David Fernández, diputado de la CUP al parlamento de Cataluña “La independencia es para cambiarlo todo”

La CUP (Candidatura de Unidad Popular) es una formación política catalana que representa dos pensamientos hasta ahora vistos como divergentes, el independentismo que busca separar los Países Catalanes (Cataluña, País Valenciano e Islas Baleares) del Estado Español; y por otra parte, el socialismo que lucha por las reivindicaciones sociales. La CUP construye su proyecto político, desde abajo y contra el poder político, económico y social de una Europa cada vez más derechizada.

¿Qué es la CUP y como se diferencia de los partidos tradicionales?

Primero la CUP no es un partido político y menos un partido político convencional, es una organización política y un espacio socio político y también es una red de resistencia política. Hoy es, todavía afortunadamente, un proyecto municipalista, de recomposición y restructuración de dinámicas de unidad popular, de algunas reminiscencias chilenas por cierto, ligadas al territorio y a pie de calle. El funcionamiento es un espacio que se define asambleario, intenta serlo, es una tarea que requiere mucho tiempo y mucha paciencia, funciona también con principios de cultura emancipatoria, propia de la tradición del movimiento obrero y popular de los Países Catalanes, es decir, autonomía, autorganización, autogestión y asamblea y por lo tanto, todo el poder está en las asambleas. La CUP no tiene préstamos bancarios, que es una de las partes débiles de los partidos, que tienen deudas millonarias con la banca, la CUP se autogestiona con recursos propios. Después es también un proyecto de ruptura democrática, de transformación social, es un proyecto que hoy en día en la escena política catalana es nítidamente anticapitalista y también tiene otras singularidades, su marco de referencia son los Países Catalanes y también somos los únicos que decimos que queremos salir de la Unión Europea, de la Troika, de la Deuda, del fraude y de la regresión social.

¿Todo esto nace del trabajo municipalista?

Nace de una apuesta municipalista, de una respuesta municipalista el 2003, la CUP tiene 25 años, pero sobre todo nace de un espacio político, llamado izquierda independentista, que nació durante el franquismo con muchísimas dificultades. Bajo la dictadura franquista, en 1968, se configuró un proyecto estratégico de la izquierda independentista que es independencia y socialismo para los Países Catalanes. Es un espacio, lo digo con orgullo, que ha crecido al margen del sistema; en la transición política por ejemplo, todo y que eran pocos colectivos y pocos espacios desde donde se opusieron a la reforma del franquismo, ellos apostaron por la ruptura con la dictadura, como la Revolución de los Claveles en Portugal, es un espacio político que hizo una larga travesía por el desierto en los 80 y 90, incluso hay una fase de propaganda armada que es Terra Lliure (Tierra Libre) que termina en 1995, es un período en que el independentismo sociológico explota y se expande, sobre todo viniendo del movimiento juvenil, una serie de luchas autónomas, populares, de las comarcas, de personas que construyen espacios políticos de contra poder, como se ha hecho en centros populares. A principios de los 90 había 1, 2, 3 de estos centros independentistas, hoy en día hay más de 200 en todo el país y es muy difícil no vincular las dos cosas; gente que comenzó la lucha por la insumisión, por la ocupación, en la lucha ecologista, antirepresiva, que también funcionaban al margen, buscan complicidad con los movimientos sociales alternativos y en el 2003 avanza la crisis, cuando ya entendemos cómo se está reestructurando el capitalismo, reapostamos por un municipalismo de base, transformador, alternativo, de radicalidad democrática y que la disputa de un modelo de poder social, económico y político, clasista, excluyente, que promueve la especulación inmobiliaria y que se ha de combatir en el territorio día a día. Tiene una evolución de 10 años, a fuego lento, y entonces tiene un trabajo real, no es una burbuja, en el 2003 se obtuvieron muy pocos regidores, técnicamente 4, el 2007, 21, el 2011, en un ciclo ya de indignación popular, socioeconómica y democrática, es cuando ya vamos a tener una irrupción importante, son 168.000 votos, 101 regidores y 4 alcaldías, las primeras cuatro. Y después del ciclo político que vive el país, por primera vez, el 2012, y en una decisión extraordinaria, se decide hacer el salto desde el municipalismo al Parlamento catalán y a partir de aquí la historia es más conocida, una campaña hecha desde afuera, sin aparecer en los medios de comunicación, entra esta voz de ruptura y transformación social.

¿Tú dirías que el movimiento social se refleja en la CUP y se politiza con la CUP?

Es una hipótesis arriesgada, nos gusta (con la lógica zapatista) invertir los términos, es decir, la CUP no representa a los movimientos sociales, los movimientos sociales representan a la CUP, nosotros somos una herramienta al servicio, los movimientos sociales, la izquierda independentista tiene una caja de herramientas y ahora tiene una herramienta más que se llama Parlamento, una más, el que piensa que es la única se equivoca, es una herramienta más que tiene una eficacia política limitada, pero lo que si tiene de eficaz es alzar la voz al servicio de las víctimas de las balas de goma, del ecologismo social, contra el fráquing, de los colectivos LGTB (diversidad sexual), de la PAH contra los desalojos, pero hay un respecto casi sagrado por la autonomía de los movimientos sociales que es fundamental en la relación entre izquierda política alternativa y movimientos sociales, estos tienen su ritmo tienen su agenda y a nosotros nos toca respetarla.

¿Y esto aleja aún más a la CUP de la clásica estructura del partido político?

Y del clásico comportamiento mediocre de ciertas izquierdas que siempre han manipulado a los movimientos para su beneficio y por eso la CUP es una interficie, yo pienso que por este aspecto y lo habrían de decir ellos (los movimientos) que la CUP es diferente, no va a ponerse para la foto ni a buscar una medalla, aquí quien ha logrado prohibir las bolas de goma no ha sido la CUP, han sido las personas afectadas, las víctimas, los colectivos antirepresivos y además es importante porque la CUP ha incorporado el tercer eje, Cataluña tiene dos ejes: el nacional y el social, pero hay un tercero que es el democrático, que es la crisis de la política, de la política –empresa-negocio, y nosotros buscamos hacer acción política compartida, que seguramente se han de mejorar. Siempre se ha de hacer la autocrítica, pero si somos muy diferentes de las convencionalidades social demócratas y rígidas de otras izquierdas.

¿Este eje democrático se ha expresado de mejor manera en el Parlamento con la CUP dentro?

Limitadamente si, sin tirar cohetes, sí. El sistema mismo es consciente de la crisis de representatividad y de legitimidad que tiene, imagina una comisión como la de las balas de goma, donde han comparecido víctimas, colectivos de derechos humanos, hace cinco años no hubiera pasado. De hecho en la legislatura pasada se propuso esta comisión y no se hizo, pero la parte estimulante es que se puede hacer esto, hay formas de extender la democracia desde adentro, aunque con fórceps, y también la parte perversa, la capacidad de cooptación, de integración que tiene todo sistema y nunca sabremos cuál de ellas ha forzado el debate, si la conciencia de que teníamos una munición policial que mutilaba directa e indiscriminadamente o si la conciencia de que si no la hacían se deslegitimaban más todavía, sea como sea están prohibidas, queda mucha lucha por delante, es una batalla ganada pero sin dudas, la guerra es mucho más larga.

¿En el marco del proceso de independencia de Cataluña cómo ves el desarrollo del mismo?

El programa de la CUP de noviembre de 2012 propone un proceso constituyente, de ruptura democrática que nos lleve a un proceso constituyente y que acabe en una República. Lo que más cambia con el tercer eje, el democrático, ya no es qué hacemos si no que cómo lo hacemos y hoy estamos en un momento en el que tenemos adelante es el qué y el cómo, se ha acabado el autoritarismo, la imposición, la política de las élites, etcétera, es desde la activación popular, la movilización social y la implicación ciudadana y estas son algunas de las característica de este proceso. Estamos donde estamos no porque cuatro políticos se hayan reunido en un restaurante y hayan decidido un cambio de rumbo, es porque venimos de un ciclo soberanista persistente, que ha durado casi 10 años, que tiene 555 consultas per la independencia sin pedir permiso a nadie, con las mayores movilizaciones históricas y además en clave social y nacional. Cuando ves la vía catalana, ves poleras por la defensa de la escuela pública, contra los recortes sociales. Tan compleja como el país, es el esquema que tiene la CUP y desde la humildad que le toca tener, también lo hemos dicho, la CUP no es la Unidad Popular, es un embrión, es un impulsor de una cosa que va mucho más allá de nosotros, la CUP tiene un capital humano que para mí es impresionante, me parece que es un baluarte del país que haya 1800 personas que estén socialmente implicadas en el territorio. Me parece que este país tiene muchísima suerte, pero nos somos los únicos, también los de la PAH, toda esta amalgama de resistencias políticas, de apoyos mutuos y de solidaridad es el que está haciendo el proceso. Y por lo que preguntabas, es imprescindible preguntarse qué significa independencia en el siglo XXI en el sur de Europa. Porque los estados decimonónicos clásicos han pasado a la historia, porque la globalización ha reventado el estado-nación clásico. Por eso nosotros decimos que como mínimo la Independencia es para cambiarlo todo, no es bajar una bandera para subir otra y seguir en la misma jaula social, es como mínimo independizarse de tres dinámicas perversas de poder: una independizarse del estado español como estructura de poder, de imposición, de negación y de persecución cultural, lo estamos viendo con la lengua catalana; dos, independizarse de las horcas financieras, hoy estamos secuestrados por la troika, la lógica de la deuda y de la usura bancaria y de la mayor socialización de la deuda privada convertida en deuda pública desde el período de entre guerras y; tercero, obviamente independizarnos de nuestra propia oligarquía, que durante muchos años ha hecho negocios con nuestro país, con ellos, yo digo amablemente, tenemos unas cuantas deudas pendientes a resolver, si las autopistas, las eléctricas son del país o de cuatro empresarios, de quién es la banca, de un consejo de administración o de todo el país. Si no nos independizamos de estas dinámicas de poder en el grado que sea, seguiremos siendo un país sometido a una profunda dependencia, imposición y a una profunda sumisión política.

Fuente Imagen: http://www.thenewfederalist.eu

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