Patricio Sobarzo

Lo veo desbordante de alegría después de un acto político cultural organizado por estudiantes del Pedagógico, del cual logró huir de la represión policial junto a otros compañeros una vez finalizado el evento. Nos contó que entre los que lograron arrancar divisó a Miguel Conti, seudónimo usado en acciones públicas en ese tiempo por el escritor Gustavo Adolfo Becerra, quién antes de leer sus poemas dijo a los asistentes que el Peda parecía una charca debido a que estaba lleno de sapos, en referencia a los civiles infiltrados que pululaban entre los estudiantes.

Lo veo esa tarde de lluvia implacable pidiéndome prestado un paraguas porque debía salir a la calle a realizar un trámite. Fue ese momento la última vez que lo vi, en la casa del CODEPU de calle Londres, a pocas horas de su partida.

En la mañana del día 4 de julio de 1984 teníamos programada una reunión en la base mirista en la cual yo militaba. El encuentro comienza con normalidad en la habitación de una casa pequeña que en algunas ocasiones nos prestaba la familia de una compañera integrante de la célula ubicada en la cercanía de calle San Pablo, esa casa me gustaba por la acogida de sus moradores, estaba repleta de libros y siempre escuchábamos buena música grabada en casettes. En esos encuentros se realizaban análisis de la situación política nacional, lectura de documentos partidarios, se veían temas de organización internos, asignación de tareas, siempre con la Radio Cooperativa encendida con tono bajito. Cada vez que sonaba la característica musical que la emisora de oposición usaba antes de dar a conocer alguna noticia importante, nosotros subíamos el volumen de nuestro equipo para informarnos de lo que acontecía en el país. Ese día la voz inconfundible del periodista Sergio Campos señala que la identidad de una de las personas muertas en la Rotonda Departamental, la noche del día 2 de julio, corresponde al profesor Héctor Patricio Sobarzo Núñez. La reunión se interrumpe inmediatamente. La compañera María comienza de impotencia y dolor a dar golpes a un camarote, “lo asesinaron” decía acongojada; Sebastián enmudecido miraba fijamente; Simón, que era el encargado de la base, sostenía silencioso en sus manos los documentos partidarios; la compañera Ana, siempre erguida, nos daba muestras de solidaridad y fuerza. Esa base de militantes muchas veces desbordada de esperanzas, bromas y alegrías estaba ahora sumida en la tristeza, producida por la estocada criminal de los sicarios del terrorismo de estado en contra de un joven compañero tan cercano a nuestras vidas.

“Doce balas alojadas en lo hermoso de la idea”

Extracto de Crónicas “Los Caminos del Ayer, Memoria del Presente”.

Dante Ruiz Molina.

Estas leyendo

Patricio Sobarzo