Atento: La calle está hablando

Cuando Gabriel Salazar reflexionaba, por allá por los noventa, acerca de las comunidades locales como espacios donde se reflexionaba y accionaba sobre la realidad política y social me parecía que era importante lo que decía, pero, -por mi escasa experiencia veinteañera-, no alcanzaba a entender a qué se refería exactamente, ni porqué lo decía, en referencia a qué problemas exactamente. Bueno, Salazar ha venido desarrollando esa propuesta año con año, en medio de movilizaciones y períodos represivos, todo envuelto de este empate al que llaman democracia y ahora creo entender un poco más

El miércoles 3 de diciembre, en Concepción, miles de profesores de base movilizados, trabajadores portuarios, trabajadores de la salud y estudiantes de diversos liceos y universidades me hicieron pensar nuevamente en esa idea de don Gabriel, en esa hermosa marcha vislumbré algo de esa idea que se aproxima a lo que un día se asomó como poder popular, miles de personas que, compartiendo un territorio material y simbólico, viven y acarician un país distinto al neoliberalismo reinante. Ese cuerpo en movimiento, definido por una latencia, es lo social y lo político; esa latencia se expresó en ese andar de calles gritando sus verdades al aire penquista, define una identidad y una intención materializada en agrupaciones, sindicatos y formas diversas de asociatividad popular.

Esa latencia puede devenir en una potencia, al pensar de Spinoza, y genera directamente su respuesta puntuda al régimen progre de la Nueva mayoría. Las bases renunciando a la representación, avanzan rápidamente a su autodeterminación sociopolítica, definen cada vez más claramente un camino: disputar por si mismos la hegemonía del discurso y la acción política al poder constituido. Hoy los mediadores comienzan a ser superados, me refiero a los partidos políticos, los traductores entre el poder y el pueblo, idea de la modernidad política presente en Chile desde el siglo XIX, cuando el pueblo no contaba con mínimos culturales para disputar el estado por si mismo; es por ello que los partidos, las siglas en general, van cediendo frente a esa nueva realidad llamada bases movilizadas, nuevo sindicalismo o plataformas locales que hacen más política que la política.

La política se reconocerá diferente a ese ejercicio banal y fascista que vemos hoy en la tele y en las organizaciones tradicionales del movimiento social y popular.

En ese marco surge algo que podríamos avizorar como nueva política, definición que podemos comprender por la construcción de los propios grupos movilizados en su territorio y en torno a su sujeto social colectivo, llama la atención lo poderoso de la idea de profesor y su comuna, portuario y su puerto, trabajador y su hospital, algo que puede parecer obvio resulta imprescindible para comprender la politicidad de esos sujetos, es en su propio espacio donde se viven los conflictos y en ese espacio donde experimenta su resistencia, por tanto la materialidad de la lucha se define por su espacialidad y por su identidad como sujeto, ha quedado claro en Magallanes, en Aysén, en Freirina y ahora en Concepción.

Otro elemento que tercia en esta nueva definición es la apelación constante a la ética de los representantes, es por ello que surge la vocería como la modalidad más valorada para referir el discurso de los movilizados, cansados del abuso de las burocracias vinculadas a los viejos partidos, colectivos y grupos de representación, las bases exigen ética en la acción política y sindical. Eso incluye a la manipulación y ocultamiento que muchos grupos, incluidos a muchos de izquierda, tienen respecto a las bases movilizadas. La ética política ya no es un deseo, ahora se ha convertido en una exigencia para participar políticamente en las organizaciones populares.

Por último surge la valoración de la democracia popular en las organizaciones para, desde allí, buscar la democracia para el país, se trata de buscar el ejercicio de una democracia radical, abarcadora y sustentadora de cada acción política de los sujetos individuales y colectivos. Se ve despuntar una nueva forma de entendernos en lo social y lo político, ese despunte puede llevarnos a un nuevo proyecto político del pueblo chileno, pero puede no hacerlo si el posibilismo se impone nuevamente, de ser así, estaremos hablando otra vez de reformas progres, dejando intacto el modelo, silenciando la voz de la calle mediante representaciones de chico/as buena onda en un congreso putrefacto o en instituciones vacías de soberanía.

El debate queda abierto, el pueblo movilizado lo está exigiendo.

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