Crónica de Ruperto Concha: De Nueva York a París, la policía como ejército de ocupación.

 

Vesti la giuba, la faccia infarina… Vístete de payaso, maquíllate… la gente paga para que la hagas reír. ¿Quién no ha tenido ganas de soltar un lagrimón con la ópera Pagliacci, escuchando esos versos y esa música de Ruggiero Leoncavallo?

Es cierto que hay una intimidad extraña entre la risa y el llanto. Y esa intimidad se transforma en instrumento temible cuando cae en manos de un caricaturista hábil. Porque la caricatura, el dibujo intencionado, puede ser el más poderoso medio de criticar con bronca, ridiculizar y descalificar a un enemigo, una persona o una idea.

Eso, porque la caricatura se cuela en nuestra mente siguiendo recovecos visuales donde se retuercen los elementos con que percibimos la realidad. La caricatura es un modo irracional de entregar ciertos contenidos que pueden ser racionales o no, pero que casi siempre están cargados de una intención maligna, o al menos agresiva.

Es por eso que la caricatura puede enfurecer, puede considerarse injuria atroz, y en algunas personas psicológicamente frágiles, puede desatar impulsos asesinos.

Hoy día, una muchedumbre enorme ha salido a las calles de París, junto a varios jefes de gobiernos y políticos, para rendir homenaje a los caricaturistas que desde el semanario Charlie hacían reír, llorar o enfurecerse a los que pagaban unos dineritos por aquella revista.

Más que eso, la gente siente que ha salido a defender la libertad de expresión, la libertad de pensamiento y de opinión, que ciertamente incluye, también, poder denunciar con crudeza, con sarcasmo y con desprecio, cuando llega el momento de hacerlo.

Pero, ¿cuál es la otra realidad que esas multitudes no están viendo?

 

 

 

El lema que se levantó rápidamente fue la frase “Je suis Charlie”, “Yo soy Charlie”. Es a mí al que agredieron mientras yo ejercía la libertad de pensamiento, de información y de opinión.

Pero, fíjese Ud., han surgido otras voces, que, aunque recién están empezando a hacerse oír, están diciendo “Oiga, yo no soy Charlie”. Y con ello implican que no consideran que los caricaturistas de Charlie sean realmente representantes de la libertad esencial de la condición humana.

De partida se ha denunciado que la empresa Charlie dista mucho de otorgar a sus dibujantes libertad para apuntar sus temibles caricaturas. De hecho se ha denunciado que la revista echó violentamente a la calle a un dibujante que había hecho una caricatura muy dramática en contra de los judíos.

El dibujo mostraba a un judío usurero, semejante a un buitre, escarbando las entrañas de un trabajador muerto para sacar dinero de ellas. Horroroso, ¿verdad?

Ahora, una de las grandes caricaturas de primera plana del semanario Charlie, referida al cristianismo, es prácticamente una pieza de pornografía rampante y estridente, en que se muestra a Jehová adelante, Jesucristo al medio, y el Espíritu Santo a la cola, haciendo un trencito de fornicación y poniendo unas caras de depravación suprema.

Oiga, ¿qué mensaje se podría obtener de esa caricatura, más allá de la opinión del dibujante de que el cristianismo sería una obscenidad grotesca?

¿Qué habría ocurrido aquí, en Chile, si una revista satírica hubiese colocado en los quioscos de diarios una portada así?…

¿Se la habría dejado en exhibición pública, o la habrían requisado rápidamente bajo el pretexto de proteger a los niños de una pornografía escandalosa?…

En cuanto a Muhammad o Mahoma, y a la religión del Islam, le dedicaron innumerables caricaturas, en las cuales la palabra más repetida era “Mierda”.

¿No era de prever que eso iba a producir una ira enloquecida en algunos musulmanes mentalmente propensos? Y, claro, entre las decenas de millones de musulmanes de Francia, ¿no era de esperar que hubiera unos cuantos propensos a ello?

De hecho, el presidente de la Acción Católica de Estados Unidos, William Donohue, si bien condenó el asesinato, señaló que a su juicio el director de aquel semanario, Stephane Charbonnier, quizás por narcisismo de artista, no se dio cuenta del rol que él mismo tuvo en provocar su propia muerte.

Por su parte, muchos musulmanes franceses, denuncian que hay un prejuicio malévolo contra el islam. Un estudiante, Mohammed Said, señala el caso del neonazi noruego Anders Breivik que en 2011 asesinó a balazos a 77 jóvenes y niños en un campamento de verano, aduciendo que él defendía el cristianismo.

Bueno, ahí entonces la prensa se limitó a definir al asesino como un desequilibrado mental y nunca más se volvió a tocar el tema. En cambio, ahora, hay un coro que acusa con ferocidad al islam y a los musulmanes, olvidando incluso que fue un chiquillo musulmán de 18 años, Lassana Bathiely, el que logró salvar a los únicos rehenes que salieron con vida en el supermercado judío de París, donde se había atrincherado el terrorista Amedy Koulibaly.

 

 

 

En realidad son numerosos los periodistas que están analizando los muchísimos ángulos dudosos que presenta el ataque homicida contra el semanario Charlie y el supermercado judío de París. De partida, tanto en Estados Unidos como en Gran Bretaña y la misma Francia, se está denunciando la existencia de una campaña ostensiblemente apuntada a endurecer el control policial sobre la gente.

El columnista Trevor Timm, del diario The Guardian, destaca que tanto en Europa como en Estados Unidos, las cúpulas políticas están desde ya enunciando una petición de más atribuciones para que la policía controle las opiniones y las comunicaciones de la gente. Y eso, por supuesto, bajo el maquillaje de defender la libertad de información y de pensamiento.

Agrega el periodista que resulta grotesco que el primer ministro británico se presente como defensor de la libertad de prensa, cuando él mismo ha demostrado tener tan poco respeto por la libertad de prensa, como cualquier dictadorcillo subdesarrollado.

Menciona como ejemplo la detención de un periodista brasilero, asociado con el periodista Glenn Greenwald, bajo figura de “prevención antiterrorismo”, y luego someter a investigación policial al propio diario The Guardian, por publicar artículos que han sido merecedores del Premio Pulitzer, y además ha encarcelado una y otra vez a usuarios de los medios sociales de internet bajo acusación de emitir opiniones peligrosas.

Y el mismo día de la tragedia en París, ya en Londres el MI5, del espionaje británico, estaba pidiendo más atribuciones para espiar a los propios británicos y a los demás europeos.

En el caso de Francia, se destacó que de inmediato el gobierno había movilizado una fuerza de más de 80 mil policías, con apoyo de casi mil paracaidistas, a fin de asumir la seguridad nacional durante la emergencia.

Igualmente, se ha denunciado como misterioso e inexplicable el suicidio del Alto Comisionado de la Policía Francesa, Helric Fredou, de 45 años, encargado de la investigación del atentado contra el semanario Charlie.

El jefe policial supuestamente se pegó un tiro en la cabeza, haciendo uso de su arma de servicio, cuando estaba terminando de escribir su primer informe preliminar sobre el atentado.

 

 

 

En realidad, ya se está planteando un cúmulo de hechos que exigen una explicación, y que dejan espacio a sospechas gravísimas y muy oscuras. De partida, todos admiten que los hermanos Kouachi, eran integrantes de un comando aguerrido, experto y bien entrenado. ¿Cómo se explica entonces que hayan cometido la increíble torpeza de dejar abandonados, en el auto en que llegaron a la revista, nada menos que sus documentos de identidad? ¿Cómo es que hayan tomado sus documentos de identidad, los hayan colocado ahí en la guantera y después se hayan partido a perpetrar el ataque, para luego darse a la fuga en otro auto?

El ya famoso periodista e investigador estadounidense, Tony Cartalucci, de la publicación Global Research, describe cómo los tres terroristas identificados, radicados en Europa y con ciudadanía francesa, habían viajado a Siria, para integrarse a la lucha contra el presidente Basher Assad, con las fuerzas rebeldes organizadas secretamente por la OTAN con apoyo de Israel y Arabia Saudita

. Luego fueron traídos de regreso a Francia, en junio pasado, donde al parecer les encomendaron ciertas misiones en Africa y después se les dejó inexplicablemente tranquilos, pese a sus conexiones terroristas.

El análisis de Cartalucci destaca la alianza secreta que habría de agentes de la OTAN, con Israel y Arabia Saudita no sólo para derrocar el gobierno del presidente Assad de Siria, sino para destruir y anular las posiciones controladas por los musulmanes shiítas, que son una enorme mayoría en Irak, Siria e Irán, mientras que la minoría sunnita, que controlan las monarquías árabes, fue movilizada secretamente para desarrollar una poderosa fuerza militar clandestina, que incluye a Al Qaeda y a los terroristas de Chechenia.

Ya no es un secreto que el actual gran ejército del Estado Islámico se configuró y equipó con armamento, dinero y organización proporcionado por la OTAN y los árabes sunnitas. Incluso, hace algunas semanas, la prestigiosa publicación Debka Files, de Israel, publicó que una poderosa fuerza rebelde contra el presidente de Siria, súbitamente se había separado de los rebeldes supuestamente moderados, para unirse a las fuerzas del Estado Islámico.

Es decir, uno de los grupos armados más temibles, bien equipados y entrenados por el propio Israel, ahora se había cambiado de bando.

 

 

 

Por su parte, la propia BBC de Londres, siendo un organismo oficial del gobierno, dio a conocer que 3 mil combatientes europeos han viajado a Siria para unirse al ejército del Estado Islámico, no sólo en contra del gobierno del presidente Basher Assad, sino también en contra del ejército de Irak y de los rebeldes apoyados por la OTAN.

Claramente, señala el analista Cartalucci, resulta increíble que ninguno de los servicios de inteligencia, ni de la OTAN, ni de Francia, ni de Alemania, ni de Estados Unidos, ninguno de ellos, haya sido capaz de darse cuenta del desplazamiento a Siria de 3 mil individuos jóvenes, claramente ligados al islam sunnita y a Al Qaeda, y básicamente entrenados para la acción militar.

Según Tony Cartalucci, la totalidad de las oscuras acciones de terrorismo, traiciones y fanatismo religioso, son parte de una estrategia demencial desarrollada en tiempos de la Guerra Fría, que inicialmente apuntaba al derribamiento de gobiernos populares y su reemplazo por nuevos regímenes autoritarios susceptibles de ser controlados por la alianza de la OTAN, las monarquías árabes e Israel.

Es la misma táctica que se empleó en Italia, Francia, Bélgica, Dinamarca, Holanda, Alemania y Noruega, en la llamada Operación Gladio, apuntada a provocar miedo en la gente común y una disposición favorable a incrementar el control policial unido a gobiernos burocráticos y autoritarios.

 

 

 

La tristemente célebre Operación Gladio, por ejemplo, se centró en formar grupos clandestinos que unían, arteramente, a algunos jóvenes izquierdistas de los llamados “cabezas calientes”, con elementos especialmente entrenados, escogidos de grupos neonazis e incluso con elementos de organizaciones criminales como la Maffia de Sicilia y la Camorra, de Nápoles.

Esos grupos, bajo diversas denominaciones, realizaban supuestas acciones revolucionarias que incluían extorsiones, asaltos a bancos y secuestros, con lo que llegaban a manejar grandes sumas de dinero.

Obviamente, esos grupos parecían actuar con una especie de buena suerte excepcional, pero que en realidad era el apoyo encubierto de ciertos sectores de la cúpula política, que en la década entre 1975 y 1985, comenzaban a armar un aparato de gobiernos autoritarios, afines a la ideología neoliberal.

Las famosas llamadas Brigadas Rojas Italianas, fueron autoras, entre otros crímenes, del atentado terrorista en la estación ferroviaria de Bolonia, en 1980, que dejó un saldo de 85 víctimas fatales y más de un centenar de heridos.

Bueno, finalmente, al imponerse en occidente el período neoliberal, en toda Europa la policía pareció despertar de su letargo y aquellos grupos supuestamente revolucionarios fueron liquidados. De hecho la mayoría de sus jefes más importantes y más sinceros murieron en enfrentamientos o se suicidaron en prisión.

Es decir, para el analista estadounidense Tony Cartalucci, lo que estamos presenciando ahora vendría a ser un nuevo episodio de aquella misma estrategia que incluye consentir o incluso facilitar y financiar a grupos terroristas, a fin de provocar suficiente miedo en la base social para que se acepte la imposición de un estado policial.

 

 

 

Y es allí donde se produce esa extraña simetría entre Francia y Estados Unidos. Entre París y Nueva York. En París, la muerte de los dos policías que custodiaban el local del semanario Charlie, ha provocado una tremenda y espontánea solidaridad de parte de la gente común. Esa gente que hoy ha salido a las calles de París.

En cambio, en Nueva York, el asesinato de dos policías a manos de un negro enloquecido de ira, está deviniendo en el peor y más peligroso enfrentamiento tanto racial como institucional.

De hecho, ya se está hablando de una especie de “golpe” de parte de la policía neoyorquina, contra la autoridad legítima del alcalde Bill De Blasio. No sólo grupos policiales han realizado acciones injuriosas y desacato a la autoridad civil, sino que, de hecho, han iniciado una especie de huelga de brazos caídos, en que, según cifras reconocidas por la jefatura policial, se ha paralizado el 94% de todo el accionar de la policía de Nueva York.

Por supuesto, ya los hechos están provocando alarma en el gobierno federal de Estados Unidos, a la vez que la comunidad negra está consolidando sus posiciones, al parecer preparando una acción más organizada, contundente y eficaz, en contra de la brutalidad policial.

En un artículo de la publicación Infowars, se menciona que los propios policías se están encargando de demostrarle al país que, llegado el caso, ellos no sirven para nada.

Eso, porque habiendo paralizado el 94% de sus actividades, la vida en la ciudad de Nueva York sigue adelante sin dar señales ni de caos ni de un aumento terrible de la criminalidad.

Y eso, cuando la ciudad de Nueva York tiene que destinar de su presupuesto un fondo de más de 5 mil millones de dólares anuales para el Departamento de Policía de la ciudad.

Entre otras cosas, se está denunciando que al menos en Nueva York la policía está matoneando y extorsionando a la autoridad civil, y según las encuestas, en estos momentos hay una mayoría de alrededor del 60% de los neoyorquinos que desean que el alcalde se mantenga firme ante el matonaje policial y que, si es necesario, destituya a todos los dirigentes de ese golpe contra la autoridad civil.

En concreto se denuncia que la policía de Nueva York está perpetrando una acción criminal, al situarse por encima de las leyes y atribuirse a sí mismos el título de ser ellos la ley.

 

 

En estos momentos, un sector importante de los dirigentes republicanos está declarándose a favor de aumentar la militarización de la policía en todo Estados Unidos, y de dotar a esa fuerza de armamento de guerra para enfrentar cualquiera eventual crisis social.

Frente a ellos, el sector llamado “libertario” del partido republicano, y la mayor parte de los dirigentes demócratas, admiten ahora que es indispensable un saneamiento profundo de las fuerzas policiales, y una recuperación de la confianza de la ciudadanía.

Infortunadamente, en las últimas semanas han surgido numerosos nuevos casos y nuevos documentos que demuestran excesos increíbles de brutalidad policial. Por ejemplo, incluso ahora se dio a conocer un video que habían ocultado, y que muestra cómo la policía de Cleveland, Ohio, tardó apenas 2 segundos tras llegar al lugar en que se encontraba el niño Tamir Rice con su pistola de juguete, y acribillar a balazos al niño.

Quedó claro que la persona que había alertado a la policía, había especificado que probablemente sólo se trataba de un arma de juguete, pero los policías acribillaron al niño en cuanto lo vieron.

Más aún, el video de los hechos muestra que los policías, viendo que el niño estaba todavía vivo y se notaba que estaba sufriendo, no le prestaron ni la menor atención e incluso impidieron brutalmente que la hermanita pudiera acercársele.

La situación se mantuvo hasta la llegada de un policía civil, del FBI, quien auscultó al niño cuando ya había muerto, y recibió a una ambulancia que se llevó el cadáver.

 

Así, pues, en Francia todavía la gente confía en sus policías uniformados, a los que llaman sus “flics”, el equivalente a “pacos”.

El temor es que, después del atentado contra el semanario Charlie, y la orquestación de miedo y odio que se ha desatado, pueda repetirse en Europa el mismo fenómeno de Estados Unidos, y la policía se transforme en una suerte de ejército de ocupación.

La risa y el llanto. Como decía un colegial apaleado en la cara durante una de las protestas de Santiago… ¡Sólo me duele cuando me río!

Oiga, son fantásticos esos estudiantes. Como decía la Violeta Parra, ellos, y ellas, son la levadura de cualquiera esperanza que podamos tener.

¡Hasta la próxima, amigos! Cuídense, es necesario. Hay peligro….

 

Imagen: https://www.diagonalperiodico.net

 

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