Escocia: una izquierda independentista, pero ‘no nacionalista’

El 18 de septiembre, Escocia está llamada a decidir si quiere independizarse del Reino Unido, una opción percibida como una oportunidad por los grupos de izquierda.

Edimburgo. Nada hace presagiar en las calles que esta pintoresca ciudad escocesa pueda convertirse en la capital de un nuevo Estado europeo en apenas dos meses, cuando sus habitantes acudan a las urnas para decidir si Escocia debe ser o no un país independiente. Las pocas banderas nacionales que se pueden ver ondean en las tiendas de souvenirs y, aunque se han vuelto cada vez más frecuentes, las conversaciones sobre la independencia rara vez son encendidos debates en torno a cuestiones identitarias, sino tranquilas charlas sobre asuntos más prácticos.

“Creo que esta particular campaña por la independencia no ha sido presentada, ni siquiera por parte del Partido Nacional Escocés (SNP), de una forma nacionalista”, declara Pat Smith, portavoz de la Radical Inde­pendence Campaign (RIC), una agrupación de colectivos izquierdistas y militantes individuales a favor de la independencia. “Yo no soy una nacionalista y creo que mucha gente dentro de la campaña tampoco lo ve así. No creo que querer la autodeterminación sea nacionalista”, argumenta, con una chapa en la solapa con el anagrama de la campaña pro-independentista “Yes” sobre un aséptico fondo amarillo.

Independentistas, pero no nacionalistas. De esta forma se autodefine la izquierda escocesa que, desde organizaciones parlamentarias y extraparlamentarias, está haciendo campaña a favor de la independencia del Reino Unido junto al SNP, el partido gobernante con mayoría absoluta en el parlamento regional de Edimburgo desde 2011.

Cambios sociales

Un sentimiento práctico y la esperanza de que la independencia abra el camino hacia cambios sociales más amplios imperan en un conglomerado de fuerzas políticas que va desde la plataforma extraparlamentaria RIC hasta Labour for Inde­pen­dence. Este último colectivo, liderado por Allan Grogan, está compuesto por miembros y votantes del Partido Laborista que rechazan la línea oficial del partido, ­defensor de la permanencia de Esco­cia en el Reino Unido.

“Si, por ejemplo, la situación fuera diferente en el Reino Unido y hubiera un gobierno socialista en West­minster y estuviéramos trabajando para construir una sociedad más igualitaria, probablemente votaría ‘No’”, declara Grogan, miembro del Partido Laborista, aunque muy crítico con lo que considera como un “alejamiento de sus raíces” por parte del partido desde los tiempos de Tony Blair. “Esto no va sobre Bra­ve­heart para mí, va sobre cómo podemos crear una sociedad más justa”, explica el líder de Labour for Inde­pendence.

Aunque no sea el grupo más numeroso, Labour for Independence representa al sector llamado a decidir el resultado final del referéndum, que tendrá lugar el próximo 18 de septiembre. Con las encuestas favorables a los unionistas, la gran esperanza de los independentistas para desequilibrar la balanza es el desencanto de los votantes de la principal fuerza política en los últimos 60 años en Escocia: el laborismo

Asentado sobre el poderoso sindicalismo escocés, que combatió hasta ser derrotado las medidas neolibera­les de Margaret That­cher en los años 80, el laborismo fue la fuerza hegemónica al norte de la frontera con Inglaterra hasta que los nacionalistas irrumpieron en 2007 de la mano de Alex Salmond. Decep­cionados por el giro a la derecha del partido en materia económica en los últimos años, muchos antiguos votantes laboristas apoyaron al SNP en las pasadas elecciones. Aunque sólo un cuarto de los votantes laboristas en 2011 tiene intención de votar ahora a favor de la independencia, un porcentaje similar aún no ha decidido por qué opción decantarse en el referéndum.

Resultados ajustados

“En el primer referéndum [por la creación de un parlamento escocés en 1979], la izquierda se opuso a la devolución de poderes porque se consideraba que las reformas socialdemócratas tenían más opciones de ser impulsadas por organizaciones obreras a nivel británico”, explica Colin Fox, portavoz nacional del Scottish Socialist Party (SSP), una formación política ubicada a la izquierda del SNP sin representación parlamentaria en la actualidad. “Ahora, 30 años después, toda la izquierda está abogando por la independencia, porque estas organizaciones han desaparecido y el Partido Laborista ya no es visto como un partido con credibilidad para impulsar políticas socialdemócratas”.

Pero, ¿qué garantías hay de que una Escocia independiente permitirá crear una sociedad más igualitaria? Para Pat Smith, de RIC, “el estado de ánimo que tienes cuando ­logras algo significativo te hace querer llevar adelante algo más. No queremos sólo un voto por la independencia y volver a nuestros asuntos. Queremos seguir luchando [tras el referéndum]”, apunta.

En caso de victoria del “sí” en el referéndum, daría comienzo un proceso de negociaciones que culminaría con la declaración oficial de independencia en 2016 y la convocatoria de las primeras elecciones generales en Escocia. El día 20 de septiembre, dos días después del referéndum, habrá una conferencia de nume­rosos grupos de izquierda en Edimburgo donde se decidirá “la táctica a seguir en las consiguientes negociaciones y se designará a los delegados”, según explica Colin Fox. “El SNP quiere desmovilizar a la izquierda tras el referéndum y hacer una gran coalición negociadora con los partidos unionistas. Lo que la izquierda debe considerar es qué es y cuál es el límite de lo que se acuerda en Londres”, declara el líder del SSP.

Pero antes, los secesionistas deberán lograr dar la vuelta a los resultados que marcan a estas alturas los sondeos y el tiempo que tienen para ello es cada vez más reducido. “Las encuestas se están acercando”, afirma Allan Grogan. “Hay una enorme diferencia entre lo que marcan las encuestas y lo que yo percibo en la calle hablando con la gente”. La intuición de Grogan y especialmente ese aún alto porcentaje de indecisos son a lo que se agarran los independentistas para poder poner en práctica algún día sus proyectos políticos en la nueva Escocia independiente.

Más de 300 años de Reino Unido

1707

El Parlamento escocés se disuelve y se unifica con el inglés en Westminster, formando el Reino Unido de Gran Bretaña. El nuevo Estado se convertirá en la principal potencia mundial en los dos siglos posteriores y Escocia será el corazón industrial del Imperio.

1945

Tras la victoria en la II Guerra Mundial, los laboristas llegan al poder en el Reino Unido liderados por Clement Attle. Comenzarán la construcción del conocido como Welfare State o Estado de Bienestar, desarrollando un servicio de seguridad social y nacionalizando los principales sectores económicos.

1979

Después de una década marcada por la crisis económica y el aumento del desempleo, llega al poder la conservadora Margaret Thatcher, que pondrá en práctica las entonces innovadoras políticas económicas neoliberales. La privatización del carbón provocará un aumento de la conflictividad social en Escocia.

1997

Tras 16 años de gobiernos conservadores, los laboristas vuelven al poder de la mano del escocés Tony Blair, que convocará un referéndum para la ­creación de un parlamento regional escocés. El “sí” se impondrá ampliamente y en 1999 los laboristas ganarán las primeras elecciones escocesas.

2007

El SNP gana por primera vez las elecciones en Escocia y gobierna en minoría hasta alcanzar la mayoría absoluta en 2011. Tras la victoria electoral, Alex Salmond acuerda la convocatoria de un referéndum sobre la independencia de Escocia con el primer ministro británico David Cameron.


Original: https://www.diagonalperiodico.net/global/23619-izquierda-independentista-pero-no-nacionalista.html

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