En México ¿2 + 2 es 4?

En Resumen fuimos de los primeros en dudar de la versión oficial. No nos daba la gana de creerle a Murillo Karam, Procurador General de la República en México. Pero la cosa era realmente fácil. Ningún mérito. Más bien hay que felicitar a los que creyeron. Tienen una imaginación prodigiosa.

Veamos. Murillo Karam presentó a un par de delincuentes que, después de algunos cariños policiales, estaban dispuestos a confesar todo. La policía mexicana es muy cariñosa, eso lo sabemos. Y qué contaron. Que como la policía hablaba de haber capturado a “los rojos” ellos creyeron que era la banda de Los Rojos y que les querían quitar el territorio. Una confusión rarita la verdad, sobre todo si en el territorio no había nadie más operando.

Normalmente en estos líos de territorio no sólo se asesina sino que se exhibe el cadáver para que la lección quede clara. Pero esa noche, como llovía, en vez de irse a su casa, quisieron hacer una hoguera y por eso quemaron a los chicos ¿Cómo hicieron la hoguera en medio de la lluvia? En verdad nadie se preocupó por ese detalle. Lo único que importaba era que quede claro que no es un crimen de Estado, que fue cualquier otro. No importa ni siquiera si es creíble lo que se dice.

Pero sigamos con el informe del Procurador que aquí viene lo mejor. Para su extraña hoguera los narcos juntaron llantas, plásticos, papel y cualquier material inflamable que encuentras en un basurero. Más artesanal no pudo ser. Ahora bien, un crematorio, que utiliza gas y está preparado para el tema utiliza 3 horas por muerto. Supongamos que el horno artesanal demora 4. Se puede incinerar 6 muchachos en un día de trabajo sin pausas para el almuerzo. Para los 43 necesitaron algo más de una semana no sólo sin almorzar sino ni siquiera con un ratito de sueño. Deberían ensayar antes de mentir.

¿Cómo hicieron los que le creyeron a Murillo Karem? Realmente hay que declararlos héroes de la imaginación maldita. El pueblo no le creyó. Y no sólo eso sino que se moviliza día a día porque Murillo se vaya. Porque Peña Nieto, el Presidente, se vaya. El 20 de noviembre hubo un paro nacional con movilizaciones en todo México, en todo el mundo. De Tailandia a Alemania, de Bélgica a Argentina, de Australia al Perú. Desde la década del 70 no había tanta unanimidad en contra de un gobierno.

Y no es sólo que deba renunciar, organizar su despedida, dejar una amnistía preparada por cualquier cosa. Ni que deba llamar a algún plebiscito como hizo Pinochet. Debemos echarlo a patadas. Meterlo preso. Y el pueblo movilizado debe decidir, en Asamblea Constituyente, cómo sigue para adelante México. No queda de otra. Ya nos cansamos de tanta muerte. No es Ayotzinapa, es Guerrero, es Ciudad Juárez, son miles de asesinados en todo el país.

Pero echar a Peña Nieto también es vengar a los muertos del estadio en Santiago, a los de la Cantuta en el Perú, a los nietos desaparecidos en Argentina. Por eso echar a Peña Nieto nos compromete a todos los latinoamericanos. Estamos contigo mi cuate.

+  Lola Mento

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