[AUDIO] Crónica de Ruperto Concha: ¿Van las cosas peor que antes?

PARTE 1

PARTE 2

Un, dos, tres, cuatro… Igual que las cuatro primeras notas del tango “La Cumparsita”, tristones e inexorables, pasaron ya los primeros 4 días de 2015.

Para la gente de Libia, de Irak, de Siria, de Afganistán, de Yemen, Pakistán y de Ucrania… el año nuevo ciertamente llegó y pasó como un desfile de sufrimiento interminable. En Kiev, en plena fiesta de año nuevo, el ministro del Interior mandó la policía a silenciar al más popular de los canales de la TV de Ucrania. ¿Y sabe por qué?… Pues porque estaban transmitiendo un musical bailable con varios grupos de rock’n roll rusos que están haciendo furor entre los muchachones ucranianos. Me refiero a los que no son neonazis, claro.

Y en España, la llegada del año nuevo llegó a extremos grotescos, en el principal canal del gobierno en Andalucía. Fíjese que la gerencia del canal había vendido una tanda de avisos comerciales justo para la llegada del nuevo año. Y así, cuando comenzaron las campanadas finales en cuenta regresiva, en las pantallas lo único que se veía fue una retahíla de esa propaganda siútica, sensiblera, y en tono de arenga trascendental.

Bueno, el canal ganó plata, aunque los espectadores se enojaron mucho.

Y hablando de plata y de enojos…en Estados Unidos la gente está zumbando en las redes sociales, escandalizada por que el presidente Barack Obama, con su señora, se fueron a cenar al club más caro de Hawaii, donde para ser aceptado como cliente especial hay que pagar 50 mil dólares, y para hacerse socio, hay que comprar una acción que cuesta medio millón de dólares.

¿No le da a Ud. también la impresión de que este añito en que el Tercer Milenio cumple sus 15 primaveras, de veras se nos coló al compás de un tango y de una farándula?

 

Un par de navidades atrás me permití pronosticar que en 2014 todavía no iba a estallar la guerra grande, esa que, por ser la Tercera, probablemente será la vencida. Pero también agregué que para el 2015 las posibilidades de guerra aumentarían hasta niveles críticos.

Según pasaba el año, los analistas comenzaron a concordar conmigo. El peligro de guerra ha aumentado hasta un punto en que le toca al presidente Barack Obama tomar las iniciativas que sean necesarias para que la relación de su país con Rusia recupere aunque sea en parte un tono de diálogo racional.

En más de 10 de los más importantes blogs de análisis internacional, se afirmó que este año sí puede producirse la guerra. Y en general concuerdan que ésta sería una guerra distinta de todas las anteriores, basada en armamento de muy alta tecnología y con efectos devastadores.

Una analista muy prestigiosa que ha participado en el equipo de gobierno de Washington, la Dra. Philippa Malmgren, destaca que Estados Unidos, Rusia y la China, están compitiendo fuertemente en posicionar satélites de gran tamaño, en órbitas a gran altura, dotados de poderoso instrumental de detección y maniobra, y también con capacidad de disparar misiles.

Ella considera que las tres grandes potencias actuales cuentan con una tecnología sin precedentes para desarrollar aviones, submarinos y misiles de largo alcance, dotados de aparatos que los vuelven casi completamente indetectable a los radares y los aparatos de detección visual o sonora.

Recordemos que a principios de año, un submarino nuclear ruso penetró en aguas territoriales de Estados Unidos, frente a Nueva York, y no fue detectado sino cuando ya se retiraba y estaba alejándose fuera de las aguas territoriales estadounidenses.

 

Fuera de ese caso excepcional, que marcó un enérgico cambio de actitud de Moscú ante la agresividad de la OTAN, Rusia ha realizado un gran número de ejercicios de guerra en los se ha mostrado desafiante, aunque sin llegar a transgredir los espacios marítimos o aéreos de los demás países.

En cada ocasión, aviones de la OTAN se han acercado a las aeronaves rusas, haciendo algunas maniobras que la prensa califica como “interceptar” a los aviones de combate rusos, aunque en realidad son sólo acercamientos inofensivos.

También tuvo gran resonancia cuando Suecia denunció haber detectado un submarino extranjero que había llegado nada menos que a ingresar a través de los canales que llegan hasta el centro mismo de la ciudad de Estocolmo, la capital de Suecia.

Todos los servicios de inteligencia de la OTAN concordaron en que se trataba de un submarino ruso, aunque ciertamente Moscú lo negó poniendo su mejor cara de póker. Suecia y sus aliados de la OTAN hicieron ímprobos esfuerzos por detectar nuevamente a ese submarino que parecía haberse ocultado en un espacio extremadamente estrecho y de poca profundidad. Y, por cierto, tratar de atraparlo.

No lo consiguieron, y finalmente tuvieron que admitir que el submarino no sólo había burlado las defensas, entrando hasta el corazón mismo de la capital sueca. Además, ya movilizado todo el potencial y una tremenda flota, había logrado escabullirse a través de ellos.

Si realmente ese submarino hubiese tenido una misión de ataque, habría podido disparar alrededor de 15 misiles, cada uno de ellos con 4 o 7 cabezas nucleares, cada una con el doble o más de potencia que las que Estados Unidos lanzó en Japón sobre Hiroshima y Nagasaki.

 

Pero al margen de las maniobras sobre el mar Báltico, y otras costas de Europa y Estados Unidos, la mayoría de los analistas suponen que el detonante de una guerra a gran escala se produciría en Ucrania, sobre todo cuando el presidente Wladimir Putin advirtió públicamente a la OTAN que cualquier ataque militar en contra de sus fuerzas armadas o contra el territorio ruso, será respondido con toda la fuerza que se estime necesaria. Incluyendo una respuesta con armamento nuclear.

Y en ese sentido, se ha mencionado que Rusia está en condiciones de lanzar el 96% de sus misiles nucleares en un lapso de menos de dos horas. Eso significa disparar más de 6 mil misiles, muchos de ellos con cabezas nucleares de 20 megatones o más.

Según la célebre publicación financiera Forbes, de Estados Unidos, ya el Pentágono tiene muy claro que no se puede permitir que se produzcan enfrentamientos con fuerzas rusas ni en Ucrania ni en otros puntos fronterizos… Además, que Estados Unidos realmente no está dispuesto a ir a una guerra mundial por defender a Ucrania, y, finalmente, que Estados Unidos no tiene un sistema de defensa territorial para enfrentar un ataque nuclear masivo.

Es decir, pese a todos los alardes de amenaza bélica, Estados Unidos y la OTAN saben perfectamente bien que la alternativa bélica queda fuera de cualquiera estrategia racional. Y eso implica que el enfrentamiento tendría que mantenerse limitado a lo que llaman “guerras de proxies”, o sea, mandar a la masacre a los perros chicos, y, a la vez, mantenerse jugando un ajedrez sobre todo en el campo económico, político y social.

 

Fue en ese contexto estratégico que Estados Unidos concibió un plan de batalla económico que, según los brillantes cerebros de la Casa Blanca, provocaría el jaque mate a Rusia. Se trataba, primero, de elevar al máximo posible las sanciones económicas contra Rusia, imponiendo tales trabas que el rublo, la moneda rusa, prácticamente no se transaría en los mercados monetarios. Eso, por falta de demanda, llevaría naturalmente a una devaluación del rublo.

Pero en unos cuantos meses quedó en claro que las sanciones no sólo no lograban forzar a Rusia a aceptar los términos que estaba imponiéndole la OTAN. Pero que ese fracaso, las sanciones, estaban teniendo efectos gravísimos para la economía europea, al extremo de que la propia Deustche Welle, organismo oficial del gobierno de Alemania, dio a conocer que para Alemania, las inútiles sanciones reducirán las compras de Rusia a productos europeos, por un monto de unos 140 mil millones de euros al año.

Según el director del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores, el alemán Mark Leonard, Rusia se sigue fortaleciendo a pesar de sus dificultades, mientras se abre a nuevos mercados y profundiza sus relaciones asiáticas.

Mientras tanto, en el Medio Oriente, las potencias occidentales acabaron por comprender también la importancia decisiva de Irán, como potencia central y equilibradora en aquella convulsa región.

Y, más aún, que para lograr finalmente un acuerdo internacional sobre el programa nuclear iraní, la presencia de Rusia es factor decisivo en todas las negociaciones.

O sea, se perfilaba la necesidad urgente de cambiar el tono de relación entre Washington y Moscú, para obtener un resultado pacífico en Irán y parar al fin el caos sanguinario que está aniquilando al mundo árabe y que, incluso podría llevar hasta la caída de las monarquías de Arabia Saudita y los demás reyezuelos petroleros.

Sin embargo, para poder echar a andar ese plan apaciguador con Rusia e Irán, Washington consideró necesario previamente debilitar a extremo las economías de Rusia e Irán. Para ello era necesario abatir por completo la riqueza generada por el petróleo y el gas natural.

Yen común acuerdo con Arabia Saudita, se lanzó a una maniobra especulativa que logró abatir en más de un 50% el precio del petróleo. De hecho, el viernes ya el precio había caído a 52 dólares el barril en Estados Unidos, y a 57 en Europa.

 

Pero la jugada del precio del petróleo no fue un jaque mate. Fue apenas un jaquecito que en cambio provocó la consolidación de las alianzas económicas y estratégicas euro-asiáticas, incluyendo la asociación con ese poderoso país que es Turquía, que controla, entre otras cosas, por completo el acceso al Mediterráneo y al Mar Negro.

El año 2014 concluyó con la admisión técnica y concreta de que la China ya sobrepasó a Estados Unidos como la economía más grande y decisiva del mundo y que representa lejos mayor volumen comercial que Estados Unidos.

Ya se confirmó también que Rusia está iniciando la construcción del nuevo ferrocarril de alta velocidad en conexión con China, que cruzará el Turquestán, Kazakhstan y Rusia, uniendo Pekín y Moscú en sólo 48 horas.

Y con sanciones y todo, empresas de Alemania, Francia y Corea del Sur, postulan junto a China y Rusia para hacer un fondo de inversiones y tecnología que permita concluir esa tremenda obra en tiempo récord.

Con ello queda clarísimo que los países europeos, a estas alturas, no están ya dispuestos a perder los mercados y la productividad asiática por servir los planes geopolíticos de Estados Unidos y sus satélites de la OTAN.

 

En estos momentos, Alemania y Francia están realizando un esfuerzo supremo por resolver la sangrienta aventura que fue el golpe de estado en Ucrania y la consiguiente guerra civil que ya oficialmente alcanzó un saldo de 5.700 muertos.

Ya no se trata de contacto a nivel de ministros. Angela Merkel y François Hollande viajarán personalmente a una reunión con Vladimir Putin a la que asistirá también el presidente ucraniano Poroschenko. Eso significa crudamente que cualquier acuerdo que se alcance tendrá que ser formalizado y respetado a ultranza.

En caso contrario los gobiernos de Alemania y Francia se verían humillados, y las esperanzas de normalizar sus relaciones con Rusia se derrumbarían irremediablemente.

Está claro que Estados Unidos está consciente de eso, y considera que lograr un acuerdo razonable para la crisis de Ucrania le permitirá al presidente Obama alcanzar algunas de sus metas en sus últimos 23 meses de gobierno.

De hecho, está claro que el retorno de Crimea a Rusia es ya un hecho irreversible e inobjetable. Y el propio primer ministro de Ucrania, el belicoso Arseni Yatseniuk, que se mostraba dispuesto a aniquilar a los rebeldes pro rusos, ya la semana pasada admitió ante la prensa internacional que el tema de Crimea quedará para que lo resuelvan las generaciones futuras. O sea, admitió su derrota.

 

Como vemos, la tremenda y sangrienta aventura anti rusa era un intento de asentar el dominio total, primero sobre el medio Oriente, y luego sobre el Asia Central, para rematar con el sometimiento de la China.

Ya todos los gobiernos capaces de comprender racionalmente la realidad estratégica mundial, han admitido que ese intento era imposible. Pero también que las victoriosas posiciones encabezadas por China y Rusia con sus aliados, no implican, fíjese Ud., una intención destructiva hacia Estados Unidos o hacia Europa.

Lo que se busca es un replanteamiento global en términos de poder y de riqueza con un compromiso sólido y concreto de asumir las responsabilidades implícitas en el poder y la riqueza.

Fíjese Ud. que, a lo largo de la historia, unos tras otros se han alzado y derrumbado imperios sucesivos. Pero el derrumbamiento de cada imperio no ha significado ni la ruina ni la destrucción del imperio vencido.

Tras la caída del Imperio Romano, Italia pasó a ser un nuevo imperio económico y cultural que a su vez fue luego desplazado por el imperio franco-holandés, y después ese nuevo imperio, por el imperio británico. Y en ningún caso las zonas imperiales vencidas quedaron arruinadas o sufrieron destrucción.

De hecho, el imperio de Atenas, derribado en la sangrienta Guerra del Peloponeso, después de su derrota convirtió a Atenas en un centro político y cultural muchísimo más importante que en su pasado imperial. Y es en ese período post imperial, posterior a la derrota de Atenas, que resplandecieron las figuras de Sócrates, Platón y Aristóteles.

Quizás un derrumbe del imperialismo estadounidense podría conducir a esa nación, a ese pueblo, a un nuevo y admirable florecimiento, habitado por gente capaz de re-crear un humanismo libertario, llano y tolerante, como existió en los albores de esa nación, y sobrevivió incluso a la intolerancia religiosa y a un individualismo desbocado. Creo que la gente de Estados Unidos podría hacerlo.

 

Es posible, entonces, que, en este año peligroso, comiencen a cobrar fuerzas y materializarse las nuevas ideas, el nuevo entendimiento de lo que es la civilización humana, y una nueva percepción de la realidad.

De hecho, ha surgido una poderosa corriente de nuevos científicos-filósofos que están formando magníficos grupos humanos, comunidades experimentales que diseñan procedimientos y prácticas que van desde la productividad neta en empresas industriales, agrícolas o artísticas, hasta la indagación profunda de la psicología, la sensibilidad y la necesaria rareza que es la riqueza básica de la persona humana.

En estos días salió a la venta un nuevo libro del genial físico y filósofo austriaco Fritjof Capra, sobre un nuevo paradigma de pensamiento humano que él llama la Visión Sistémica de la Vida.

Anteriormente publicó otros libros decisivos para el surgimiento de un pensamiento nuevo y alternativo. El primero fue El Tao de la Física.

Creo que es indispensable leer esos libros. Enviaré a mis amigos los antecedentes que tengo yo sobre Capra y su obra.

 

Así, pues, las cosas han venido empeorando rápido. Tan rápido que el 2014 pareció un año cortito.

Pero ese empeoramiento, ese absurdo empobrecimiento en un mundo que rebosa de riqueza, puede ser equivalente a la crisis que sufre el pollo adentro del cascarón, cuando ya el contenido del huevo se agotó y hay que salir afuera, hay que romper la cáscara…

Una cáscara de miedos brutales y de instituciones calcificadas y ya vacías de significado y propósito real.

He notado que cada vez hay más muchachos y muchachas, gente muy joven que está descubriendo que hay otros mundos más allá de los políticos semianalfabetos cuya principal ocupación es hacer creer al resto de la gente que ellos son indispensables, y que hay que pagarles muy buenos sueldos, porque… “La democracia tiene un costo”, dicen.

¡Hasta la próxima, amigos! Cuídense, es necesario. Hay peligro….

Fuente imagen: http://actualidad.rt.com

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