[AUDIO] Crónica de Ruperto Concha: la crisis del Ébola

Parte 1

Parte 2

En un desgarrador discurso, el presidente Barak Obama hizo un llamamiento a que los gobiernos del mundo se movilicen de inmediato para enfrentar con todas sus fuerzas la veloz epidemia del virus Ébola, en África Occidental. Y afirmó que los científicos predicen que si no se actúa de inmediato, pueden morir cientos de miles de personas en todo el mundo y en unos pocos meses.

Acto seguido, pidió al Congreso de su país que le autoricen un presupuesto adicional de 750 millones de dólares, con cargo al presupuesto militar, a fin de iniciar un plan de acción que implicará movilizar 4 mil soldados a las zonas más afectadas por la epidemia.

Por su parte, el presidente del Banco Mundial, Jim Kim, exigió que se cree un fondo de más de 20 mil millones de dólares para enfrentar la epidemia, y agregó que hasta ahora la respuesta global ante el Ébola ha fracasado miserablemente.

Más aún, Kim advirtió que tanto en Estados Unidos como en Europa se producirán numerosos nuevos casos de contagio del Ébola, y que existe peligro inminente de que se desate una pandemia global.

Hasta aquí, todo resulta sencillo, claro y terrorífico. De hecho, ya más de un 30% de los norteamericanos están prácticamente en pánico, y quieren que el gobierno tome extremas medidas para evitar que entren más cepas del virus a territorio norteamericano.

Pero, ¿qué es en realidad esto del virus de Ébola y qué es lo que de veras está ocurriendo?

 

 

 

Comencemos hablando de contagios y muertes. Según las cifras de la Organización Mundial de la Salud, el número de contagiados por la epidemia del virus Ébola, ya supera a las 10 mil personas, y de ellas, han muerto entre 4 mil y 6 mil. Pero, fíjese Ud., en Europa y Estados Unidos, la influenza, la grippe común mata cada año a una media de 200 mil personas. Oiga, ¡200 mil!… Y nadie parece sentirse aterrorizado por ello. ¿Por qué, ahora, los 4 o 6 mil muertos causados por la epidemia de Ébola tienen al mundo aterrorizado?

Bueno, hay hartas razones para asustarse. Por un lado, la tasa de mortalidad por el virus Ébola, en general, es del orden del 50%. O sea, de cada dos enfermos, uno se muere. Y por razones que aún se desconocen, hay brotes en que la mortalidad ha llegado al 98%. O sea no sobreviven más que dos de cada cien contagiados.

Otra razón de alarma es que no hay ninguna cura contra el Ébola. En más de 30 años de investigaciones sobre el virus, no se ha encontrado ningún fármaco que lo paralice o lo destruya. Es incluso más fuerte que el virus del sida. Y tampoco se ha encontrado hasta ahora ninguna vacuna que permita evitar el contagio.

Varios laboratorios de Estados Unidos, Gran Bretaña y Alemania están tratando de ensayar vacunas, pero ya se ha advertido que no hay que hacerse ilusiones. Y el único tratamiento a los enfermos consiste en darles paliativos a sus síntomas, bajarle la temperatura, inyectarle suero para compensar su pérdida de líquidos, hacerle masivas transfusiones de sangre, y atiborrarlos de vitaminas C y D.

Con eso se aumentan las posibilidades de que el enfermo alcance a curarse solo… Pero cuando el Ébola se presenta con hemorragias y ataque a los riñones o al sistema respiratorio… ahí no hay caso.

 

 

 

También resultan terroríficos los sucesivos episodios de la enfermedad. El enfermo denota experimentar un sufrimiento atroz, sus músculos se contraen dolorosamente , le acomete altísima fiebre y expulsa los líquidos de su cuerpo en forma incontrolable, incluyendo vómitos. Los que han presenciado esas muertes quedan realmente traumados de horror.

Y Ud. puede imaginarse el contexto de miedo y repugnancia que experimentan aquellos negritos abrumadoramente primitivos que rodean al enfermo en los lugares donde viven. Y al fin ya todos saben que el enfermo va volviéndose cada vez más contagioso a medida que su enfermedad se agrava, y que incluso muchas horas después de su muerte, la intensidad virulenta sigue aumentando y el cadáver es aún más contagioso que el que agonizaba.

Al principio los lugareños trataban de honrar a sus muertos, lavarlos y darles sepultura decorosamente. Y el resultado era el contagio brutal que invariablemente afectaba a toda la familia y al resto de la aldea.

Y cuando llegaron los primeros paramédicos, ignorantes del morbo que enfrentaban, la trasmisión del contagio se aceleró todavía más. Fue muy pronto que la gente comenzó a suponer que eran los propios médicos y enfermeros los que llevaban la maldición. De hecho se produjeron feroces ataques contra los equipos sanitarios que acudían a ayudarlos.

En su terror, la gente ya contagiada, trataba de huir a otros lugares, incluso atravesando fronteras. Y para cuando al fin se conoció la naturaleza del virus, el número de contagiados sumaba más de dos mil, de los cuales sólo unos pocos quedaban bajo el control sanitario.

Las cifras de enfermos se refieren únicamente a los que han sido registrados por las autoridades de salud. Las cifras del interior, en gran parte selvático o de sabana, todavía son sólo estimaciones.

No se sabe cuántos cuerpos han caído en los ríos o en las riveras pantanosas, y cuántos han sido devorados por los animales carroñeros que también se han infectado, pues el virus es capaz de pasar de una especie animal a otra, sin perder su fuerza.

 

 

 

El primer relato sobre este brote de Ébola mencionaba que al parecer el gran contagio se originó cuando un grupo de jóvenes cazadores se adentró en la selva y encontró un gran gorila enfermo, ya incapaz de escapar o de hacerles frente. Los chicos entonces le lanzaron sus jabalinas y lo mataron en pocos minutos.

La faena de descuerar al gorila, para aprovechar su valiosa piel, y luego faenar la carne, prácticamente embadurnó a los cazadores con los fluidos del gran simio, cargados ya de innumerables colonias de virus.

Posiblemente fueron recibidos con algazara en la aldea, y los trozos del gorila fueron distribuidos en todas las cabañas, mientras otros estacaban la piel para secarla al sol.

Entre 10 y 21 días después del festín comenzaron a aparecer los síntomas, la mayor parte dentro de la aldea pero también muchos otros en aldeas vecinas.

Ya la epidemia se había vuelto inevitable. Pero, ¿cómo se había enfermado aquel gorila?… ¿Quién lo contagió?

Esa es una pregunta que se abre en dos direcciones. La primera es la más inocente y se refiere a las pistas encontradas trabajosamente por los biólogos que han tratado de seguir el largo rastro a partir del primer brote de Ébola, de 1976, en el corazón del Congo, junto a un pequeño río afluente del Congo, llamado Ébola, que en lengua nativa significa Arroyo Negro.

El virus Ébola pertenece a un grupo cuya forma semeja la de un gusanito, y es parte de un grupo de otros virus que también provocan enfermedades más o menos graves. De hecho se ha mencionado que podría estar genéticamente emparentado con los hanta-virus, como el que ha aparecido en Chile.

Esta clase de virus afecta a gran número de animales, sobre todo ratas de varias clases, y aves, incluyendo a las grandes avestruces africanas. Pero los animales afectados se enferman y mueren.

Es decir, no pueden ser los portadores depositarios que sirven de viveros del virus, sin enfermarse y por lo tanto, sostener la población viral durante largos períodos de latencia y desplazamiento territorial.

Los biólogos han llegado a detectar que hay una variedad de murciélagos que se alimentan de frutas, en cuya sangre han hallado la presencia del virus, pese a lo cual los animalillos parecen perfectamente sanos. Es decir, tendrían inmunidad natural y por ello podrían ser los depositarios.

Todavía no hay certeza en ello, pero es la pista más sólida que se ha hallado. Esos murciélagos, como otros, son comidos por diversos depredadores, incluyendo los humanos que los cazan en gran cantidad pues encuentran que su carne es muy apetecible. Así, esos pequeños murciélagos pueden contagiar a los seres humanos que los faenan para cocinarlos.

Analizando la sangre de esos murciélagos, han detectado un área de propagación que tiene centro en el Congo, África Central, y, ahora inesperadamente alcanza hasta la costa del Atlántico en África Occidental. Una zona realmente enorme, con un diámetro de unos 3.500 kilómetros.

 

 

En general todavía es casi imposible desarrollar una vacuna contra enfermedades virales. De hecho, la única vacuna que se logró es contra la Fiebre Amarilla, hace ya muchísimas décadas. Todas las demás que se han intentado, contra una amplia gama que va desde el Dengue y el mal de Chagas, hasta el virus del SIDA, han sido fracasos hasta ahora pese a los innumerables trabajos experimentales.

Uno de los altos directivos internacionales de esta lucha contra el Ébola destacó que, si no se detiene ya mismo la propagación de ese virus, la humanidad se encontrará en una situación similar a la del SIDA.

Sin embargo, la comparación con el SIDA no ha sido bien acogida. La principal diferencia es que los contagiados con el virus del SIDA pueden vivir muy largo tiempo, incluso años, siendo portadores contagiosos pero sin presentar síntomas. O sea, pueden contagiar a un enorme número de personas antes de darse cuenta de que está enfermo.

En cambio, con el Ébola, la incubación tarda sólo entre una y 3 semanas, y el portador no es contagioso hasta que se le producen los síntomas. Cuando ya se siente enfermo, si recibe atención médica oportuna, son muy escasas las posibilidades de que pueda contagiar a otros.

Es decir, el Ébola es un asesino demasiado rápido y por lo mismo destruye a los que podrían ser sus portadores. Basta con aplicar un aislamiento estrictísimo hasta que el enfermo muere o se recupera. Una vez que ha sanado, deja por completo de ser contagioso. Y en cuanto a los cadáveres, la solución generalizada es la cremación a altas temperaturas, lo que destruye todo rastro del virus.

Ese ha sido el argumento básico esgrimido por Washington para justificar el envío de tropas a las zonas afectadas por la epidemia de Ébola. Las tropas, provistas de excelentes elementos de aislamiento y protección personal, tendrán la misión básica de acordonar y aislar por completo las zonas afectadas. Impedir que persona alguna pueda salir de allí sin tener una rigurosa autorización sanitaria.

Por cierto que esa férrea misión policíaco-militar aparece dulcificada por misiones de instalación de hospitales de campaña, postas médicas, laboratorios para detección del virus, y apoyo logístico para los centenares de médicos y paramédicos que están acudiendo de todo el mundo a socorrer a las víctimas.

Pero, dejémonos de cosas… para guardias de seguridad bastan las propias fuerzas locales, sobre todo si se les proporciona el equipamiento necesario, y ello a un costo muchísimo menor. Mejor que tropas, Estados Unidos podría haber enviado médicos y paramédicos, tal como lo está haciendo Cuba en estos momentos.

 

 

 

En realidad, el plan de acción de Obama por la crisis del Ébola en África Occidental, aparece tan opaco, con tanto secretismo y tantos vacíos, que en estos momentos el Senado está demorando la entrega de fondos que pidió. El Senado le exige detalles concretos de su plan de acción, antes de girarle casi mil millones de dólares. Principalmente los senadores quieren saber qué medidas tiene el plan de Obama para evitar que portadores del Ébola sigan entrando a Estados Unidos.

Pero, como decíamos, hay preguntas que se orientan a otros ángulos. Una línea de interrogantes la formula el académico de la Facultad de Derecho de Illinois, profesor Francis Boyle, quien el miércoles señaló a los periodistas que diversas reparticiones del gobierno de Estados Unidos tienen ya una larga historia de estar desarrollando investigaciones apuntadas a la guerra biológica, en laboratorios dentro de las bases militares de Estados Unidos en Liberia y Sierra Leona, o sea, el epicentro de donde surgió la actual epidemia de Ébola.

Entre estas reparticiones encargadas de la guerra biológica se cuenta precisamente la agencia CDC, Centro de Control de Enfermedades, la misma que ahora está a cargo de toda la operación del gobierno para investigar y controlar el brote contagioso de Ébola.

Y el profesor Boyle pregunta: “Por qué Obama ha despachado a Liberia un contingente de 4 mil soldados que no tienen un entrenamiento especial en asuntos médicos, ni tienen preparación para asistir a los enfermos de Ébola?

Y agrega otra pregunta: ¿Cómo ha sido que el virus de Ébola, por primera vez en siglos, logró recorrer 3.500 kilómetros desde su lugar de origen en Zaire, hasta llegar `recisamente a Liberia, donde están las bases militares y los laboratorios de Estados Unidos??

Y una tercera pregunta: Desde los ataques biológicos con Antrax en 2001, hasta ahora, el gobierno de Estados Unidos ha destinado 70 mil millones de dólares en investigar posibles crisis de bioterrorismo y epidemias con virus mutantes. ¿Cómo es que ahora no tenía ni plan ni conocimientos para encarar esta crisis?

Por cierto, el profesor Francis Boyle se niega a hacer conjeturas en respuesta a sus propias preguntas, pues prefiere que otras personas inteligentes traten de encontrar las respuestas.

 

En tanto, desde sitios de Internet de España. Italia y Gran Bretaña, han comenzado a publicarse graves documentos que apuntan a una relación entre ciertos atentados terroristas, incluyendo el derribamiento del avión malayo de pasajeros sobre Ucrania, y el origen del brote epidémico del virus Ébola.

De hecho, destacan que entre las víctimas del atentado contra ese avión, se cuenta el pasajero dr. Glenn Thomas, biólogo especializado en virología, particularmente de los virus del SIDA y el Ébola. Este doctor Glenn Thomas era una de las máximas autoridades en virus de Ébola, y participó en experimentos e investigaciones con Ébola sobre su uso en armas biológicas, precisamente en el centro médico de Kenema, en Sierra Lona.

Junto al doctor Glenn Thomas trabajaba también el doctor Siegh Humar Khan, máximo experto en Ébola del país, y quien murió al contagiarse antendiendo a sus compatriotas enfermos.

Según versiones supuestamente respaldadas por documentos, el doctor Glenn Thomas se habría negado a participar en ciertos experimentos sobre la población, a partir del virus del Ébola, pues consideraba que existía un peligro incontrolable de que esos experimentos resultaran fallados y produjeran un contagio masivo sobre la población.

Más aún, el doctor Glenn Thomas renunció a su cargo para integrarse a la Organización Mundial de la Salud. El gobierno de Sierra Leona clausuró aquel centro médico, y el edificio y sus instalaciones ha quedado bajo control de los militares estadounidenses.

Por supuesto, esas publicaciones por Internet sugieren que para los propietarios de esos proyectos de armas biológicas, la muerte del este biólogo sería algo más que conveniente y quizás, quizás, hasta justificaría derribar aquel avión de pasajeros, pocas semanas antes de que estallara la epidemia de Ébola.

 

La epidemia de Ebola, por lo pronto, ya llevó a postergar indefinidamente las elecciones presidenciales en Liberia, donde se esperaba el voto de 3 millones de electores. En realidad, prácticamente todas las actividades normales en esos cinco países afectados, se encuentran detenidas. Se está produciendo una paralización económica y social, e incluso la tragedia del Ébola está teniendo por efecto colateral que miles de otros enfermos, con una inmensa gama de dolencias, se encuentran ahora privados de tención médica, y el número de esos fallecimientos se estima puede igualar o incluso superar al de los muertos por el Ébola.

Es decir este pernicioso brote del virus Ébola, todavía no ha sido explicado en forma transparente. Y sus secuelas, serán desastrosas para las naciones africanas afectadas, incluso si se logra contener y eliminar la propagación del virus.

Pero, si, como muchos temen, el virus no es detenido a tiempo, podríamos estar a las puertas de una pandemia que sería comparable a la gran Peste Negra que asoló a Europa en 1649, en que pereció alrededor de un tercio de toda la población europea.

Entre los principales temores de los biólogos, se cuenta el que el Virus del Ébola es fuertemente evolutivo, presenta rápidas mutaciones, y de hecho ya se ha detectado una gama de 3 tipos distintos del mismo virus.

Esas mutaciones, al parecer, hacen sospechar que el virus pueda haber comenzado a propagarse a través del aire, en microscópicas gotas de spray respiratorio o de sudor, y también pueda mantenerse activo en sitios húmedos, ropa, césped, o incluso en utensilios de la sala de baño.

De hecho, otras variedades del mismo tipo de virus en forma de hebra, se propagan llevadas por el viento, contenidas en micro gotas de orina de ratas, o en polvo de excremento de esos roedores. La sequedad no destruye al virus. Sólo lo deja latente.

 

En fin, como era de esperar, tanto en Estados Unidos como en África ya ha surgido un fuerte impulso religioso que pretende ver en esta epidemia una prueba de la ira de Dios por la iniquidad de los seres humanos.

Incluso el director del hospital Redemption, el más importante de Liberia, es el doctor Mohammed Sankoh, quien pese a su nombre es un ferviente cristiano evangélico, que recita permanentemente las Epístolas de San Pablo, y aplica rigurosamente una combinación de plegarias y manejos médicos.

En realidad, toda el África Occidental en estos momentos está bullente de supuestos milagros, profecías y curaciones mágico-naturistas. El mismo doctor Sankoh se encoge de hombros, diciendo: será lo que Dios quiera. Todos vamos a morir, pues somos extranjeros en este mundo, donde sólo estamos de paso.

Y cuando le preguntan: ¿Cómo es que Dis puede querer tanto sufrimiento?, el contesta que la culpa no la tiene Dios sino nosotros mismos, por ser impíos y pecadores.

Y todavía cuando un porfiado insiste: Pero, ¿por qué Dios nos hizo impíos y pecadores?

El doctor entonces lanza una mirada de profunda repugnancia y se marcha sin responder.

 

 

En fin, no sabemos en qué terminará este Ébola tan “evolutivo”. Según algunos científicos, ya es demasiado tarde y se aproxima una tragedia que cobrará cientos de miles de víctimas, como decía Barak Obama.

Pero en lo que todos están de acuerdo, es que ya actualmente la salud de los que vivimos en esta parte del mundo se relaciona con la salud de todos los demás pueblos del planeta. Ya el bien y el mal se globalizaron, como querían los illuminati neoliberales.

Ah, esta semana enviaré un nuevo dossier a mis amigos que lo pidieron. Será por ahí por el jueves próximo.

En fin, hasta la próxima, amigos. Cuídense. Es necesario. Como Ud. ve, ¡Hay peligro!

 

Fuente imagen: http://www.nbcnews.com

 

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