El “Gato por Liebre” de la Reforma Educacional de la Nueva Mayoría

Durante aproximadamente, los últimos 15 años, la concepción neoliberal de la Educación instalada por la Dictadura, y profundizada por los gobiernos del bloque en el poder, ha recibido una fuerte crítica, principalmente de parte del Movimiento Estudiantil universitario y secundario, pero también desde Profesores/as y Trabajadores/as de la Educación, y cada vez con mayor fuerza del conjunto de la sociedad.

Esta crítica, que los Movimientos Sociales y algunas fuerzas políticas han extrapolado a otros aspectos de la sociedad, como la Salud, la Previsión, el Trabajo y la Vivienda, ha obligado a la elite a buscar nuevas fórmulas para contrarrestar el descontento social. El segundo gobierno de Michelle Bachelet, así como la Nueva Mayoría, encarnan esta nueva fórmula del bloque dominante, pretendiendo presentarse como el gobierno y el sector político que llevará a cabo “las grandes reformas que Chile necesita”

En ese contexto han presentado al país y al Parlamento dos pilares de este supuesto programa de reformas. Un proyecto de Reforma Tributaria, y pocos días después, un proyecto de Reforma Educacional, o al menos una primera etapa de la misma.

Esta primera etapa de Reforma Educacional, consta de tres elementos que se consideran claves para generar un modelo educacional “…inclusivo, que fortalezca la educación pública, que amplíe la actual noción restringida de calidad…” (Mensaje de la Presidenta a la Cámara de Diputados, 19 de mayo de 2014), que implican poner fin al Copago o Financiamiento Compartido, fin a la Selección y Fin al Lucro en aquellos establecimientos que reciben subvención estatal.

Mas allá de estar de acuerdo o no con las declaraciones de buenas intenciones de la Presidenta respecto al tipo de modelo educativo que en teoría se busca implementar, o de considerar que efectivamente, tanto la Selección, el Lucro y el Copago, constituyen elementos odiosamente segregadores y discriminatorios. Creemos que esta Reforma no es tal, ya que en lo concreto, y al final del día, esto no es más que otro espaldarazo a la Educación Particular Subvencionada, en desmedro de la Educación Pública. No es más que una reforma ad hoc a los intereses de los sostenedores particulares, y que no recoge ni las aspiraciones ni los intereses de nuestro pueblo.

El Fin al Copago

En primer lugar, se pretende poner fin al Copago o Financiamiento Compartido, esto es poner fin a la posibilidad de cobrar un “aporte” a las familias, por parte de aquellos Establecimientos Particulares que reciben subvención estatal. Para ello se establece un plazo de, nada más ni nada menos, que de 10 años; el que según las últimas declaraciones del ministro Eyzaguirre a la prensa, podría llegar a extenderse a 15 años. Estos plazos, que por sí solos son irrisorios y una verdadera burla a la ciudadanía, permitirán a los sostenedores de estos colegios seguir contando con mayores ingresos que la Educación Municipal, a costa de la Subvención Estatal y del cobro a las familias, por lo menos por una década más. Este extenso plazo deja cabida para que dicha Reforma quede expuesta a los vaivenes de la política de los gobiernos de turno, a la presión de intereses políticos y económicos, o a un descenso en la movilización social.

En caso de que los sostenedores declinen seguir cobrando a las familias, este monto será aportado por el Estado a partir de una “Subvención de Gratuidad”. Y si esto fuera poco, el dejar de cobrar copago les permitirá acceder a un nuevo tipo de Subvención, que se pagara por aquellos alumnos que se encuentran entre el 60% y el 80% de los estudiantes más vulnerables, denominados “Alumnos Preferentes”, dicha subvención corresponderá a la mitad del valor de la Subvención Escolar Preferencial (SEP).

Es así como el pretendido fin al Copago no es más que un esquema muy bien diseñado para inyectar aun más fondos estatales a la Educación Particular Subvencionada, sin que esto se replique en la Educación  Pública. Esto no puede ser considerado como una reforma, sino que por el contrario, es una medida de continuidad respecto a las políticas privatizadoras en materia de Educación.

El Fin al Lucro

Por otro lado se señala que este proyecto pondría fin al Lucro, poniendo plazo de 2 años a los sostenedores para cambiar su Rol Jurídico, y 12 años para que estos sostenedores se transformen en propietarios de los inmuebles en los que funcionan o traspasar los mismos al Estado.

Si bien tiene sentido que se exija a dichos sostenedores ser dueños de estos inmuebles, como manera de impedir la triangulación y el desvió de fondos a través de Sociedades Inmobiliarias fantasmas, la manera en que esto se pretende hacer implica otra inyección de fondos a estos sostenedores, ya que podrán comprar estos inmuebles y hacerse propietarios de los mismos, pudiendo descontar estos dineros de la Subvención Estatal que reciben, es decir sin gastar de su propio bolsillo; o en su defecto traspasarlos al Estado, quien invertirá en comprar el cascarón, pero no podrá hacerse cargo del Proyecto Educativo, vale decir, el supuesto fin al Lucro implica un nuevo pozo millonario al que podrán acceder los sostenedores, esta vez tendiente a adquirir bienes inmuebles, un verdadero “Fondo Solidario de Vivienda Para Sostenedores”.

El fin a la Selección

Por último el Fin a la Selección, si bien es una medida razonable, entendiendo lo cuestionable que puede llegar a ser que establecimientos que son financiados con fondos estatales establezcan mecanismos de discriminación en sus procesos de admisión, al ser aplicada sin que hoy se haga ningún esfuerzo por mejorar la Educación Pública, podría implicar un verdadero tiro de gracia sobre la misma, ya que implica que deberá competir con un Sistema Particular Subvencionado, que ya no cobrará ni seleccionará, y que además recibirá una cantidad considerablemente mayor de aportes estatales. Si a esto sumamos la carga subjetiva y el estigma que tanto las políticas ministeriales de las últimas décadas, así como los medios de comunicación se han encargado de instalar, terminará, probablemente por hundirla.

Por todo esto no queda más que señalar como conclusión que aquí no hay Reforma, sino que hay continuidad. Continuidad con la privatización de la Educación, y continuidad con el desmantelamiento de la Educación Pública.

¿Podremos hablar de Reforma real sino se tocan los amarres constitucionales que ponen la libertad de enseñanza por sobre el derecho social a la educación?

¿Podremos hablar de Reforma real, sin que se acabe con el financiamiento por Subvención a la asistencia media, y no se establezca un régimen de Financiamiento Directo según las necesidades reales para una educación de calidad?

¿Podemos hablar de Reforma real, si no se mejoran las condiciones laborales y  se termina con la precarización de Docentes y Trabajadores/as de la Educación? No se puede exigir trabajo de calidad sin condiciones acordes para desarrollarlo.

No habrá reforma real sin una participación directa y efectiva de Estudiantes, Profesores/as, Trabajadores/as de la Educación y Comunidad Educativa en su conjunto, que aseguren transformaciones de acuerdo a los intereses del movimiento social y el pueblo,  pues fueron estos quienes pusieron en la palestra la necesidad de generar cambios estructurales en el sistema educacional chileno.

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