Voluntarios en Valparaíso: La organización y la unidad de los pobladores será fundamental

Verónica Cares es una de las voluntarias que trabaja en Valparaiso en uno de los espacios organizados por los propios porteños. Viajó desde Talcahuano para aportar en este proceso y desde el Centro Cultural Trafón nos habla de lo que ha visto. 

¿Cómo se dio el proceso de aprovisionamiento, como se organizaron las cuadrillas y como se estableció el vínculo con los afectados? 

El Centro Cultural Trafón está ubicado en la subida al Cerro La Cruz, uno de los cerros arrasados por el incendio. Dada la emergencia, los directivos del centro cultural abrieron espontáneamente las puertas para recibir a las familias que huían desde los cerros con lo puesto. En estas primeras horas los chiquillos del Trafón publicaron en su facebook el mensaje “las puertas del centro cultural estarán abiertas para recibir a nuestros vecinos afectados por el voraz incendio que afecta a diversos cerros de nuestra comuna. Además estaremos recibiendo donaciones para poder auxiliar a nuestros vecinos.” Los primeros voluntarios eran gente vinculada de algún modo al centro cultural, luego los amigos de los cercanos, y así se fue tejiendo una red impresionante, nadie llegaba con las manos vacías y a medida que se difundió en las redes sociales este llamado, fueron llegando tanto albergados como voluntarios.

Adultos mayores, mujeres con niños, familias completas encontraron desde el minuto mismo de la tragedia un lugar de acogida, a pesar de que hubo momentos en que la cercanía del fuego hizo temer por la seguridad del lugar. 

La configuración del recinto facilitó disponer de un espacio exclusivo para los albergados completamente aparte del espacio destinado al acopio, donde se fueron acumulando una enorme cantidad de ropa, zapatos, agua embotellada y alimentos. A medida que iba aumentando la cantidad de voluntarios se estructuró una orgánica que asignó autonomía a cada área que iba surgiendo: albergue, ropa, alimentos, coordinación de cuadrillas de apoyo a los cerros, entrega de alimentos, comunicaciones, etc.

Mención especial merece el área de veterinaria, que congregó a médicos veterinarios, estudiantes y técnicos del área, quienes organizaron una clínica que tuvo la suerte de ir recibiendo bastante apoyo en insumos y alimentos para las mascotas. Ahí se atendió a los animalitos afectados, se promovió la adopción y encuentro con sus dueños y en los días siguientes incluso se dio atención a muchísimas mascotas que iban en carácter “ambulatorio” a atenderse. Me tocó escuchar en una panadería a unas 3 cuadras del Trafón a una clienta que le comentaba a la cajera “los médicos del Trafón son excelentes”. 

¿Cómo se explica el que autoridades regionales hayan anunciado la no necesidad de más voluntarios y ahora, planteen lo contrario? 

El principal llamado lo hizo el alcalde de Valparaíso Jorge Castro la noche del martes 15 y entiendo fue replicado por el Injuv al día siguiente. Recordemos que el incendio fue el sábado 12 y a esa fecha ya se habían movilizado miles de voluntarios, despejando una enorme cantidad de escombros desde los sitios devastados por el fuego y los habían amontonado en las calles más accesibles, pero aún faltaba mucho material que movilizar. Personalmente creo que el llamado fue motivado por varias razones: En el caso del alcalde y gobernación miedo de dejar en evidencia la inoperancia de las estructuras municipales y gubernamentales, miedo a ver sobrepasada la población el fin de semana largo de semana santa en términos de afectar el turismo. En el caso del INJUV miedo a no ser capaces de coordinar la tremenda cantidad de jóvenes, a pesar de que la mayoría se coordinó en forma espontánea. Entiendo que las cadenas para despejar los cerros surgieron como iniciativas reactivas a la gran cantidad de manos y en ningún caso fue una estrategia organizada. Creo que hay también mucha arrogancia de las instituciones de tener todo bajo control, cuando en este caso la espontaneidad fue la principal fortaleza de lo que surgió en las primeras horas. 

Desde el Injuv fue anunciado un empadronamiento del voluntariado ¿Se hizo? ¿Qué utilidad tuvo?

Me imagino que el Injuv pretendió organizar y coordinar a sus voluntarios para lo cual inventaron un sistema de acreditación materializado en una pulsera sin la cual, se supone, no podías subir a los cerros. Lamentablemente muchos jóvenes que respondieron al llamado del Injuv y que no alcanzaron a tener su pulsera se fueron muy decepcionados de regreso a sus hogares, creo que ese es uno de los tanto peligros de informarte sólo por la televisión. La verdad es que el que quería ayudar podía sin ningún problema subir hacia los cerros. Yo subí y nadie me preguntó para donde iba y si llevaba o no pulsera. Entiendo que la acreditación del Injuv consideraba el chequeo de algunas medidas de seguridad para los voluntarios como la vacuna antitetánica, pero aún así, habiendo tanta necesidad de ayuda, de manos para trabajar, crear sistemas que obstruyan la efectividad de la ayuda lo encuentro trágico. 

Cómo evalúan las acciones del Estado frente a la situación de los damnificados, en cuanto a sus necesidades básicas. 

Creo firmemente que las iniciativas independientes fueron y siguen siendo mucho más eficientes. Una historia a modo de ejemplo. 

Al día siguiente se estableció un lugar X de acopio de la Gobernación, el que se fue llenando rápidamente por las donaciones de particulares. En este lugar se convocaron voluntarios los que fueron invitados a ayudar, entre otras cosas, en la elaboración de canastas básicas en cajas de cartón entregadas por el gobierno. A las pocas horas había cientos de cajas listas para salir a entregarlas, los voluntarios (esto me lo contó uno de ellos) empezaron a preguntar qué pasaba que no se empezaba a cargar los camiones con las cajas para salir a repartirlas. ¿La razón? Había orden de no dejar salir ninguna caja pues estaban esperando los logos autoadhesivos del gobierno y mientras estos no se pusieran en las cajas no se podían entregar. Esto involucra para mí 2 temas éticos tremendamente graves: 1ro. La mayoría de los alimentos que ahí había eran donaciones de particulares. 2do. aunque hubiesen sido provistos por la Gobernación o la Intendencia, creo que hay instancias en que el marketing gubernamental está completamente fuera de lugar. A esa hora había personas con hambre y frío y hacerlos esperar una hora, 5 horas, hasta el día siguiente por una razón de marketing es definitivamente inmoral. 

Ustedes son de Talcahuano, vivieron el terremoto y maremoto de 2010. ¿Qué similitudes tiene lo ocurrido en Valparaíso con lo que pasó acá? 

Es inevitable establecer comparaciones, sobre todo cuando una estuvo en calle Colón entre las lanchas y contenedores en un Talcahuano que parecía bombardeado, o una población Santa Clara donde aprendí de la peor forma que un tsunami no trae solo agua de mar, sino todo el fondo marino barroso, aceitoso, mugroso, que se lleva las construcciones más precarias y golpea duramente a las que sobreviven. En esa ocasión pensamos que era lo peor que habíamos visto. 

Lo de Valparaíso es distinto, acá no quedó nada, nada, la gente arrancó literalmente con lo puesto y la extensión del desastre es inmensa. En el terremoto podías remover los escombros y encontrar tus recuerdos, fotos, libros. Incluso el tsunami que llevó tantas cosas, dejó al menos algo para muchas personas. Acá son cuadras y cuadras y cuadras de nada, de un todo calcinado. Vehículos, electrodomésticos, muebles, libros, ropa, tus recuerdos, toda una vida de familias que fueron construyendo. Es igualmente desgarrador ver las casas donde sólo quedo un pedazo de suelo y aquellas, las menos, de material, expuestas como esqueletos, con sus moradores sentados en improvisados montones de ropa con la mirada perdida, con una carpa armada en lo que pudo haber sido el living o un dormitorio. 

La similitud va por el lado de la invisibilización. Cuando Talcahuano recobró la normalidad en la mayoría de sus barrios Santa Clara y Tumbes quedaron invisibilizados, creo que la peor parte la sacó Santa Clara, pues Tumbes tenía al menos la fortaleza de ser un lugar turístico que atraía más prensa en determinados hitos del proceso de reconstrucción. 

Acá es lo mismo. Para la mala suerte de los pobladores los cerros afectados no se ven desde “el plan” (como le llaman los porteños a la parte plana de su ciudad). A una semana de la tragedia era chocante ver la normalidad de la mayoría de los lugares céntricos. Turistas fotografiando los miradores, gente carreteando como si nada por las noches, los centros de compras completamente normales. 

Un chico de Santiago que conocí el día que subí a los cerros, voluntario que había estado todos los días en el cerro me dice con una mezcla de pena y rabia “ayer bajé a hacer unos trámites y no aguanté, me vine apenas pude, no entendí como la gente puede andar como si nada cuando acá arriba está todo como está”. Y la verdad es que en el centro de la ciudad la vida continúa, y parece ser no tan difícil porque por más que mires hacia los cerros no ves nada mal. El incendio fue en el patio trasero de Valpo, el patio trasero siempre habitado por los más vulnerables. 

En el Centro Cultural El Trafón, la prensa empresarial, no tiene permitida la entrada ¿Cuál es la evaluación hacia estos medios? 

La consigna era “no al morbo”. Incluso entre los mismos voluntarios estaba restringido casi de un modo natural, implícito en el acontecer diario, el respeto a la privacidad de los albergados. Aquí, el protagonismo lo tenían las acciones positivas, el trabajo, la proyección de la ayuda para un mediano y largo plazo, no las historias tristes.

A los pocos días del incendio llegó una noche, a eso de las 23 horas, una actriz panelista de un programa de farándula con una donación de juguetes para los niños albergados, hasta ahí todo bien, el problema fue que llevaba cámaras y pidió que despertaran a los niños para registrar la donación. Esta acción fue repudiada espontáneamente por los encargados y no se le permitió la entrada. Ese hecho grafica la actitud sensacionalista de los medios masivos. 

Se han conocido las diversas alertas que recibieron las autoridades del riesgo que implicaba la expansión urbana sin calles que permitieran el tránsito de vehículos de emergencia; sin grifos o con ellos, pero sin funcionar; la inexistencia de cortafuegos que separaran suficientemente las viviendas de las plantaciones forestales o matorrales y los cientos de basurales. También, que las acciones necesarias no se hicieron aduciendo falta de presupuesto. ¿Cuál es la evaluación que los porteños tienen de la clase política? 

La discusión sobre si el origen del fuego fue un pájaro electrocutado u otra causa me parece absurda. La causa detonante da lo mismo, el problema real es que las condiciones para la generación de un incendio estaban y eran de público conocimiento y, lo que es peor, esas condiciones siguen existiendo en otros sectores. 

Aquí, la responsabilidad es de décadas, de uno tras otro gobierno, central y municipal. La expansión urbana en muchas ciudades se ha ido dando en forma espontanea, a través de tomas y de la posterior pseudourbanización de esos sectores. No sólo en Valparaíso conviven sectores habitacionales con plantaciones de pinos o eucaliptos. Nadie se ha preocupado de legislar para establecer distancias mínimas u otras condiciones de seguridad para la población. Lo vivimos aquí, en Quillón y Florida, con la única salvedad que la densidad poblacional era menor. 

En Valparaíso está el agravante de la conformación geográfica de quebradas, donde además hay una responsabilidad compartida, pues muchas de ellas acumulan grandes cantidades de basura. 

La evaluación de los porteños era de un 7 para los voluntarios y de duras críticas al gobierno y al alcalde. Por ejemplo la famosa giftcard era motivo de crítica de todas las personas “beneficiarias” con las que tuve la oportunidad de comentarlo. El sentimiento era de que su tragedia se estaba utilizando para el beneficio del retail. Eso provoca rabia y tristeza: saber, sentir que se está haciendo un negocio millonario con tu dolor. 

¿Cuáles serán las próximas luchas que afrontarán los damnificados? 

La cosa no se viene fácil. La mayoría de los pobladores se están esforzando por reconstruir sus viviendas alojados precariamente en sus sitios, en carpas, ranchas armadas con planchas de zinc rescatadas y palos o lo que estuviera a mano. Las primeras mediaguas instaladas exhiben su nula impermeabilidad. El invierno se viene duro para estos compatriotas.

A más de 2 semanas de la tragedia la noticia ya salió de la primera plana, se vienen las primeras lluvias y hay amenazas inmediatas que enfrentar: el frío, las lluvias, la erosión de los suelos desnudos. Súmale a eso el riesgo sanitario y de enfermedades producto del frío y la mala alimentación.

La organización de las comunidades será fundamental para luchar por sus reivindicaciones. En este sentido hay grupos de voluntarios, como la Red Popular de Alimentación Cerro Arriba, el Trafón, Patio Volantín, entre otros, que están apoyando la implementación de ollas comunes o comedores populares, espacios que además de proveer alimento al cuerpo son instancias de apoyo moral y organización para los pobladores.

La organización y la unidad de los pobladores será fundamental, sus grandes enemigos son el olvido y la burocracia. A más de 4 años del 27/F tenemos lugares no tan distantes donde la reconstrucción no llegó. Caletas como Llico y quizás cuantos otros perdidos en los mapas donde la televisión no invirtió en una historia sensacionalista para llevar “ayuda”. O aún más reciente el terremoto del norte, donde Alto Hospicio, Huara y otras localidades se declaran en completo abandono.

Más precaria y riesgosa es la situación de las tomas, los pobladores están con el miedo permanente de ser erradicados o no recibir los mismos beneficios que recibirían quienes cuentan con títulos de dominio. El miedo es a perder lo único que les va quedando, el sentido de pertenencia del espacio, el suelo, esos pocos metros cuadrados en que habían construido con mucho esfuerzo un hogar y una esperanza.

Ellos son, indudablemente, el grupo más vulnerable en esta catástrofe. Se podría decir que, una vez más, como en tantos otros desastres, la naturaleza se ensaña con los más desposeídos, pero quienes estamos consientes de las desigualdades de nuestro sistema, sabemos que no es la naturaleza la que se ensaña.

Fotos de Alonso Tucas Jácome

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