Voces judías por la paz

Hace un par de días publicábamos en Resumen un artículo de Paulo Slachevsky, fundador de la Editorial LOM, donde hablaba de su orgullo de ser judío. “Siempre me he sentido orgulloso de ser parte del pueblo judío, de una cultura que con todas sus contradicciones vio nacer a Montaigne, Spinoza, Marx, Freud, Einstein, Trotsky, Arendt, tantos hombres y mujeres que han hecho significativos aportes a la humanidad, en la creación y en la búsqueda de un mundo más justo y humano”. Pero después pasaba a la vergüenza: “Me avergüenza ver hoy cómo se masacra al pueblo palestino bajo el discurso de la defensa propia. Me avergüenza que se diga “retírense para salvaguardar sus vidas”, cuando bien se sabe que no tienen adónde ir y se les tiene encerrados en un gueto de miseria, opresión y humillación”.

Paulo Slachevsky en verdad no tiene nada de qué avergonzarse. Ser judío no es necesario sinónimo de estar de acuerdo con las políticas del Estado de Israel. Hoy hay muchos judíos que están luchando por la paz. De hecho están arriesgando su vida en el intento. El dirigente de Paz Ahora, Emile Grunzweig, fue asesinado en una de las tantas marchas que organizó.

Michel Warschawski nos cuenta de sus miedos en las últimas manifestaciones: “no es ya solo un estado colonial que ocupa y reprime a los palestinos, sino también un estado fascista, con un enemigo interior contra el que hay odio”. Habla de fascismo, palabra que los judíos conocen bastante bien. Y reitera: “Sobre un trasfondo de racismo laxo y asumido, de una nueva legislación discriminatoria hacia la minoría palestina de Israel, y de un discurso político belicista formateado por la ideología del choque de las civilizaciones, el estado hebreo está hundiéndose en el fascismo”.

Hay libros, películas, artículos periodísticos producidos por judíos que están en este mismo momento luchando contra la política de un Estado que cada vez los representa menos. Hay toda una generación de intelectuales que se hartaron de que se cometan crímenes en su nombre. Hace poco, también en Resumen, comentábamos el libro de Ilan Pappé. Junto a él están nombres de la altura de Amira Hass, Michel Warschawski, Nurit Peled, Gideon Levy, Avi Mograbi, Idith Zertal. Haría bien Paulo Slachevsky en añadirlos a la lista que comentamos en el primer párrafo del presente artículo.

Muchos de los artículos de los actuales intelectuales judíos de Israel los podemos encontrar en el portal español Rebelión. Podemos encontrar también notas periodísticas como las de Amos Jarel o de Jack Khoury. En Mayo de este año nos advertían de los crímenes de odio que se están en su país. Como periodistas responsables están comprometidos en la pelea: “La batalla contra los terroristas judíos va más allá de la ejecución y el castigo de los responsables. Es una batalla por la conciencia de la opinión pública israelí, en la que muchos consideran a estos terroristas como mensajeros de Dios en una misión de llevar a cabo los mandamientos divinos”. Esa batalla por la conciencia la están dando.

En las filas de los judíos que combaten por la paz hay personas que no sospecharíamos. Yossef Burg, fue el representante del principal partido religioso en los diferentes gobiernos israelíes desde 1951 hasta 1986 y uno de los dos ministros que se opusieron a la ejecución de Eichmann. Su hijo Abraham Burg es uno de los activistas de Paz Ahora. De hecho salió herido en la manifestación en que mataron a Emile Grunzweig. Y es otro que advierte la deriva fascista que está teniendo el Estado israelí. En su libro “Derrotando a Hitler” Burg disecciona la mentalidad israelí producida por la ocupación (de Palestina, NdT) y la negación del Otro (de los árabes palestinos, NdT). “Nosotros somos los buenos y ellos los enemigos perversos. Cuanto peores son los adversarios, más buenos somos nosotros”. Burg describe el rumbo racista de su sociedad, en la que pululan impunemente las pintadas “muerte a los árabes” o “sin árabes no hay atentados”. Frente a la propaganda incesante que asimila “árabes” con “nazis”, Burg se pregunta si no es a la inversa, cuando la víctima se convierte en victimario: “¿Estamos completamente atrapados en esta espantosa semejanza con nuestros verdugos?”dice.

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