienes se entiendan…

AGR: Sí. Es un viejo vicio, un vicio fácil que permite la tradicional corrupción mexicana. Es muy sencillo localizar a alguien y ofrecerle, lo estamos viendo con Michoacán, por ejemplo. Y resolver, por encima, el problema. Para las autoridades eso es fácil en términos de resolver conflictos, y para la prensa, en términos mediáticos: construyes un arquetipo… y es difícil que, en una pluralidad, construyas un arquetipo de todo lo que había en el CGH, entonces eliges una persona, la más controvertida o polémica, para hacer un arquetipo del parista, por ejemplo. Pero lo hicieron con Atenco, lo hicieron con las autodefensas ahora, lo hicieron antes con el zapatismo, para la prensa es fácil crear arquetipos.

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Zapateando: En cuanto a la represión al movimiento, la versión de la prensa es que se fue muy tolerante. Incluso la prensa de derecha se quejaba: “no hay gobierno, los dejan hacer lo que quieran”. Y se hace creer que la represión vino hasta el final, después de mucha paciencia. Pero hubo represión desde antes…

AGR: Sí, la hubo y muy por debajo del agua. Es decir, hasta, digamos, Atenco, la represión había sido, después de la guerra sucia, ya bastante velada. Creo que el gobierno mexicano ya se había quemado mucho, había sido muy violento. Los tipos de represiones no eran los mismos que en esos años. Por ejemplo, a nosotros el primer golpe duro nos lo dan en la Preparatoria 6: provocan un incendio en el auditorio, al mes de la huelga, y liberan órdenes de aprehensión contra los activistas que estábamos en la huelga, por daños al auditorio. Ya tener una orden de aprehensión por dizque haber provocado un incendio, a un mes de ejercer la huelga, eso es represión. No tienes un tolete encima, pero es represión. Tuvimos varios incidentes de compañeros a quienes, rumbo a sus casas, los seguía a patrulla, los levantó la patrulla. Eran casos “aislados” que se documentaron en su momento.

Zapateando: La huelga duró nueve meses y ya desde el primer mes había estos casos…

AGR: Sí, desde el primer mes había represiones de ese tipo.

Zapateando: ¿Lograron definir quién fue?

AGR: No. Ese fue un abandono de nuestra parte. Levantamos un acta, porque llegaron los bomberos de la universidad y el primer peritaje que hicieron fue que se trataba de un incendio controlado. No fue un corto circuito, porque en ese primer mes de huelga no teníamos agua ni luz. Nos los cortó la autoridad, entonces no pudo haber sido un cortocircuito. Y estaba delimitada la zona del incendio, eso nos explicaron los bomberos, entonces alguien entró y lo provocó, y alguien con cierta experiencia. Pero no le dimos seguimiento a ese asunto.

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Zapateando: ¿Supiste que hubiera incidentes así en otras escuelas?…

AGR: De esa magnitud no, pero sí hubo incidentes, sobre todo en las preparatorias y los CCH (Colegios de Ciencias y Humanidades). Creo que se pensaba que éramos el sector vulnerable por ser más jóvenes y era donde más situaciones se daban, más agresiones de porros, incursiones donde entraban a robar…

Prepa 6, hasta después de la huelga, no tuvo movimientos porriles, pero CCH Vallejo, CCH Azcapotzalco, tenían un serio problema con el porrismo, el cual operaba de manera muy violenta. Llegaban por las noches, generalmente, y atacaban con petardos las escuelas, apedreaban a los activistas. Trataban de secuestrar o petardeaban los camiones que iban rumbo a una marcha Esa violencia no la documentó la prensa y era una violencia muy agresiva. Era difícil, era ruda de contener. Sobre todo si hablamos del bachillerato. Era jóvenes, muy jóvenes, teniendo que tomar medidas de seguridad muy adultas para una situación como tomar camiones.

Tenían un protocolo de seguridad, comisiones de seguridad, de cómo y dónde tomar camiones y de irse siguiendo y monitoreando. En ese momento no teníamos la tecnología hay ahora. Lo más sofisticado que podía tener una escuela era un walkie talkie que alguien sacaba de su casa para ir coordinando los camiones. Para saber cuántos camiones salían de CCH Vallejo y ver que en un semáforo no los separara, para llegar sanos y salvos a una marcha y si había un incidente, detener a un contingente cercano, ubicar quién estaba cerca para ir a apoyar a los compañeros.

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Zapateando: ¿El movimiento, a quién responsabilizaba por el porrismo?

AGR: La tradición porril dentro de la universidad ha estado ligada al priismo, ya después de unos años se ligó con algunos grupos del perredismo, pero generalmente, y ha habido documentación, es sabido y tolerado, es el priismo el que mantiene esos grupos, porque además muchos de ellos son sus cuadros. Ahora está el asunto con el tal Gutiérrez de la Torre [presidente del PRI DF con licencia, acusado de tener una red de trata dentro de las oficinas del partido], quien operó muchos grupos del porrismo, no sólo en la UNAM y, de pronto, ya son diputados y senadores por el PRI, locales y federales.

Zapateando: En tu persona, la represión llegó hasta la cárcel…

AGR: Sí. Yo tenía varias órdenes de aprehensión. Un por el caso del auditorio, esa era por “daños a la nación”. Después, por ahí de agosto- septiembre, todavía estaba Barnés como rector, se liberan las órdenes de aprehensión contra los activistas. Ya se hablaba de “nuestra intransigencia”. Decían que ya se había supuestamente tratado de dialogar con nosotros, y como no soltábamos las instalaciones, desde su perspectiva, pues ya estábamos delinquiendo y la única manera era detenernos.

Entonces hicieron una lista de la gente más visible que hacíamos activismo en las escuelas y esa lista fue la que se dio para liberar las primeras órdenes de aprehensión que incluso se publicaron en los periódicos. Entonces también tenía esa. Y finalmente, el episodio por el que estuve presa fue el ocurrido en la Preparatoria 3, después del plebiscito que se organizó para levantar la huelga. Empezaron a mover a los estudiantes no activos en la huelga para ir a recuperar las instalaciones, recuperar entre comillas.

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Zapateando: ¿Quién los impulsa?

AGR: Las autoridades, principalmente. Y hacen un primer intento en Prepa 6 precisamente. Efectivamente la huelga estaba ya muy desgastada. La mayoría de los estudiantes no iban ya a la escuela. Estábamos alejados de la comunidad universitaria. Y lo que sucede es que llegan a Prepa 6, primero, a pedir las instalaciones y tratamos de hacer una mesa de diálogo con ellos, lo conseguimos. Porque Prepa 6 no tiene tanta tradición de porrismo, entonces no era muy violento el asunto. Conseguimos hacer una mesa, convencimos a la comunidad que llegó de firmar para que se solucionen los seis puntos del pliego petitorio y agendamos una serie de mesas. Digamos que falló la iniciativa de ir a recuperar las instalaciones de manera física, violenta. Es el primer intento y falló. Después lo intentaron en Prepa 9 y también falló.

Y entonces lo intentan en la Prepa 3, pero ahí lo que sucede es que no envían a los estudiantes, en nuestro caso sí eran estudiantes de la escuela, sobre todo de nuevo ingreso, porque ya había pasado el proceso de selección para los de nuevo ingreso. Pero éstos se convencen y participan. No de manera muy activa, pero empiezan a querer participar, a interesarse y lo mismo sucede en la Prepa 9. Yo asumo que no les conviene mucho que haya contacto entre estudiantes. Nosotros decíamos: “nos hicieron un favor, nos trajeron a la comunidad otra vez”.

Y entonces lo que hacen es contratar gente: albañiles, gente desempleada y la llevan a Prepa 3 a pedir las instalaciones de manera violenta. Y ahí sucedió un enfrentamiento muy violento, muy agresivo, con pedradas, petardos, etcétera.

Había una compañera de Prepa 6 en ese momento y nos informa que está detenida, que la agarraron con material para hacer bombas molotov. Entonces hay una comisión de Prepa 6, en la cual estoy yo con otra comisión de la Escuela Nacional de Música, que está a unas cuadras, y en la que yo también participaba, y vamos hacia la Preparatoria 3 a ver qué pasaba con esta compañera.

Entramos y ya había pasado el altercado entre los compañeros de la prepa y estos supuestos estudiantes. Se empieza a tratar de documentar que quienes estaban ahí no eran estudiantes. Incluso hay grabaciones en las que ellos declaran que se les pagó y enseñan el cheque firmado por autoridades de la universidad. Se les pagó específicamente por ir a apedrear la escuela. Salen estas personas, entramos a ver qué sucede, qué es lo que procede, nos confirman que la compañera está detenida. No fuimos los únicos que acudimos, acude mucha más gente a la Preparatoria 3 y en ese momento nos dicen que no es conveniente que salgamos porque está toda la avenida rodeada por granaderos.

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Apelando a la autonomía universitaria, decidimos que es más saludable quedarnos en la Preparatoria que salir, pues afuera está lleno de granaderos. Oscurece y nos informan que están llegando camiones foráneos con la Policía Federal Preventiva, que hasta ese momento sólo era una noticia, es el primer día que salen a la calle, se estrena la Policía Federal Preventiva.

Nos mantenemos juntos, pensamos que estamos seguros en una instalación universitaria y lo que sucede es que vemos rota la autonomía de la manera más violenta, que es con la entrada del ejército, porque en ese momento la Policía Federal Preventiva estaba acuerpada por elementos activos del ejército mexicano que se pasaron a incorporar a las filas de esa nueva policía y entran a la Preparatoria 3.

Decidimos no correr, no hacer ningún movimiento, estaba toda la gente del CGH ahí. No nos movemos. Nos tienen ahí alrededor de una hora. Empezamos a oír que llegan camiones, que llegan compañeros, nuestros padres.

Nos tienen alrededor de una hora y después nos empiezan a sacar uno por uno. Pensamos que tomaron la escuela y ya. Pero no, nos empiezan a conducir a los camiones foráneos que llevaban y nos llevan detenidos a la PGR de Camarones.

Ahí por fin encuentro a la compañera a quien estábamos buscando, nos juntamos, nos llevan a declarar y nos leen por primera vez los delitos por los que estamos detenidas. Son nueve: motín, sabotaje, rebelión, incitación a la rebelión, robo con violencia, agresiones dolosas, terrorismo, daño en propiedad ajena.

Nos trasladan al Reclusorio Norte, ahí nos ratifican los delitos, nos dictan auto de formal prisión. Después hay una apelación. Nos retiran los delitos más graves: terrorismo, por ejemplo. Ahora se habla más fácil de terrorismo, después de los incidentes del 11 de septiembre, el término “terrorista” se usa más laxamente. Después de ETA… nadie hablaba de terroristas, y ETA era una cosa monstruosa. Entonces, hablar de terroristas era hablar de una cosa monstruosa, aunque se supiera poco, era muy fuerte. Acusarnos de terrorismo era muy grave.

Nos retirararon a las dos semanas, creo, ese delito, pero nos pusieron el agravante de “peligro para la sociedad” y nos retirararon el derecho a fianza y por ello estuvimos alrededor de 40 días o dos meses en el Reclusorio Norte.

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Zapateando: ¿Quiénes llevaron su defensa?

AGR: Fue un colectivo de bogados solidarios, entre quienes estaban Juan de Dios Hernández Monje, Sergio Soto, Bárbara Zamora, Leonel Rivero, incluso, no de manera directa, pero trabajaba en asesorías: Digna Ochoa. Era un cuerpo de abogados que decidieron llevar nuestra defensa de manera colectiva y nosotros aceptamos que se llevara de ese modo. El caso quedó sobreseído, no hubo pruebas. El famoso: “usted disculpe”.

Zapateando: ¿En qué sustentaban las acusaciones?

AGR: Al principio, en las declaraciones de los policías federales, pero… bueno, salimos de la cárcel bajo fianza, no salimos todavía con el caso sobreseído. Después de que salimos, el proceso duró otros tres o cuatro meses en los que tenemos audiencias. Hasta los tres o cuatro meses es cuando se nos declara libertad absoluta. En esos procesos es adonde nos llevaban a los careos con los policías federales. Se trató de un circo. Los policías federales, con todo y que iban asesorados con su comandante, diciéndoles qué decir, pues era insostenible. Por ejemplo, decían los policías que nos vieron salir corriendo con las computadoras, cuando todo el mundo tenía imágenes de cómo nos estuvieron jalando de uno por uno. Era inoperante que nos vieran llevándonos una computadora, pues no eran laptops, era el año 2000, el CPU era como de este tamaño… Pero aun así lo decían, sostenían que nos vieron robando, que alguna de nosotras los había agredido. Eso sí lo trataron de sostener…

Zapateando: Antes no los acusaron de secuestrarlos…

AGR: Todavía no. Sucedió un mes después en [la Escuela Normal] El Mexe, pero a nosotros todavía no nos hacían esa acusación.

Zapateando: Después de Atenco, en 2006, algunos comentaron que en esa huelga se había dado un caso similar: agredes a un grupo para lograr que sus compañeros se reúnan a apoyarlos y luego los atacas cuando están juntos, es decir, es una trampa. A la distancia, ¿lo ves así?

AGR: Sí. Ni tan a la distancia. Lo vimos.

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Zapateando: Que los agredieron para que se juntaran…

AGR: Nos juntamos la mayoría y nos agarraron.

Zapateando: A pesar de eso, la huelga siguió y finalmente la PFP ingresó a Ciudad Universitaria.

AGR: La PFP entró aquí el día 6 (febrero de 2000), una semana después. De hecho todavía hubo una mesa mas en Medicina, si mal no recuerdo. Yo ya estaba detenida. Recuerdo que los compañeros dijeron: “no salió nada, la autoridad no cede”. Obviamente estábamos en una posición debilitada, porque habíamos trescientos compañeros presos. Tal cual, la autoridad dijo: “ya no vamos a jugar con ustedes, va a entrar la policía”.

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Zapateando: Cuando hablamos de la autoridad ¿estaba involucrado el gobierno del DF?

AGR: Sí, por supuesto. No de manera tan descarada como sucede ahora. Hubo un involucramiento del GDF, tan es así que los granaderos que fueron a abrir campo a la Preparatoria 3 eran los granaderos de DF. Las agresiones frente a Televisa a unos compañeros, es una foto muy famosa, que incluso el subcomandante Marcos hizo una carta para esa foto, pues quienes agredieron muy violentamente a los compañeros fueron granaderos de la policía del DF. Hubo detenciones el primero de diciembre, frente a la embajada norteamericana, unos primeros detenidos, gente que llegó incluso al Reclusorio Norte y salió a los tres o cuatro días, pero llegaron incluso al reclusorio y fueron detenidos por el Gobierno del DF.

Claro que había un involucramiento. Había una intención de controlar al movimiento por parte del GDF, de mediatizarlo, pero como pudieron, se convirtieron en una red de respaldo digamos “democrático” (con ironía), por decirlo así, pero sí estaban involucrados en la represión.

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Zapateando: A partir ese tipo de hechos hubo un distanciamiento de un sector de la izquierda social con el PRD. Porque ahora se sorprenden con Mancera, pero eso no es nuevo, que el GDF haga el trabajo sucio al gobierno federal…

AGR: Exactamente… es muy viejo. Entonces nos tachaban de descabellados, incluso de tiras, de policías, vaya, o sea “cómo te atreves tú a cuestionar la gestión de Rosario Robles”. Rosario Robles no era lo que es ahora, entonces había feministas que la defendían. Había posiciones que decían que era una mujer de vanguardia y revolucionaria, y cómo te atrevías a cuestionar a la mujer que se pronunciaba por los derechos de la mujer, que favoreció la ley del aborto, etcétera, pues sí, pero era evidente que estaba respaldando una estrategia de represión para el movimiento estudiantil.

Y efectivamente, la historia no nos dejó mentir. Ahora vemos en qué situación está asentada esa mujer. Pero no es sorprendente, es una trayectoria que ha venido construyendo, ella sí, históricamente, Y no sólo ella, esa izquierda institucional de la que hablamos… Es viejo, pero entonces era algo más rudo, ahora cuestionar a Mancera es mainstream, todos lo cuestionan, pero cuestionar a Rosario Robles no era lo mismo…

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Zapateando: Lo tomaban como una prueba contra ustedes…

AGR: Sí. “Ya enloquecieron”…

Zapateando: …Ya se fueron contra La Jornada, contra el PRD.

AGR: Sí. Ya están mal, no respetan ni a los respetables.

Zapateando: Así se fue construyendo esta categoría del “ultra”. Recordamos una portada de Proceso, una fotografía de unos muchachos semidesnudos y con los cuerpos pintados. Era ese “ya enloquecieron, no hacen caso ni de los intelectuales que les dicen”…

AGR: …Que les dicen qué hacer.

Zapateando: Para cierto sector de la izquierda era incluso como una justificación de la represión.

AGR: Así es.

Zapateando: Además, como ustedes no se enfrentaron a la PFP, les pareció que fue un operativo dentro del orden democrático.

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AGR: Así es. Estuvo dentro del orden democrático… Lo que se les olvida es que fue gracias a nosotros. Sí; no corrimos, no opusimos resistencia al arresto y por eso no fue violento. Si nos hubiera sucedido una situación similar a la de Atenco, que corrimos, que había caos, etcétera, pero justo por eso no lo hicimos, sabíamos que iba a haber madrizas, si no es que desapariciones. A lo mejor les parecía exagerado, pero por lo menos madrizas sí.

Esta cuestión de que el operativo fue pacífico, con la que se llenaron la boca, no hubo golpes contundentes de esa manera, gracias a la disciplina de los activistas. Pero sí se manejó esa teoría del “ultra” enloquecido y habíamos quienes éramos, en cierta medida, no antagónicos, pero no compartíamos, digamos, la postura más radical del movimiento, pero teníamos muy claro que no era tampoco el momento de levantar la huelga, porque no estaban resueltas las demandas.

Nos decían por ejemplo: “ya renunció el rector”, pues sí, pero ese no era un punto del pliego petitorio, en ningún momento pedimos la renuncia del rector. Sea Barnés, sea quien fuera, se tenían que resolver seis puntos. La renuncia del rector en nada resolvía nuestras demandas. Nos decían: “¡qué intransigentes!” Pero no éramos intransigentes, esa no era una demanda.

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Zapateando: ¿Cuáles eran esas demandas?

AGR: La primera era la abrogación del Reglamento General de Pagos. La abrogación, no su derogación, es decir, su desaparición absoluta, para que eso garantizara que en ningún momento posterior se pudiera volver a intentar.

Nos decían “egoístas”, etcétera, pero nos preocupaban las futuras generaciones, porque derogando se podía garantizar tal vez la gratuidad para nosotros y hasta para nuestros hijos, pero no se garantizaba que en las generaciones venideras estuviera un reglamento general de pagos abolido. Pedíamos la abrogación del reglamento general de pagos.

La cancelación de la relación entre la UNAM y el CENEVAL, que hasta la fecha se sostiene y lacera el carácter público de la educación superior y media superior, y tan es así que ahora vemos que es un problema serio, que ha crecido. No sólo no se contuvo, sino ha crecido. Tenemos un montón de gente excluida de la educación media superior y superior.

La cancelación, por supuesto, de las órdenes de aprehensión contra los activistas.

El desmantelamiento del aparato de espionaje dentro de la universidad, que esa sí me parece una gran derrota del movimiento estudiantil hasta la fecha, porque ahora es insufrible ver la cantidad de cámaras, la cantidad de policías, la cantidad de aparato represivo que hay en la universidad.

La creación de un Congreso Democrático Resolutivo en el que se discutieran todas las demás situaciones que veíamos que la universidad tenía erróneas, es decir, el carácter no democrático, la forma de decisión sobre los planes y programas de estudio, una serie de cosas que veíamos, no meritorias de hacer una huelga, efectivamente, ni para tener la contundencia de definir hasta qué momento se llevaba un paro, pero que creíamos necesario discutir con la comunidad y creíamos necesario discutir en un Congreso Democrático Resolutivo.

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Zapateando: Recordamos el papel de los intelectuales presionando para que levantaran la huelga e incluso que los zapatistas les dijeron a los intelectuales: ¿por qué no reconocer ante los estudiantes la historia de diálogos y negociaciones traicionados que hay en este país?

AGR: Ese era también el referente que teníamos. También fue muy polémica la participación del EZLN. Hay quien dice que fue un error que ellos dieran una opinión. A nosotros nos pareció muy saludable, porque efectivamente, era hacer un recuento de la historia.

De pronto se nos decía: “es que son intransigentes, ya ganaron con la derogación”. Nosotros decíamos: “este país está lleno de firmas traicionadas, este país está lleno de diálogos en los que no se llega a nada, este país está lleno de caudillos asesinados”. Era no querer ver una historia de México, del México de abajo.

Para nosotros, por ejemplo, en el caso de Carlos Monsiváis, decíamos: Es que hasta es mala fe. Puede ser que la señora de las tortillas… que a lo mejor no tiene ese bagaje cultural y que su referente es la televisión… bueno, y con ella vale la pena ponerte a discutir y decir: “señora, mire, esto y esto”. Y lo hacíamos, salíamos a la calle a discutir. Y la gente era sensible a esas cosas. Primero nos odiaban, pero después de los primeros diez minutos, en los que justo hacíamos ese recorrido, la gente era sensible a eso, recordaba la historia de México, del México traicionero.

Pero una persona como Monsiváis o como Elena Poniatowska, quien también decía que enloquecimos por haberlo cuestionado. Poniatowska hizo un libro sobre Tlatelolco, sobre lo que les pasó a los estudiantes en el 68, sobre cómo se les demeritó, como se les traicionó, se les cuestionó, se les asesinó y, de pronto, se pone en una posición en la que sostiene que podíamos haber resuelto las cosas con un diálogo, como si ellos, Monsiváis y Poniatowska no supieran.

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Zapateando: Hay una especie de fetichización de 68 que se vuelve una carga negativa para todos los movimientos, porque entonces es el movimiento legítimo, dialogador y democrático y todos los posteriores son, en cambio, violentos, no ilustrados, son más una delincuencia que un movimiento.

AGR: Pero eso pasa cuando se fetichiza una situación. Y sucede con el tiempo, la perspectiva. Si ves la historia hemerográfica del 68… lo que no se decía sobre los estudiantes y sobre sus acciones.

Era en gran medida lo mismo que se dijo en 99 sobre nosotros e incluso se dijo hace un par de años sobre el #YoSoy132, que a mí me parece, en lo personal, una situación más fresa y que aun así se les criminalizó.

Siempre sucede y siempre se alude a un movimiento anterior que como ya está, digamos, petrificado… Es como lo que sucede con los monumentos. Zapata es muy cómodo mientras esté en una estatua de bronce. Zapata es un prócer, es un héroe, es un revolucionario incluso, mientras se mantenga en su efigie ecuestre en Cuernavaca y no se mueva. Pero si lo reivindica un indio en Chiapas, entonces ya no es cómodo.

Y lo mismo pasa con los movimientos: 68 está padre en el libro de Poniatowska, 68 está chido en una película incluso tan ruda como Rojo Amanecer, pero si lo reivindicas ahora como parte de tu formación política y tu historia de país, entonces no es reivindicable.

Y de eso, en gran medida, son responsables los intelectuales, de dejarlo en letra muerta. Son profesionales de dejar en letra muerta la esencia revolucionaria de caudillos y movimientos.

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Zapateando: En el caso de 68, pasado el movimiento, a muchos los asimilaron, y hasta el momento, van obteniendo… un programa de televisión, una columna donde escriben ex cátedra…

AGR: Sí, los asimilan. Eso es lo que llega a pasar cuando, con el tiempo, les resulta cómodo, les viene bien ese discurso viejo.

Zapateando: Ahora, en el 15 aniversario el aniversario de la huelga, cómo la evalúas en perspectiva.

AGR: Como un parteaguas en la historia de la lucha estudiantil en el país, en muchos sentidos. Tal vez las generaciones más recientes no lo tengan claro, pero muchas de las radios libres, de los medios libres, tienen mucha de su fortaleza, no de su raíz, pero sí fueron engrosados por los activistas de la huelga de 99. Nos dimos cuenta de que era necesario salir y hablar, y de que éramos capaces de hacerlo.

Lo subrayo, es uno de los grandes aportes de la huelga: Nos vimos capaces de hacernos responsables de la logística de nuestra escuela, de que funcionaran las calderas, de que funcionaran el agua, la luz, de planchar, de lavar, de todo eso. Nos vimos capaces de discutir, de redactar, de agarrar un mimeógrafo, de ir a pegar un cartel, de aprender a hacer engrudo, playeras, esténcil, etcétera.

Eran cosas que nunca, aun siendo activistas, nos habíamos planteado ser capaces de hacer. A mí me dejó la posibilidad de siempre hacer cosas nuevas, sin necesitar de quien te lo resuelva. Esa potencia humana la reforzó mucho el movimiento estudiantil.

Y la capacidad, siempre, de sorprender. Nadie apostaba por que nos levantáramos contra un reglamento general de pagos que además, la primera reacción que tuvo Barnés, cuando se suelta una ligera oposición al reglamento, es decir: “pero no es retroactivo”, o sea, quienes están estudiando ahora no lo van a padecer. Él pensó que con eso íbamos a decir: “ah, bueno”. En una cultura tan arraigada del capitalismo, del egoísmo, en la clase media que es la universidad, pues tal vez en otros sectores es más solidaria la situación, pero en la clase media no tanto, entonces esperaba, creemos, que eso era un paliativo suficiente para no detonar un movimiento estudiantil.

Creo que por lo menos el país entero, por no decir en otras naciones, se sorprendieron de ver la capacidad de reacción que tuvo el movimiento. La solidaridad que tuvo el movimiento estudiantil para con su generación, las venideras, y los movimientos que en ese momento estaban también, ya que nos solidarizamos con el zapatismo; con Argentina, que estaba a punto de estallar la crisis bancaria en Argentina.

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Zapateando: Finalmente, recordamos que en seguida de la entrada de la PFP entraron los medios a tomar imágenes y después de todo el discurso de que los estudiantes eran unos vándalos, encontraron las instalaciones cuidadas. Por ejemplo, un maestro de música dice: hubiera sido absurdo que los estudiantes dañaran, por ejemplo, los instrumentos, si con ellos estudian… entonces, a las instalaciones las cuidaron.

AGR: Creo que eso es también muy importante decirlo: Lo hicimos por el profundo amor que tenemos a la universidad. Todo mundo decía casi que la odiábamos y la teníamos secuestrada, casi como si fuera un ser humano y la estábamos mutilando, pero no: la amábamos profundamente.

Ahora, a lo largo de los años, entro y veo la escuela, veo mi prepa y digo: “yo lavé esos baños”. No en un rollo meritocrático, sino: yo me apoderé de la universidad en todos sus sentidos, o sea, no sólo recibí, sino también di. Aporté mi trabajo ahí, y no sólo acá la cabeza, sino que también me ensucié las manos y los pies. Y no sólo yo, toda una generación, o sea… de quererla, de defenderla, la barrimos, la limpiamos, la protegimos. Y, como en todo, la instalación necesitaba de mucho trabajo para mantenerla y claro que de pronto sucedía que se te cayó un vidrio, se desconchinfló una puerta y no teníamos los medios para recuperara, pero, en la medida de lo posible, la cuidamos y, efectivamente, cuando la universidad abre las puertas, no hubo muchas pérdidas que lamentar. Por el contrario.

En el México de hoy es importante recordar que se pueden hacer las cosas, que se puede reaccionar, no de una manera violenta, pero que se puede tener una posición activa frente a una injusticia o frente a una cuestión autoritaria, concluyó Argelia Guerrero.

Así, a 15 años de la huelga en la UNAM que defendió la educación superior gratuita, es necesario que el balance no sea solamente de las voces oficiales, que han construido una narrativa que beneficia a los cómplices de la represión, quienes siguen obteniendo canonjías y cultivando la leyenda de ser personalidades democráticas. Para el movimiento social, la lección es muy otra.

Fuente: http://zapateando.wordpress.com/2014/05/15/a-15-anos-de-la-huelga-en-la-unam-que-defendio-la-gratuidad-de-la-educacion-superior/

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México: A 15 años de la huelga en la UNAM que defendió la gratuidad de la educación superior